Esto no es casualidad

Episodio 7. ¿Y si envejecer es el privilegio que no reconociste?

Season 1 Episode 7

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¿Y si el miedo a envejecer no nació contigo, sino que te lo instalaron?

En este episodio vamos a desarmar uno de los miedos más silenciosos y más costosos que cargamos las mujeres: el miedo al tiempo. De dónde viene, quién lo construyó y cómo llegó hasta nosotras.

Hablamos de los cuentos de hadas que nos enseñaron que la villana siempre envejece y la princesa nunca. De los 85 mil millones de dólares que vale la industria que vive de que sigas sintiéndote insuficiente. De los filtros y los bucles psicológicos que profundizan el miedo cada vez que abres el teléfono.

¿Cuánta energía estás gastando en luchar contra algo que en realidad es evidencia de la alegría que es estar viva?

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Hola, soy Cristina. Bienvenida a Esto no es casualidad, el podcast donde cuestionamos lo que nos dijeron que era normal y empezamos a construir la vida que realmente queremos vivir. Si estás lista, empecemos. Bienvenida al episodio número 7. Hoy vengo a hablarte de algo que ha estado en mi mente por muchísimos meses. Es un tema sobre el cual he hecho mucha reflexión y he investigado bastante en las últimas semanas y ese tema es el miedo que tenemos las mujeres a envejecer. Y por miedo a envejecer me refiero al miedo que tenemos de que nos salgan arrugas, que nos salgan canas, que la piel se nos caiga. Ese miedo tiene una larga pero larga historia. Tiene nombre, tiene dueños y tiene mucho, muchísimo dinero de detrás. Hoy lo vamos a desarmar completo. De dónde viene, quién lo construyó, cómo llegó hasta nosotras, cómo las redes sociales lo pusieron a nuestro alcance en las 24 horas y por qué cada vez más mujeres están tomando la decisión de soltarlo. Estoy tan emocionada por este episodio, así que comencemos de una vez. Y para adentrarnos en este tema, creo que es importante analizar de dónde vienen nuestros parámetros de belleza. Los cánones de belleza han existido en prácticamente todas las culturas desde siempre. Cada cultura ha tenido un canon de belleza diferente. Por ejemplo, en el Antiguo Egipto, este canon de belleza era súper elaborado. Los egipcios tenían rituales de belleza sofisticados, diferentes tipos de maquillaje, se rapaban el pelo y usaban pelucas, tenían tratamientos y dedicaban varias horas al día a rituales de baño y unción de aceites perfumados. Pero no vamos a hablar de todas las culturas y sus Grecia, porque los griegos son considerados la cuna de la civilización occidental. Nuestra sociedad tiene sus bases en la antigua Grecia. La democracia, la filosofía, el arte, la medicina, prácticamente todo viene de aquí, de los griegos. Uno de los cánones de belleza más importantes era la juventud. La juventud era un ideal. Ser joven era una muestra de vigor y de belleza, por lo que convirtieron a la vejez en lo opuesto, en la pérdida, en el fracaso. Para los griegos, la juventud no era sólo una etapa de la vida, era un ideal estético. El cuerpo joven, fuerte, simétrico, era considerado lo mejor. Sólo tienes que ver sus esculturas, sus pinturas, cuerpos jóvenes perfectos por todos lados. La vejez entonces empezó a asociarse con lo opuesto, con la decadencia, con ser feo, con la enfermedad. Envejecer se convirtió en algo doloroso, en un tipo de castigo. Y aquí hay algo muy importante. Esto no era igual para hombres y para mujeres. Un hombre griego, anciano, Podía seguir teniendo poder, sabiduría, autoridad política. Platón, por ejemplo, pensaba que la virtud máxima se alcanzaba con la edad, que la sabiduría de verdad llegaba después de los 50 años. Pero las mujeres ancianas prácticamente desaparecían. No tenían lugar en el ideal estético ni en la vida pública porque ya no servían. El tiempo históricamente ha sido aliado de los hombres. Para las mujeres ha sido presentado como enemigo. Y esto tiene una expresión muy concreta en nuestro lenguaje cotidiano que quiero que analices. Cuando un hombre envejece y le salen canas y arrugas, pues se ve atractivo, se ve interesante. En inglés les dicen silver fox o zorro plateado. Este término viene de las características del zorro. Un zorro es inteligente, un zorro es audaz, es misterioso, es llamativo. Decirte zorro plateado o silver fox, que es como se les dice en inglés, es un cumplido, es algo positivo. Por ejemplo, George Clooney, Patrick Dempsey, Brad Pitt, a todos les han dicho así. Estuve viendo que hasta hay hombres jóvenes que se pintan el pelo para parecer que tienen canas, o sea, se ponen como rayitos blancos, justamente para parecerse a esa imagen de hombre mayor, de hombre maduro, con experiencia, inteligente, porque las canas en los hombres son aspiracionales. ¿Y cuál es el equivalente para una mujer? No existe. No hay término que celebre a una mujer mayor como atractiva por sus años, por su experiencia. Lo más cercano que te dicen es, uy, qué bien te conservas, o uy, qué bien está para su edad. Un estudio sobre publicidad y género lo documentó con una frase que no se me olvida. La publicidad refleja el doble estándar del envejecimiento según el cual los hombres maduran mientras que las mujeres envejecen. Ellos maduran, nosotras envejecemos. Como si fuera el mismo proceso biológico, pero con dos destinos completamente distintos. Este fenómeno tiene nombre y autora. La escritora y filósofa Susan Sontag lo llamó en 1972 el doble estándar del envejecimiento. Y lo que describió hace más de 50 años sigue siendo exactamente lo que vivimos hoy. No es una queja nueva, es una estructura documentada, analizada, nombrada hace décadas y que seguimos reproduciendo sin cuestionarla. Y la razón de fondo no es biológica, es una construcción social. Para los hombres el valor social siempre estuvo ligado a qué producen, a su posición, a su poder económico. Eso no desaparece con la edad, todo lo contrario, es algo que aumenta con el tiempo. tiempo mientras que para las mujeres el valor social históricamente ha estado ligado a ser sexualmente elegibles a la juventud a la apariencia y eso tiene fecha de vencimiento o por lo menos así nos han hecho creer todo este tiempo y cuando ese vencimiento entre comillas llega pasa algo muy específico la mujer se vuelve invisible literalmente cuando una mujer deja de ser percibida como objeto de deseo como objeto sexual la mirada social deja de estar en ella los académicos lo llaman aniquilación sexual simbólica. Desaparece del cine como protagonista, desaparece en la publicidad como figura principal, solo reaparece en un rol de mamá, de madrastra, de abuela, de viuda, de mala o de figura frágil que necesita cuidado. Su identidad individual, sus deseos, su ambición, su sabiduría, su sexualidad, simplemente no existe en el relato cultural. Ahora quiero que investiguemos un poquito más, que vayamos un poquito más profundo, porque el miedo a envejecer no solo te llegó a través de la historia de la cultura. Te llegó mucho antes. Te llegó cuando eras niña, en frases que parecían inocentes, en cuentos que parecían entretenimiento, en mensajes que absorbimos con el paso de los años sin darnos cuenta. Piensa en todo lo que te decían de chiquita. Los dichos, las frases o las palabras que escuchaste creciendo. Te voy a decir las que yo escuchaba y te apuesto que a ti también te las dijeron. La primera, la está dejando el tren. Como si la vida de una mujer fuera un tren que pasa una sola vez y que si no te montas a tiempo, si no te das prisa, lo perdiste y ya no hay marcha atrás. Como si tuvieras una ventana de años válidos y que después de eso ya es demasiado tarde, ya perdiste todo. Otra cosa que yo escuchaba de pequeña es cuídate para cuando seas más grande. El cuerpo de una niña o un adolescente es presentado como una inversión para conseguir pareja en el futuro. Entonces nos decían que nos teníamos que cuidar para vernos bien, para ser atractivas, para poder conseguir pareja, un esposo, y no nos decían que nos cuidáramos porque no lo merecíamos, porque era bueno para nuestra salud, para vivir mejor, sino que nos decían que nos cuidáramos para que alguien nos eligiera después. Otra palabra que escuchaba mucho y la odio, la verdad, detesto esa palabra, es la solterona. Era el mayor, bueno, o es, no si todavía, pero el mayor insulto que le podían decir a una mujer que llegaba a cierta edad sin haberse casado. No le decían la independiente, no le decían la que eligió, no le decían la que construyó su propio negocio, no. No le decían la que se enfocó en ella misma, no le decían la que decidió por misma por su propia vida sino la solterona como si su mayor fracaso posible no fuera profesional ni personal sino no haber conseguido un hombre en una ventana de tiempo concreto otra frase que yo escuchaba mucho o bueno que escucho porque eso lo sigo escuchando la verdad es que le pasó tan bonita que era odio esta frase la detesto de verdad el tan bonita que era ese era como si fuera una sentencia de muerte como si la belleza fuera algo que se tiene en el pasado como si la belleza Como si al envejecer ya no pudiera ser bonita. Puede ser muchas cosas, pero bonita. Eso jamás. Eso ya quedó atrás. Y la verdad que estas frases, estos pensamientos, estas palabras las tenemos tan enraizadas. Las tenemos en nuestra mente, en nuestro subconsciente, que sin querer, aunque hayamos hecho mucho trabajo interno, salen. El otro día me pasó a mí. Yo estaba viendo una película de Goldie Hawn, que yo soy fan de ella. Me encantan sus películas y cómo actúa. Estaba viendo esta película que se llama Overboard. Y justamente dije eso. Ay, tan bonita que era Goldie Hawn. Y me di cuenta en ese momento que yo misma también sigo expresando estas frases, estas palabras, porque las tengo tan internalizadas que es casi subconsciente. Y todo esto nos lo metieron en la cabeza mucho antes a través de las películas de Disney, de los libros, de los cuentos de hadas. Este es uno de los puntos que más me impactó cuando empecé a hacer este análisis porque no me había fijado antes en estos mensajes. Nunca los cuestioné, solo los vi y los internalicé sin querer. En prácticamente todos los cuentos clásicos todas las películas de Disney con las que crecimos, el patrón, si te das cuenta, es el mismo. La protagonista es joven, es linda, es inocente, es pura y necesita ser salvada, amada, celebrada. Y por otro lado, la mala es una mujer que envejeció, es una mujer mayor, que no solo es vieja y tiene arrugas, es malvada, es envidiosa, está sola, es poderosa de una manera que da miedo, es la bruja, es la madrastra, es la reina del espejo. Por ejemplo, si nos fijamos en el cuento La la película de Blancanieves aquí la madrastra envejece y no puede aceptarlo su crimen el que justifica que sea la mala de la película es querer seguir siendo la más bonita de todo el reino y la solución de la historia es que Blancanieves la joven la pasiva la inocente la ingenua sea rescatada por un príncipe y el mensaje subliminal aquí es si envejeces y sigues queriendo ser vista eres mala te vas a quedar sola todo el mundo te va a odiar ahora vamos con la bella durmiente Aurora la protagonista es la joven, linda, que cae en un sueño por la maldición de una bruja vieja y poderosa. Y otra vez, la mujer joven es la víctima pasiva que espera. Y por otro lado, la mujer mayor con poder es la amenaza, es la amargada, es la mala de la historia. Ahora vamos con la sirenita y es lo mismo. Úrsula, la mala, es una mujer mayor con un cuerpo que ocupa espacio, que tiene poder propio. Ariel, en cambio, es joven, es linda, es curiosa, es inocente y merece ser amada. El mensaje aquí es la mujer mayor con poder propio y deseos propios es una amenaza. La joven que renuncia a su voz para conseguir al hombre es la heroína, es la buena y es la protagonista de la historia. No si te diste cuenta de este patrón. Disney nos enseñó de niñas que envejecer con poder es ser la villana, que una mujer mayor que sigue queriendo ser vista, que sigue teniendo deseos propios, que sigue ejerciendo algún tipo de poder, es una amenaza. La buena mujer es joven, bonita y no se Y crecimos creyendo esto. No porque alguien nos lo dijera directamente, sino porque nos lo contaron en historias, con música bonita, con colores lindos, con animalitos, mientras éramos demasiado chiquititas para entenderlo o realmente cuestionarlo. A los hombres les dijeron que envejecen como el vino. A nosotras nos dijeron que nos echamos a perder como la leche. Eso no es un dicho, es un programa que nos instalaron sin pedirnos permiso. Voy a tomar un poco de agua porque me doy un poquito de sed. Y ahora vamos a entrar a lo que conecta toda esta historia con tu vida diaria, con lo que compras, con los mensajes que recibes todos los días sin darte cuenta. Quiero hablar del negocio que se construyó sobre este miedo que nos instalaron desde pequeñas. Solo el de productos cosméticos de anti envejecimiento vale 85 mil millones de dólares. Esto es un dato del 2025 y se proyecta que llegue a casi 120 mil millones para 2030. Imagínate, eso es más que el producto interno bruto de muchos países en Latinoamérica. ¿Y quiénes sostienen ese mercado? Las mujeres. Casi el 80% de las personas que compran productos anti-envejecimiento son mujeres. Muchas personas están ganando cantidades ridículas de dinero con este miedo. Y no es casual que ese alguien nos necesite asustadas, insatisfechas, ansiosas, deprimidas y convencidas de que envejecer es un problema que hay que resolver. Si te fijas, todos los productos que están enfocados en mujeres de un rango de edad específico se llama anti-aging, anti- envejecimiento, mira el prefijo anti, en contra de, como si envejecer fuera el enemigo, como si fuera algo que hay que combatir, que hay que derrotar, que hay que evitar a toda costa. Y fíjate cómo fue evolucionando ese lenguaje. Antes simplemente envejecías, ahora ya no envejeces, lo reviertes, lo combates, lo desafías, lo quitas con serum, con cremas hidratantes, lo paralizas con botox. El envejecimiento dejó de ser un proceso natural y se convirtió en una emergencia lenta que empieza alrededor de tus 30s o bueno creo que hoy en día incluso antes porque nos han dicho que la mujer debe envejecer con gracia es otra trampa del lenguaje una que suena como muy bonita pero que esconde la misma exigencia de siempre porque cómo puedes envejecer con gracia si te da pavor envejecer y esto llega a un extremo que cuando lo escuchas la primera vez parece exagerado pero la verdad es que no lo es hay mujeres que yo conozco que evitan hacer expresiones faciales por miedo a que le salgan arrugas con Conozco a mujeres que evitan levantar las cejas porque eso les va a sacar arruguitas en la frente. Llegan hasta el punto que evitan fruncir el ceño o evitan reírse demasiado por miedo a que les salgan líneas de expresión. Por favor, estamos en un punto donde una mujer se contiene de reírse para no arrugarse, donde las emociones se reprimen para no dejar huella visible en la cara. Eso no es vanidad. Eso es lo que pasa cuando el miedo a envejecer se instala tan profundamente que empieza a controlar hasta cómo te sientes. Nadie vende cremas pro sabiduría, pro experiencia, pro historia vivida. No existe el producto celebra tus años. Todo está enfocado en la guerra contra el tiempo, una guerra que literalmente ninguna de nosotras va a ganar jamás. Nos están vendiendo la solución a un problema que ellos mismos crearon para un enemigo que no puede ser derrotado. Y la verdad es que cuando investigué sobre este tema, empecé a cuestionarme, a profundizar en muchos aspectos de mi vida. Me di cuenta de algo. Yo misma estoy viviendo esta conversación. tengo 37 años y la mayoría de mis amigas ya se han puesto botox ácido hialurónico y tratamientos para las arrugas y aunque ninguna de mis amigas me presiona o me hace sentir de menos pero sin quererlo sin decirme nada me siento como la rara porque yo no me he hecho nada en la cara no me he puesto botox ni nada por el momento entonces me siento como la que no se cuida como la que va en contra de algo que es como lo normal ahora lo que toca obviamente si me importa cómo me veo no voy a hacerme la que no me pinto el pelo desde hace años me he hecho rara y lo voy a seguir haciendo porque me gusta, porque lo elijo. También uso algunas cremas que me pongo antes de dormir y cuando pienso en el botox, en inyectarme cosas en la cara, algo me dice que no, que no es para mí, que quiero dejar que mi piel sea como es. No si en el futuro vaya a pasar y vaya a cambiar de opinión. No me gusta decir nunca, pero que no quiero hacerlo por presión de parte de la sociedad, por miedo o por sentir que si no lo hago, me voy a quedar atrás o voy a ser invisible. Lo bueno es que las cosas siento que están cambiando. He estado viendo muchísimo en redes un movimiento que se llama Pro-Aging, que es lo opuesto a Anti-Aging. Este movimiento no ve el tiempo como enemigo, sino como evidencia, como algo positivo. Algunas marcas y medios están empezando poco a poco a eliminar de su lenguaje los términos que dicen que envejecer es algo que debe corregirse. ¿Cuánto llevas invertido en combatir algo que representa la evidencia de la alegría que es vivir? Este mercado no existiría si no hubiéramos aprendido de niñas que envejecer es perder. La industria no creó el miedo desde cero. Tomó el miedo que ya estaba ahí, el que nos instalaron, con los cuentos, con las películas de Disney, con las frases, con la cultura que lleva siglos diciéndote que el valor de una mujer tiene fecha de vencimiento y lo convirtió en un negocio de 85 mil millones de dólares. Grecia construyó la idea, los cuentos la reforzaron, la industria lo monetizó y las redes sociales la pusieron en tu bolsillo las 24 horas del día. Todo lo que acabamos de hablar existía antes de las redes sociales, pero las redes hicieron a algo que ninguna herramienta anterior había logrado. Pusieron esta presión disponible para ti, las 24 horas, los 7 días de la semana, con imágenes diseñadas específicamente para activar la comparación. Antes te comparabas con las personas de tu entorno, con las actrices de la televisión o con las modelos que salían en revistas, pero cerrabas la revista, apagabas la televisión y punto, ahí se terminaba. Ahora el feed no se acaba. Y cada foto que te sale en Instagram es la versión más editada, más filtrada más optimizada de alguien no estás comparándote con personas reales estás comparándote con versiones digitales de personas reales y tu cara sin filtro pierde esa comparación siempre porque está compitiendo contra algo que no existe y hay un mecanismo psicológico muy concreto que quiero que entiendas cuanto más usas filtros para verte mejor entre comillas en las fotos o en los videos mayor rechazo desarrollas hacia tu cara real cuando no está filtrada el filtro no resuelve la insatisfacción solo lo vuelve peor lo profundiza. Porque cada vez que usas el filtro, estás confirmando, sin decirlo en voz alta, que tu cara real no es suficiente. Y cuando te ves sin él, la brecha entre las dos versiones se siente muchísimo más grande. Es un círculo vicioso. El filtro genera alivio temporal. Dices, ay, qué bien me veo, me van a comentar, me van a dar likes. Luego crea insatisfacción porque te ves en el espejo y ves que eres una versión totalmente diferente. Y luego necesitas otra vez el filtro y más y más filtro. Y en ese círculo envejecer se vuelve cada vez más aterrador, da más miedo porque cada año que pasa te aleja más de la imagen filtrada que internalizaste como la versión correcta de ti misma, como la versión bonita, auténtica de ti misma. Cuando estuve haciendo mi pequeña investigación para el podcast, leí en una encuesta de la Academia Americana de Cirugía Plástica Facial que el 72% de los cirujanos plásticos faciales notaron un aumento en la demanda de procedimientos entre menores de 30 años. Imagínate, 30 años, pero Personas que biológicamente están en el pico de la vida pasando por cirugías para verse en la vida real como se ven con filtro en las fotos o como se ven las modelos de Instagram o de TikTok para no tener ninguna arruga, para tener la piel impecable, perfecta. También leí un artículo de la revista Fortune donde decía que se les hizo una encuesta a 2.000 mujeres mayores de 30 años. El 23% de estas mujeres dijeron que tenían muchísimo miedo de envejecer, que sentían que envejecer iba a traerles soledad y rechazo por parte de la sociedad. Y el 41% dice que envejecer afecta su salud mental, lo cual les ha traído mucha ansiedad o depresión. Hay un concepto de la psicología que habla sobre lo que muchas vivimos sin saber que tiene un hombre. Se llama la máscara del envejecimiento. Es ese momento en el que te ves al espejo y la persona que ves no coincide con cómo te sientes por dentro. Por dentro te sientes joven, te sientes viva, vibrante, pero afuera ves a alguien que la sociedad etiqueta como vieja. Esa brecha es muy confusa y en una cultura que insiste en que permanezcas perpetuamente joven o pierdas tu valor, esa discrepancia se convierte en una amenaza directa a tu autoestima. Bueno, y aquí quiero parar un momento para contarte algo mío relacionado al tema del envejecimiento porque creo que tiene todo que ver con lo que hemos estado hablando. Yo le tenía un miedo, pero es que no era miedo, ya era algo demasiado fuerte, era un pavor terrible a cumplir 30 años. No te exagero cuando te digo terrible, es que era un pavor, era algo paralizante, era una angustia, era una ansiedad tan real. Y esta empezó muchísimo antes de cumplir 30 años. Creo que empezó alrededor de los 27, me acuerdo. Me dio ansiedad, me dio depresión, porque sentía que los 30 era el final de mi vida, que mi físico, que mi vida general ya no iba a ser igual, que algo se iba a cerrar para siempre. Yo pensaba en 30 y sentía que era lo más viejo del mundo. Decía, ay no, voy a cumplir 30, voy a estar vieja, me voy a poner fea de la cara, me van a salir arrugas, me van a salir manchas, voy a empezar con las canas, ya todo va a venir en declive. Y ahora que me pongo a pensar, porque en ese momento obviamente no me di cuenta, es lo que me habían hecho creer y lo tenía tan metido en la cabeza. Lo había absorbido poco a poco en los comentarios, en las bromas, en la cultura que me decía ya que una mujer a los 30 empieza a pasarse, que el tren ya se estaba yendo, que el reloj biológico estaba sonando. Pero tuve la suerte de que fue todo lo contrario para mí. Los 30 me trajeron muchísima claridad, me trajeron seguridad, me trajeron alegría, me trajeron nuevas experiencias, nuevas personas. Ha sido de las mejores etapas que he vivido. Empecé a tomar decisiones más alineadas con lo que realmente quería. Empecé a decir que no a cosas que antes no hubiera podido rechazar. Me importó mucho menos la validación externa Y me importé más yo. Me di cuenta de algo muy importante. El miedo no era a los 30 en sí. Era al fantasma de los 30 que me habían metido en la cabeza. El número real vivido fue completamente diferente al número imaginario que me habían enseñado a temer. Y creo que eso es exactamente lo que está pasando ahora a una escala mucho mayor. Cada vez más mujeres están llegando a ese punto de darse cuenta de que el miedo era el fantasma, no la realidad. Y están eligiendo soltar ese fantasma. Hay un movimiento que lleva años creciendo. Lo he visto mucho en TikTok. Es el Grey Hair Movement. Puedes poner hashtag en TikTok o en Instagram o en cualquier red social. Hashtag Grey Hair Movement. Y ahí te van a salir mujeres de todas las edades que están celebrando su historia personal, rechazando el mandato de ocultar el paso del tiempo y están resignificando el envejecimiento como algo bonito, como algo poderoso. No como resignación, sino como elección. Y no solo es dejarse las canas en el pelo y no pintárselo. Esta tendencia va mucho más allá de las canas. Incluye a mujeres que también están dejando el botox, el relleno de labios, las inyecciones de ácido hialurónico. El propósito es envejecer con dignidad, con tu piel real, tal y como eres. He visto a varias famosas actrices, cantantes que están formando parte de este cambio. Por ejemplo, Pamela Anderson. Durante muchísimos años fue uno de los íconos de belleza más importantes del mundo. Empezó a aparecer últimamente en las alfombras rojas sin maquillaje. Dice que para ella es etapa de su vida es sobre aceptarse realmente como es. Que perseguir la juventud no la va a llevar a ningún lado. Y dice que desde que empezó a vivir con lo que es y tiene, ahora siente como que le quitaron un peso de encima. Yo siento que Pamela Anderson, en lugar de desaparecer, se volvió muchísimo más fuerte y más poderosa. Ahora la vemos de regreso actuando en películas muy serias, como en la que actuó hace unos años, que se llama The Last Showgirl, si no estoy mal. Y por esta actuación, que actuó súper bien, la nominaron a los Golden Globes y a los SAG Awards, nominaciones que nunca había tenido en toda su carrera cuando era este símbolo de belleza y sexual para todo el mundo, sino que estas nominaciones llegaron a ella a los 57 años, sin maquillaje, siendo más ella que nunca. Por otro lado, también tenemos a Julia Roberts, la actriz que todas conocemos y amamos. Es otra mujer que ha sido siempre símbolo de belleza. Ella está defendiendo envejecer naturalmente y rechazando la presión de las cirugías estéticas para seguir consiguiendo roles protagónicos en una industria donde las actrices mayores de 40 años, históricamente, nunca más iban a conseguir un rol que no fuera de abuelita, de madrastra o de mala. Ella le dijo a la revista Elle, algo que me gustó mucho y lo voy a citar, es una lástima que vivamos en una sociedad tan en pánico y dismórfica donde las mujeres no se dan ni la oportunidad de ver cómo se verán cuando sean mayores. Quiero tener alguna idea de cómo me voy a ver antes de empezar a borrar todo. Quiero que mis hijos sepan cuando estoy enojada cuando estoy feliz, cuando estoy confundida. Tu cara cuenta una historia. Ahora las mujeres prefieren la autenticidad, el ser real. Esto se está convirtiendo en un nuevo lujo. Hay algo que está pasando culturalmente que me parece muy, muy interesante. Vi hace poco en una publicación en Instagram de On Brand Magazine que me gusta mucho. Leí un carrusel que decía en la portada, la edad como símbolo de estatus, no la juventud, la edad. Y la verdad que tiene todo el sentido cuando lo piensas. Cuando los feelers, el botox... Todos esos procedimientos estéticos son cada vez más accesibles para todo el mundo y se masifican. Verse artificialmente joven ya no te dice nada. Ya no es impresionante. Ya no es exclusivo. Ya no es aspiracional. Lo que ahora es escaso, lo que ahora comunica algo, es verse real y auténtica. Y las mujeres que se están negando a borrarse, que están dejando que su cara cuente su historia, su experiencia, su alegría de vida, no están quedándose atrás. Están siendo las pioneras en este nuevo movimiento. en entender algo que el resto del mundo apenas está descubriendo. El cambio incluso está llegando a los espacios que históricamente han sido los más duros con la edad y con el cuerpo de las mujeres, como lo es el espacio de la moda. En los desfiles más recientes de marcas como Chanel, como Bottega Veneta y Givenchy, han incluido a muchas mujeres modelos mayores de 40 y 50 años en sus pasarelas. Cuando la moda, la industria que durante décadas dictó que solo existían los cuerpos jóvenes delgados, empieza a mostrar otros cuerpos algo está moviéndose en serio. Y en redes, no si has visto últimamente las Grand Fluencers, que las amo, me encantan, que son mujeres mayores influencers que tienen audiencias gigantescas, que muestran estilos de vida activos, modernos y plenos. No la típica abuelita frágil que solo podía estar sentada en su mecedora cosiendo crochet, que era la imagen que los medios siempre nos enseñaban de mujeres mayores de 70, 80. Mujeres reales, con opiniones, con humor, con vida, con hobby con historia, están rompiendo todo tipo de estereotipos y mostrando cómo la acumulación de años las hizo más ellas que nunca. Lo que tienen en común todas estas mujeres no es que hayan envejecido bien, entre comillas, en el sentido que la industria nos vende o nos ha hecho creer, es que entendieron algo que nadie les iba a vender, que los años no son lo que se les quita, son lo que se les suma. Creo que entrar a los 40, a los 50, a los 60, a los 70 puede ser un tiempo de inmensa proporcionalidad profunda liberación por primera vez muchas mujeres se sienten dueñas de su vida sienten que sueltan un peso sienten que pueden vivir bajo sus reglas que dejan de vivir bajo la mirada de otros para vivir la vida que realmente quieren hacerte algo no te hace débil ni vanidosa ponerte botox o pintarte el pelo o hacer de tratamientos de cara o hacerte un lifting no te hace menos no te hace no amarte no y tampoco hacerte nada y dejarte como estás te hace valiente ni superior no lo que importa aquí es de dónde lo estás haciendo una elección es una elección una presión disfrazada de elección es otra cosa completamente diferente y sólo sabes cuál de las dos estás viviendo bueno y quiero ir cerrando el episodio donde hoy con algo que para es el mensaje más importante de todo lo que estaba hablando y lo voy a decir despacio porque creo que merece mucho espacio hasta rimó envejecer es un privilegio que mucha gente no tiene viene la dicha de experimentar. Hay personas que nunca tuvieron la oportunidad de tener canas y arrugas, que se fueron siendo muy jóvenes de este mundo, ya sea por alguna enfermedad, por algún accidente, por violencia, por circunstancias que no eligieron. Para ellas, envejecer hubiera sido el mayor privilegio, el regalo, no el problema, el regalo. Me acuerdo que leí en algún lado, no me acuerdo exactamente dónde, el testimonio de una editora que perdió a su papá cuando ella era joven. Ella decía algo que se me quedó tatuado en la mente que nunca va a saber cómo se hubiera visto su papá a los 70 a los 80 años con el pelo blanco y con la piel llena de arrugas que esas versiones de él fueron tomadas antes de que pudieran existir y que ahora cada vez que le sale una cana nueva trata de recordar eso no con tristeza sino como con gratitud porque una cana es otro año más de vida que estuviste en la tierra otro año que viviste otro año que celebraste otro año que estuviste tuviste con tus seres queridos. Las ganas llegaron no por descuido, sino por vivir, porque viviste todas las etapas de tu vida, por el año que fue difícil, por la década que lo cambió todo, por los momentos increíbles, por la acumulación de una vida completamente vivida. Una cara tiesa, sin expresiones, te dice muy poco la verdad sobre una persona. Una cara vivida te lo dice todo. El miedo a envejecer, y te lo digo con mucha honestidad, no como crítica, es en cierta forma un privilegio inconsciente. Sólo puedes tenerlo si tienes años por delante. Solo puedes tenerlo si estás aquí para vivirlos. Tal vez perdiste una amiga, un familiar, alguien que se fue demasiado pronto, que hubiera dado todo por tener las arrugas que hoy estás mirando con asco en el espejo. No te lo digo para que te sientas culpable. Te lo estoy diciendo porque a veces el reencuadre más poderoso viene de una sola pregunta. ¿Y si esto que estoy mirando como un problema es en realidad una prueba de que sigo viva? Envejecer no es perder, es experimentar. expandirse, es convertirte año tras año tras año en tu mejor versión, en tu yo más libre, en tu yo más honesto, más feliz, más puro. Tu cara no es el problema, tu cara es el registro, es la evidencia de que estuviste aquí, de que sentiste, de que viviste con cada célula de tu cuerpo, no de lejos, no con miedo, sino con todo. Entonces quiero que la próxima vez que te mires al espejo y veas una ruguita nueva, una cana que no estaba o algo que cambió en ti antes de que te empieces a criticar pares hagas una pausa porque eso que ves no es el tiempo que perdiste es el tiempo que ganaste es el tiempo que viviste es la tarde de playa que se extendió hasta que el sol se puso son los momentos con tus amigas que te reías a carcajadas sin parar es el viaje que soñaste años y finalmente hiciste son los cumpleaños de tus familiares las conversaciones largas los abrazos de tus abuelos los hobbies los trabajos que te apasionó Bueno, y eso fue todo por este episodio. Muchas gracias por haber llegado hasta aquí espero que te haya ayudado este episodio que te haya servido para reflexionar para cuestionarte a definitivamente me ayudó mucho me hizo pensar muchísimo y me hizo ir cambiando poco a poco ciertos patrones de pensamiento ciertas creencias limitantes que he estado teniendo durante estos últimos años espero que te haya movido que te haya informado que te haya expandido de alguna forma y si tienes cualquier comentario cualquier pregunta ya sabes que todo es bienvenido en mis redes sociales y Yo siempre contesto. Así que nos vemos en el próximo episodio. Nos vemos el otro miércoles. Besitos.

UNKNOWN

Chao, chao.