Esto no es casualidad

Episodio 6. Deja de ser víctima de tu propia vida

Cristina Sánchez R. Season 1 Episode 6

Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.

0:00 | 19:57

¿Alguna vez has sentido que eres víctima de tu propia vida? Yo lo fui durante muchos años. Me quejaba sin parar, le echaba la culpa a todos, y esperaba que alguien llegara a salvarme. En este episodio te cuento cómo salí de esa mentalidad, por qué nos quedamos atrapadas ahí, y las 5 herramientas concretas que puedes empezar a usar hoy para pasar de víctima a dueña de tu vida.

SPEAKER_00

Hola, soy Cristina. Bienvenida a Esto no es casualidad, el podcast donde cuestionamos lo que nos dijeron que era normal y empezamos a construir la vida que realmente queremos vivir. Si estás lista, empecemos. Por muchísimos años yo fui víctima de mi propia vida, de manera súper silenciosa, cotidiana, casi sin darme cuenta. No en qué momento exacto empezó esta mentalidad de víctima, pero me acuerdo que en mis veintes me quejaba de todo y por todo. Le echaba la culpa a todo el mundo y en el fondo aunque no me lo admitía, quería que la gente me dijera, ay pobrecita Cristina, tienes razón, todo lo malo le pasa, es una víctima. Y así viví la mayoría de mis 20s, sin dirección, sin propósito, sin control, esperando que algo o alguien de afuera viniera a cambiar lo que yo sentía por adentro. Y hoy quiero hablarte de eso, de cómo salí de ahí, por qué nos quedamos atrapadas en esta mentalidad y qué puedes hacer hoy para salir de esta mentalidad de víctima también. Pero antes de contarte cómo salí, necesito contarte cómo era yo atrapada en esta situación, en esta victimización. Mis veintes fueron una época muy bonita, pero al mismo tiempo fue muy difícil para mí. Por dentro yo vivía en un loop constante de negatividad. Me quejaba de todo, de mis circunstancias, de la gente, de lo que me pasaba y no había nada que nadie me pudiera decir que me sacara de esa actitud, porque en el fondo yo no quería salir. Ese rincón de víctimas se había vuelto mi lugar seguro, mi refugio, donde me sentía cómoda, donde nada malo me podía pasar. Y cada vez que algo negativo me pasaba, en lugar de preguntarme qué podía hacer al respecto o cómo podía solucionarlo, lo tomaba como una confirmación. Obvio, a siempre me pasaba lo malo, a siempre me iba mal. Era como si mi cerebro estuviera coleccionando evidencia de que la vida era injusta conmigo. Y entre más evidencia iba coleccionando, más me convencía. Yo sentía que las cosas buenas les pasaban a las los trabajos estables. Eso era para otras, no para mí. A me tocaba lo difícil, lo complicado, lo injusto. Y esa se volvió mi verdad por muchísimos años. Y esto me afectaba en todo. En mis relaciones, porque yo llevaba esa energía negativa de víctima a todos lados y nadie podía darme suficiente. En mi trabajo, porque desde esa mentalidad es muy difícil crecer. Siempre había una razón externa para que las cosas no funcionaran. En cómo me hablaba a misma, que no me hablaba de una forma agradable me hablaba de una forma muy tóxica y en mis conversaciones hablaba de los mismos temas de las mismas situaciones de los mismos problemas una y otra vez una y otra vez buscando que alguien me diera la razón que alguien me dijera ay no es que pobrecita qué mala suerte y cuando alguien me la daba me sentía súper bien por un momento me sentía validada pero al rato pues necesitaba más y más y más y sin darme cuenta todas esas quejas todas esas excusas todos esos a siempre me pasa esto mes a mes año tras año se fueron convirtiendo en ladrillos que usé para ir construyendo una pared enorme a mi alrededor una pared que no me dejaba ver nada del otro lado no me dejaba ver oportunidades no me dejaba ver mis propias capacidades y no me dejaba ver la vida que era posible para y entonces llegó la pandemia y esta me trajo calma silencio lo cual movió muchas cosas en de repente no había ruido afuera que me distrajera de misma no No había planes, no había movimiento, no había cenas, no había fiestas, no había nada que me separara de lo que realmente estaba pasando dentro mío. Y en ese silencio, por primera vez en mucho tiempo, me tuve que quedar completamente sola conmigo misma, sin escapatoria y sin excusas. Y fue en ese momento que vi esta pared, esta pared gigantesca que construí yo solita alrededor mío y que me estaba bloqueando de vivir mi mejor vida. Y en ese momento tomé una decisión y decidí que ya nunca más me quería volver a sentir así como una víctima. Así que empecé a hacer muchísimo trabajo personal, empecé a leer muchos libros de crecimiento personal, a hacer journaling, a escuchar podcast. Y me acuerdo que me metí a un curso en Cursera, que era gratuito y que se puso muy de moda en esta época, que se llamaba The Science of Wellbeing. Bueno, se llama porque todavía existe. Es de la Universidad de Yale y la da la doctora Lori Santos. Este curso me cambió la vida y no porque me diera información nueva, sino porque me puso frente a algo que yo no quería ver, que yo era el problema en mi vida. No las circunstancias, no las demás personas, no lo que sucedía a mi alrededor. Yo era el problema. Yo era la única responsable. Y ahí fue cuando decidí derribar esa pared que tanto daño me estaba haciendo. Pero no fue un proceso rápido, no fue algo bonito, porque yo realmente no quería aceptarlo. No quería ver que había vivido tantos años metida en ese papel, en esa mentalidad negativa, quejándome, culpando a todos. Y aceptarlo fue muy doloroso, porque significó hacerme responsable de años de mi propia vida que había desperdiciado así. Significó mirarme al espejo y decir, esto lo hice yo y únicamente yo. Esta pared la construí yo solita y nadie más la va a poder derribar más que yo misma. Tuve que poner mi ego a un lado y tuve que reconocer que necesitaba cambiar. Y no fue de un día para otro. Me tomó varios meses. Meses de estar a solas conmigo misma, de cuestionarme todo, de reflexionar, de abrir mi mente hacia nuevas formas de pensar y ver la vida. Derribar a algo que construiste durante tantos años duele. Porque aunque te estaba limitando, también te sentías protegida ahí adentro. Y esto era lo que me estaba pasando. Me sentía protegida, pero sabía que del otro lado estaba la vida que yo realmente quería vivir. Y eso fue toda la motivación que yo necesité para empezar este cambio. Me di cuenta que nadie más me podía salvar. Yo era la única que me podía salvar. Ni el príncipe azul, ni mis papás, ni mis amigas, ni nadie podía sacarme de este hoyo en el que yo solita me había metido. Y el día que lo entendí de De verdad, el día que me caló en cada célula de mi cuerpo fue el día en que todo empezó a cambiar. Porque cuando derribas esa pared, cuando dejas de ser víctima de tu propia vida y decides tomar el control, el mundo que ves del otro lado es completamente diferente. A se me abrió un mundo lleno de posibilidades que antes no podía ver. Empecé a ver oportunidades donde antes solo veía obstáculos. Encontré un propósito, una dirección, una razón para levantarme todos los días con ilusión y energía. Y lo más importante es que me encontré a misma. misma, a la Cristina que siempre estuvo ahí, detrás de esa pared que tanto daño me hizo por muchos años. Yo después de haber salido de esta mentalidad de víctima tan tóxica, reflexioné mucho sobre esto y he llegado a la conclusión de que hay tres razones por las que nos quedamos atrapadas en esta mentalidad. Y las tres trabajan juntas para mantenerte exactamente donde estás. La primera es que es un mecanismo de defensa. Cuando eras pequeña y algo te molestaba, algo te dolía y afuera, no sé, una crítica, un rechazo, algo que no podía controlar, tu cerebro aprendió a protegerte. Y una de esas estrategias fue esta. Si todo es culpa de los demás, no tienes que enfrentar el dolor de mirarte a ti misma. Si eres la víctima, no tienes que asumir ninguna responsabilidad. En algún momento de tu vida eso te sirvió muchísimo, fue útil, fue una forma de sobrevivir. Pero esto hoy en día ya no te sirve porque solo te está manteniendo estancada y te está privando de tu mejor versión. La segunda razón es que se vuelve zona de confort y se vuelve muy adictiva. El papel de víctima es cómodo. Culpar a los demás es más fácil que mirarte a ti misma. Quejarte se siente más fácil que actuar y además tiene una recompensa inmediata. Cuando te quejas, cuando cuentas tu historia de sufrimiento, la gente reacciona, te da atención, validación y lástima. Alguien siempre llega a decirte, ay no, qué injusto, no te merecías eso y eso pues se siente bien, aunque te mantenga completamente estancada. Es como una adicción y como toda adicción, el cerebro siempre quiere más y más y más. Y la tercera es el miedo a la responsabilidad. Esta creo que es la más importante y la más difícil de admitir porque si tomas las riendas de tu vida ya no puedes culpar a nadie y eso da miedo porque significa que si algo no funciona la única responsable eres tú. La víctima nunca falla. A ella siempre le fallan porque son todos los demás los culpables. La co-creadora por otro lado puede fallar y tiene que hacerse cargo de eso y ese miedo a fallar, a ser responsable, a no tener a quien culparle es lo que mantiene a muchas mujeres atrapadas paz aunque en el fondo saben que necesitan salir y reconocer cuál de estas tres razones te mantiene estancada esta mentalidad de víctima o si son las tres al mismo tiempo que pueden ser las tres ya es el primer paso para ir saliendo para ir viendo hacia adelante para ir construyendo y agarrando el control de tu vida y ahorita que te estoy hablando sobre este tema se me vino a la cabeza el nombre de víctor frank y quiero contarte un poquito sobre su historia porque creo que es el ejemplo más poderoso que se me ocurre sobre este tema víctor frank Frank era un psiquiatra y neurólogo austriaco judío que vivió en Viena en la primera mitad del siglo XX. Era un hombre brillante, había dedicado su vida entera a estudiar la mente humana, entender el sufrimiento, ayudar a otros. Tenía una carrera, una familia y una vida completa. Y entonces empezó la Segunda Guerra Mundial y llegaron los nazis. En 1942, Viktor Frank fue deportado a los campos de concentración y estuvo en cuatro campos diferentes por casi tres años, incluyendo Auschwitz. En ese tiempo perdió a su esposa, perdió a sus papás, paz, perdió a su hermano, perdió su ropa, su nombre y su libertad. Solo ponte a pensar, este hombre lo perdió todo, pero es que absolutamente todo. Solo ponte a pensar, este hombre perdió todo lo que había construido en su vida, perdió a todos sus seres queridos, o sea, lo perdió absolutamente todo. Si alguien en la historia de la humanidad tenía razones para quedarse en mentalidad de víctima, para odiar, para quejarse, para rendirse, para dejar de creer en victor frank empezó a darse cuenta de algo que le llamó la atención observó a los otros prisioneros a quienes sobrevivían y a quienes no no físicamente sino mentalmente y se dio cuenta que las personas que encontraban un sentido a lo que estaban viviendo las que mantenían algún propósito interno aunque fuera pequeñito resistían de una manera diferente no porque su situación fuera mejor sino porque su respuesta interna era diferente y ahí fue donde llegó a la idea más importante de su vida victor frank se dio cuenta de que aunque los nazis podían controlarle absolutamente todo desde fuera, su cuerpo, su comida, su libertad, su entorno, había algo que no podían tocarle, su respuesta interna, lo que él decidía pensar, el significado que elegía darle a lo que estaba viviendo. Esta última libertad, la más pequeña, la más invisible, era totalmente suya y nadie se la podía quitar jamás. De toda esa experiencia, él escribió uno de los libros más leídos de la historia, que probablemente lo has escuchado, se llama El hombre en busca hay una frase que me encanta y que dice entre el estímulo y la respuesta siempre existe un espacio en ese espacio está tu poder de elegir y en esa elección está tu libertad entre lo que te pasa o sea el estímulo y lo que haces con eso o sea la respuesta siempre existe un espacio ese espacio puede ser un segundo puede ser un día puede ser meses pero existe y en ese espacio tienes poder tienes elección y libertad la mentalidad de víctima vive en ese espacio o más bien lo elimina cuando reaccionas automáticamente con quejas, con culpas, con, ay, ¿por qué a mí? Estás dejando que ese espacio desaparezca. Estás dejando que lo que te pasa te controle completamente. La co-creadora de su vida vive en ese espacio, lo usa, lo expande, se pregunta, ¿qué hago yo con esto? Y si Viktor Frankl pudo encontrar ese espacio en un campo de concentración, en la peor situación que un ser humano puede vivir, ¿qué nos dice eso a nosotras sobre las excusas que usamos para no tomar las riendas de nuestra persona? propia vida. Y con esto no te estoy diciendo que tu dolor no es válido para nada, porque que probablemente has vivido muchas situaciones difíciles, pero lo que te estoy tratando de decir es que en ese espacio entre lo que te pasó, entre el problema, la situación que viviste y lo que decides hacer con lo que viviste, ahí vive todo tu poder. Entonces, ¿cómo pasas de víctima a co-creadora, a llevar las riendas de tu vida? Porque entender el concepto es una cosa y aplicarlo en el día a día es otra, completamente diferente. Yo te voy a dejar siempre cinco herramientas concretas que puedes empezar a hacer desde hoy y que a me ayudaron de salir de este papel de víctima. Número uno, entiende qué puedes controlar y qué no. Cuando algo te pase y sientas las ganas de quejarte o buscar a quién culpar, solo para, respira y haz esta pregunta. ¿Qué parte de esto está en mis manos? Hay cosas que obviamente no puedes controlar, lo que hacen los demás, las circunstancias, el mundo afuera, pero siempre, siempre hay algo que depende de ti. Tu respuesta, tu siguiente paso, lo que decides hacer con lo que te pasó, la víctima pone el foco en lo que no puede controlar y se queda ahí, paralizada, estancada. La co-creadora pone el foco en lo que puede controlar y se mueve desde ahí. No necesitas controlarlo todo, solo necesitas encontrar tu pedacito de poder en la situación y usarlo. Número 2. Cambia la queja por la pregunta. Esto es algo tan poderoso que a me ha cambiado la vida y que te recomiendo que lo hagas siempre que puedas. La queja es energía que se gasta sin producir absolutamente nada. Entre más la pregunta practicas, más la refuerzas. Tu cerebro literalmente se vuelve más experto en encontrar cosas de las cuales quejarse. Entonces, cada vez que notes que estás en modo queja, cambia la pregunta. En vez de decir, ay, ¿por qué me pasa esto? Di, ¿qué puedo hacer con esto? En vez de decir, ¿por qué nadie me ayuda? Me siento sola. Di, ¿qué necesito y cómo lo voy a conseguir? En vez de decir, ¿por qué todo me sale tan mal? ¿Por qué siempre a mí? Di, ¿qué puedo aprender de esto? No es positivismo tóxico. No se trata de fingir que todo está bien y que todo es unicornios y arcoiris. No, se trata de entrenar al cerebro a buscar salidas, de entrenar el cerebro a resolver, a ver lo positivo y de accionar. Número tres, observa tu lenguaje. Esto puede sonar como algo tonto o insignificante, pero de verdad es muy importante. La forma en la que hablas de tu vida te dice exactamente desde dónde la estás viviendo. La víctima habla en modo pasivo. Dice, me hicieron, me pasó, no me dejaron, no pude, no me dieron, todo viene de afuera. Aquí la víctima es el objeto de la historia, no la protagonista. En cambio, la co-creadora, la mujer que es protagonista de su vida, que tiene el control de su vida, habla en activo. Dice, decidí, elegí, voy a, estoy construyendo. Ella es quien actúa, quien elige, quien mueve, nadie más. Empieza a escucharte. Cuando cuentes algo que te pasó, analiza y reflexiona cómo lo estás contando. ¿Eres la protagonista o eres la víctima de esa historia. Ese lenguaje no es solo comunicación, es la historia que te estás contando sobre ti misma todos los días de tu vida. Número cuatro, deja de buscar que te den la razón. Esta es una de las trampas más difíciles de soltar porque es muy sutil. Contar lo que te pasó una y otra vez, buscar que tus amigas te digan que tienes razón, que fue injusto, que no te lo merecías. Eso se siente como procesar, pero en realidad es parálisis, es estancamiento. Cada vez que cuentas una historia buscando validación, estás reviviendo el dolor y reforzándolo la identidad de víctima. Y aunque te den la razón cien veces, el vacío está ahí. Porque lo que realmente necesitas no es que los demás confirmen tu dolor o tu historia o tu problema. Es que decidas hacer algo con él. No necesitas que nadie te diga que lo que viviste fue difícil para poder hacer algo al respecto. Eso ya lo sabes. ya sabes lo que viviste y eso ya es suficiente. Suelta la historia, déjala atrás y empieza a escribir la siguiente. Empieza a moverte hacia adelante. Y la herramienta número cinco y la última es tu buena decisión pequeña hoy. Y no tiene que ser una decisión grande ni dramática. Con pequeños pasos. Poco a poco. Levántate a la hora que dijiste. Haz esa llamada que llevas semanas evitando. Lanza ese proyecto que tienes en la cabeza. No importa lo que sea, pero mueve algo. Muévete hacia adelante. No te quedes paralizada. No te quedes estancada en el mismo lugar. Porque cada decisión pequeña que cumples le manda un mensaje a tu cerebro y le dice, yo tengo el control sobre mi vida. Y ese mensaje repetido suficientes veces va a reconstruyendo desde adentro la identidad de alguien que lleva las riendas. No esperes a sentirte lista, no esperes a que las circunstancias sean idóneas y perfectas, solo toma una decisión hoy, una sola, y hazlo. Y antes de cerrar con este tema, quiero preguntarte algo, y quiero que seas honesta contigo misma. No conmigo, conmigo no tienes que ser honesta, sino contigo. ¿Cuándo fue la última vez que algo no salió bien y lo primero que hiciste fue buscar a quién culpar? ¿Cuándo fue la última vez que contaste una historia de algo que te pasó buscando que te di harán la razón. ¿Cuándo fue la última vez que dijiste es que las cosas siempre me pasan a mí? Deja de sentir lástima por ti misma. Deja de jugar el papel de víctima. Deja de decirte, ay pobre yo, porque todo me pasa a mí, porque te voy a decir algo que quiero que te quede muy grabado. Lo que te dices a ti misma, esa es la realidad que vas a vivir. Si te repites todos los días que eres la víctima, que la vida es injusta contigo, que todo te pasa a ti, tu cerebro te va a dar exactamente eso. Va a encontrar evidencia en todos lados para confirmar esa historia. Así funciona la mente. Y la única forma de cambiar esa realidad es cambiar primero la historia que te estás contando todos los días. Y no te estoy juzgando para nada. No quiero que pienses eso porque yo viví ahí muchísimos años y por eso te estoy diciendo que mientras sigas ahí, estancada, parada, sin mover nada, nada va a cambiar. Absolutamente nada. Porque el mundo puede cambiar todo a tu alrededor y vas a seguir encontrando razones para sentirte como la víctima. Porque ese es el lente con el que estás mirando tu vida. La La única persona que puede quitarse ese lente eres tú. No tu familia, no tus amigos, no tu pareja, no tus vecinos. Y que eso puede sonar duro, pero en realidad es lo más liberador que existe porque significa que no tienes que esperar a que nada ni nadie cambie para que tu vida cambie. Puedes decidirlo hoy, ahora mismo, en este momento, que ya no quieres seguir siendo la víctima, que eres la responsable de tu vida y que vas a ser del resto de tu vida lo mejor. La diferencia entre la Cristina de antes y la Cristina de hoy no es que me dejaron de pasar cosas difíciles, Es que cambió completamente cómo me relaciono con lo que me pasa. Antes me quejaba todo el tiempo y ahora me pregunto qué es lo que puedo hacer con lo que me pasa, cómo lo puedo resolver, cómo puedo avanzar y qué puedo aprender con lo que me está sucediendo. Antes esperaba que alguien me rescatara. Hoy que solo yo puedo crear la vida que quiero y eso no me pasó porque la vida se me puso más fácil. Me pasó porque decidí dejar de ser víctima y empezar a crear mi futuro. Y lo mismo te digo a ti. Deja a un lado el papel de víctima porque no te va a llevar a ningún lado. Solo va a hacer que pierdas muchísimos años en tu vida. Empieza a tomar el papel de protagonista porque es lo que eres. Eres la protagonista de tu historia y la única que tiene las riendas y que dirige hacia donde va tu vida eres tú. Allá afuera te está esperando una vida llena de oportunidades, llena de aventura, llena de momentos mágicos. No desperdices más tiempo en tu vida. De verdad te lo digo porque yo desperdicé muchísimos años y me hubiera gustado que alguien me hubiera dicho esto en el momento en que yo estaba atrapada en este loop mental de victimización como decía víctor franklin entre lo que te pasa y tu respuesta siempre existe un espacio y en ese espacio vive todo tu poder la pregunta es qué vas a hacer con él y eso fue todo por hoy espero que te haya gustado mucho este episodio la verdad que a me hubiera encantado escucharlo cuando vivía en esta mentalidad de víctima creo que me hubiera hecho reaccionar así que por eso lo hice espero que algo haya movido en ti que te hayas cuestionado cómo has vivido tu vida hasta el momento tienes cualquier pregunta ya sabes que me puedes escribir en mi red sociales y nos vemos la próxima semana. Besitos.

UNKNOWN

Bye.