Arquitectura Holística: espacios que sanan

Ep 1 · Espacios que sanan

Gaia Season 1 Episode 1

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¿Alguna vez has sentido que tu casa, en lugar de llenarte de energía, te la quita? ¿O tienes ese rincón donde, por mucho que ordenes, a los pocos días impera el caos otra vez?

No es casualidad.

Los espacios que habitamos no son solo paredes y techos. Son organismos vivos que nos afectan, nos moldean y, a veces, nos enferman. Pero también, son organismos que pueden sanarnos.

En este primer episodio te cuento mi historia. La de una arquitecta que pasó años llamando "arquitortura" a su carrera, hasta que entendió que la arquitectura y la espiritualidad no tenían por qué ir separadas. De ahí nació mi visión de la arquitectura holística: una mirada integral al espacio que une cuerpo, mente y alma.

Hablamos de:

🌿 Qué es la arquitectura holística y por qué es la evolución natural de la arquitectura contemporánea 🌿 La neuroarquitectura y por qué tu amígdala reacciona al espacio antes de que tu mente lo procese 🌿 La biofilia: nuestra necesidad biológica de estar conectados con la naturaleza 🌿

Y, como cada semana, cerramos con Los Cimientos: tres gestos sencillos que puedes poner en práctica ahora mismo para empezar a introducir la naturaleza en tu espacio personal.

Si te resuena, te invito a quedarte. Esto es solo el principio.

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🎧 Arquitectura Holística — Espacios que sanan

Nuevo episodio cada jueves. 

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¿Alguna vez has sentido que tu casa, en lugar de llenarte de energía, te la quita? ¿O tienes ese rincón donde, por mucho que ordenes a los pocos días, impera el caos otra vez? No es casualidad. Los espacios que habitamos no son solo paredes y techos. Son organismos vivos que nos afectan, nos moldean e incluso nos enferman. Bienvenida y bienvenido a Arquitectura Holística, el podcast sobre espacios que sanan. Soy Gaia, arquitecta, y estoy aquí para compartir contigo todo lo que he aprendido sobre esa relación invisible que existe entre el ser humano y el lugar que habita. Mi propósito es ayudarte de forma sencilla, sin muchos tecnicismos, y darte herramientas prácticas que puedas aplicar hoy mismo para acercar la arquitectura a tu vida real. Quizá te estés preguntando cómo he llegado hasta aquí, quién soy y bueno, la verdad es que mi relación con la arquitectura fue y ha sido durante mucho tiempo de amor-odio. Pasé siete años en una carrera que me apasionaba y me hacía sufrir a partes iguales. En aquel entonces, de hecho, yo no la llamaba arquitectura, la llamaba arquitortura. Me enseñaban a distribuir ir metros cuadrados, proyectar instalaciones, calcular vigas, pero se olvidaban de lo que realmente importaba. Las personas que iban a habitar esos espacios, la nobleza de los materiales y la energía de la tierra donde se levantaba el edificio. Se premiaba muchísimo el ego, la estética, pero se ignoraba lo más esencial, el bienestar y el alma. Así que nada, al terminar fundé mi propio despacho y los proyectos empezaron a llegar. El estudio estudio, crecía sin parar, pero algo dentro de mí no acababa de cuajar del todo. Me seguía sintiendo vacía. Fue entonces cuando viví lo que suelen llamar una crisis de propósito y la espiritualidad entró en mi vida. Al principio eran como dos carriles por separado. Por una parte estaba mi búsqueda personal y por el otro mi trabajo más técnico. Hasta que un día entendí que no arquitectura y la espiritualidad pueden, y de hecho creo que deben, ir de la mano. Así fue como nació mi visión de arquitectura holística, la cual no es una alternativa a la arquitectura técnica o más tradicional, sino creo que es su evolución natural. Pero antes de seguir avanzando, quiero explicarte qué significa para mí esa palabra, porque la Holístico viene del griego holos, que significa todo, entero. Así que lo que yo entiendo por arquitectura holística es exactamente esto. Es una arquitectura que no fragmenta, que no separa al edificio de la persona que lo habita, ni al cuerpo de la mente, ni lo técnico de lo energético. Si miramos atrás en la historia, los grandes arquitectos de la antigüedad no eran solo arquitectos, también eran matemáticos, médicos, filósofos, filósofos, artistas. Por ejemplo, Vitruvio escribió sobre proporciones humanas. Leonardo diseñaba edificios y estudiaba anatomía en la misma libreta. Gaudí era tanto arquitecto, escultor, geómetra y místico a la vez. No separaban lo visible de lo invisible o lo técnico de lo espiritual. Así que fue, creo yo, en algún momento del camino donde la arquitectura moderna, digamos, se fragmentó. El arquitecto hace el edificio, el médico cuida el cuerpo, el psicólogo cuida la mente, el coach cuida el propósito, pero ya no hay nadie que mire el conjunto. La arquitectura holística es volver a mirar el conjunto, es entender que el espacio que habitas afecta a tu salud física, a tu salud mental, a tus relaciones, a tu energía, incluso a tu prosperidad y abundancia. Que no eres un ser compartimentado, que ahora está en casa ahora está en el trabajo y que ahora un día se pone enfermo, sino que eres un todo y el espacio que te rodea también debería serlo. Eso es lo que vamos a explorar juntos en este podcast. Así que lanzo la pregunta. ¿Pueden realmente sanar los espacios? A mí me gusta aplicar a la arquitectura una idea de Hipócrates, el padre de la medicina. Él decía que los alimentos o te sanan o te enferman. Y con los espacios creo que ocurre exactamente lo mismo. O elevan tu salud o te la roban. Si miramos atrás otra vez hace solo unos cientos de años que nos desconectamos del mundo natural. Nuestra biología y nuestro cerebro han evolucionado durante milenios en contacto directo con bosques, praderas, sabanas. No estamos preparados física, emocional ni energéticamente para vivir desconectados de la Tierra. Entonces, ¿por qué te cuento todo esto? Porque no es una teoría romántica. Para mí es ciencia, es biología pura. De hecho, hay una disciplina dentro de la ciencia que se llama neuroarquitectura que se encarga de estudiar cómo estos espacios que habitamos afectan directamente a nuestro cerebro y a nuestras emociones. Ya lo exploraremos más adelante en un podcast porque la verdad es que es un tema que me apasiona y se merece su espacio. Pero digamos que la neuroarquitectura ha demostrado que nuestro cerebro sigue siendo el de aquel antepasado que vivía en la sabana. Entonces, ¿qué pasa cuando entramos en un edificio frío, todo de color blanco, con luces fluorescentes, techos bajos, materiales sintéticos, líneas rectas? Tenemos una parte en nuestro cerebro que se llama amígdala, que es una región que se encarga de detectar amenazas y activar la alarma. Entonces, al entrar en estos espacios, ¡pum!, se dispara. Sin darnos cuenta, entramos en una especie de estrés crónico de baja intensidad y el espacio nos está diciendo amiga aquí no estás a salvo en cambio qué nos ocurre cuando caminamos al lado del mar o por un bosque los japoneses tienen un término precioso para mí que se llama shirin yoku que significa literalmente baños de bosque y es que se ha comprobado científicamente que pasar mucho tiempo entre árboles en bosques en espacios naturales reduce drásticamente nuestro nivel de cortisol, que es la hormona que el cuerpo produce cuando está estresado y además nos baja también el ritmo cardíaco. Aquí es donde entra un concepto clave para mí en la forma de entender la arquitectura, que es la biofilia. Literalmente biofilia significa amor a la vida y es nuestra necesidad intrínseca que llevamos grabada a fuego en el ADN de estar conectados con la naturaleza. Nuestro cuerpo reconoce las formas orgánicas, la luz natural, los materiales vivos como la madera o la piedra. Y cuando vamos introduciendo todos estos materiales en casa, todos estos elementos, no estamos solo decorando. Le estás enviando de alguna forma un señal de calma a tu sistema nervioso. Le estás diciendo a tu amígdala, puedes relajarte y ahora estás en un entorno seguro. Así que un espacio que sana es la aquel que calma tu cerebro primitivo, haciéndole creer que aunque estés bajo techo, sigues conectado con la vida exterior. Sé lo que estarás pensando. Mira, Gaia, todo esto de la neuroarquitectura y los bosques suena precioso, pero mi realidad es que vivo en un piso, en el centro de una ciudad, con vistas a un muro de ladrillo. No te preocupes, tengo buenas noticias. Sanar un espacio no requiere que te mudes al campo. Podemos aprender a engañar, entre comillas, a tus sentidos para atraer la naturaleza a tu refugio. Dicho esto, llegamos a mi sección favorita. Redoble de tambores, por favor. Los cimientos. En esta primera temporada vamos a tratar las bases de la arquitectura holística. Así que, como si de los cimentos del edificio se tratara, al final de cada episodio te daré una serie de herramientas prácticas que puedas ir aplicando al momento. En este caso te comparto tres pequeños gestos que puedes poner en práctica hoy mismo para empezar a introducir la naturaleza en tu espacio personal. ¡Vamos allá! El primer 500, ya hemos hablado de él, la biofilia. Si no puedes ir al bosque, trae el bosque a casa. Introduce plantas en tu espacio. No son sólo decoración, son seres vivos que funcionan como filtros de energía y purificadores de aire. Lo sé, me vas a decir, es que se me mueren todas las plantas. Vale, pues usa plantas artificiales. Procura al menos que sean de telas naturales y que no sean sintéticas de algún tipo de plástico para así también evitar tóxicos, pero el simple hecho de esa forma orgánica en casa ya va a ayudar. Aparte, por ejemplo, si tienes la suerte de ver un árbol desde tu ventana, pues genial, conviértelo en tu cuadro favorito. Si no, puedes usar el arte, colgar fotos de paisajes, el mar, bosques, no sé, lo que a ti más te conecte con esa calma. Tu cerebro, a nivel subconsciente, procesa esas imágenes y reduce el estrés de forma muy similar a si es El segundo cimiento, luz y ventilación. Somos seres rítmicos, pero nos hemos olvidado de nuestros ritmos circadianos, que vendrían a ser como un reloj interno que regula el sueño, el estado de ánimo y la energía según la luz del día. A mí me gusta mucho, tanto en casa como en la oficina, lo que yo llamo el ritual del sol. Cuando estoy en espacios interiores durante mucho tiempo, intento salir al exterior, aunque sea acercarme a una ventana. al menos cinco minutitos, cada media hora, cada tres cuartos, y expongo el máximo de piel al sol y miro directamente al cielo, sin cristales de por medio. Por la noche, huye todo lo que puedas de la luz blanca y azul de las pantallas. Lo sé, es complicado, pero no imposible. Podemos usar luces cálidas o rojizas, incluso gafas bloqueadoras de luz azul. Algo muy fácil y sencillo para todos los bolsillos es también en ciertos momentos sustituir la luz artificial por velas. Necesitamos decirle al cuerpo que ya es de noche para que la melatonina, la hormona que regula el sueño, haga su magia. Y por supuesto, algo también muy sencillo, ventilar. Cuando te levantes por la mañana, abre ventanas y puertas, deja que el aire fresco de la mañana borre todas las memorias de la noche. Incluso antes de ir a dormir, a mí también me gusta cinco minutitos abrir ventanas y dejar que el aire se renueve para poder descansar mucho más tranquila. El tercer y último acimiento lo he llamado los sentidos olvidados, porque seamos sinceros, hoy en día se proyecta básicamente para la vista. Parece que todo tiene que ser simétrico, ordenado, limpio, para que sea visual estético, pero se nos ha olvidado que habitamos con todo el cuerpo y podemos jugar a introducir los otros sentidos para acercarnos más a ese estado natural que inconscientemente anhelamos. Por ejemplo, con el oído podemos introducir sonidos de bosque, de lluvia, olas del mar en casa, esos ratitos de tranquilidad cuando estés limpiando, leyendo, jugando con tus hijos. El tacto, me parece esencial. Está claro que a lo mejor no puedes ponerte o no quieres hacer una reforma integral en casa para cambiar suelos, pinturas, pero siempre podemos elegir unas sabanas de lino o de algodón orgánico. Podemos cambiar cortinas, intentar huir de los plásticos y de los materiales sintéticos. Y el gran olvidado, el olfato. Hoy en día es sencillo hacerte con un buen difusor de aceites esenciales, por ejemplo, de cerámica o de cristal, y poder cambiar el ambiente de una habitación en segundos. Como ves, sanar tu casa es en realidad un acto de amor hacia ti mismo. A veces pensamos que para cambiar nuestra vida tenemos que hacer, no sé, grandes viajes, grandes revoluciones, cuando el cambio más profundo y real empieza en el interior, en los metros cuadrados que pisas cada mañana al despertarte. Así que no hace falta hacerlo todo hoy, no te abrumes. Él dice una sola cosa. Cambia esa bombilla de luz blanca que te altera, pon una planta que te guste o simplemente abre la ventana ahora mismo y deja que el aire renueve la energía estancada. Tu casa no es solo donde vives, es una extensión de quién eres. Así que te dejo con una pregunta para que te acompañe el resto del día. Si tu casa fuera tu cuerpo? ¿Cómo se estaría sintiendo hoy? En el próximo episodio vamos a profundizar en algo que parece obvio pero que lo cambia todo. La diferencia entre tener una casa y construir un hogar. Vamos a ver cómo dejar de ser inquilinos de cuatro paredes para convertir el espacio que habitamos en un verdadero refugio. Soy Gaia y esto ha sido Arquitectura Holística. Gracias por dejarme entrar en tu espacio y en tu tiempo hoy. Nos escuchamos muy pronto.