Turno Nocturno

El guardia del Pabellón 3 | Historia real | S01/E01

JM Season 1 Episode 1

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Mensaje directo a JM (Voz/Texto)

En este primer episodio de Turno Nocturno, JM recibe el testimonio de un exguardia de seguridad que trabajó en un hospital psiquiátrico abandonado. Una cinta VHS, un pasillo clausurado y una grabación que muestra algo imposible: dos hombres idénticos caminando en direcciones opuestas… hasta que solo uno regresa.

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El contenido de Turno Nocturno se basa en testimonios y relatos reales enviados por la audiencia; sin embargo, con el fin de proteger la privacidad, seguridad e integridad de los involucrados, se modifican nombres, ubicaciones y detalles específicos de las historias. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos reales más allá de los testimonios recibidos, es mera coincidencia. Las opiniones expresadas no reflejan necesariamente la postura de este podcast. Este programa tiene fines de entretenimiento y puede incluir descripciones de violencia o situaciones perturbadoras no aptas para menores de edad o personas sensibles, por lo que se recomienda discreción. 

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No todas las personas que me escriben quieren publicar sus historias. Algunos solo buscan ser escuchados. Hace unas semanas, me contactó un hombre llamado Rafael Ortega. Decía haber trabajado como guardia en el Hospital Psiquiátrico San Gabriel, un edificio abandonado del que últimamente se ha vuelto a hablar. Al parecer, escuchó que yo estaba escribiendo una novela ambientada allí y quiso reunirse conmigo para aclarar algo cosas que nadie cuenta bien. Al principio dudé. No suelo reunirme con desconocidos, y menos cuando mencionan lugares sobre los que estoy escribiendo.¿Cómo lo supo? No lo sé. Algo en su tono me sonó. Un tanto urgido, casi desesperado, me llamó la atención. La verdad, pensé en ignorarlo, pero había algo en su mensaje que me hizo responder. Así que accedí. Me citó en un café unas cuadras del viejo hospital. Llegó puntual, con un abrigo empapado y una cinta VHS envuelta en una bolsa de plástico transparente. Tenía las manos temblorosas y los ojos enrojecidos, como si llevara varios días sin dormir. Desde que se sentó, noté algo raro. Cada pocos minutos inclinaba la cabeza hacia un lado, como si escuchara una voz que venía de detrás de mí. Luego la enderezaba lento y continuaba hablando con una calma tan precisa que parecía ensayada no era un tic era un hábito aprendido casi automático durante los primeros minutos hablamos de cosas sin importancia del clima del tráfico del partido de fútbol del domingo pedimos café y continuamos conversando hasta que de pronto dejó la taza sobre la mesa y dijo con voz muy baja Usted no debería escribir sobre el pabellón 3. Por un instante pensé que era una broma, o tal vez una forma torpe de llamar mi atención. Le pregunté por qué. No me miró. Solo inclinó de nuevo la cabeza hacia un lado, ese mismo gesto preciso, y respondió, porque lo que quedó allí no sabe que el tiempo pasó. Después de eso, el ambiente cambió. El murmullo del café pareció apagarse, como si todos a nuestro alrededor hubiera dejado de hablar al mismo tiempo, Rafael seguía inmóvil, con la vista fija en la ventana empañada. Fue entonces cuando sentí que debía registrar lo que viniera por precaución o por instinto. Encendí la grabadora. La luz roja parpadeó sobre la mesa, y él apenas asintió, como si hubiera estado esperando ese momento. Lo que me contó después, todavía me cuesta escucharlo. Rafael me dijo que trabajó más de una década, precisamente en el Hospital Psiquiátrico San Gabriel. Su turno comenzaba a las 11 de la noche y terminaba al amanecer. Su labor era sencilla, recorrer los pasillos, vigilar las cámaras y registrar cualquier movimiento. El pabellón 3 estaba sellado desde 1993, tras un incendio en el área de aislamiento. Nadie tenía permitido entrar, pero cada noche el El sistema mostraba movimiento dentro, sombras, pasos y a veces una figura que cruzaba frente a las cámaras. El problema era que esas cámaras estaban desconectadas. Pensé que era una falla eléctrica, me dijo. Así que dejé una cámara grabando. Solo quería probar que era interferencia o algo por el estilo. Durante tres horas, la cinta mostró lo mismo. Pasillos vacíos, luz parpadeante, estrellas. estática. Pero a las 3 y 27 de la mañana, algo cambió. En el monitor, una silueta avanzaba por el pasillo clausurado, un guardia con uniforme y una linterna. Rafael sonrió con nerviosismo y se movió en la silla. Era yo, me dijo. Lo primero que pensó fue que era un reflejo, hasta que la figura levantó la linterna al mismo tiempo que él, y se dio cuenta de que se movían igual sincronizados. revisó las grabaciones una y otra vez siempre lo mismo su recorrido su sombra y una copia exacta de sí mismo entrando al pasillo clausurado decidí ir hasta allá continuó quería comprobar que no había alguien más el aire del lugar era pesado el olor a cenizas seguía impregnado en las paredes el suelo crujía bajo mis botas cuando llegó al final del corredor vio una puerta entreabierta no recordaba que existiera en la placa metálica grabado con letras torcidas estaba su nombre r ortega seguridad empuje la puerta dijo y me vi a mí mismo sentado frente a una cámara de seguridad mirando hacia el monitor el otro rafael levantó la cabeza y me miró luego quiso decirme algo sus labios se movieron pero el sonido no salió Solo escuché un zumbido bajo, persistente, como algo vibrando pero dentro de mi cabeza. Se puso más nervioso y trató de continuar. Y, y en la pantalla frente a él, había otra imagen, un hombre sentado en un café con una grabadora frente a él, como esta. También era yo, susurró Rafael, contándote esto. Me dijo que esa noche renunció, pero antes de irse, copió vio la grabación y la guardó en su casillero días después el hospital fue clausurado definitivamente y la cinta original desapareció durante años intentó olvidar hasta que una noche el zumbido volvió primero en los focos luego en el televisor y después en su cabeza por eso me buscó porque decía que el ruido crecía cada vez que intentaba dormir y que a veces disminuía cuando hablaba de ello el problema era que nadie le creía y no quería escucharlo cuando terminó de hablar sin más se marchó dejó el vhs sobre la mesa y salió sin despedirse hice lo mismo esa misma noche al llegar a casa decidí revisar la grabación si aún conservo una vieja videocasetera puse la cuenta y comenzó una imagen granulada pero clara ahí estaba rafael que caminaba con su linterna por el pasillo del pabellón tres al fondo otra silueta apareció imitando cada uno de sus movimientos por un instante ambas figuras se cruzaron la imagen se deforma y entre la estática se escucha una voz apenas audible no lo escuches más cuando el vídeo se estabiliza ya no hay nadie en el pasillo sólo la puerta cerrándose sola con un golpe seco intenté volver a contactar a rafael para hablar más de lo que le sucedió pero la llamada no enlaza y si le envío un whatsapp parece que nunca lo recibe como si su número no existiera decidí revisar una vez más la cinta y noté algo que antes no había visto cuando los dos rafaeles se cruzan solo uno de ellos sigue caminando hacia la cámara el otro queda del otro lado de la puerta golpeando como si quisiera salir y cuando dice no lo escuches más parece decirlo hacia mí como una advertencia me quedé mirando la pantalla la figura del pasillo avanza pixelada hasta quedar frente al lente por un instante estoy seguro de que me mira directamente y entonces lo entendí el que me buscó aquella noche no era el rafael original era la copia que logró salir de ese lugar y el verdadero rafael sigue atrapado dentro de ese lugar soy jm Esto fue Turno Nocturno y si aún escuchas algo, corre y no mires atrás.