HEART OF FATIMA's Presenta La Visita de Maria a Santa Isabel Podcast
Teología, María en Nuestra Historia, Las 46 Estrellas del Manto de la Virgen, poesía cristiana de nuestro tiempo, Momentos de Adoración al Santísimo, Tradiciones, solemnidades cómo Corpus Christi, reflexiones bíblicas,
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La Estrella 30 del Manto de Guadalupe
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Una de las 46 Estrellas, La 30 El Abrazo Misericordioso así nace la devoción más grande y profunda en ese abrazo que después llega a ser Mar de Gracia en la Transubstanciación del Pan. Reflejo de la Nueva alianza que comienza en Cana. Y se vuelve a presentar en el Tepeyac cómo reflejo de esa Promesa Que recibió en la cruz donde La Alianza se reafirma y se derrama cómo el Vino de cana así llega hasta nuestros días.
Espíritu de Dios llena mi vida, llena mi alma llena mi ser.
Mi corazón en amarte eternamente se ocupe y mi lengua en alabarte, madre mía de Guadalupe. Mirando el manto de la Virgen de Guadalupe, hay una estrella que siempre me ha mirado diferente, la estrella treinta. la estrella del abrazo misericordioso. No es una estrella fría que solo alumbra desde lejos, es una estrella que se acerca, que me envuelve, que me cubre. Es el abrazo que no pregunta culpa, el que recoge al herido en el camino, el que sostiene al que ya no puede más, el que sella con una alianza que no se rompe, aunque nosotros la hayamos roto mil veces. Hoy quiero acogerme a esa estrella, porque yo también necesito ese abrazo. El primer abrazo público de María fue en Caná. Ella ve la falta antes de que alguien se queje, la vergüenza de los anfitriones, la sed de los invitados, la fiesta que se apaga. Y ella se acerca, no pregunta quién tuvo la culpa. no señala con el dedo, toma la necesidad y la lleva a Jesús. Y Él, por ese abrazo materno, transforma el agua en vino. En ese comienzo de la nueva alianza, un pacto hecho desde la misericordia preventiva, la que actúa antes de que pidamos, la que restaura la alegría donde sólo quedaba vergüenza. Ese abrazo de Caná es el mismo que siglos después se hará permanente en el manto de nuestra Santísima Madre, la Virgen de Guadalupe. Pero el abrazo misericordioso alcanza su fuerza definitiva en la cruz. Allí María abraza a su hijo, abraza a su hijo muerto. Y en ese abrazo aparentemente derrotado Nace la victoria. Porque el vino nuevo que Jesús prometió en Cana es derramado allí. Es su sangre ofrecida por nosotros. Es la alianza que se sella para siempre. Y ese vino, esa sangre derramada, tiene la fuerza que puede con la muerte. No hay abismo que no pueda llenar. No hay herida que no pueda sanar. No hay culpa que no pueda vencerla. Ese abrazo de la cruz es el abrazo que nos acoge a nosotros al herido en lo más profundo.