Turno Nocturno
Turno Nocturno es un Podcast de historias de terror, horror psicológico y misterio narrado por JM a partir de los testimonios y grabaciones reales que recibe de personas que han vivido de cerca lo inexplicable. Sé que hay algo que no has contado por miedo a que no te crean. Aquí sí te creemos. Envía tu testimonio a contacto@turnonocturno.mx
Y recuerda: si escuchas algo, corre... y no mires atrás.
Turno Nocturno
No, no es Valeria la que regresó | Historia real | S01/E16
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Mensaje directo a JM (Voz/Texto)
En este Episodio 16, nos adentramos en los rincones más profundos y olvidados de la Sierra de Guerrero, México.
Renata Solís, una periodista con décadas de experiencia en zonas de conflicto, nos trae un caso que desafía toda lógica periodística y humana. No se trata de violencia común, ni de los peligros que ya conocemos. Se trata de Concepción y Valeria, dos mujeres que desaparecieron en el mismo lugar y regresaron... impecables. Sin rastro de cansancio, sin hambre, pero con un vacío aterrador en la mirada.
Escucha bajo tu propio riesgo. Porque después de conocer lo que habita en la sierra, comenzarás a notar esos detalles pequeños en la gente que amas... y tal vez, tú también quieras correr y no mirar atrás.
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El contenido de Turno Nocturno se basa en testimonios y relatos reales enviados por la audiencia; sin embargo, con el fin de proteger la privacidad, seguridad e integridad de los involucrados, se modifican nombres, ubicaciones y detalles específicos de las historias. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos reales más allá de los testimonios recibidos, es mera coincidencia. Las opiniones expresadas no reflejan necesariamente la postura de este podcast. Este programa tiene fines de entretenimiento y puede incluir descripciones de violencia o situaciones perturbadoras no aptas para menores de edad o personas sensibles, por lo que se recomienda discreción.
Esto me lo contó Renata Solís, una periodista que lleva más de 20 años cubriendo zonas de conflicto en México. Una mujer que ha visto fosas, que ha entrevistado a sobrevivientes de masacres y que una vez publicó un reportaje que le costó tres años de amenazas constantes. Renata no se quiebra fácilmente, pero cuando me escribió, me dijo JM, Valeria me escribió ayer para decirme que está feliz. Y me quedé en blanco, sin saber qué responderle. Lo que ahora carga Renata no es un reportaje, o una nota que no pudo publicar por falta de evidencia. Lo que carga es... Una persona. Valeria, Valeria Díaz, de 20 años, pasante de periodismo y la última persona a quien Renata mandó hacer trabajo de campo. Valeria regresó del viaje viva, sana e intacta. Y eso es lo que hace que esta historia sea diferente y tenga un lugar aquí, en turno nocturno. Es que hay algo en Valeria que Renata notó poco después del día que regresó. Algo pequeño, mínimo, que cualquier otra persona hubiera descartado como cansancio o estrés. Renata lo observó y, de inmediato, su instinto le hizo pensar en lo peor, porque...¿ella? Ella sabía lo que había en la sierra, sabía lo que le había pasado a don Aurelio, y sabía lo que Valeria había ido a buscar. Por ello supo, en el momento en que volvió a ver a Valeria, que algo había regresado con ella. Y no, no era Valeria. Déjame contarte cómo llegamos aquí. Renata investigaba desapariciones en un municipio de la Sierra de Guerrero, México. Había construido una base de datos con varios casos que sucedieron en los últimos años. Había viajado cuatro veces y entrevistado a familias, a autoridades locales y a activistas. En el proceso encontró algo que no podía publicar. Tres de los 23 desaparecidos regresaron sin memoria clara de dónde habían estado y en perfecto estado físico, como si el tiempo simplemente no hubiera pasado en ellos. Renata los buscó. Dos no quisieron hablar. El tercero, don Aurelio, un maestro jubilado de 65 años, habló con ella. Y lo que le contó la dejó con una certeza que ningún periodista quiere tener. Lo que pasa en ese lugar no es producto de la violencia, ni de choques entre grupos rivales, ni del uso de la fuerza del Estado. Es algo que... Que no tiene nombre para pertenecer a los expedientes de alguna fiscalía. Es otra cosa. Es algo que lleva tiempo operando en la sierra. Que toma a las personas y que borra... a todo, casi todo. Renata tenía suficiente material para un reportaje que hubiera sacudido a cualquier medio, pero tenía un problema. Le faltaba una pieza. Necesitaba regresar al pueblo, entrevistar a alguien más que don Aurelio le mencionó, a alguien que según él recordaba mucho más. Una cuarta persona. El problema era que Renata no podía ir. Acababa de recibir un diagnóstico médico que le impedía viajar por tres meses. Entonces pensó en Valeria. Su pasante. Una joven brillante, ambiciosa, hambrienta de destacar con su primer gran historia. La clase de persona que cuando le dices que hay un reportaje enorme esperando en la Sierra de Guerrero, no pregunta si es peligroso. Pregunta...¿A qué hora sale el camión?
UNKNOWNTurno nocturno.
SPEAKER_00Soy JM. Cuando Renata me contactó, me comentó que conoció Turno Nocturno por sus sobrinas y que nunca imaginó en escribir al podcast, porque ella es periodista. Y es muy extraño que los periodistas manden sus historias a podcasts de terror. Pero esto ya no es una historia periodística, JM. Necesita el espacio indicado para contarse y para ser escuchada. Como suele suceder, me pidió que no revelara su nombre real, ni el de los involucrados, ni el del lugar. Y que, con quien llamamos Valeria, tuviera especial cuidado. Porque ella cree que está en perfecto estado. Y eso, JM, es el problema. Lo que vas a escuchar a continuación son dos historias que corren en paralelo. La de Don Aurelio, que Renata reconstruyó con su investigación, y la de Valeria, que Renata observó desde el momento en que regresó. Presta atención a los detalles, porque cuando llegues al final vas a querer regresar al principio, y cuando lo hagas, no vas a poder escuchar esta historia de la misma manera. Así que... Apaga la luz, deja que la oscuridad tome su lugar y escucha con atención. Porque turno nocturno acaba de comenzar. Turno nocturno. Don Aurelio desapareció un miércoles de noche. Salió al patio a revisar si la tranca estaba cerrada. Lo encontraron 72 horas después, sentado en la cuneta de la carretera federal, a 30 kilómetros del pueblo. Tenía los zapatos puestos, sin polvo, sin lodo, sin ninguna marca de haber caminado 30 kilómetros. La ropa intacta, limpia, sin hambre, sin sed, sin golpes, O marcas de haber recibido algún tipo de violencia. El médico que lo revisó anotó en el expediente. Sin lesiones, sin signos de deshidratación, sin alteraciones neurológicas evidentes. Paciente refiere no recordar eventos de los últimos días. Renata leyó ese expediente y luego fue a entrevistar a don Aurelio. La entrevista duró un par de horas. Don Aurelio hablaba despacio. Elegía sus palabras con cuidado. Se detenía a veces y miraba hacia la ventana como si estuviera buscando algo afuera. Hablaron de todo, del clima, de los sismos de la región, de la intensidad de las lluvias y de cómo la inseguridad creció sin parar en el estado, hasta que… Me cayó muy bien y le voy a contar lo que recuerdo. Pero no me pregunte qué significa porque no lo sé. Son cosas sueltas, sin orden ni nada que no entiendo. Renata le preguntó si podía contárselo de todas formas. Don Aurelio aceptó. Renata catalogó esta parte de la entrevista como Los fragmentos de Don Aurelio. Fragmento 1 Me acuerdo de estar en un espacio muy grande. No veía nada, pero sentía que era como un campo abierto, sin cielo y sin piso. Tenía la sensación de que había mucho lugar y que yo era muy pequeño en ese lugar. Me acuerdo de que había más gente. No los vi ni hablé con ellos, pero sabía que estaban ahí, lo sentía. Es como cuando se va la luz y aunque no ves nada, sabes en dónde está cada cosa y sientes a los demás. Así me pasó. Sentí que había muchas personas a mi alrededor. Fragmento 3 Me acuerdo de como cuando alguien te mira fijamente desde atrás y tú lo sientes y volteas para buscarlo. Así, pero durante mucho tiempo. Creo que sentí eso todo el tiempo.
UNKNOWNFragmento 4
SPEAKER_00Me acuerdo de un momento en que algo cambió. No sé qué. Era como... como cuando estás leyendo y de repente te das cuenta de que llevas tres páginas sin entender nada. Que los ojos siguen moviéndose pero la mente estaba en otro lado. Ese momento en que regresas. Así. Solo que... de repente me di cuenta de que había algo a donde debía regresar. Renata escribió ese último fragmento y subrayó la última línea. Se quedó mirándola un momento. Preguntó a don Aurelio que qué quería decir con eso y que a qué se refería con qué. Había algo a donde debía regresar. Don Aurelio asintió despacio. Exacto. Eso es lo que me he preguntado estos días. Mire, yo seguía ahí y sentí que debía regresar, como cuando quieres despertar. Pero cuando lo intenté, algo también estaba ahí, en el mismo lugar al que yo debía llegar. Eran, aunque le parezca extraño, como si dos cosas estuvieran en el mismo espacio.¿Me explico? Y una de las dos era yo. Pero...¿La otra?¿Qué era? Renata guardó silencio y cerró su libreta. Estaba procesando lo que acababa de escuchar y, sin pensarlo, le preguntó si se sentía diferente.
UNKNOWNPues,¿no? Yo me siento igual.
SPEAKER_00Cuando se despidieron, don Aurelio le mencionó a Renata que había otra persona en el pueblo que le pasó algo similar. Una mujer más joven que, según le dijeron, recordaba mucho más que él, pero que dejó de relacionarse con la gente sin que dijera por qué. Conchita, la hija de la tendera. Bueno, se llama Concepción. Tiene como 20 años. La buscaron como dos años y cuando regresó le pasó lo mismo que a mí. Estaba como si nada, pero ya no quiso estar con su familia. Se peleó con todos y ahora vive sola y no habla con nadie. Renata notó dónde buscarla y de inmediato intentó contactarla. No respondió el teléfono. Fue a su casa y, aunque la vio asomarse por la ventana, no le abrió la puerta. Entonces pensó que quizás respondería alguien diferente, alguien que no tuviera el peso de los años y del oficio, alguien que fuera de su misma edad y que llegara más como persona que como periodista. Y pensó en Valeria, su asistente. Llevaba ocho meses haciendo su servicio social con ella, y había demostrado un instinto periodístico que Renata reconoció, porque era el mismo que ella tuvo a esa edad. La capacidad de hacer que la gente hablara, de crear confianza en minutos, de desaparecer como figura y convertirse en oído. Renata le explicó el caso. Le dijo que era sensible, que había elementos inexplicables y le preguntó si quería ir. Valeria sonrió y le dijo,¿Cuándo sale el camión? Renata le compartió la información que había recabado, menos los fragmentos de don Aurelio porque, en ese momento, no comprendía lo que significaban. Valeria llegó al pueblo un lunes por la mañana. Le llevó un par de semanas ganarse la confianza de Concepción. La primera vez se le acercó en el mercado cuando escogía fruta. Solo la saludó. Después, se las arregló para que los encuentros parecieran casuales. en distintos lugares, y fue alargando la conversación cada vez más hasta que Concepción dejó de verla como una extraña. Y le abrió la puerta de su casa. Valeria enviaba mensajes a Renata constantemente, con actualizaciones breves, notas de campo, observaciones sobre el pueblo, sobre Concepción, sobre la desconfianza de la gente y de los vecinos, hasta que un día simplemente dejó de escribir. Pasó un día, otro, uno más. Renata llamó varias veces. No contestó. Al cuarto día sin noticias, levantó un reporte de persona no localizada ante la Fiscalía de Herrero. Llamó a la mamá de Valeria. Le dijo que probablemente era un problema de señal, que en esa sierra la comunicación fallaba seguido, que no se preocupara. Pero ella, ella sí lo estaba. Contactó al corresponsal local del periódico para que preguntara en el pueblo. Le dijeron que Valeria había sido vista hacía unos días y que probablemente andaba por ahí. Y pasó una semana y una más. Al decimocuarto día, Valeria llamó desde la central camionera de Chilpancingo. Dijo que estaba bien, que estaba por abordar el autobús de regreso, que había conseguido la entrevista y que tenía material suficiente para dos reportajes. Su voz sonaba normal, tranquila e incluso contenta. Era su voz, JM. Las palabras fueron las que ella hubiera dicho, pero cuando colgué, sentí que algo estaba mal. Durante el camino, Valeria le envió dos mensajes de WhatsApp. El primero decía que el camión iba lleno y que no había dormido nada en días, pero que no tenía sueño. El segundo, una hora después, era una foto de la carretera desde la ventana. Sin contexto, sin comentario, solo la foto. Renata la miró un momento.«Valeria nunca manda fotos así». Mandaba audios, mandaba textos largos, mandaba stickers o memes a las 3 de la mañana. Nunca fotos, sin decir nada. Le respondió,¿Estás bien? Valeria tardó 45 minutos en contestar y solo escribió, Sí. Cuando Valeria llegó a la Ciudad de México, Renata la recibió en la central de autobuses. Se veía físicamente bien, descansada, con una sonrisa fácil y los ojos limpios, como si llevara días durmiendo bien. Se abrazaron. Renata la sintió igual, igual peso, igual calor, igual forma de abrazar, igual olor. Fuimos a comer. Valeria habló del viaje, del pueblo, de Concepción, del material que consiguió. Estaba emocionada y todo, todo me lo dijo de manera coherente y detallado. Al despedirse, Valeria la abrazó de nuevo. Gracias por confiar en mí, jefa.
UNKNOWNEsto va a ser grande.
SPEAKER_00Lo más grande que hayamos hecho. Renata solo sonrió y asintió. Caminó hasta su coche, se sentó adentro y pensó en el fragmento de don Aurelio. Yo estaba y de repente me di cuenta de que había algo a donde debía regresar. Días después, Renata se atrevió a escuchar la cinta de la entrevista. No la había hecho por miedo a encontrar algo que indicara que Valeria había estado en peligro y no estaba bien. Presionó play y al escuchar la voz de Valeria la detuvo inmediatamente. Se le revolvió el estómago. Estaba arrepentida por haberla enviado a ese lugar desconocido y peligroso para una... niña, como a veces la llamaba. Fue a la cocina, se sirvió un vaso con agua y... no lo tomó. Respiró hondo y de nuevo presionó play. En la grabación se escucha a Valeria, iniciando una conversación casual. Le preguntó a Concepción por el pueblo, por la familia, por cómo estaba el clima últimamente. Concepción respondía con naturalidad, hasta que Valeria, de manera muy sutil, le comentó si podía contarle lo que recordaba. Concepción le dijo que sí. Luego, una pausa larga en la grabación, hasta que... Yo estaba en mi casa, ya era de noche. Estaba lavando los trastes y escuché que mi perro, de repente, dejó de ladrar. Él se la pasa ladrando todo el día, pero en esta ocasión, dejó de hacerlo así, de golpe. Solo se quedó callado. Me asomé y lo vi en la esquina, pegado a la pared, sin moverse. Lo llamé y ni siquiera volteó. Pensé que algo le había picado o no sé. Salí a buscarlo. Me acerqué a él. Estaba agachado. Tenía las orejas muy atrás. Casi no se le veían. Temblaba. Lloraba. Y algo le escurría por las patas de atrás. Vi... Vi la luz. No sé de dónde venía. Nomás estaba ahí, pero yo seguía viendo todo oscuro alrededor. Quise correr a la casa, pero no pude moverme. Lo intenté y lo intenté, pero mis pies no respondieron. Y entonces los vi.¿Qué viste? Preguntó Valeria. A ellos.
UNKNOWNLos vi a ellos.
SPEAKER_00¿Quiénes son ellos? Concepción suspiró. Se tomó algunos segundos antes de continuar.
UNKNOWNPues...
SPEAKER_00Tienen forma de persona, pero cuando los ves bien se ven como... como mal hechos. Se movían todo el tiempo. Se doblaban en donde no se veía que tuvieran articulaciones.¿Y qué hiciste cuando los viste? Grité con todas mis fuerzas y luego uno de ellos me miró. todo se puso oscuro todo después como que desperté pero todo seguía siendo oscuro sabía que estaba despierta pero no veía nada entonces lo sentí y empezaron empezaron que empezaron Concepción tardó en responder. Renata bebió el vaso con agua de golpe y caminó de un lado hacia otro hasta que escuchó de nuevo la voz. No sé, de alguna manera movieron cosas adentro de mí. No sé cómo lo hicieron, pero... pero empecé a sentir algo en el pecho como una presión luego sentí que algo se abría me agarré y no había sangre ni nada pero se abría más y más y más y cuando estaba muy abierto algo entró grité pero eso seguía adentro lo hacía sin apurarse se acomodaba y bajaba y bajaba más y más adentro de mí te dolió No podía respirar. Los ojos se me fueron para atrás. Los dientes se me apretaron solos. Las manos se me cerraron solas. Y el dolor apareció en todas partes. En los huesos, en los dientes, en los ojos. Partes de mi cuerpo que nunca me habían dolido y que no imaginé que podían doler, me dolían. Y lo que sentía seguía y seguía creciendo. No bajó en ningún momento. Después de que entró, comenzó a moverse despacio y a buscar. Sentía que iba tanteando con algo que parecía ser sus dedos. Estaba tocándome, empujándome, moviendo, olfateando, y yo sentía todo, cada movimiento que hacía con mucha paciencia. En algún momento comenzó a arrancar lo que encontraba. Sentía el desgarre, el hueco que dejaba, y lo arrojaba con una fuerza hacia fuera de mí, como quien avienta algo que no sirve. Escuchaba cuando caía, aunque no había piso, aunque no había nada, se escuchaba un golpe sordo, y luego, otra vez, jalaba, arrancaba, arrojaba, jalaba, arrancaba, arrancaba, arrojaba, sin parar. Pedazo a pedazo se llevaba algo de mí. Cuando terminó, se movió más y se acomodó. Comenzó a estirarse despacio y sentí cómo recorría mis brazos, mis piernas, mis dedos. Lo sentía. Lo sentía respirar con mis pulmones, mirar con mis ojos y yo, sin poder hacer nada, solo adentro, viendo. Hubo silencio. Valeria no dijo nada, solo la miró, consternada. Concepción, con la mirada perdida, continuó.
UNKNOWNY de repente, el dolor terminó.
SPEAKER_00Abrí los ojos y estaba parada en la orilla de la carretera. Era de día. Tenía mi ropa puesta, sin un rasguño, sin hambre, sin sed, como si acabara de salir de mi casa. Un señor que pasaba me preguntó si estaba bien y yo le dije que sí, porque no sabía qué más decir. Me preguntó de dónde era y le dije el nombre del pueblo y me trajo en su camioneta. Cuando llegué, me enteré que todos me buscaban. La cinta de la grabación terminó. Renata no se movió durante varios minutos. Luego buscó en sus notas lo que don Aurelio le había dicho antes y que, casi por instinto, subrayó. De repente, me di cuenta de que había algo a donde debía regresar. Don Aurelio no recordó lo que pasó. Concepción, sí. Y Renata, con la grabadora entre sus manos, recordó que Valeria estuvo días sin comunicarse. Recordó la llamada desde Chipancingo, la foto de la carretera sin sentido, en el sí hueco después de cuarenta minutos y en su semblante intacto cuando la vio de nuevo. Y pensó en algo que Concepción dijo al final de la grabación. Algo tan bajo que tuvo que subir el volumen y procesarlo para lograr escucharlo. A veces me pregunto si lo que quedó de mí es suficiente para llamarme yo.
UNKNOWNTurno nocturno.
SPEAKER_00No sabemos con exactitud qué pasó con Valeria el tiempo en el que estuvo incomunicada. Tampoco tenemos la certeza de qué es lo que sucede en esa sierra de Guerrero. No sabemos su verdadera forma, intención, ni si tiene algo que remotamente se parezca a un propósito que podamos entender. Valeria está en la Ciudad de México. Trabaja, sale, hace el súper y llama a su mamá cada domingo. Su novio no ha notado nada extraño y sus amigos tampoco.¿Pero Renata? Renata percibe cada vez más cosas extrañas. Pequeñas inconsistencias que están ahí y le perturban. Son detalles pequeños. Una mentira inocente, una risa distinta, una comida que ya no es la favorita o una mascota que ya no importa.¿Cuántos de esos detalles pequeños notarías tú en alguien cercano? Gracias por acompañarme en un episodio más de Turno Nocturno. Si tienes una historia que quieras compartir, ya sabes a dónde enviarla. Y esta noche, antes de dormir, piensa en la última vez que alguien cercano a ti dijo algo que no cuadraba, algo pequeño, una referencia incorrecta, una reacción con un retraso o un gusto que cambió sin explicación. Probablemente no sea relevante, pero, si quieres mi consejo, corre y no mires atrás.