Turno Nocturno
Turno Nocturno es un Podcast de historias de terror, horror psicológico y misterio narrado por JM a partir de los testimonios y grabaciones reales que recibe de personas que han vivido de cerca lo inexplicable. Sé que hay algo que no has contado por miedo a que no te crean. Aquí sí te creemos. Envía tu testimonio a contacto@turnonocturno.mx
Y recuerda: si escuchas algo, corre... y no mires atrás.
Turno Nocturno
Me uní a una secta y ahora me persiguen | Historia real | S01/E04
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Mensaje directo a JM (Voz/Texto)
Un oyente del Estado de México me envió una historia que jamás pensé narrar en Turno Nocturno. Luis perdió su trabajo, ya no podía comprar las medicinas a su mamá y, desesperado, aceptó la ayuda de su mejor amigo de la infancia… quien lo llevó a un “grupo” que prometía estabilidad, dinero y protección. Todo parecía perfecto, hasta que le revelaron el precio final: entregar lo que más amaba. Cuando decidió escapar con su mamá, descubrió algo aún más terrible: el encargado de perseguirlo… era el mismo amigo que juró protegerlo desde niños. Prepárate para una de las historias más oscuras y reales contadas en este podcast.
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El contenido de Turno Nocturno se basa en testimonios y relatos reales enviados por la audiencia; sin embargo, con el fin de proteger la privacidad, seguridad e integridad de los involucrados, se modifican nombres, ubicaciones y detalles específicos de las historias. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos reales más allá de los testimonios recibidos, es mera coincidencia. Las opiniones expresadas no reflejan necesariamente la postura de este podcast. Este programa tiene fines de entretenimiento y puede incluir descripciones de violencia o situaciones perturbadoras no aptas para menores de edad o personas sensibles, por lo que se recomienda discreción.
¡Suscríbete! Bienvenidos a Turno Nocturno, el espacio donde las historias reales que ustedes me envían se convierten en un eco. Uno del que rara vez encontramos en la luz, pero que siempre está ahí, detrás, esperando. Yo soy JM Guioy. Hoy traigo una historia difícil. Una historia que no solamente habla de sectas o rituales. Habla de las duras situaciones que viven muchas personas, de amistad, de traición y de las males decisiones que a veces, tomamos. Nos llega desde el Estado de México y viene firmada por un oyente al que llamaré Luis. Cuando terminé de leer su mensaje, tuve que detenerme, respirar y volver a leerlo. Porque no es solo miedo lo que provoca. Es un hueco en el estómago y el recordatorio de que cualquiera, en una situación límite, puede pisar terreno del que ya no se puede salir. Pónganse cómodos. Prepárense mentalmente. Y vamos a escuchar lo que pasa cuando una persona en la que confías te entrega al mismo lugar del que dice estar salvándote. Luis nació y creció en una colonia pequeña, entre Ecatepec y Tecámac, en una zona donde las calles se convierten en ríos cuando llueve y donde las casas se levantan con lo que hay, no con lo que se quiere. Vivía con su mamá, una mujer mayor de casi ochenta años, que siempre había sido su única familia. Su papá los abandonó cuando él tenía cinco años, y sus hermanos, tenía dos, que se vieron a buscarlos. Luis era quien veía por todo. Comida, luz, renta, medicinas. y llevaba años viviendo al día. Como suele pasar, la empresa donde trabajaba, una fábrica de veladoras, recortó personal. Luis quedó fuera, sin liquidación, sin aviso previo, solo una palmada en la espalda y un, ni modo, carnal. Los primeros días sobrevivió con lo que tenía guardado. Después comenzó el descenso, sopa refrigerada de días, tortillas duras y pan casi enmohecido. Pero lo Lo peor era ver cómo su mamá empezaba a debilitarse por falta de medicamento y del tranquilizante que necesitaba para dormir. Luis llegó a un punto en el que tenía que elegir entre comer o comprar la medicina, y dejó de comer. Una tarde, después de caminar por más de tres horas buscando trabajo, se plantó frente a la farmacia donde siempre compraba el medicamento de su mamá. Lo vio en el estante. Vio el precio y supo que no le alcanzaba se quedó ahí parado sin poder moverse pensó en robarlo pero tenía miedo de terminar preso y dejar sola a su mamá estaba al borde de romperse cuando alguien le habló luis eres tú era el santi el amigo de toda la vida desde los seis años. Habían estudiado juntos en la misma primaria, habían jugado canicas en la banqueta, incluso se defendieron mutuamente en más de una pelea. Luis siempre decía que el Santi era más que un amigo, era el hermano que la vida le había dado a falta de crecer con los suyos. Pero hacía años que no se veían, y ahora el Santi se veía distinto, ropa nueva, reloj caro, tenis limpios, cabello bien cortado. Parecía que la vida, por alguna razón, le estaba sonriendo. Se abrazaron y caminaron por la calle.¿Cómo está tu mamá? Le preguntó. Luis no pudo aguantar y le contó la situación. Y entonces, el Santi le dijo lo que cambiaría todo. Hermano, yo te puedo ayudar. Conozco un grupo que te levanta. No es nada raro. Es gente que se cuida entre sí. Si quieres, te llevo. Luis dudó. Pero cuando recordó el dolor y la respiración entrecortada de su mamá por las noches, aceptó. Al día siguiente, el Santi lo llevó a una construcción abandonada, donde antes querían poner un salón de fiestas. La fachada estaba vieja, pero adentro, adentro había vida. Unas 30 personas, comida caliente, cobijas limpias, música suave. Parecía una reunión familiar. Lo saludaron como si fuera su misma sangre. Le dieron comida, agua y un sobre con dinero. Toma, espero que sea suficiente para lo de tu mami. Aquí nadie se queda de atrás. Le dijo el guía, la máxima autoridad del lugar, Luis lloró. El Santi lo abrazó y por primera vez en semanas, respiró. Los días siguientes, el grupo le dio dinero sin pedir nada a cambio y lo ayudó a encontrar un trabajo provisional. Y también llegaron las tareas. La primera, vigilar una bodega, entregar paquetes sin preguntar, seguir personas y tomar notas. Y limpiar otra bodega que olía a hierro y humedad. Luis sabía que algo estaba mal, pero estaba atrapado por la necesidad y por la lealtad hacia el Santi. Nos cuenta que un día pasó frente a una habitación que siempre permanecía cerrada, pero que en esa ocasión olvidaron hacerlo. Se asomó con precaución y... Punto. Vio velas, símbolos raros y una inscripción. El intercambio. Trato de borrar eso de su mente y continuó cumpliendo con sus tareas después de un mes el guía le llamó le dijo que había demostrado lealtad y que era momento de conocer la parte profunda del grupo con tareas más importantes la primera fue clara acompañar a dos miembros para traer perros callejeros no para venderlos no para salvarlos para los rituales del grupo luis obedeció con arcadas en la garganta y y esa noche escuchó sonidos de animales sufriendo y un canto repetitivo detrás de aquella puerta. Punto. En otra ocasión, le pidieron seguir a una persona durante días completos y reportar movimientos. La persona era una mujer que vivía sola. Luis preguntó,¿qué le van a hacer? La respuesta fue una risa seca. Así pasó meses, pensando que había cosas que era mejor no ver, pero luchando contra el arrepentimiento porque estaba metido en algo que no podía controlar. Mientras tanto, la salud de su madre se había estabilizado. No faltaba la comida en su casa y todo parecía, de alguna manera, estar mejor para él. Pensó mantenerse en ese sitio, sin involucrarse más. Con lo que había conseguido, era más que suficiente para vivir sin preocupaciones. Pero ese no era el plan del grupo. Luis, creo que ya es Estás listo para prosperar de verdad, le dijo el guía. Podrás tener dinero sin preocupación, un trabajo haciendo lo que más te guste, contactos, protección, influencia, una casa grande en donde quieras, auto, lo que siempre has soñado. Luis no respondió. Es tu momento de participar en el intercambio. Recibirás todo a cambio de prácticamente nada, continuó el guía Luis seguía inmóvil. La palabras no llegaban a su boca. Sí, sé estás. Confundido, lo abrazó el guía y lo condujo hasta la puerta que siempre permanece cerrada. Prepararemos tu entrada, señaló hacia la puerta. Solo tienes que entregar algo que ames. Y listo. Luis pensó en su mamá. El guía asintió con la cabeza. Parecía leerle la mente. Exacto, tu mami. El guía sonrió y continuó. Ella no sabe nada, está grande, enferma, es perfecta. Luis sintió un vacío en el estómago, el mundo girando, las piernas fallándole. Se giró buscando una salida. El Santi estaba detrás de ellos, pero solo bajó la mirada. Esa noche regresó corriendo a casa. Su mamá dormía. La miró con lágrimas en los ojos. Sabía que no tenía opción. Si se quedaba, la perdía. Si se negaba, los dos morirían. Así que empacó una mochila. Despertó a su mamá con suavidad. Le dijo que debían irse. Tomaron un taxi y huyeron al amanecer. llegaron a la central de autobuses la tapó y compró un par de boletos no importaba el lugar sólo que partiera de inmediato en la carretera luis vio un coche oscuro que permanecía siempre cerca del autobús al principio no le dio importancia pero cuando cambiaban de ruta el coche también lo hacía y cuando se detuvo en una gasolinera para descansar el coche se estacionó unos metros atrás luis lo miró con más detalle y entonces lo reconoció. Era el coche de El Santi, el amigo de toda la vida, su hermano y ahora su perseguidor. El Santi lo miró desde el asiento del copiloto. Serio, impasible, obediente. Luis entró en pánico. Le pidió al chofer del autobús que partieran de inmediato, pero se negó. Todas las personas estaban disperas y no podía partir si faltaba alguna. Su mamá salió del baño. Sonreía. No sabía nada. Llegaron a su destino. Se hospedaron en un hotel barato y se encerraron. Al amanecer, alguien había deslizado un sobre bajo la puerta. Luis lo abrió. Punto. Adentro había una sola hoja. Y una frase escrita con la letra de El Santi. No es personal, hermano. Todos entregamos algo. Luis cayó de rodillas. Su mamá preguntó qué pasaba y él solo pudo decir,«Nos tenemos que ir, otra vez». Esta fue la historia de Luis quien, hasta hoy, sigue ayudando junto a su madre. Una historia que duele, porque no hay monstruos sobrenaturales aquí, solo seres humanos capaces de lo impensable. Algunos dicen que las sectas son cosa de películas, pero no. Las más peligrosas están aquí, en nuestras ciudades, disfrazadas de ayuda, de amistad y de nuestros seres queridos. Si tienes una historia que quieras contar, escríbeme. Aquí, en Turno Nocturno, tu historia puede ser la advertencia que alguien necesita escuchar. Yo soy JM. Esto fue turno nocturno. Y si aún escuchas algo, corre y no mires atrás.