Turno Nocturno
Turno Nocturno es un Podcast de historias de terror, horror psicológico y misterio narrado por JM a partir de los testimonios y grabaciones reales que recibe de personas que han vivido de cerca lo inexplicable. Sé que hay algo que no has contado por miedo a que no te crean. Aquí sí te creemos. Envía tu testimonio a contacto@turnonocturno.mx
Y recuerda: si escuchas algo, corre... y no mires atrás.
Turno Nocturno
Mi abuela era bruja y yo era su sacrificio | Historia real | S01/E07
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En este nuevo episodio de Turno Nocturno, JM recibe un testimonio estremecedor desde Veracruz. Una mujer que lleva años escondida revela el secreto más oscuro de su familia: su abuela —la persona que la crió, la protegió y la hizo sentir especial— pertenecía a un aquelarre y recolectaba "algo" de las personas que colocaba en frascos. Lo peor: ella estaba a punto de ser sacrificada en un ritual bajo La Luna de Sangre.
“Mi abuela era bruja… y yo era su sacrificio” es un caso de terror psicológico, brujería real, desapariciones, manipulación familiar y secretos transmitidos en silencio durante generaciones.
Si te gustan las historias reales de terror, los casos de brujas, los rituales, y la sensación de que algo te sigue, este episodio es para ti. Escúchalo de noche para sentir la atmósfera completa.
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El contenido de Turno Nocturno se basa en testimonios y relatos reales enviados por la audiencia; sin embargo, con el fin de proteger la privacidad, seguridad e integridad de los involucrados, se modifican nombres, ubicaciones y detalles específicos de las historias. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos reales más allá de los testimonios recibidos, es mera coincidencia. Las opiniones expresadas no reflejan necesariamente la postura de este podcast. Este programa tiene fines de entretenimiento y puede incluir descripciones de violencia o situaciones perturbadoras no aptas para menores de edad o personas sensibles, por lo que se recomienda discreción.
Lo que vas a escuchar sucedió en Veracruz, y quiero que pienses en esto desde el principio.¿Cuánto tendrías que ver para decidir no volver a tu casa nunca más? Ella nos escribió desde un lugar donde nadie de su familia sabe que está. Nos dijo, Si mi mamá escucha esto, va a saber que soy yo. Pero prefiero eso a seguir soñando con la respiración de mi abuela pegada en mi cara. Su abuela ya está muerta. Murió hace tres años y aún así habla de ella como si pudiera abrir la puerta y entrar en su habitación en cualquier momento. Dijo otra cosa que no se me olvida desde que la escuché. Mi abuela guardaba cosas de los niños. Esta es la historia de una nieta que adoraba a su abuela hasta que entendió lo que le hacía a los demás. Y quiero ser muy claro, esto no va de escoba ni de calderos, ni de risas raras en el techo. Va de una casa normal, de una familia normal, donde poco a poco todo empezó a oler a algo que no cuadra, a desapariciones, a un grupo de mujeres desconocidas reunidas en secreto y a frascos. Sí, a decenas de frascos. Cada uno con algo que, dice ella, su abuela inhalaba de las personas y lo exhalaba dentro. Y asegura que estaba siendo preparada, desde niña, para un sacrificio bajo la luna de sangre. Un sacrificio del que no debía quedar registro, sino solo un frasco más. Esta historia es diferente, es perturbadora en un nivel que no esperábamos porque toca lo más sagrado, la familia.¿Qué pasa cuando la persona que te cuida es la misma que te estás echando en las sombras?¿Qué pasa cuando los remedios caseros esconden una sed insaciable por la energía de los demás? Hoy nos adentramos en los pasillos de una casa en Veracruz, donde el amor de una abuela se transforma en algo viscoso y oscuro. Apaguen la luz, dejen que la oscuridad tome su lugar y escuchen con atención, porque turn Nocturno acaba de comenzar. Mariana creció creyendo que su abuela era la mujer más sabia del mundo, pese a que tan solo estudió la primaria. No se vea leer bien, o al menos, eso hacía creer a todos. Pero sí sabía lo demás, curar piquetes, detener hemorragias, calmar cólicos, adivinar cuándo iba a llover, saber quién mentía y quién decía la verdad, leer las cartas y curar con energía, entre otras cosas. La gente la buscaba y en su casa siempre había a alguien a quien ayudar. La respetaban y mucho, y le pagaban con comida, con flores, con pan, con dinero. Mariana, como llamamos a quien nos envió su testimonio, creció en una familia grande, cercana y unida. Adoraba a su abu y pasaba todas las tardes con ella porque sus padres trabajaban. Su abu la cuidaba y le ayudaba con los deberes de la escuela. Le enseñó a coser, a cocinar y a escuchar con atención. Siempre le tomaba la cara con ambas manos y le decía... quédate quieta y escucha, no te muevas. Yo pensaba que era cariño, algo raro, pero al fin cariño. A veces era gruñona, porque me pedía cosas de maneras muy específicas con frases pequeñas, casi neutras y un poco mandonas. Ven a leer esto, necesito que me ayudes con aquello, o quédate a dormir, necesito tu compañía. Pensaba que era una mal en todas las abuelas. Un día, en la colonia empezaron a desaparecer personas. Un niño de siete años que iba a la tienda y nunca llegó, un adolescente que no regresó de entrenar fútbol, una señora que vivía sola y que simplemente dejó de abrir su puerta. Todos buscaban explicaciones lógicas, que mudanzas repentinas, que problemas familiares, pero la abuela no La abuela parecía no sorprenderse y solo respondía con frases ambiguas y raras como«Hay quienes no escuchan cuando no deberían» o«A veces a las personas se les va la fuerza». Mariana siempre pensó que hablaba de enfermedades. o de cosas de adultos, como le decían sus papás. Recuerda que, cuando lo vio por primera vez, ella tenía entre nueve o diez años. Su tío abuelo se quedó dormido en el sillón después de comer. Roncaba fuerte. Y ella se escondió detrás de la mesa del comedor para asustarlo cuando despertara. Pero el abuelo entró sin hacer ruido. No lo despertó. No lo tapó. Solo se inclinó sobre de él. Su rostro quedó a centímetros del rostro del hombre y vio claramente cómo su abuela lo
SPEAKER_01inhaló.
SPEAKER_00¿Cómo les explico?
UNKNOWNSe acercó a él y comenzó a...
SPEAKER_00inhalar por la boca pero no jalaba aire sino que extraía algo como pesado porque se veía que le costaba trabajo sacarlo era una succión profunda y controlada como si jalara algo del cuerpo dormido cuando terminó de absorber simplemente se marchó silenciosa casi imperceptible Mariana se quedó atónita, oculta detrás de una silla, tratando de procesar lo que acababa de ver. Su tío despertó mareado, jurando que sentía un hueco en el pecho. Diez después... Enfermo. Y luego murió. Su abuela no acudió al funeral. Y cuando regresaron a buscarla, la casa estaba sola. Mariana... Trató de encontrarla sin suerte, hasta que llegó a una habitación, la del fondo, y a la que nadie entraba salvo su abuela. Tocó, le llamó, le gritó, pateó la puerta y nadie respondió. Intentó abrir y para su sorpresa la puerta cedió. Entró y por primera vez vio que la habitación estaba repleta de frascos con etiquetas. Pensó que eran condimentos o algo que su abuela guardaba. Así que tomó uno para verlo de cerca. Y dentro había algo que nunca había visto. Una sustancia viscosa, negruzca y que parecía palpitar. Leyó la etiqueta y tenía el nombre del adolescente que había desaparecido cuando fue a entrenar fútbol. De pronto, algo le arrebató el frasco y
SPEAKER_01escuchó.
UNKNOWN«Esto no se abre. Sal de aquí».
SPEAKER_00Era su abuela, quien nunca explicó más. Con los años, la abuela empezó a tratarla distinto. Más suave, pero más obsesiva. Constantemente le revisaba el pecho con la palma abierta, como si midiera la temperatura de algo que solo ella detectaba. Y recuerda que, cuando cumplió doce, su abuela comenzó a despertarla, sin razón, en la madrugada.
SPEAKER_01Escucha.
SPEAKER_00Solo debes escuchar. Le susurraba. Luego se sentaba al lado de la cama y no apartaba la vista de ella hasta que durmiera. O colocaba una mano sobre la sábana, muy cerca del estómago, pero sin tocarla. Como si... Esperara algo. Y así pasaron algunos años. Con la abuela interrumpiendo en las noches o enseñándole cómo reconocer plantas por su olor. O sentándola en su regazo para leerla en voz baja. Sí. Ahora abuela sabía leer y muy bien. Y recuerda Mariana que, a partir de ese momento, la voz de su abuela se hizo más suave, casi como un murmullo. Y tenía esa forma de acariciarme el pelo mientras leía, que me hacía sentir completamente segura, completamente amada. A veces me dormía así, con mi cabeza en su pecho, escuchando su corazón. Era un sonido extraño ahora que lo pienso, demasiado lento, demasiado regular. y con ritmo como un metrónomo los domingos se convirtieron en caminatas entre árboles los paseos duraban horas ella me enseñaba a caminar en silencio a pisar sin romper ramas me hacía cerrar los ojos y a caminar guiada solo por el sonido era importante aprender a moverse sin ver la gota que derramó el vaso sucedió un martes de abril Mariana dormía en casa de su abuela y un sonido metálico o de tapas chocándola despertó. Afuera, en el patio, las luces estaban encendidas. Se asomó por la ventana. Y vio a su abuela y alrededor un grupo de mujeres, algunas desconocidas y otras familiares, formando un triángulo perfecto. Todas mayores, todas vestían normal, todas en silencio absoluto. Su abuela estaba en el centro, con una mesa llena de frascos, cada uno con eso inquitante dentro. Algunos vibraban, otros parecían dormidos. Abu destapó un frasco. El contenido salió como una especie de hilo negro, ligero, ascendente, que se disipó en el aire como si alguien invisible lo estuviera tomando y manipulando. Todas alzaron los brazos y comenzaron a moverlos. Primero lento, Luego, rítmicamente. El ritmo nos escuchaba, pero ellas lo seguían perfectamente. Y abuela habló.
SPEAKER_01Traigo
SPEAKER_00lo sustraído para ti, para nosotras. Las mujeres se detuvieron de golpe e inclinaron la cabeza, como aceptando la ofrenda. Nadie habló, nadie se movió. Solo esperaban el siguiente frasco. De pronto, alguien del triángulo giró la cabeza y miró a Mariana, quien cerró las cortinas y corrió hacia la cama para cubrirse con las cobijas hasta la cabeza. La puerta de su habitación se abrió y escuchó pasos dentro.
UNKNOWNVen.
SPEAKER_00Acompáñame, la luna de sangre está por teñirnos y es tu turno. Era su abuela, quien le quitó la cobija y le tendió la mano. Sonreía de manera extraña y retorcida. Mariana entonces hizo lo único que podía hacer, correr. Saltó por la ventana dejando todo, su ropa, sus documentos, su dinero. Solo corrió, convencida de que si dormía bajo ese techo una vez más, la abuela terminaría lo que llevaba tantos años preparando. Desde entonces, Mariana ha estado huyendo, pero hay algo que no la ha dejado en paz. Hace unas semanas hablé con mi mamá, JM. Me contó que mi abuela había fallecido hace tres años. No sabe de qué. Me dijo que simplemente no despertó. Así que me pidió que ya regresara y que visitara su tumba, pero no quise. Ahora que lo pienso, estoy huyendo de la parte que ella plantó en mí, de la curiosidad que crece cada día, de las preguntas que no puedo dejar de hacerme y que No sé quién responderá, porque ella ya no está. Y también dijo. Anoche me desperté con las manos extendidas, como queriendo abrazar algo, algo que no estaba, pero que lo sentía. Y luego, luego sentí el aliento de mi abuela sobre mi rostro. Mariana terminó su mensaje diciéndonos que, aunque ahora vive a cientos de kilómetros, teme que el vínculo que su abuela creó con ella no esté roto, ni con la muerte. Piensen en esto antes de dormir. La próxima vez que se sientan cansados de manera inexplicable, o que sientan un hueco en el pecho, o la sensación de que alguien los observa desde la penumbra de su propia habitación, no asuman que es solo fatiga. Quizás hay alguien cerca de ustedes, alguien a quien confían plenamente. que está esperando a que cierren los ojos para robarles eso que no tiene nombre, pero que nos mantiene vivos. Soy JM y esto fue Turno Nocturno. Gracias por acompañarme en este viaje a las sombras de Veracruz. Si tú también tienes una historia que no te deja dormir y necesitas sacarla de la oscuridad, escríbenos. Aquí siempre estamos escuchando. Si este episodio te erizó la piel, por favor, comenta y compártelo para que más personas lo escuchen. Síguenos en nuestras redes sociales para estar al tanto de los próximos extremos y para que sigamos construyendo este espacio de misterios juntos. Cierren cortinas. Apomoden sus reflejos. Respiren hondo. O no. Y recuerden. Si escuchas algo, corre. Y no mires atrás.