Prédicas | Iglesia Bautista Emanuel – Faysville

Mi Compromiso con Dios: Obedecer aun cuando no lo entiendo | Génesis 22:1–19

Francesco Lombardi

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¿Obedecerás a Dios aun cuando no lo entiendas?

En este episodio meditamos en Génesis 22:1–19, donde contemplamos una de las pruebas de fe más profundas en la vida de Abraham. Dios puso a prueba su compromiso, y su obediencia evidenció que el Señor ocupaba el primer lugar en su corazón.

Abraham confió en el carácter de Dios, descansó en Sus promesas y creyó que Él siempre provee para los que le obedecen. Su ejemplo nos desafía a permanecer fieles al Señor, aun cuando no comprendamos completamente Sus propósitos.

Este mensaje nos anima a confiar en Dios, descansar en Su fidelidad y obedecer con un corazón completamente rendido a Él.

📖 Texto bíblico: Génesis 22:1–19
🎙️ Predicador: Pr. Francesco Lombardi
⛪ Iglesia Bautista Emanuel – Faysville

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Ahora, Génesis capítulo 22 constituye uno de los relatos más importantes de toda la Escritura. No sólo representa el punto culminante de la vida de Abraham, sino también la prueba más grande de su fe y la demostración más clara de su compromiso con Dios registrada hasta este momento. En este capítulo Dios pone a prueba a Abraham de una manera que jamás había él experimentado. Por medio de estas pruebas el Señor revela la autenticidad de su fe, una fe que se expresa mediante una obediencia incondicional. Para comprender la magnitud de este acontecimiento, es necesario recordar el contexto en que él ocurre. Desde Génesis 12, Dios había llamado a Abraham y le había hecho una promesa extraordinaria. A él le daría una tierra, formaría de él una gran nación Y por medio de su descendencia serían benditas todas las familias de la tierra. Sin embargo, el cumplimiento de esas promesas no fue de inmediato. Durante muchos años, Abraham y Sara tuvieron que esperar. Desde el punto de vista humano, la promesa parecía imposible de cumplirse, pues ambos habían llegado a una edad en la que ya no podían tener hijos. Pero finalmente, cuando Abraham tenía 100 años y Sara 90, Dios cumplió fielmente su palabra y le concedió a Isaac, el hijo prometido, En Génesis 21. Isaac no era simplemente un hijo más. Era el hijo del pacto. Aquel por el medio del cual Dios había prometido cumplir todo lo que había hablado con Abraham. Pero cuando parecía que estas promesas de Dios comenzaban a hacerse realidad, el Señor sorprendió a Abraham con un mandato completamente inesperado. Ofrecer en sacrificio precisamente al hijo que él mismo le había dado. Desde una perspectiva humana, aquella orden o aquel mandato parecía imposible de entenderse. ¿Cómo podía Dios permitir la vida o pedir la vida del hijo por el medio del cual él había prometido cumplir su pacto? Sin embargo, el propósito de Dios nunca fue revocar, anular, cancelar, Desde el primer versículo del capítulo, el propio texto revela que todo aquello constituía una prueba para Abraham. Al observar el pasaje que estudiaremos esta mañana, descubrimos que el verdadero compromiso con Dios se hace visible cuando Él nos llama a obedecer en circunstancias que no comprendemos. La fe genuina no espera entenderlo todo para obedecer. Primero descansa en el carácter de Dios y por esa confianza decide obedecer. Ahora, a la luz de esto, el pasaje presenta cuatro verdades acerca del compromiso que Dios demanda de sus hijos. Mi compromiso con Dios es probado, Lo vemos en los dos versículos, primero dos versículos de Génesis capítulo 22. Mi compromiso con Dios se demuestra. Versículo de 3 a 10. Mi compromiso con Dios descansa en su provisión. Versículo de 11 a 14. Y mi compromiso con Dios descansa en sus promesas. Del versículo 15 al versículo 19. Por eso, si todavía no lo han hecho, le pido por favor que abra su Biblia y vaya buscando Génesis capítulo 22 y me acompañen mientras voy a dar lectura del versículo 1 y del versículo 2. Génesis capítulo 22 versículo 1 y versículo 2. Génesis 22, capítulo 22, versículo 1, 22. Dice así la palabra de Dios. Aconteció después de estas cosas que probó Dios a Abraham y le dijo a Abraham. Y él respondió, eme aquí. Y dijo, toma ahora a tu hijo, tu único Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriad. Y ofrécelo ahí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Oremos. Amado Dios, bendito Dios, Señor, te damos gracias esta mañana. Gracias porque eres un Dios fiel que siempre cumple tu palabra. Y nunca, nunca dejas sostener a aquellos que confían en ti. Gracias, mi Dios, porque a lo largo de la historia, ha mostrado que tus planes son perfectos, aun cuando muchas veces no alcanzamos a comprenderlos. Reconocemos que en más de una ocasión, nos resulta difícil obedecerte cuando tu voluntad no coincide con nuestros deseos. Y por eso al abrir tu palabra en esta mañana te pedimos, mi Dios, que nos concedas un corazón humilde, un corazón dispuesto a escuchar tu voz. ayudan a comprender la enseñanza de este pasaje y a responder con la misma fe y obediencia que tú demandaste de Abraham. Fortalece, mi Dios, fortalece nuestras confianzas en ti para que aprendamos a obedecerte, aun cuando no entendemos completamente tus planes y tus propósitos. Descansando en la certeza de que tus caminos son perfectos y que tú, mi Dios, siempre cumple tu palabra. Permite Dios que al estudiar este pasaje no seamos solamente oidores, sino también hacedores de tu palabra. Que nuestro compromiso contigo se refleje en una vida de obediencia, confianza y fidelidad para la gloria de tu santo nombre. Y te lo pedimos todos en el nombre precioso de nuestro Señor y Salvador, Cristo Jesús. Amén y Amén. Muy bien, vamos a ver el primer punto. Mi compromiso con Dios es probado. Versículo 1 y versículo 2. Al comenzar este capítulo, el capítulo 22 de Génesis, la palabra de Dios nos revela de inmediato el propósito de todo lo que está por suceder. Observe cómo inicia el versículo 1. Dice, aconteció... Ahora, la expresión después de estas cosas no indica que este acontecimiento no ocurrió de una manera aislada. Es el resultado de todo lo que Dios había venido haciendo en la vida de Abraham. En Génesis capítulo 2, el Señor lo había llamado a salir de su tierra y de su parentela. A lo largo de los años había revelado sus promesas en repetidas ocasiones. Lo había sostenido en medio de diversas circunstancias y finalmente había cumplido su palabra al concederle Isaac, el hijo prometido. Después de años de caminar con Dios, de aprender a confiar en Él y de experimentar su fidelidad, Abraham enfrentaría ahora la prueba más grande de toda su vida. El versículo 1 dice claramente, probó Dios a Abraham. Esta declaración es la clave para interpretar correctamente todo el capítulo. La palabra probó significa poner a prueba, examinar o comprobar una prueba mediante la cual la autenticidad de su fe sería puesta en evidencia. Eso fue exactamente lo que ocurrió con Abraham. Dios no lo puso a prueba porque desconociera lo que había en su corazón. Sabemos que Dios conoce los corazones de todo, hasta lo más profundo, ¿verdad? Sino a ser evidente la autenticidad de la fe de Abraham mediante o por medio de su obediencia. Después de revelarnos el propósito de este acontecimiento, el versículo 1 continúa diciendo, Y le dijo a Abraham, y él respondió, Heme aquí. La respuesta de Abraham es breve, pero muy significativa. La expresión heme aquí aparece en distintas ocasiones en el Antiguo Testamento y expresa la disposición de una persona que está atenta para escuchar y responder al llamado de Dios. En este momento, Abraham todavía no sabía lo que Dios iba a pedirle. Desconocía el contenido del mandato. Pero, ya estaba dispuesto a escuchar y obedecer. Esta actitud revela un corazón sensible. Un corazón sensible y completamente dispuesto a escuchar la voz del Señor. Entonces Dios le dijo, versículo 2, Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas. Notemos cómo Dios describe a Isaac. Cada expresión incrementa inmensamente, hace más grande la magnitud de este mandato. Le dice, mira el versículo, dice tu hijo. No se trataba de cualquier persona. Se trataba de su propio hijo, el hijo propio de Abraham. Después le dice, tu único. O sea, aunque Abraham había tenido a Ismael, pero Isaac era aquel hijo por medio del cual Dios había prometido cumplir sus promesas. Y después le dice a punto Isaac, el hijo esperado que Dios le había concedido. Y dice, ¿a quién amas? Dios conocía perfectamente el profundo amor que Abraham sentía por su hijo Isaac. Cada una de estas expresiones hace que el peso de la prueba sea aún mayor. Pero la dificultad no consistía únicamente en entregar al hijo que más él amaba. La verdadera dificultad radica en que Isaac era el hijo por medio del cual Dios había prometido cumplir su pacto. Desde una perspectiva humana, el mandato parecía como contradecir. Primero me dice que en el hijo que tú me vas a dar, vas a vendir toda la nación. Pero ahora, ¿qué estás haciendo? Este hijo que tú me diste, ya quiere que yo te lo sacrifique. Es ilógico si lo pensamos. ¿Cómo podía Dios pedir aquello que parecía estar en conflicto con sus propias palabras? Abraham no recibió ninguna explicación. Dios simplemente habló y precisamente ahí comienza la prueba. El relato aún no nos dice cómo responderá Abraham. Simplemente nos permite percibir el enorme peso del mandato que acaba de recibir. Y aquí llegamos al punto número dos. Mi compromiso con Dios se demuestra. Versículo de 3 a 10. Después de escuchar el mandato de Dios, el relato nos muestra inmediatamente la respuesta de Abraham. El relato comienza mostrando la respuesta. Mire lo que dice el versículo 3. Y Abraham se levantó muy de mañana. Lo primero que llama nuestra atención no es lo que Abraham dijo, sino lo que hizo. El texto no registra ninguna pregunta. No hay que decir, ¿pero por qué Dios? ¿Por qué tengo que hacer esto? No hay nada, no hay ninguna pregunta del cual Abraham puso a Dios. No encontramos ninguna objeción. Tampoco vemos a Abraham intentando cómo negociar con Dios, como lo había hecho anteriormente por Sodoma. Simplemente, ¿qué hizo? Obedeció. La expresión muy de mañana es un detalle para descartar, o comunque para destacar, perdón, la prontitud con la cual Abraham respondió al mandato del Señor. Recibe el mandato y muy de mañana actúa. Abraham no postergó su obediencia. No buscó ganar tiempo. Espera, quizá mañana, pasado mañana, este fin de semana. Tan pronto como recibió la palabra de Dios, comenzó a prepararse para obedecerla. El versículo continúa diciendo, y en Alabardó su asno y tomó consigo dos siervos suyos y a Isaac su hijo y cortó la leña para el holocausto y se levantó y fue el lugar que Dios le dijo. Notemos la cantidad de acciones que se registran en este pasaje. Recibe el mandato de muy de mañana. Él se está preparando. Enalbardó su asno. Quiere decir que preparó el asno para el viaje. Tomó dos siervos y a Isaac. Cortó la leña para que fuera lista para el holocausto. Se levantó y fue al lugar que Dios le había indicado. Cada verbo refleja la determinación de Abraham de obedecer exactamente lo que Dios le había ordenado. Hasta este momento el relato no registra una sola palabra de Abraham. Su obediencia habló mucho más fuerte que cualquier explicación. ¿Cuántas veces ocurre lo contrario en nuestra vida, verdad? Hablamos con facilidad de nuestra fe en Dios y de nuestro compromiso con Dios, pero cuando llegamos al momento de obedecer a lo que Él nos ha mandado en muchas ocasiones, no lo hacemos. Abraham, en cambio, habló muy poco. y dejó que sus acciones dieran testimonio de su fe. El versículo 4 continúa diciendo, Al tercer día, alzó Abraham sus ojos y vio el lugar de lejos. Durante estos tres días de camino, Abraham tuvo tiempo suficiente para detenerse, para reflexionar, para regresar o para cambiar de decisiones. Sin embargo, continuó avanzando hacia el lugar que Dios le había señalado. Al llegar cerca del lugar, Abraham dijo a su siervo, versículo 5, Estas palabras revelan una profunda confianza de Abraham en Dios. Abraham estaba dispuesto a obedecer el mandato que Dios le había dado, pero al mismo tiempo estaba convencido de que Dios permanecería fiel a sus promesas. Recordemos lo que Dios había dicho en Génesis 12, 12. En Isaac te serán llamadas Dios. ¿Y cómo podía morir Isaac si Dios había prometido cumplir su pacto por medio de él? Génesis nos responde inmediatamente esta pregunta. Sin embargo, el Nuevo Testamento nos permite conocer lo que ocurría en el corazón de Abraham en ese momento. Hebreos, capítulo 11, versículos 17 y 19. No lo voy a leer todo, solo hago una parte. dice por la fe Abraham cuando fue probado ofreció a Isaac pensando que Dios es poderoso para levantar aún de entre los muertos aún si él tenía que desgollar a su hijo él tenía la convicción la seguridad que Dios es poderoso lo había resucitado Abraham conocía al Dios en quien había creído. Estaba convencido de que el Señor tenía poder para cumplir sus promesas, aun si para ello era necesario levantar a Isaac entre los muertos. Su confianza no descansaba en las circunstancias, sino en el Dios que siempre cumple su palabra. Versículo 6, continúa diciendo, y tomó Abraham la leña del holocausto y la puso sobre Isaac, su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo y fueron ambos juntos. Ahora, el relato permite entender que Isaac tenía una fuerza suficiente para cargar de esta leña durante el camino. El relato añade una frase que aparece dos veces repetidas en el versículo 6, en el versículo 8, donde dice, iban ambos juntos, padre e hijo. Continúan caminando junto hacia el lugar señalado por Dios. Abraham conoce el mandato. Él sí conoce el mandato que ha recibido de Dios. Pero Isaac todavía desconoce lo que va a suceder. Finalmente Isaac rompe el silencio y hace la pregunta. Padre mío. Y Abraham respondió, eme aquí mi hijo. Y él le dijo, y aquí el fuego y la leña. Mas, ¿dónde está el cordero por el holocausto? Isaac conocía perfectamente cómo se ofrecía un holocausto. Sabía que faltaba el elemento indispensable por el sacrificio. Observe la respuesta de Abraham en el versículo 8. Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. Aunque Abraham desconocía de qué manera Dios actuaría, estaba plenamente convencido de que él sería fiel y cumpliría sus promesas. Y finalmente en el versículo 9 dice, y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó ahí Abraham un altar y compuso la leña y ató a Isaac, su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. El texto vuelve a destacar unas sucesiones de acciones. Edificó un altar. Preparó un altar, compuso la leña, ahí la acomodó, ató a Isaac y lo puso encima de la leña. Hay un detalle que no debemos pasar por alto. el texto no registra ninguna resistencia de la parte de Isaac. No dice Isaac, papá, ¿qué estás haciendo? Aquel joven que probablemente era muchacho fuerte, que su padre anciano permitió ser atado y colocado sobre el altar. El versículo 10 concluye y extendió a Abraham su mano y tomó el cuchillo para desgollar a su hijo. La prueba ha llegado a su punto culminante. Abraham ya no solamente había afirmado que obedecería a Dios. Ahora estaba dispuesto a poner en práctica esta obediencia. Su compromiso con el Señor había quedado demostrado mediante una obediencia completa. El pasaje también confronta nuestras vidas. Es relativamente fácil decir que confiamos en Dios cuando todo marcha bien. Lo difícil es obedecer cuando su voluntad desafía nuestra lógica. cuando su voluntad desafía nuestros planes o nuestros sentimientos. Por eso que un verdadero compromiso con Dios no se demuestra cuando obedecer es sencillo, es fácil, sino cuando decidimos obedecer aún en aquella circunstancia que no alcanzamos a comprender. Por eso el apóstol Pablo exhorta a los creyentes romanos, capítulo 12, versículo 1, 2, a presentar su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Esa entrega solamente es posible cuando estamos convencidos de que la voluntad de Dios siempre, siempre es buena, agradable y perfecta. Llegamos al punto número 3. Mi compromiso con Dios descansa en su provisión. En su provisión. Versículo de 11 a 14. Ahí está Abraham. Levantando el cuchillo. Listo para desgollar a Isaac. Parecía que todo había llegado a su fin. Sin embargo... Fue precisamente en este momento cuando Dios intervino. El relato cambia por completo en el versículo 11. Entonces, el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo y dijo, Abraham, Abraham. Y él respondió, eme aquí. La prueba había llegado a su punto culminante. Abraham ya había demostrado que estaba dispuesto a obedecer completamente al Señor. Si tenía que desgollar a su hijo, su único hijo, lo habría hecho. Entonces, el ángel de Jehová lo llama dos veces por su nombre.

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¿Por qué?

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El mismo Abraham que en este momento o que un momento antes había extendido su mano para obedecer a Dios, vuelve a responder con la misma disposición de siempre. Heme aquí. Inmediatamente el Señor le dice en el versículo 12. No extienda tu mano. No extienda tu mano sobre el muchacho. Ni le hagas nada. Notemos el contraste. El versículo anterior, Abraham extendió su mano para tomar el cuchillo. Ahora Dios le ordena, no extienda tu mano. Y con estas palabras el Señor detiene el sacrificio. La prueba ha cumplido su propósito. El versículo 12 continúa diciendo, porque ya conozco que temes a Dios por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. Estas palabras no significan que Dios había descubierto algo ante desconocido que no conocía de Abraham. Desde el principio del capítulo, el Señor conocía perfectamente el corazón de su siervo. Lo que ocurre aquí es que la fe de Abraham ha quedado plenamente evidenciada mediante su obediencia. Su temor de Dios ya no era solamente una profesión de fe. había quedado demostrando mediante una obediencia absoluta. La expresión teme a Dios no describe un sentimiento de miedo, sino una profunda reverencia que se manifiesta en una vida sometida a su voluntad. Y esto fue exactamente lo que hizo Abraham. Estuvo dispuesto a entregar aquello que más amaba. ¿Por qué? Porque Dios ocupaba el primer lugar en su vida. Pero el relato no termina aquí. Después de detener a Abraham, Dios hace exactamente lo que el patriarca había dicho a Isaac durante el camino. En el versículo 13 dice, entonces alzó Abraham sus ojos y miró. Y aquí a su espaldas un carnero trabado en una zarzal por sus cuernos. Y fue Abraham y tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. ¿Se acuerda cuando el hijo le preguntó, me falta la materia prima para el holocausto? Hijito, no te preocupes, Dios va a proveer y lo proveyó. Hay un detalle muy significativo que no debemos pasar por alto. El versículo 4, Abraham levantó sus ojos y vio al monte Moriat, el lugar de la prueba. Ahora vuelve a levantar sus ojos y contempla la provisión de Dios. lo que antes era el escenario de la prueba, ahora se convierte en el lugar donde Dios manifiesta su fidelidad. Por primera vez en este relato aparece con toda claridad el principio sustitutorio. Isaac vive porque otro ocupó su lugar. Este principio del sustituto recorrerá por toda la Escritura hasta alcanzar su cumplimiento perfecto en la persona de Jesucristo, quien murió en lugar de los pecadores. Abraham comprende plenamente lo que Dios ha hecho. Por eso en el versículo 14 él dice, y llamó a Abraham el nombre de aquel lugar Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy, en el monte de Jehová será provisto. Durante todo el camino, Abraham había confiado en que Dios resolvería aquello que para él era imposible. Abraham contempla con sus propios ojos la respuesta del Señor. Esta misma verdad continúa siendo un motivo de confianza para nosotros. Muchas veces no entendemos lo que Dios está haciendo mientras estamos atravesando alguna dificultad o alguna prueba. Con frecuencia desanimamos o comunque deseamos que respondiera antes. Ayúdame, Señor, que esta prueba ya salga, que se acabe, que termine. Sin embargo, este pasaje nos recuerda que Dios nunca deja de obrar conforme a su perfecta voluntad en su tiempo perfecto. Él provee exactamente lo que necesitamos en su tiempo perfecto. Por eso el apóstol Pablo pudo escribir con plena confianza en Filipense capítulo 4, versículo 19. Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falte conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Eso no significa que Dios siempre concederá todo lo que nosotros deseamos, sino que nunca dejará de proveer todo lo que necesitamos para cumplir su perfecta voluntad. Así como Abraham descansó en la provisión del Señor sobre el monte Moriad, nosotros también somos llamados a descansar en la afinidad de nuestro Dios. Y aquí llegamos al último punto. Mi compromiso con Dios descansa en sus promesas. Versículo de 15 a 19. Después de que Dios proveyó el carnero en lugar de Isaac, parecía que el relato había llegado a su fin. Ya se cumplió. Sin embargo, Dios todavía tiene algo más que decir a Abraham. Mira el versículo 15. Comienza diciendo, Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo. Después de intervenir para detener el sacrificio y proveer el sustituto, el Señor vuelve a hablar, pero esta vez no lo hace para dar un nuevo mandato, sino para reafirmar las promesas que había hecho Abraham. El versículo 16 dice, Por mí mismo he jurado, dice Abraham. Por cuanto has hecho esto y no me ha rehusado tu hijo, tu único hijo. Debemos comprender correctamente estas palabras. Dios no está diciendo que Abraham ganó sus promesas por haber obedecido. Desde Génesis 12 es el Señor. Él ya había establecido su pacto con Abraham por su gracia. Lo que ocurre aquí es que el temor de Dios que había en el corazón de Abraham ha quedado plenamente evidenciado mediante su obediencia. Por eso el Señor reafirma la promesa que ya le había hecho. Observe cómo continúa el versículo 17. Dice, de cierto te bendiceré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la reina que está a la orilla del mar. Y tu descendencia poseerá la puerta de sus enemigos. Y tus simientas serán benditas, en tus simientes serán benditas toda la nación de la tierra. Por medio de Abraham, Dios traerá bendición a todas las naciones. Nada de lo ocurrido en el monte Moriah había alterado este propósito, había cambiado, modificado este propósito. Al contrario, la prueba había mostrado que las promesas del Señor permanecen firmes y que Él siempre cumple lo que Él promete. El versículo 18 concluye diciendo, por cuanto obedeciste a mi voz. Una vez más, estas palabras no significan que la obediencia de Abraham fuera el fundamento del pacto. Su obediencia no fue la causa de la promesa, sino la evidencia de una fe genuina. La confianza que Abraham tenía en Dios se hizo visible por medio de una obediencia incondicional. Te voy a obedecer, wow, pero me está pidiendo que mate a mi hijo. Finalmente, en el versículo 19 concluye, Y volvió Abraham a sus siervos, y se levantaron, y se fueron junto a Berseba, y habitó Abraham en Berseba. El relato termina de una manera sencilla. Abraham desciende del monte y regresa a su vida cotidiana. Sin embargo, ya no es el mismo hombre que había iniciado aquel camino hacia el monte Moriá. Su fe había sido probada. Su compromiso había sido demostrado. Había experimentado la provisión de Dios y ahora desciende del monte con una certeza aún mayor las promesas del Señor permanecen firmes para siempre en conclusión al llegar al final de este pasaje Dios nos invita a mirar nuestro propio corazón. A la luz del ejemplo de Abraham. Abraham nos deja un ejemplo de una vida completamente rendida al Señor. Obedeció sin reserva. Confió aún sin comprender todo y estuvo dispuesto a entregar lo que más amaba. ¿Por qué? Porque Dios ocupaba el primer lugar en su corazón. Y esa es la pregunta que este pasaje deje a cada uno de nosotros. ¿Qué clase de compromiso estoy ofreciendo realmente a Dios? ¿Qué clase de compromiso estoy ofreciendo realmente a Dios? Preguntémonos delante del Señor. ¿Ocupa Dios verdaderamente el primer lugar en mi vida? ¿Él es mi prioridad o hay algo más que está ocupando este lugar? Cuando Dios me invita a buscar en oración en su palabra, ¿respondo con obediencia?

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No.

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Homo y comunión con Él se limita solamente al domingo. Cuando Dios me habla por medio de su palabra. ¿Respondo con obediencia? ¿O solamente escucho sin ponerla en práctica? ¿Refleja mi asistencia, mi servicio y mi compromiso con la iglesia que Cristo ocupa el primer lugar en mi vida? Esa es la clase de compromiso que Dios demanda de cada uno de nosotros. Un corazón completamente rendido a Él. Un compromiso genuino. con Dios se manifiesta en una vida de obediencia aun cuando obedecer no es fácil aun cuando obedecer no lo entendemos no entendemos sus caminos o aunque obedecer implica sacrificio En el monte de Moriah, Abraham comprobó que Dios siempre es fiel. Sus pruebas tienen un propósito. Su provisión nunca falta y sus promesas permanecen siempre. Y ese debe ser también nuestro deseo. Durante este mes, la palabra de Dios nos desafiará a examinar nuestro compromiso con Él y a vivir cada día más rendido a Él. Mi oración es que ninguno, ninguno de nosotros llegue al final de este mes siendo la misma persona. Sino que el Señor nos lleve a vivir una vida completamente entregada a Él. Porque Al final de todo, el verdadero compromiso con Dios comienza cuando Él ocupa el primer lugar en mi corazón. Le pido por favor que se ponga de pie para orar. Padre Celestial, te damos gracias por tu palabra gracias una vez más que nos ha mostrado el ejemplo de Abraham y nos ha recordado que el verdadero compromiso compromiso contigo Se demuestra por medio de una vida. De fe y de obediencia. Perdónanos. Perdónanos Dios. Cuando. Permitimos que otras prioridades. Ocupan el lugar que solo. Que solo te espera a ti. Perdónanos cuando nuestra obediencia. Depende de la circunstancia. O cuando dejamos de confiar en ti. Porque no comprendemos todo. tus propósitos, no comprendemos tus planes. Pero te rogamos, mi Dios. Te rogamos que produzca en nosotros un corazón completamente rendido a ti. Ayúdanos a buscarte cada día, a obedecer tu palabra con prontitud y a confiar en que tú siempre eres fiel y aún en medio de las pruebas más difíciles que uno pueda poner.

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Amén.

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Permite Dios que este mes, que tu palabra transforme nuestra vida y que cada uno de nosotros crezca en su compromiso contigo. Viviendo para tu gloria y sirviéndote con fidelidad. A ti sea toda la gloria y toda la honra porque solo tú eres digno de recibirlas. Y oramos en el nombre de nuestro Señor. único Señor y Salvador, Cristo Jesús. Amén y Amén.