Prédicas | Iglesia Bautista Emanuel – Faysville

Cómo Debe Vivir el Nuevo Hombre en sus Relaciones | Colosenses 3:18-21

Francesco Lombardi

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¿Cómo debe vivir una familia que ha sido transformada por Cristo?

En este episodio meditamos en Colosenses 3:18–21, donde la Palabra de Dios nos muestra cómo el evangelio transforma nuestras relaciones dentro del hogar. La obra de Cristo no solo cambia nuestra relación con Dios, sino también nuestra manera de vivir como esposos, esposas, padres e hijos.

Descubriremos las responsabilidades que el Señor ha dado a cada miembro de la familia y cómo un hogar sometido a Cristo refleja Su carácter y glorifica Su nombre.

Este mensaje nos anima a edificar nuestras familias conforme al diseño de Dios.

📖 Texto bíblico: Colosenses 3:18–21
🎙️ Predicador: Pr. Francesco Lombardi
⛪ Iglesia Bautista Emanuel – Faysville

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Muy bien, una de las evidencias más claras de que una persona vive como el nuevo hombre en Cristo no se encuentra únicamente en lo que hace cuando se reúnen con la iglesia, sino también la manera en que vive dentro de su propio hogar. Después de todo, es posible asistir fielmente a los servicios, leer la Biblia, orar y participar en las actividades de la congregación. Sin embargo, la nueva vida en Cristo o la nueva vida que Cristo ha dado al creyente debe reflejarse también en la forma en que tratamos el cónyuge, en la manera en que obedece o educamos a nuestros hijos y en el cumplimiento de las responsabilidades que Dios ha establecido para cada miembro de la familia. Entonces surge una pregunta importante. ¿Cómo debe manifestarse la nueva vida en Cristo dentro del hogar? ¿Cómo debe manifestarse la nueva vida en Cristo dentro del hogar? Y es precisamente a esa pregunta que el apóstol Pablo respondió. que el apóstol Pablo responde en el pasaje que vamos a ver en esta mañana. Recordemos que la carta a lo colosense fue escrita para fortalecer a una iglesia que estaba siendo expuesta a falsas enseñanzas que amenazaban la suficiencia de Cristo. Frente a este peligro, entonces Pablo dirige constantemente la atención de los creyentes hacia la persona y la obra de nuestro Señor Jesucristo, mostrando que Él es plenamente suficiente para la salvación, para la santificación y para cada aspecto de la vida cristiana. Y al llegar al capítulo 3, Pablo comienza a mostrar las implicaciones. Práctica de esta verdad. Primero, en los primeros cuatro versículos enseñó que quienes han resucitado con Cristo deben vivir con una nueva perspectiva poniendo la mirada en las cosas de arriba donde está el Señor Jesucristo. Luego, en los versículos de 5 a 11, siempre el capítulo 3, Pablo exhortó a hacer morir todo aquello que pertenecía a la antigua manera de vivir. Después, en los versículos de 12 a 17, lo que vimos el domingo pasado, hemos visto que el nuevo hombre debe revestirse del carácter de Cristo, someterse al gobierno de Cristo y permitir que la palabra de Cristo habite abundantemente en él. Hasta este momento, Pablo ha concentrado su atención principalmente en la vida personal del creyente. Sin embargo, esas verdades no fueron dadas para permanecer únicamente en el plano de la teoría, sino para manifestarse en la vida diaria. La exhortación que comienza en el versículo 18 del capítulo 3 no introduce como un tema diferente, un tema distinto, algo nuevo, sino la primera aplicación concreta de todo lo que Pablo acaba de enseñar. Si todo lo que hacemos es debe hacerse en el nombre del Señor Jesucristo, como dice en el versículo 17 del capítulo 3, no es sorprendente que Pablo comienza aplicando este principio dentro del hogar. Por eso, al llegar al versículo 18, Pablo continúa el desarrollo natural de su enseñanza. Después demuestra cómo debe el ser, el carácter del nuevo hombre, ahora enseña cómo este carácter debe de hacerse visible en las relaciones más cercanas de la vida, comenzando por la familia. No es casualidad que Pablo empiece por el hogar. Es ahí donde las relaciones son más estrechas, más constantes y muchas veces también las más desafiantes. Es ahí donde las virtudes de Pablo acaba de describir como el amor, la humildad, La paciencia, el perdón y junto con la paz de Cristo debe de gobernar nuestros corazones. Y la palabra de Cristo debe habitar abundantemente en nosotros. Dejan de ser solamente como enseñanzas conocidas para convertirse en una realidad que se debe de vivir cada día. En otras palabras, el hogar es el primer lugar donde el carácter de Cristo debe hacerse visible. Por eso, al estudiar el pasaje de esta mañana en Colosenses capítulo 3, versículo 18 al 21, veremos cómo debe vivir el nuevo hombre en sus relaciones familiares. Y vamos a ver dos aspectos. Primero, debe cumplir sus responsabilidades en el matrimonio, versículo 18 al 19, y debe cumplir sus responsabilidades en la relación entre padre e hijos. Entonces, si todavía no tienen su Biblia abierta, por favor, les invito a Colosenses capítulo 3, versículo 18 al 21. Colosenses 3, versículo 18 al 21. Así dice la palabra de Dios. Casadas, está sujetos a vuestro marido como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedece a vuestros padres en todo porque esto agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos para que no se desalienten. Vamos a orar. Amado Dios, bendito Padre, venimos de delante de ti con gratitud porque eres un Dios bueno y un Dios fiel. Gracias por permitirnos reunir una vez más con mi iglesia para poder adorarte y abrir tu palabra. Reconocemos, mi Dios, que la familia es una institución que tú has establecido desde el principio y que en tu sabiduría has dado responsabilidades específicas a cada uno de sus miembros. Sin embargo, también reconocemos que a causa de nuestra naturaleza pecaminosa muchas veces hemos dejado de cumplirlas conforme a tu voluntad. Y es por eso que en esta mañana te pedimos a Dios que prepares, prepares nuestro corazón para poder recibir la enseñanza de tu palabra. Quita de nosotros todo orgullo, toda resistencia, toda actitud que nos impida de poder escuchar tu voz. Y danos un espíritu humilde dispuesto a recibir con obediencia aquello que tú quieres enseñarnos esta mañana por medio de tu palabra. Permite Dios que cada uno de nosotros en esta mañana examine su corazón a la luz de tu palabra y esté dispuesto a obedecerla, cualquier que sea la responsabilidad que tú le has confiado dentro de la familia. Que nuestros hogares sean un testimonio del poder transformador del Evangelio y de la obra que tú realizas en la vida de aquellos que pertenecen a Cristo. Y todo te lo pedimos en el nombre de nuestro único Señor y Salvador, Cristo Jesús. Amén y Amén. Muy bien, entonces, aquel que es vestido de Cristo debe cumplir sus responsabilidades en el matrimonio, versículos 18 y 19. Entonces, al llegar al versículo 18, Pablo comienza aquí la primera aplicación concreta de todo lo que él ha ido enseñando en este capítulo. Después de describir el carácter del nuevo hombre y exhortar a los creyentes a vivir bajo el Señorío de Cristo, ahora muestra cómo esta nueva vida debe de hacerse visible en las relaciones más cercanas de la vida, comenzando a punto en el matrimonio. Y no es casualidad que Pablo empiece a punto por el hogar. La familia fue la primera institución establecida por Dios. Antes de que existieran los gobiernos, las naciones o las iglesias, Dios instituyó el matrimonio como el fundamento de la familia y de la sociedad, en Génesis capítulo 2, versículo 18-25. Por esto Pablo comienza mostrando cómo la nueva vida en Cristo debe reflejarse precisamente en este ámbito. Es importante notar que el apóstol Pablo no está escribiendo un tratado completo sobre el matrimonio, ni respondiendo a problemas específicos entre esposa y esposo. Su propósito es mostrar que el Señorío de Cristo alcance también la vida familiar. Por esa razón dedica solamente dos versículos al matrimonio. No porque sea un tema de poca importancia, sino porque su interés aquí es presentar las responsabilidades fundamentales que Dios ha dado a cada cónyuge. En Efesios 5 dice, Pablo desarrollará este mismo tema con mucha mayor amplitud. Pero aquí, en cambio, resume lo que son las responsabilidades esenciales que deben caracterizar un matrimonio cristo-céntrico, un matrimonio donde Cristo reina. Y esto también nos enseña algo importante. En una época en la que existen innumerables opiniones acerca del matrimonio, Dios dirige nuestra atención a lo que verdaderamente es esencial. Más que buscar nuestros propios modelos de matrimonio o expectativas, debemos preguntarnos, ¿qué espera Dios De cada uno de los miembros dentro del matrimonio. ¿Qué espera Dios de cada uno dentro del matrimonio? Es significativo que Pablo no comienza hablando de los derechos de cada uno, ¿ok?, sino de sus responsabilidades delante del Señor. Antes de enseñar lo que uno puede esperar del otro, enseña lo que cada uno debe de hacer. Este es el énfasis del pasaje y también debe ser el énfasis para nosotros. Al dirigir primero a la esposa y luego al esposo, El apóstol nos recuerda que un hogar gobernado por Cristo no se edifica cuando uno exige lo que cree merecer, sino cuando ambos procuran cumplir fielmente las responsabilidades que Dios en su santa sabiduría les ha confiado. Versículo 18 empieza diciendo, casadas, está sujetas a vuestros maridos como conviene en el Señor. La primera exhortación de Pablo está dirigida a las esposas. Y esto no significa que ellas sean más importantes que los esposos ni que tengan una mayor responsabilidad. Simplemente sigue el orden que Dios ha establecido para el hogar y Y que el mismo apóstol desarrolla también en Efesios 5. Probablemente la palabra que más llama nuestra atención en este versículo es sujetas. Y no es difícil de entender por qué, o sea, no es difícil entender el por qué. Vivimos en una cultura donde la sujeción suele interpretarse como una a veces pérdida de valor o de dignidad o de libertad. Por esa razón, muchas personas rechazan este mandato antes de detenerse a comprender qué realmente significa, qué realmente Dios quiso comunicar con eso. Sin embargo, como estudiantes de la palabra de Dios, no debemos interpretar este pasaje a la luz de la cultura. Debemos permitir que sea la escritura la que forme nuestra manera de pensar. No tenemos que esforzar. Es la misma palabra de Dios que tiene que hablarnos. Y lo primero que debemos observar es que Pablo no está hablando de todas las mujeres. sino específicamente de las casadas. Esta responsabilidad pertenece únicamente a la relación matrimonial. La esposa debe relacionarse con su propio esposo conforme al orden que Dios ha establecido para el matrimonio. Y en segundo lugar, es importante notar que Pablo emplea aquí un verbo diferente del que utilizará más adelante por los hijos y para los siervos. A los hijos les dice, obedeced, en el versículo 20. Lo mismo hará con los siervos en el versículo 22. Sin embargo, cuando se dirige a la esposa, utiliza otro verbo. Dice, estar sujetas. El verbo griego es hipotasó. Literalmente significa someterse o colocarse debajo. Ahora, en el Nuevo Testamento, cuando se aplica a los creyentes, describe generalmente una actitud no forzada, una actitud voluntaria de reconocer el orden establecido por Dios más que una obediencia impuesta por fuerza. Y esto nos ayuda a comprender tanto lo que Pablo no está enseñando como lo que sí está enseñando. En primer lugar, no está afirmando que la esposa sea inferior al esposo. La Biblia enseña muy claramente que Tanto el hombre como la mujer fueron creadas a la imagen de Dios, Génesis 1.27. Ambos, tanto el hombre como la mujer, poseen la misma dignidad delante de Dios. Ambos, tanto el hombre como la mujer, comparten la misma salvación en Cristo. La diferencia que Dios establece entre el esposo y el esposo no es una diferencia de valor, sino de función dentro del matrimonio. Un ejemplo que nos ayuda a entender este principio lo encontramos en el mismo Señor Jesucristo. Durante su llegada, cuando Él vino al mundo, el Hijo se sometió voluntariamente a la voluntad del Padre para llevar a cabo la obra de la redención. Juan capítulo 6 dice, Versículo 38 dice, porque he descendido del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Filipenses 2, versículos 5 y 8 dice, y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y muerte en la cruz. Esta sumisión nunca significó inferioridad. El hijo continuó siendo plenamente Dios, igual al padre en naturaleza y en gloria. De la misma manera, la sujeción de la esposa no disminuye. Su dignidad ni su valor expresa la disposición de vivir conforme al diseño que Dios estableció para el matrimonio. Finalmente, Pablo añade una expresión que explica el motivo de este mandato. Mire lo que dice. ¿Cómo conviene al Señor? Ahora, La expresión como conviene comunica la idea de lo que es apropiado, correcto o digno para quien pertenece a Cristo. En otras palabras, la esposa no se sujeta simplemente porque su esposo lo merezca o es el esposo más lindo del mundo. o porque la cultura lo impone, sino porque esta es la voluntad del Señor para quien vive bajo su señorío. Ahora bien, debemos recordar que la autoridad suprema, y esto es muy importante, la autoridad suprema del creyente siempre es Dios, siempre será Dios. Si en algún momento un esposo pretende llevar a su esposa a pecar o a desobedecer la palabra de Dios, ella debe obedecer primeramente al Señor. Porque la lealtad suprema de un creyente nunca pertenece a un ser humano, sino a Jesucristo. Sin embargo, fuera de estas circunstancias excepcionales, la exhortación de Pablo permanece vigente. La esposa glorifica a Dios cuando, por amor al Señor, acepta con gozo la responsabilidad que él le ha confiado dentro del matrimonio. Observemos además el equilibrio del pasaje. Pablo no deja sola esta responsabilidad. Inmediatamente, después de dirigir su atención a la esposa, le pone la atención al esposo y le impone un mandato igualmente serio. Amar a su esposa con un amor que excluye toda dureza y todo egoísmo. Por eso leemos el versículo 19 y dice, maridos, amad a vuestra mujer y no seáis ásperos con ella. Después de dirigirse a las esposas, Pablo habla ahora a los esposos. Así como la esposa tiene la responsabilidad delante del Señor, el esposo también la tiene. De hecho, el mandato que recibe es igualmente exigente. Eso resulta resulta muy significativo si recordamos el contexto en el que Pablo escribió la carta. En un mundo greco-romano, el esposo ejercía una autoridad muy amplia sobre su hogar. En muchos casos, esa autoridad podía convertirse en dominio. En abuso o desprecio hacia la esposa. Hoy día todavía sigue esto. En muchos países, en muchos países latinos todavía sigue el machismo, ¿verdad? Pero sin embargo, Pablo no fortalece este modelo de autoridad. No dice, maridos, hagan voler su autoridad. Ni tampoco dice, impongan su voluntad. Absolutamente no. El mandato que recibe el esposo es muy diferente. Dice, amad. El verbo que Pablo utiliza es agapao. Se refiere a un amor que busca el bien de la otra persona antes que el propio bien. No describe simplemente un sentimiento. una emoción pasajeras sino una decisión constante de actuar en beneficio de su amada por lo tanto El amor que Dios demanda de la esposa no depende de las circunstancias. Ay, si tú sabes mi esposa, hoy siempre me manda, y haz esto, y anda, compra esto, haga esto, haga lo otro. No. No es sobre esto. Ni del comportamiento de la esposa. Ni me cocina un huevo, ni me prepara el café, mira cómo es. Absolutamente no. Es un compromiso que nace de la obediencia del Señor. Aunque en Colosense Pablo resume su mandato en pocas palabras, en Efesios desarrolla ampliamente su significado. Efesios 5.25 dice, maridos, amad a vuestras esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Ese es el modelo que Dios presenta para todo esposo. Cristo no utilizó su autoridad para buscar su propio beneficio, sino para servir y darse a sí mismo por aquellos a quien Él vino a salvar. Su liderazgo estuvo marcado por el amor, el servicio y el sacrificio. De la misma manera, Dios llama al esposo a ejercer el liderazgo dentro del hogar reflejando el carácter de Cristo. Por eso, antes de preguntarse si su esposa está cumpliendo lo correctamente sus responsabilidades delante del Señor el esposo debe preguntarse ¿estoy amando a mi esposa como Cristo me manda amarla? pero Pablo añade una segunda exhortación que complementa la primera y dice y no seáis ásperos con ella Este mandato muestra que no basta con afirmar que uno ama a su esposa. ¿Ama a tu esposa? Claro que sí que la amo. Ese amor debe hacerse visible en la manera en cómo la trata. Ahora, la palabra traducida como áspero comunica la idea de tratar con dureza, con severidad, con amargura. Describe la manera en que ejerces o en que ejerce la autoridad que Dios le ha confiado con dureza. Es posible que un esposo provea para su hogar. Mi esposo trabaja 16 horas al día. No hace faltar nada en la casa. Cumple con muchas de sus responsabilidades. Incluso piensa que ama a su esposa. Y sin embargo la trata con impaciencia, indiferencia o con dureza. Eso no refleja claramente el amor que Cristo mostró hacia su iglesia. Un esposo que humilla a su esposa, que la menosprecia, que la ignora, o utiliza palabras que lastiman, está actuando de una manera completamente opuesta al mandato de este versículo. El hogar debe ser un lugar donde la esposa encuentra amor, respeto, seguridad y cuidado. Ahora, esto no significa que nunca existirán diferencias o momentos difíciles entre esposos, ¿verdad? Todo matrimonio enfrentará pruebas, desacuerdos y circunstancias complicadas. Sin embargo, aún en medio de esta situación, el esposo está llamado a reflejar el carácter de Cristo de la manera que habla, corrige, toma decisiones y trata a su esposa. Ahora, al considerar esos dos versículos, es fácil dirigir nuestra atención hasta la responsabilidad del otro. La esposa puede preguntar si su esposo lo está amando como Cristo manda. El esposo puede preguntarse si su esposa está sujeto o sujeta como Dios le ordena. Pero eso no es el propósito de Pablo. El apóstol dirige cada exhortación a la persona que debe obedecerla. Por eso la pregunta de cada uno debe hacerse no es, ¿está mi cónyuge cumpliendo su responsabilidad? Sino, ¿estoy yo obedeciendo al Señor en la responsabilidad que Él me ha confiado? Cuando ambos cónyuges procuran cumplir las responsabilidades que Dios le ha dado y viven bajo el Señorío de Cristo. El matrimonio refleja el diseño establecido por Dios desde el principio. Y de esta manera, el hogar llega a ser un testimonio visible de la nueva vida que Él produce en quien le pertenecen. Pero la nueva vida en Cristo no debe hacerse evidente solamente en la relación entre esposo y esposa. También debe manifestarse en las relaciones como padre e hijos. Y aquí llegamos al punto número dos. El nuevo hombre en Cristo... debe cumplir sus responsabilidades en la relación entre padre e hijos. Versículos 20 y 21. Después de establecer las responsabilidades del esposo y de la esposa, ahora Pablo dirige su atención a otra relación fundamental, importante, dentro del hogar. Y es la relación entre padre e hijos. El apóstolo continúa desarrollando aquí el mismo principio que ha venido presentando desde el versículo 18. La nueva vida en Cristo no debe manifestarse únicamente en el matrimonio, sino también en la relación entre padre e hijos. Así como Dios ha dado responsabilidades específicas al esposo y al esposa, también les ha dado a los hijos y a los padres cada miembro de la familia debe vivir conforme al lugar que dios en su sabiduría le has asignado Ahora, una vez más, observamos que Pablo no comienza hablando de derechos de cada uno, sino de sus responsabilidades delante del Señor. Y esto sigue el énfasis del pasaje. No solo derechos, sino la responsabilidad que cada uno tiene en el hogar, delante del Señor. Versículo 20. Dice hijos, obedeced a vuestros padres en todo porque esto agrada al Señor. Pablo habla ahora a los hijos que todavía forman parte del hogar y pertenecen bajo la autoridad de sus padres. Su mandato es claro. Dice obedecer a vuestros padres en todo. ¿Y cómo obedecer? mencionado anteriormente Pablo utiliza aquí el verbo distinto que empleó en el versículo 18, ¿recuerdan? Ahí Pablo habló de la sujeción de la esposa al esposo, mientras aquí está hablando de la obediencia de los hijos. Esta diferencia nos recuerda que Dios ha establecido relaciones distintas dentro de la familia y cada una tiene responsabilidades particulares. La obediencia implica escuchar atentamente y no responder cuando tenga ganas, sino escuchar atentamente y responder a la dirección de quien Dios ha colocado como autoridad sobre nosotros. Mientras los hijos permanezcan bajo el cuidado y la dirección de sus padres, Dios espera que aprendan a recibir sus instrucciones y responder con obediencia. Y este principio no comienza aquí en el Nuevo Testamento. Desde los diez mandamientos Dios ordenó, honra a tu padre y a tu madre en Éxodo, capítulo 20, versículo 12. Y a lo largo de toda la Escritura, la obediencia y el honor a los padres forma parte del diseño de Dios para la familia. No porque los padres sean perfectos, porque no hay padre perfecto. Sino porque él les ha confiado la responsabilidad de dirigir el hogar. Pablo añade inmediatamente la razón de este mandato. Y dice, porque eso agrada al Señor. Observen que el apóstol Pablo no dice simplemente que esto agrada a los padres. Bueno, mis hijos son obedientes. Me siento agradecido. No es esto. Dice que agrada al Señor. Y eso cambia completamente la perspectiva. El hijo no obedece. únicamente como para evitar algún castigo. Bueno, si no le obedezco, me quitan el teléfono. Tengo que obedecerle. Si no le obedezco, ya no puedo pasar tiempo sobre la computadora. Entonces voy a obedecer. No es esto el fin, ¿verdad? Ni tampoco para satisfacer a sus padres. Si no, el hijo obedece porque entiende que al hacerlo está honrando al Señor Ahora bien, cuando Pablo dice en todo, no está enseñando una obediencia por encima de Dios. Como toda autoridad humana, la autoridad de los padres también tiene límites. Si alguna vez un padre o una madre ordena algo contrario a la palabra de Dios, el hijo debe obedecer primero al Señor, tal como lo afirmó Pablo y los apóstoles en Hechos capítulo 5, versículo 29, cuando dijeron, es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. Sin embargo, Fuera de estas circunstancias excepcionales, la voluntad de Dios es que los hijos aprendan a obedecer con una actitud humilde y respetuosa. Vivimos en una generación que con frecuencia se celebra la rebeldía como una muestra de independencia y madurez. La palabra de Dios, en cambio, presenta una perspectiva completamente diferente. La obediencia de los hijos no es una señal de debilidad, sino una evidencia de un corazón dispuesto a someterse a la voluntad de Dios. Versículo 21. Dice, padres, no exasperéis a vuestros hijos para que no se desalienten. Ahora, después de exhortar a los hijos, Pablo inmediatamente dirige su atención a los padres. Nuevamente encontramos el mismo equilibrio que caracteriza este pasaje. Así como llamó a la esposa a sujetarse al Y al esposo, al amarla, ahora llama a los padres a ejercer correctamente la autoridad que Dios le ha confiado. Y eso nos recuerda que la autoridad dentro del hogar nunca debe entenderse como un privilegio para como imponer mi voluntad. Sino como una responsabilidad por la cual un día Vamos a dar cuenta al Señor. El mandato es claro, no exasperéis a vuestros hijos. Y la palabra exasperar comunica la idea de irritar, provocar o tratar a una persona de tal manera que termine frustrada o resentida. Es importante notar que Pablo no está prohibiendo la disciplina. La Biblia enseña claramente que los padres deben de corregir a sus hijos. La disciplina es parte del amor de Dios. A lo que ama Dios disciplina. Y también debe formar parte de la crianza divina. de los hijos lo que Pablo condena no es la disciplina sino estamos hablando del abuso de la disciplina o de la autoridad perdón un padre puede exasperar a sus hijos cuando corrige dominado por la ira cuando existe o exige sin escuchar cuando establece expectativas imposibles de cumplir cuando cuando utiliza su autoridad para infundir temor en el hogar en lugar de dirigirlo con amor. Ese no es el modelo que encontramos en nuestro Padre celestial, ¿verdad? Dios nos disciplina porque nos amas y siempre, siempre busca nuestro crecimiento espiritual. Y de la misma manera, toda corrección dentro del hogar tiene que tener como propósito formar el carácter del hijo y acercarlo más al Señor. Y Pablo explica la razón de este mandato al añadir las palabras para que no se desalienten. El apóstol conoce muy bien el efecto que una autoridad mal ejercida puede producir en el corazón de un hijo. Un ambiente marcado constantemente por palabras hirientes, críticas injustas, disciplinas desproporcionadas o falta de afecto puede llevar a un hijo a perder el ánimo. Puede llegar a pensar que nunca será suficiente. Que jamás podrá agradar a sus padres. O que ya no vale la pena seguir intentando hacer lo correcto. Y esto es precisamente lo que Pablo desea evitar. Los padres no solo son responsables de corregir la conducta de sus hijos, sino que también son responsables de cuidar su corazón. La autoridad que Dios le da, le ha confiado, debe servir para guiarlos, animarlos y ayudarlos a crecer en su camino con el Señor. Eso no significa crear hijos sin disciplina o malcriarlo, ¿verdad? Significa ejercer la autoridad con el mismo equilibrio que Dios muestra hacia nosotros. Firmeza cuando es necesario, pero siempre acompañada de amor, paciencia y gracia, procurando siempre el bien espiritual de nuestros hijos. Ahora, para terminar, el pasaje que hemos estudiado, que hemos visto hoy día en esta mañana en Colosenses capítulo 3, versículo 18 al 21. nos recuerda que la nueva vida en Cristo debe hacerse visible en nuestro hogar. Ahí es donde día tras día se pone a prueba nuestra obediencia al Señor. Pablo nos ha enseñado que un lugar donde Cristo reina no se edifica cuando cada miembro exige su derecho, sino cuando cada uno procura cumplir con fidelidad las responsabilidades que Dios le ha confiado. esposos y esposas padres e hijos somos llamado a vivir de una manera que honre al señor por eso al terminar este pasaje la pregunta no debe ser está mi familia cumpliendo con su responsabilidad sino estoy yo, obedeciendo al Señor en las responsabilidades que Él me ha dado. No es fácil ser padre. Nadie te lo enseña. No hay un colegio donde tú puedas aprender a ser padre. De la misma manera, no es fácil ser hijos, igual. Pero por eso debemos pedir a Dios que nos ayude. a poder guiar a nuestros hijos y como hijos también a poder ser obedientes a nuestros padres, que nos conceda la gracia de vivir de tal manera que nuestro hogar pueda reflejar el carácter de Cristo y que pueda dar gloria a su santo nombre. lo ponemos de pie por favor para orar Padre Celestial te damos gracias por tu palabra gracias porque una vez más nos ha mostrado como debe reflejarse la nueva vida esta nueva vida que hemos recibido en Cristo gracias porque no sólo nos ha salvado del pecado sino que también tú eres el alfarero que está obrando en nosotros para conformarnos cada día más a la imagen de tu Hijo comenzando por nuestros hogares perdónanos cuando hemos fallado en las responsabilidades que tú nos ha confiado ayúdanos ayúdanos a obedecerte con un corazón humilde que las esposas amen a sus esposos como tú lo has establecido así como que también los esposos amen también a sus esposas con un corazón dispuesto a honrarte, que los hijos aprendan a obedecer con alegría porque eso te agrada y que los padres ejercen la autoridad con amor, sabiduría y paciencia, procurando siempre la edificación de la vida de nuestros hijos. Te pedimos mi Dios también por nuestra iglesia. Permite que cada familia sea un testimonio de Cristo y que quien nos rodea puedan ver en nosotros el fruto de una vida rendida a ti. Y si hay alguien aquí que aún no ha puesto su fe en Jesucristo. Te pido Señor. Permite que hoy. Hoy reconozca su necesidad de salvación. Y encuentre en él el perdón de sus pecados y la vida nueva. Una vida eterna.

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Amén.

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toda la gloria y toda la honra sean para ti. Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor y Salvador, Cristo Jesús. Amén y Amén.