HEART OF FATIMA's Presenta La Visita de La Virgen Maria Podcast

“Las Hermanas del Tepeyac” “Miradas que Nos Sostienen”5

HEART OF FATIMA Season 1 Episode 5

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Una Mirada a la Primera persona que Dios Miró y Ella le  puso Nombre a Dios. Así nosotros unamos esta oración a nuestra vida cuando nos sintamos sin fuerzas o desvalidos. 
🕊️ La Visita de La Virgen María

Un espacio de fe, oración y teología para descubrir el rostro de la Madre de Dios a través de la historia, la Escritura y la devoción del pueblo creyente.

🌸 Nuestra misión:

Exploramos la riqueza de la celebración de la Visitación (31 de mayo), las 46 Estrellas de la Virgen de Guadalupe, y la importancia del culto a la TRIA (Santísima Virgen María ). Abrazamos todas las devociones marianas que, a lo largo de los siglos, han reconocido a María como la Protectora de los pueblos en su necesidad de salvación.

🦅 La Teología del Águila:

Elevamos la mirada hacia la mística más profunda. Exploramos el Evangelio de San Juan, el "Águila de Patmos". Él nos descubre al Verbo Encarnado, la Luz del mundo, el Amor que se hizo carne y habitó entre nosotros. Desde la teología joánica, entendemos el misterio divino desde su origen celestial.

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Aquí no solo oramos, también profundizamos en las Escrituras desde la óptica de los cuatro evangelistas. Cada episodio es una ventana a la fe.

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Espíritu de Dios llena mi vida, llena mi alma llena mi ser.


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Mi corazón en amarte eternamente se ocupe y mi lengua en alabarte, madre mía de Guadalupe. Desde el manto de la señora del Tepeyac, volteamos a ver a las hermanas de las miradas que nos sostienen. La que fue vista en el desierto, Agar. Agar era una esclava. no tenía nombre propio en la historia de su pueblo, No tenía derechos, no tenía voz. Era egipcia, extranjera en la casa de Abraham y Sara. Y cuando Sara no podía tener hijos, fue Agar quien fue usada como instrumento para que la promesa se cumpliera. No fue su elección. Fue su cuerpo el que fue ofrecido. Fue su vida la que fue puesta al servicio de la promesa de otros. Y cuando quedó embarazada, Sara la humilló. Y ella, herida, sin fuerzas, huyó al desierto. No había nadie que la defendiera. No había nadie que la escuchara. No había nadie que la viera. Pero en el desierto, Dios la vio. El Pozo de la Mirada En el desierto era el lugar del silencio. Allí, en el silencio, una voz la llamó por su nombre. Agar, esclava de Sara, ¿de dónde vienes y a dónde vas? No era un ángel con espada. Era una pregunta, una pregunta que le devolvía su nombre. una pregunta que le hacía visible. Dios no le quitó el sufrimiento, no le devolvió su libertad, pero le dio una promesa. Tu descendencia será tan numerosa que no se podrá contar. Y Agar, desde su soledad, respondió, tú eres el Dios que me ve. Y llamó aquel lugar Ber-Lahay-Roy, el pozo del que vive y me ve. Agar fue la primera mujer en la Biblia que puso nombre a Dios. No fue Abraham, no fue Sara, fue ella, la esclava, la extranjera, la desterrada. Ella supo vivir. que no estaba sola, porque había sido mirada. Agar y la Virgen del Tepeyac Agar y la Virgen del Tepeyac se encuentran en la misma experiencia, la de ser mirada en medio del abandono. Agar fue vista en el desierto, Juan Diego fue visto en el Tepeyac. Ambos eran pequeños, sin poder, sin lugar, y ambos recibieron una mirada que les devolvió la dignidad. La Virgen no vio a los poderosos. Vino a un indio humilde, como Agar, fue a una esclava. Ambas son voces que nos dicen, Dios ve a los que el mundo no ve. Y esa mirada... para ti y para mí, no es un lujo. Es la fuente que brota en el misterio en el desierto. Es el agua que no se acaba. Es la promesa de que aunque estemos solos, no estamos abandonados. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega, Señora, por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Agar nos regala hoy una flor. La Adelfa del desierto. Una flor que crece en tierra seca. Una flor que no es vistosa, pero que se resiste. Una flor que brota donde nadie la espera. Esa es su herencia, la certeza de que Dios ve a los que el mundo no ve. La seguridad de que, aunque seamos extranjeros en tierra lejana, hay una mirada que nos sostiene. Y esa mirada, como el pozo de Agar, no se seca. Agar no tenía nombre en la historia. Pero Dios la llamó por su nombre. Y desde entonces, su pozo sigue abierto. Esta semana busca a alguien que pueda sentirse invisible. No necesitas hacer mucho. Solo mírala. Nómbrala. Pregúntale cómo está. Eso, para ti y para mí, es hacer presente algo. el pozo de Agab. Ánima mea Dominum. Amén. Gracias. Suscríbete.