Esto no es casualidad

Episodio 10. Tus “defectos” son tu superpoder.

Season 1 Episode 10

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Desde chiquitas nos enseñaron que todo lo que se salía del molde era un problema. Te señalaron tu nariz, tu cuerpo, tu altura, tu tono de piel. Te dijeron que eras muy intensa, muy sensible, muy llorona, que tenías demasiadas opiniones, que eras muy directa, muy soñadora. Y así, poco a poco, fuiste silenciando exactamente lo que te hacía única. En este episodio hablo de los moldes, de todo lo que nos han hecho creer que es un defecto y que en realidad nunca lo fue, y de por qué la versión más poderosa de ti es precisamente la que has estado escondiendo. Con historias de mujeres extraordinarias que usaron sus “defectos” como gasolina para vivir una vida única y poderosa.

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Hola, soy Cristina. Bienvenida a Esto no es casualidad, el podcast donde cuestionamos lo que nos dijeron que era normal y empezamos a construir la vida que realmente queremos vivir. Si estás lista, empecemos. Bienvenida al episodio número 10. No me lo puedo creer qué rápido llegamos a este episodio. Gracias por escucharme. Gracias por estar aquí de verdad. Y lo que voy a hablar hoy es algo que me parece demasiado importante, necesario y que quiero que se quede contigo después de que termines de escuchar, porque llevas años intentando corregir algo algo que nunca necesitó corrección y el costo de eso ha sido muy grande. Hay algo que la sociedad lleva siglos haciendo, que es fabricar moldes y todo lo que no cabe en ese molde es un efecto, es algo negativo, es algo raro. Empieza en tu casa cuando de pequeña te dijeron que no fueras tan chillona, que no hicieras tantas preguntas, que no te rieras así, que eso no era para niñas como tú. Empieza en el colegio cuando la maestra llamó a tu mamá para decirle que eras demasiado inquieta, demasiado mandona, que eras muy intensa empieza en la familia, en los almuerzos de domingo, donde alguien siempre tenía una opinión sobre cómo debía ser, cómo tenías que vestirte, cómo tenías que verte, sobre qué deberías de estar haciendo con tu vida. Y a todo eso que no encajaba, a tu intensidad que hacía que todo lo sintieras el doble, a tus ganas de preguntar el por qué de todo cuando se suponía que tenías que callar y obedecer, a tu ambición que quería más de lo que le correspondía a una mujer, entre comillas, a tu independencia que no necesitaba pedir permiso, a tu energía que no cabía en un cuarto, a tus sueños que eran demasiado grandes, a tus sueños que eran demasiado grandes y a tu forma única de ver el mundo. Le pusieron una etiqueta. Es algo raro, es un defecto, algo no deseable, algo que hay que ignorar, que hay que corregir, que hay que esconder. Y así poco a poco fuiste aprendiendo que partes de ti eran aceptables y cuáles no. El problema es que ese molde no desapareció cuando creciste, sino que sigue aquí y ahora. Y el El problema es que se digitalizó y lo vemos por todos lados. Hoy, por ejemplo, abres TikTok o Instagram o cualquier red social y ves lo mismo en todas partes. De verdad, es hasta aburrido. El mismo tono de voz, la misma forma de hablar, las mismas frases, los mismos outfits, la misma nariz pequeña, los mismos labios grandes, el mismo maquillaje, este como clean look, que todas ahora llevan los mismos pachones de agua, las mismas rutinas de la mañana de cinco pasos. Y no solo es en lo físico, sino también en cómo pensar, en qué opinar, en cómo reaccionar, en qué les parece bien y qué les parece mal. Y lo más preocupante no es lo que se ve, sino es lo que no se ve. Las que se quedaron fuera de este molde, las que miraron todo esto en redes sociales y dijeron yo no soy así, yo no encajo aquí, ¿qué hago? Y se fueron en silencio, se fueron tristes, convencidas de que el problema eran ellas. Esas mujeres que viven con ansiedad, con depresión, tratando de encajar en esto. Las que dejaron de publicar porque sentían que su vida no era suficientemente a Las que se hicieron algo en la cara porque sintieron que como ellas eran naturalmente no era suficiente. Las que cambiaron su forma de hablar, de opinar, no porque quisieran, sino porque sentían que así tenían que ser para ser aceptadas, para que la gente las validara, para ser vistas. Las que llevan años siendo una versión de mismas diseñadas para encajar en este molde y ya ni se acuerdan cómo era la versión original. Y lo más doloroso es que muchas ni siquiera se han dado cuenta de que esto está pasando, porque no fue una decisión contundente. inconsciente. Fue un proceso lento, silencioso y acumulativo. Un comentario aquí, una mirada allá, un deberías, dicho con una buena intención, una imagen que viste mil veces hasta que tu cerebro la aceptó como el estándar. Y un día te despiertas siendo alguien que se parece mucho a lo que el mundo quería que fueras y muy poco a lo que realmente eres. Y esto es lo que me parece más triste de todo. No que el molde exista, porque los moldes siempre han existido y siempre lo van a ser, sino que tantas mujeres lo hayan aceptado sin cuestionarlo, sin parar a preguntarse ¿es esto lo que yo soy? ¿O es lo que aprendí que tenía que hacer? ¿Esto de verdad me gusta a mí? ¿O simplemente es lo que me tiene que gustar porque a todo el mundo le gusta en redes o a mi alrededor? ¿Esta soy yo? ¿O es la versión de que le resulta más cómoda al mundo? ¿Qué pasó con ser como realmente somos? ¿Qué pasó con abrazar todo lo que somos? Lo que nos gusta, lo que no nos gusta, lo que encaja, lo que desborda, nuestras rarezas, nuestras peculiaridades, todo lo que nos hace distintas. A mí, la verdad, personalmente, lo que me parece más interesante de una persona es esta autenticidad, su forma única de expresarse, las curiosidades raras que tiene, sus hobbies, la forma en que se viste, que no se parece a la de nadie porque tiene un estilo propio y no sigue trends que cambian cada semana. La forma en la que piensa, en la que ve el mundo, de verdad es tan, tan refrescante y tan delicioso hablar con alguien así. Y eso es lo que hace que estar con alguien se sienta vivo se sienta distinto se sienta memorable y eso es lo bonito de cada mujer exactamente lo que la hace diferente una tiene una forma de entrar a un cuarto que llena el espacio otra tiene una mente que conecta ideas de formas que nadie más ve otra tiene una sensibilidad que hace que las personas se sientan vistas de verdad cuando hablan con ella y la mujer que es como es que es natural con sus cosas con sus rarezas que está segura de lo que es y no necesita estar viviendo según las reglas de otra persona o según la sociedad es magnética. Entra a una habitación y la gente la voltea a ver, porque eso se siente, eso no se fabrica, no se aprende en ningún curso, no se puede copiar, no se puede editar ni falsificar, es una energía que está o no está. Y realmente creo que todas podemos ser así. El problema es que llevamos años intentando apagar esta llama viva de autenticidad que tenemos dentro. Llevamos años llamándoles defectos a lo que en realidad nunca fueron defectos, simplemente eran cosas diferentes, eran cosas únicas. Entonces, quiero que paremos un poquito, un momento y definamos qué es realmente un defecto porque creo que nos lo han vendido mal. Un defecto real es algo que te daña a ti o a las personas que quieres, que están a tu alrededor. Algo que verdaderamente quieres transformar porque te hace daño, porque te limita, porque no te deja ser tu mejor versión. Por ejemplo, explotar de rabia con las personas que quieres, enojarte y decirles cosas feas, hirientes y después arrepentirte. Eso es un defecto. O mentir de forma compulsiva todos los días para evitar conflictos o parecer más interesante. Eso es un defecto. Eso existe y no lo estoy romantizando. Pero la mayoría de las cosas que pensamos que son rarezas, que son defectos, o cosas en las cuales tenemos que trabajar para cambiar, no lo son para nada. Son cosas que sólo no encajaban en el molde que nos tocó. En el colegio que pedía quietud, silencio, y eras llama, eras acción, eras energía. O en la familia que valoraba la discreción, ser conservadora, ser prudente y eras emoción, eras aventura. El problema nunca fuiste tú. Es el desajuste entre lo que eres y el contexto en el que te tocó vivir. Y la verdad que poniéndome a pensar, los rasgos, ya sean físicos o de personalidad, que más te señalaron, que más te criticaron, casi siempre son los más poderosos en tu vida. Esa intensidad, esa sensibilidad, esa forma de pensar diferente, ese estilo, esa curiosidad que no tenía fin, esa ambición que era demasiado para para una mujer entre comillas, esa estatura, ese cuerpo que no encajaba en el molde de revista, esa forma de ver el mundo que nadie más entendía. Todo eso suele ser lo más auténtico y poderoso en tu vida. Lo que incomoda a otros es muchas veces lo que rompe el molde. No si sabías que Cindy Crawford, antes de ser una de las modelos más famosas del mundo, le dijeron que se quitara el lunar que tiene encima del labio. Le dijeron que era un defecto, que la iba a limitar y ella nunca escuchó. Ella dijo no y ese lunar se convirtió en su sello más reconocido. reconocible era lo que la hacía inconfundible en un mar de caras perfectas y parecidas. Pero imagínate que hubiera escuchado a esas personas y se lo hubiera quitado, que hubiera decidido borrarlo para encajar, para parecerse a todas las demás. Estoy segurísima que no hubiera sido la modelo icónica que todas conocemos y que hizo historia, y definitivamente no estaríamos hablando de ella en este podcast. Algo parecido le pasó a Serena Williams, creo que todas la conocemos, la tenista famosa que ha hecho historia, su cuerpo fue criticado por mucho tiempo, que si era demasiado musculoso, demasiado grande, demasiado poco femenino según los estándares tradicionales del tenis. Ese mismo cuerpo la convirtió en la tenista más grande de la historia, con 23 títulos de Grand Slam y cuatro medallas de oro olímpicas. Pero imagínate que Serena hubiera decidido hacerse chiquita, esconderse, suavizarse, cambiar su cuerpo para que el mundo se sintiera más cómodo para ser aceptada con los estándares tradicionales imagínate que hubiera cambiado el tenis por el básquetbol o no sé, por el boxeo, solo para encajar en lo que se esperaba de alguien con su físico. El tenis no sería el mismo, el mundo no sería el mismo. Y otro ejemplo que se me ocurre aquí, que es tan poderoso, es Malala, una niña de Pakistán que hablaba cuando se suponía que tenía que callar. Una niña de 11 años, solo 11 añitos, que exigía educación para las mujeres en un lugar donde eso era muy pero muy peligroso. Y como consecuencia de esto, los talibanes le dispararon en la cabeza para callarla, para eliminarla. Pero ella no dejó que eso la frenara. Siguió hablando y se convirtió en la persona más joven en ganar el Premio Nobel de la Paz. Pero imagínate por un segundo que ella hubiera decidido callar, que hubiera decidido que no valía la pena, que era demasiado arriesgado, que mejor pues sí, iba a dejar de estudiar y que se iba a casar a los 15 años y tener todos los hijos que el esposo hubiera querido tener y solo estar encerrada en su casa y vivir una vida que no era la que ella quería. Millones de niñas no tendrían hoy una voz que las represente. Y no si te diste cuenta con estas mujeres que te mencioné, pero el mecanismo es siempre el mismo. Agarras algo que una mujer tiene de único, de diferente, de irrepetible, de poderoso y le dices que es un problema, que lo corrija, que lo elimine, que lo esconda, que lo suavice y Y si lo repites suficientes veces, desde suficientes voces, en suficientes momentos de su vida, te lo terminas creyendo. Pero siempre han habido mujeres que eligieron otro camino, como Malala, como Serena, como Cindy Crawford. Mujeres que en algún momento dijeron no. Y en lugar de esconderse, taparse o corregirse, empezaron a entenderse, a ser fieles a ellas mismas, a usar sus talentos como gasolina para impulsar el motor de su vida. Y en ese momento en que dejaron de intentar encajar, algo se liberó. pero algo se encendió. Empezaron a vivir alineadas con quien realmente eran, con una energía y con una claridad que no se puede fingir ni comprar. Y al hacerlo, no solo se hicieron un favor a ellas mismas, le hicieron un favor al mundo, porque muchas de esas mujeres han cambiado el rumbo de la historia. Se convirtieron en ejemplos para otras mujeres que también necesitaban permiso para hacer exactamente lo que eran. Eso es poderosísimo. El atreverse a ser realmente no solo te libera a ti, te hace feliz a sino que abre una puerta para todas las mujeres que vienen detrás. Y encontré tres ejemplos perfectos de mujeres que representan esto exactamente. Así que hablemos un poco de ellas. Empecemos con Oprah Winfrey. Todas conocemos su nombre, pero pocas sabemos realmente de dónde viene. Oprah nació en 1954 en Mississippi. Su mamá tenía 18 años, era soltera y trabajaba como empleada doméstica. Su Nunca se casaron sus papás y poco después de que Oprah nació, su mamá se tuvo que ir a buscar trabajo y la dejó con su abuelita en una granjita. Esta granja no tenía agua, no tenía electricidad. La abuela era tan pobre que le hacía los vestidos a Oprah con sacos de papa y así iba al colegio y los demás niños se burlaban y se reían de ella. Pero Oprah siempre fue talentosa. Aprendió a leer antes de los tres años, sola, mirando a su abuela leer la Biblia. En la iglesia recitaba pasajes completos de memoria con tanta pasión que las personas de la iglesia la llamaban The Preacher. Esa capacidad estaba ahí desde que era pequeña. Era uno de sus talentos innatos. A los 6 años se fue a vivir con su mamá en Milwaukee y ahí su vida cambió por completo. Dio un giro muy oscuro. Sufrió abuso sexual desde los 9 hasta los 13 años por parte de tíos, primos, novios de la mamá. Se escapó de la casa y a los 14 se quedó embarazada. Su bebé nació prematuro y murió después del parto. Imagínate una niña de solo 14 años, sola, que acaba de perder un hijo. En ese punto cualquiera hubiera dicho que esta historia no tenía salvación, que esta niña estaba condenada a repetir este ciclo de pobreza y dolor en el que había crecido. Y entonces fue cuando algo pasó. La mandaron a vivir con su papá en Nashville. Su papá era una persona muy estricta y disciplinada y la obligó a estudiar, a leer, a prepararse. Y algo en Oprah respondió a esto. Ganó una beca, entró a la universidad, estudió comunicaciones y a los 17 años consiguió su primer trabajo en la radio de Nashville una voz que desde niña había hecho llorar y reír a congregaciones enteras, ahora tenía un micrófono. De ahí llegó a la televisión. En 1976, a los 22 años, consiguió un puesto como copresentadora del noticiero nocturno en Baltimore. Ella fue la primera mujer afroamericana en tener este puesto, un logro gigantesco, pero al poco tiempo la echaron porque el productor dijo que no encajaba en el programa porque se involucraba emocionalmente con las historias que contaba, que sentía demasiado, que no podía mantener la distancia fría que se suponía que debía tener una periodista. La movieron entonces a un programa de entrevistas matutino, así como un castigo, como algo X, como si dijeran, si no puedes ser periodista de verdad, ve a hablar con amas de casa por la mañana y nos da igual. Y aquí fue cuando todo cambió, porque ese programa era exactamente el lugar donde su código único de vida tenía sentido. Su calidez, su empatía, su capacidad de sentarse frente a una persona y hacer que en 30 segundos esa persona sintiera que Oprah la conocía de toda la vida, que la entendía, que la veía de verdad. Eso no era un defecto, era lo que nadie más podía replicar y el público lo sintió de inmediato. Estuvo ocho años en Baltimore y en 1984 la llamaron de Chicago para hacer un programa matutino, que en su primer mes ya había superado en audiencia al show más popular de la televisión diurna de Estados Unidos. Un año después, ese programa se convirtió en The Oprah Winfrey Show. The Oprah Winfrey Show estuvo en la años. Casi 30 millones de personas lo veían cada día solo en Estados Unidos. Ganó muchísimos Emmys, muchísimos premios y Oprah construyó un imperio. Televisión, cine, revistas, su propia productora, su propio canal de televisión. Forbes calculó su fortuna en 2.6 mil millones de dólares. La primera mujer afroamericana en la lista de multimillonarios de Forbes. Durante años consecutivos, la revista Time, la revista Forbes, Life la nombraron la mujer más influyente del mundo. Todo eso construido sobre exactamente lo que le dijeron que tenía que esconder, que tenía que corregir. Y ella lo resume mejor que nadie. Ella dice, el mayor regalo que puedes ofrecerle al mundo es tu verdadero yo. No tu versión editada, no la versión que aprueba la sociedad, tu verdadero yo, con todo lo que eso implica. Y eso fue exactamente lo que Oprah le dio al mundo y el resto es historia. Ahora vamos a pasar con una de las artistas más famosas del mundo hoy en día, si no es que la más famosa, Yayoi Kusa. Kusama. Yayoi Kusama nació en 1929 en Matsumoto, Japón. Su familia se dedicaba al comercio de semillas y viveros y creció rodeada de campos, de flores, un entorno que parecía idílico desde fuera, pero adentro era otra cosa. Desde muy pequeña su mente funcionaba de una forma que nadie entendía y que nadie quería entender. Veía auras alrededor de los objetos, las flores le hablaban, los patrones se multiplicaban frente a sus ojos hasta envolverla por completo. Lunares, redes, puntos que se expandían hasta el infinito, alucinaciones que empezaron desde los 10 años y nunca se fueron. Una vez ella le contó a su mamá lo que veía y la respuesta fue una gran paliza. Mensaje recibido. Esto no es aceptable, esto se esconde. Pero Kusama no lo pudo esconder, lo pintó. Desde los 10 años a escondidas empezaba a convertir lo que veía en arte, pintando para no volverse loca, como ella misma lo decía, arte medicina. Pintaba donde podía porque su mamá le rompía los dibujos, pintaba en rocas, en bolsas de basura, en y a los 27 años tomó una decisión radical quemó todas sus obras le escribió una carta a la pintora Georgia O'Keefe que era una de las artistas más famosas de la época y le pidió consejo sobre cómo sobrevivir como artista ella le aconsejó que se fuera a Estados Unidos y le hizo caso se fue a vivir a Nueva York sin hablar inglés y casi sin tener nada de dinero empezó a tocar puertas de galerías mostrando su trabajo el mundo del arte de Nueva York la ignoró era mujer era japonesa era extraña era rara sus compañeros hombres, incluyendo artistas que después se volverían muy, muy famosos como Andy Warhol, le copiaban las ideas y conseguían el reconocimiento que ella no recibía. Pero ella siguió pintando. En los años 60 empezó a organizar happenings en las calles de Nueva York, performances contra la guerra de Vietnam, festivales de pintura corporal, eventos que escandalizaban a los medios y eran imposibles de ignorar. Y poco a poco el mundo del arte empezó a voltearla a ver. Durante esta época tuvo una pareja, el artista y director Joseph Kornow era una relación extraña desde afuera era una relación un poco usual pero para ellos era muy profunda porque se entendían compartieron años de su vida en Nueva York y en 1973 Cornell murió y esto la destruyó la desoló se quedó sola sin el único compañero que había tenido que realmente la comprendía y entonces intentó suicidarse tirándose desde una ventana pero sobrevivió y tomó una decisión que dejó en shock a todo el mundo regresó a Japón y se metió voluntariamente a un hospital psiquiátrico en Tokio. Lleva más de 40 años ahí y todavía sigue viviendo ahí hoy en día. Construyó su estudio a 10 minutos del hospital y cada día hace el mismo recorrido del hospital al estudio, pinta 10 horas y regresa otra vez al hospital. Una rutina que lleva décadas repitiendo y que le ha permitido producir algunas de las obras más importantes del arte contemporáneo. El mundo tardó décadas en entenderla, en dejarla brillar, pero hoy en día sus obras están en todos lados. Están en el MoMA en Nueva York, en el centro de Pompidou en París en el Museo de Arte Moderno en Tokio y en 2006 fue la primera mujer en ganar el Premio Imperial de Japón, que es el premio de arte más importante del país. En 2022 fue la artista femenina más vendida en subastas del mundo. ¿Sabes cuánto vendió? Nada más y nada menos que 194 millones de dólares de ventas en un solo año. Hoy tiene 96 años y sigue pintando todos los días. Imagínate 96 años. Ella misma lo dice, me siento feliz cuando realizo mis obras. Ella está haciendo exactamente lo que siempre quiso lo que le venía desde adentro y todo lo que hizo en su vida lo construyó desde esta forma de ver el mundo tan diferente que todo el mundo tachó como defecto y eso tiene un nombre eso que Oprah tiene que Yayoi Kusama tiene esa combinación única de cómo ven el mundo sus talentos innatos que las mueve su historia su personalidad que les genera pasión curiosidad todo eso yo lo llamo el código único y todas lo tenemos lo tienes yo lo tengo no es algo que se inventa no es algo que se copia, es algo que ya está en ti. El problema es que la mayoría hemos pasado años intentando corregir, esconder, ignorar, porque alguien en algún momento nos dijo que era un defecto, cuando en realidad era exactamente lo que teníamos que vivir, lo que teníamos que descifrar. Y ahora vamos a ir con la última historia de una mujer que yo admiro muchísimo por sus pensamientos y su forma tan auténtica de ser y ella es Simone de Beauvoir. Simone nació en 1908 en París. Su familia era una familia acomodada, su papá era abogado, su mamá era una mujer muy católica y conservadora, y desde pequeña su mamá la crió con una fe tan intensa que de niña Simón quería ser monja. Pero algo en ella no encajaba con eso. A los 14 años tomó una decisión que escandalizó totalmente a su familia, tan conservadora. Decidió que Dios no existía. Así, sin drama, sin negociación, lo concluyó por ella misma. Y esta capacidad de pensar por misma, en esta época sobre todo, de llegar a sus propias conclusiones sin importar lo que el mundo esperaba de ella o lo que la sociedad dijera, eso definiría toda su vida. Cuando creció, la situación económica de su familia empeoró porque su papá invirtió mal el dinero y eso tuvo una consecuencia inesperada. Simón no tendría dote para casarse, que era lo que se acostumbraba en esta época, así que necesitaba ganarse la vida por sola, entonces tenía que trabajar. En esta época, la dote era el dinero o los bienes que la familia de una mujer le daba al futuro esposo cuando se casaban, que era básicamente el precio. Qué de una mujer en el mercado matrimonial, por así decirlo. Sin dote, una mujer tenía muy pero muy pocas posibilidades de casarse bien, lo que para su familia era una tragedia, una desgracia que Simón no se casara. Para Simón fue una liberación. Si no podía casarse, necesitaría ganarse la vida por sola y eso la empujó directamente a la universidad. Estudió filosofía en la Sorbona, una de las universidades más antiguas y prestigiosas del mundo en esta época, donde se habían formado algunas de las mentes más más brillantes de la historia europea. Era el año 1926 y Simone era una de las pocas mujeres que estudiaba filosofía en una institución que hasta hacía poco era solamente para hombres. Fue ahí donde conoció al famoso Jean-Paul Sartre, que para entender quién era Sartre hay que entender un poco el contexto. Él era el filósofo más importante e influyente de Francia en esa época. Es el padre del existencialismo, una corriente filosófica que ponía la libertad individual en el centro de todo, que decía que cada ser humano es responsable de construir su propia existencia. Un hombre que más tarde rechazaría el premio Nobel de literatura por considerarlo una institución que limitaba la libertad del escritor. En el París intelectual de los años 30, Sartre lo era todo y Simón lo igualó. En el examen de filosofía más importante de Francia, Sartre quedó primero y Simón quedó segunda. Tenía sólo 21 años y era la candidata más joven en aprobar ese examen en la historia de Francia. Pero nadie hablaba de eso. El pero en los términos de Simón, sin matrimonio, sin convivencia, una relación abierta y honesta que ambos eligieron conscientemente en una época en que eso era un sacrilegio, eso era una sentencia de muerte para una mujer. Y mientras el mundo la veía mal, la criticaba, la juzgaba, ella escribía. Trabajó como profesora de filosofía en Marsella, luego en Rouen, luego en París. En 1943, un escándalo terminó con su carrera de maestra, la acusaron de tener una relación con una alumna, la he echaron y en lugar de derrumbarse, de deprimirse, Simón se dedicó por completo a lo que siempre había querido hacer, que era escribir y pensar. Y lo que vino después cambió la historia. En 1949 publicó El Segundo Sexo, casi mil páginas analizando la condición de la mujer desde la historia, la psicología, la filosofía y la política. La frase que resume todo el libro se convirtió en una de las más importantes que se han escrito sobre ser mujer. Y esta dice, no se nace mujer, se llega a serlo. Eso no era una afirmación, era una revolución en esta época. Estaba diciendo que todo lo que la sociedad llamaba naturaleza femenina, entre comillas, era en realidad una construcción, un molde, algo que le habían impuesto a la mujer desde afuera, no algo que las mujeres habían elegido. El libro fue un éxito de ventas y también un escándalo. El Vaticano lo prohibió en 1956 y lo incluyó en su índice de libros prohibidos. Lo retiraron de librerías, la insultaron, la desacreditaron, la minimizaron. El mundo académico se negó durante casi tres décadas a tomarse en serio su trabajo como filósofa independiente. Tres décadas. Simón esperó tres décadas para que el mundo entendiera lo que había escrito. El segundo sexo no fue su única obra. Siguió escribiendo hasta el final de su vida novelas, ensayos, memorias, filosofía. En 1954 ganó el premio Goncourt, el premio literario más importante de Francia. Escribió cuatro volúmenes de memorias donde contó su propia vida sin filtros. Escribió sobre la vejez, sobre la muerte, sobre la libertad. Nunca paró. Hoy el segundo sexo es considerado uno de los libros más importantes del siglo XX y la Biblia del feminismo moderno. Ha influido en la filosofía, en la sociología, la psicología y la política. Simón vivió libre en una época en que la libertad femenina no era bienvenida. Se fue siendo exactamente quien siempre fue, sin haber pedido permiso una sola vez en su vida. Y al hacerlo, no solo vivió una vida extraordinaria y alineada con quien ella era realmente, le abrió una puerta enorme a todas las mujeres que venían detrás de ella, a las futuras generaciones y cambió para siempre la forma en que el mundo entiende a la mujer ninguna de estas tres mujeres extraordinarias pidió permiso ninguna esperó que el mundo las validara ninguna se quedó paralizada esperando a que todos estuvieran de acuerdo con quienes eran ninguna decidió tapar sus talentos las tres tuvieron en común algo que parece muy muy simple desde afuera pero que es difícil de hacer decidieron confiar más en lo que eran que en lo que el mundo les decía que debían de ser Oprah de dejó de ver su sensibilidad como un defecto, algo que tenía que ignorar, y convirtió esto en el puente más poderoso que alguien haya atendido sobre una persona y sus millones de espectadores. Yayoi Kusama dejó de esconder lo que veía y lo convirtió en un lenguaje que hoy el mundo entero quiere hablar. Simone de Beauvoir dejó de pedir disculpas por pensar como pensaba y construyó con su vida entera algo, un pensamiento que nadie ha podido refutar, que la mujer que es libre, que es fiel a misma, que no pide permiso, puede cambiar el mundo Y las tres lo cambiaron. No porque fueran perfectas, no porque tuvieran vidas fáciles, sino porque en algún momento dejaron de intentar encajar en un molde que nunca fue hecho para ellas. Y aquí fue cuando algo se encendió. Algo se liberó. Empezaron a moverse desde un lugar distinto, desde adentro hacia afuera, no al revés, no desde afuera hacia adentro. Y eso se nota. Eso se siente. Esta energía no se puede fingir, no se puede imitar y no se puede comprar aunque tengas todos los millones del mundo. Y eso es lo que quiero para ti. ti, no que te conviertas en otra persona, no que hagas borrón y cuenta nueva, no que intentes encajar en el molde que la sociedad nos pone hoy en día, sino que dejes de gastar tu energía intentando ser una versión editada de ti misma y empiezas a preguntarte qué pasa cuando eres completamente tú. Quiero que hagas un pequeño ejercicio al terminar este episodio. Quiero que agarres tu journal y escribas estas tres preguntas. Tómate tu tiempo y contéstalas con honestidad, sin filtros, sin lo que crees que deberías de estar respondiendo. respondiendo, sino con lo que realmente sientes. Pregunta número uno, ¿y si esto que llevas años intentando corregir no es un error, sino exactamente cómo estás hecha? Pregunta número dos, ¿qué versión de ti está esperando que le des permiso de existir? Y pregunta número tres, ¿qué posibilidades y qué oportunidades aparecerían en tu vida si dejaras de esconderte? Y eso, que encontraron todas las mujeres que mencioné en el podcast, esa claridad sobre quienes eran, esa forma única de ver el que el mundo llamó defecto y que resultó ser su mayor regalo yo le tengo un nombre lo llamo el código único y no es una lista de virtudes no es un test de personalidad o un test de arquetipos que te da una etiquetita bonita el código único es el sistema completo de quién eres incluyendo y especialmente incluyendo las partes que alguien alguna vez te dijo que eran demasiado y todas estas mujeres llegaron donde llegaron precisamente gracias a estos defectos entre comillas a estas cosas diferentes a esta especialidad peculiaridades. Y eso las liberó. No fue un sacrificio, no fue una lucha, fue un regreso a ellas mismas. Eso es lo que quiero para ti también. Y eso es lo que quiero para ti también. Que dejes de gastar energía intentando ser una versión editada de ti misma. Que empieces a descifrar lo que ya eres. Porque hay algo en ti que nadie más puede replicar. Algo que el mundo necesita y que solo puedes dar. Y muy probablemente está escondido exactamente donde más te han dicho que mires con vergüenza. Y cuando realmente entiendes tu código único, cuando por fin entiendes de que estás hecha, todo cambia. La forma en que te ves, la forma en la que te mueves, la forma en la que actúas, la forma en la que construyes tu vida. Si sientes que llevas tiempo sin entender quién eres fuera de los roles que cumples, sin saber qué hacer con todo lo que eres, con todos tus talentos y curiosidades, si te sientes que estás hecha para más, dentro de muy poquito voy a lanzar mi programa uno a uno para descifrar tu código único de vida. Si quieres ser de las primeras en entrar, escríbeme un mensajito directo a cualquiera de mis redes sociales y te voy a estar enviando más información. Y bueno, con eso damos por terminado el episodio de hoy. Gracias por haber llegado hasta aquí. Te mando un fuerte fuerte abrazo y nos vemos la próxima semana. Besos.

UNKNOWN

Bye.