Arquitectura Holística: espacios que sanan
¿Alguna vez has sentido que tu casa, en lugar de llenarte de energía, te la quita? ¿O has entrado en un espacio desconocido y, sin saber por qué, has querido quedarte a vivir ahí?
No es casualidad. Los espacios que habitamos no son solo paredes y techos; son organismos vivos que nos afectan, nos moldean y, a veces, nos enferman. Pero, sobre todo, son organismos que pueden sanarnos.
Soy Gaia, arquitecta, y en este podcast te invito a descubrir la relación invisible entre el ser humano y el lugar que habita. A través de una mirada integral que une la ciencia más actual con la sabiduría ancestral, aprenderás cómo transformar tu casa —y tu vida— desde lo más cotidiano.
De forma sencilla y sin tecnicismos, exploraremos herramientas prácticas sobre:
• Neuroarquitectura y Biofilia: Cómo reacciona tu cerebro al entorno y la necesidad biológica de conectar con la naturaleza.
• La Arquitectura de la Luz: El impacto del sol en tus ritmos circadianos y tu salud.
• Energía y Consciencia: Conceptos como el Egregor doméstico, las leyes de correspondencia y la memoria de los materiales.
Tu casa no es solo donde vives; es una extensión de quién eres. Es hora de dejar de ser inquilinos de cuatro paredes para construir un verdadero refugio de bienestar.
✨ Un nuevo episodio cada jueves. ¡Bienvenida y bienvenido a casa!
Arquitectura Holística: espacios que sanan
EP 5 · El vacío que ordena
Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.
¿Te has parado a pensar por qué a veces sientes la necesidad de ordenar justo cuando estás en un momento de caos emocional? ¿Y por qué después de hacerlo te sientes mejor por dentro?
En este quinto episodio exploramos el orden desde una perspectiva que va mucho más allá de los cajones y los armarios. Hablamos de neurociencia, de filosofía japonesa, de apego material y de por qué el vacío puede ser lo más valioso que tienes en tu casa.
⚠️ Una pequeña advertencia: Esto no es una guía de organización al uso. No encontrarás aquí consejos sobre cómo doblar los calcetines. Te propongo algo mucho más profundo: entender qué dice tu espacio de ti y cómo puedes usarlo a tu favor.
En este episodio exploramos:
- Como es adentro, es afuera: El principio hermético que explica por qué el estado de tu casa refleja el estado de tu mente — y cómo usarlo en tu favor.
- La neurociencia del desorden: Por qué el caos visual eleva el cortisol de forma sostenida y afecta al sueño, la concentración y el estado de ánimo.
- El concepto japonés del ma: El vacío que da sentido a lo que lo rodea. La pausa. El silencio entre las cosas.
- Nuestra relación con el apego material: Por qué acumulamos, qué nos cuesta soltar y cómo encontrar coherencia con lo que tenemos.
- El orden como práctica, no como estado: Por qué el orden perfecto no existe — y qué construir en su lugar.
🎁 Los Cimientos del episodio: Mi método propio de tres fases para ordenar de verdad y mantenerlo en el tiempo. No una vez, sino de forma sostenible.
Recursos mencionados:
- Libro: La magia del orden — Marie Kondo
- Libro: Make Your Bed — William McRaven
- Comunidad: Sígueme en Instagram para el contenido de esta semana → @gaia.arquitecturaholistica
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Tengo una confesión que hacer. De adolescente, mi habitación era un caos. La ropa en el suelo, los libros apilados sin criterio, la cama sin hacer. Mi madre me lo repetía cada día. Y yo, cada día, encontraba una razón para no hacerlo. Tenía una amiga, en cambio, que era todo lo contrario. Hacía la cama cada mañana. Clasificaba la ropa por colores. Los libros por tamaños. Yo la miraba y pensaba, si yo fuera como ella, mi madre me adoraría. Pero no lo entendí. No lo entendí hasta muchos años después, cuando tuve que hacerme cargo de mis propios espacios y pude ver con mis propios ojos cómo ese desorden y esa acumulación me estaban frenando, me estaban estancando. Así que hoy vamos a hablar de orden, pero no del orden de revista, sino del orden que libera. Bienvenida, bienvenido a Arquitectura Holística, el podcast sobre espacios que sanan. Soy Gaia y hoy exploramos uno de los temas que más me han transformado personalmente y que también más trabajo me ha costado integrar. El orden. Hablaremos sobre vacío, el vacío que ordena. Aprenderemos qué poder ejerce este en nuestro cuerpo físico, energético y compartir de mis propias técnicas o como yo las llamo las fases del orden que utilizamos para vivir en equilibrio una familia de cuatro. Existe un principio que viene de la filosofía hermética, que si os acordáis hablamos en el primer episodio, y que se conoce como la ley de la correspondencia, la cual en su forma más simple dice como es adentro es afuera y como es arriba es abajo. En el contexto de los espacios yo lo suelo traducir así. El estado de tu casa es un espejo del estado de tu mente. No es que sea siempre así ni de forma superliteral, pero sí como una tendencia o un telón de fondo. Cuando estamos en un momento de caos interno, no sé, si sientes que estás muy estresada o estás atravesando un duelo o vives una etapa de transición y confusión interna, los espacios que habitamos inevitablemente tienden a reflejarlo. En las superficies se acaban acumulando objetos, los cajones están desordenados, o desbordan. Hay cosas que llevan meses sin moverse y que no sabemos muy bien por qué siguen ahí. Pero lo bueno de todo esto es que también funciona al revés. Cuando ordenamos un espacio, algo en nosotros se ordena también. Y no es magia, es ciencia pura. ¿No os ha pasado alguna vez que tienes un día horrible, todo sale mal, la cabeza no para de dar vueltas, las emociones están a flor de piel y lo que sientes que necesitas, sin saber muy bien por qué, es ponerte a ordenar y limpiar? Pues no es casualidad, la verdad. En este acto de ordenar el exterior hay algo profundamente terapéutico. Porque mientras colocas, mientras tiras, mientras decides de forma consciente dónde va cada cosa y las limpias, también te estás ordenando por dentro, limpiando tus pensamientos, encajando tus emociones, tus ideas. Es como si ese caos interno encontrara un canal de salida a través del orden externo. Así que es una calle de doble sentido y podemos aprovechar y usarla a nuestro favor. Y es que se ha demostrado en numerosos estudios que ordenar y limpiar libera endorfinas, la llamada hormona de la felicidad. Además, el orden acaba mejorando nuestro estado de ánimo, nos sube la autoestima y aumentamos la productividad. Las familias que mantienen sus hogares en orden también gastan mucho menos dinero, ya que acaban comprando solo aquello que necesitan y cuidan mejor lo que tienen. El orden señala seguridad al cerebro de alguna forma. Hace que la corteza prefrontal, que es la zona que nos ayuda a planificar, razonar, crear, esté más libre. yo creo que en el fondo ordenar un espacio puede funcionar como una especie de meditación activa. La organización del espacio no debe entenderse como una imposición estética o como algo que tengo que, sino como una herramienta potencial para regular de alguna forma tus pensamientos y tus emociones. Y es que está más que demostrado que el desorden visual acaba sobrecargando al sistema nervioso. Lo hablamos en el capítulo anterior de neuroarquitectura. Cuando tu cerebro o entra en un espacio desordenado, tiene que acabar procesando una cantidad enorme de información simultánea, porque cada objeto es un estímulo que tu sistema nervioso registra, aunque no seas consciente de ello. Es como si tuvieras demasiadas pestañas del ordenador abiertas. Todo va más lento. Los estudios muestran que vivir en entornos desordenados acaba elevando los niveles de cortisol, que es la hormona del estrés, y de forma sostenida, es decir, no es un pico puro sino un nivel de fondo que se mantiene elevado mientras el desorden está presente. Y este cortisol elevado de forma crónica puede acabar afectando a cosas como el sueño, a la concentración, al sistema inmune, al estado de ánimo. Así que a veces muchas patologías que podemos asociar a me he resfriado, estoy de mal humor, puede ser que deriven del estado de tu casa, de ese desorden persistente en tu vivienda. Así que no es que acabes siendo una persona ordenada o una persona desordenada. Es que tu cuerpo tiene esta respuesta fisiológica de segregar cortisol cuando el entorno no es el adecuado. Y esta respuesta no te pide permiso, simplemente sucede. Dentro de todo esto hay un concepto que me parece fundamental entender y que a menudo se pierde en las conversaciones sobre el orden. Y es el vacío. En nuestra cultura parece que el vacío da miedo. Una estantería que no está a rebosar igual le falta algo. Una habitación con pocos muebles parece que no está terminada. Y tenemos esa tendencia a llenar de objetos, de decoración, de cosas que hemos comprado porque estaban de oferta o porque en su momento nos parecieron bonitas. O nos fuimos de viaje y era como inevitable, debíamos llevar un recuerdo, ¿no? Pero el vacío es donde respira el espacio. Es donde descansa la vista y el sistema nervioso encuentra reposo. En esto, la verdad es que los japoneses nos llevan años de ventaja. Tienen, de hecho, una palabra que describe literalmente este vacío. Es ma. Se traduce aproximadamente como el espacio entre las cosas, la pausa, el vacío que da sentido a todo lo que lo rodea. Así que este vacío no es ausencia, sino que es presencia de otra naturaleza. Si eres músico, lo entenderás. Es como el silencio de la música. No es ausencia de sonido, sino que forma parte de la composición. Y hay algo más que me parece precioso en este concepto del vacío. Y es que, si nos fijamos, la naturaleza lo hace constantemente. Y nosotros formamos parte de esos ciclos naturales, aunque a veces lo hayamos olvidado. En otoño, los árboles se desprenden de las hojas. Y no es un fallo o dejadez. Es una limpieza necesaria para que pueda volver a atravesar el invierno y después florecer de nuevo. La naturaleza vacía para poder volver a llenar. Y creo que en primavera más o menos nos ocurre algo parecido a los humanos. ¿No os habéis fijado? Hay como una energía en el ambiente que casi nos empuja al vaciado. El cambio de estación, la ropa de invierno que guardamos para sacarla más ligera, la luz cambia, entran ganas de abrir ventanas y dejar que entre el aire nuevo. Es como si el propio ciclo natural nos invitar a revisar, a soltar y a hacer espacio. Y creo que cuando lo ves así, el orden deja de ser una tarea doméstica, una obligación, que se acaba convirtiendo en algo mucho más amplio. Es como una forma de estar en sincronía con nuestro entorno, con esos ciclos naturales que ya existen tanto dentro como fuera de nosotros. Así que quiero que quede claro que no se trata de imponernos un orden artificial, sino de acompañar algo que si nos paramos a observar ya está ocurriendo a nuestro alrededor cuando empezamos a entender el vacío como algo valioso no como algo que hay que llenar el orden deja de ser una tarea y se convierte en una práctica la de dejar ir de quedarse solo con lo que realmente tiene valor tiene un valor funcional o emocional que vale la pena mantener Me gustaría llevar esta reflexión un poquito más lejos porque creo que toca algo muy profundo en nuestra sociedad. No es que esté diciendo que debamos volver a la época de los taparrabos y a vivir en cuevas. Al fin y al cabo estamos en la época en la que estamos, en la sociedad que estamos y de alguna forma lo hemos elegido así, con sus comodidades y sus contradicciones. Lo que os propongo es otra cosa, es ser conscientes de la carga mental de la carga física y energética que nos implica acumular. Y así, desde esa conciencia, que todo lo que llegues a tener de alguna forma te represente con quién eres realmente, con quién eres hoy, que te pueda hacer feliz, que te expanda y que sea coherente contigo. Esa creo que debería ser la brújula. Es que llegamos a este mundo sin nada y también nos vamos a ir sin nada. Y entre media de estos dos puntos parece que debemos acumular. Construimos una vida entera rodeada de cosas. Y si lo pensamos con calma, una vez cubiertas las necesidades básicas, como puede ser alimento, ropa, un cobijo donde vivir o dormir, el resto en gran parte son cosas que creemos necesitar o que nos han hecho creer que necesitamos. Durante millones de años, el ser humano sobrevivió, se desarrolló, construyó civilizaciones enteras sin el cajón de los tuppers, 10 pares de calcetines o 20 cremas faciales distintas en el mueble del baño. Entonces, ¿por qué tendemos a acumular tanto hoy en día? Lo que de verdad necesitamos nos lo da la naturaleza. Todo lo demás, el exceso, multiplicación de objetos casi idénticos, consumo constante, son construcciones sociales, invenciones que nos empujan a querer, a tener, a almacenar y que, sin darnos cuenta poco a poco, nos acaban desconectando de nuestra esencia más profunda así que hay algo que me parece importante nombrar y es el apego a lo material que hoy en día casi se ha convertido en un símbolo del éxito es como que debemos tener el mejor coche la mejor casa o la segunda residencia en la playa el bolso de marca joyas adecuadas como si todo eso dijera algo sobre quienes somos o valiéramos más que que tenemos al lado por lo que poseemos y no estoy contando todo esto para que nos sintamos mal por todo lo que tenemos sino es como una puerta a preguntarnos con calma frente a nuestras propias cosas esto de verdad me representa o es algo que adquirí porque tocaba porque había que tenerlo o porque de alguna forma sentía que decía algo de mí cuál es mi nivel de apego real a esto ha llegado quizás el momento de soltarlo. Hay algo muy práctico detrás de todo esto, además de lo filosófico, y es que no nos damos cuenta, pero tener, acumular, almacenar, tiene un coste muy elevado. Un gasto energético imperceptible muchas veces, pero es que cuantas más cosas tenemos, más cosas tenemos que ordenar, que lavar, que mantener, que cuidar, mover de un sitio para otro, revisar. Cada objeto que posees, al final, te pide algo de ti, aunque sea solo un poco. así que sé que la frase menos es más está muy manoseada y sobre todo en arquitectura pero es que en este caso creo que es literal menos cosas es más tiempo más energía más espacio físico y mental para todo eso que está por venir por eso creo que muchas veces tenemos un cierto miedo al vacío pánico incluso como si el vacío fuera una amenaza un signo de que nos falta algo pero en realidad realidad creo que debemos pasar a verlo como puro potencial. Es el espacio que permite que entren nuevos ciclos, nuevas oportunidades y formas de estar en el mundo. Hoy en día existe muchísima información sobre orden. Métodos, sistemas, gurús, libros, vídeos de YouTube que te explican cómo organizar las especias o cómo la mejor técnica para doblar los calcetines. Y todo eso está bien, la verdad. Puede ser útil como un punto de partida. De hecho, os confieso que yo misma en su momento, ahora ya creo que 10 años, compré el libro de Marie Kondo. Y me fue útil, la verdad. Necesitaba herramientas concretas, una metodología que me ayudara a entender por dónde debía empezar. Y su pregunta, ¿esto me produce alegría?, es más poderosa de lo que parece, porque te obliga a conectar con lo que realmente valoras, en lugar de quedarte solo con lo que simplemente está ahí. También he pasado bastante tiempo viendo vídeos de cómo organizar la cocina, que si los cereales, las verdad es que sí, aprendes cosas. Pero hay un momento en que toda esa información externa se convierte en ruido si no has encontrado tu propio sistema, el que te funciona para tu vida, para tu casa y para tu familia. Porque al fin y al cabo, yo creo que el orden no es una cosa universal. El orden de una persona que vive sola en un estudio no es el mismo que el de una familia con dos hijos. El orden de alguien que te trabaja desde casa no es el mismo que alguien que pasa el día fuera. Y eso está bien. De hecho, la misma Marie Kondo, después de ser madre, confesó que su visión y su estándar de orden había cambiado mucho. Así que creo que lo importante no es llegar a una especie de estándar externo, sino encontrar el nivel de orden que a ti te permite vivir bien, que te da calma sin agobiarte. Y sobre todo y personalmente, lo más importante, que sea sostenible en el tiempo y esto último para mí es la clave sostenible en el tiempo porque un orden que no se sostiene no es un orden acaba siendo una ilusión aquí no le ha pasado que lo ordenas todo un sábado los dejas perfecto como los chorros del oro te sientes la mar de bien y al cabo de tres días todo está hecho un caos otra vez y eso que sientes como un fracaso no es que sea un fracaso tuyo es que no hay un sistema detrás no hay una estructura que permita que el orden se mantenga solo o que volver a colocar las cosas en su lugar sea fácil y natural así que el orden que de verdad transforma no es el que haces una vez es el que puedes repetir y mantener el que se convierte como en una rutina sin que te cueste y casi ni te des cuenta ese orden es el que vale la pena construir Y aquí es donde quiero romper un mito importante. Y es que el orden no es un estado que alcanzas y ya está, sino que es una práctica continua. De hecho, todo tiende al desorden, es una ley física, todo tiende al caos. La vida pasa, los niños lo tocan todo, los proyectos se acumulan, las semanas se complican. Y eso hoy en día es lo normal. Así que lo que marca la diferencia no es tener la casa perfecta en todo momento, experimento, sino tener la rutina de volver al orden cuando se ha perdido. Y es que el desorden tiene su propio ritmo y aprenderlo es parte del proceso. Hay espacios que casi se mantienen ordenados solos porque hemos encontrado el sistema que nos funciona. Y en cambio hay otros que necesitan una revisión periódica, como el armario de debajo de la escalera, que yo le llamo la habitación de Harry Potter. Y es que ahí, por mucho que lo ordene, a las pocas semanas está de nuevo lleno. Porque con dos niños, ese es el lugar donde van a parar todas las cosas que no sabemos dónde ir. Y he aprendido a verlo no como un fracaso, sino como un espacio de decisión. Cada pocas semanas lo vaciamos, vemos lo que se tira, lo que se guarda, lo que ha dejado de tener sentido estar ahí ya. Y así no es agobiante cuando lo entiendes como una parte del ritmo natural de la casa. como cuando riegas las plantas o cambias las sábanas. Es simplemente mantenimiento. Y quiero contaros realmente cómo llegué de verdad al orden. Porque no fue de golpe ni fue por un libro, sino que ha sido un proceso largo, durante años, con sus recaídas y sus aprendizajes. Pero sí que tuvo como un punto de inicio. Y es que hace unos años hice un curso de finanzas, que me cambió muchas cosas. Y una de ellas fue la relación con mis espacios. Y dirás, ¿qué tendrán que ver las finanzas con el orden de tu casa, Gaia? Pues eso nos preguntamos todos los asistentes el primer día, cuando nos plantearon la tarea de ordenar un espacio personal cada semana. Debíamos vaciar el armario, limpiar el coche, revisar la oficina o tu sitio de trabajo. Es decir, no solo el hogar, sino todos los espacios que nos pertenecían que habitábamos y que al final estaban en nuestra responsabilidad. Y al principio fue laborioso, la verdad, casi una obligación. Pero sentí que semana a semana algo fue cambiando. Empecé a soltar ropa que llevaba años sin ponerme y que ocupaba espacio físico y mental. Empecé a entender que cada objeto que tengo requiere de mi energía. Es una pequeña decisión diaria que tengo que tomar cada vez que lo veo y que los objetos innecesarios me estaban agotando sin saberlo. Al final del curso entendimos que para ordenar nuestras finanzas debíamos ordenar nuestros espacios, nuestra vida y hacer espacio físico literal a la abundancia que todos los ahí presentes queríamos alcanzar. Y lo que me ha dado todo este trabajo, al final, no es una casa ordenada, sino es una sensación de ligereza, de tener espacio para respirar, de entrar en una habitación y que no haya nada que me esté reclamando atención. Eso es lo que quiero para vosotros. No es perfección, es ligereza. Así que llegamos a la sección de los cimientos. Y hoy quiero hacer algo diferente, la verdad. En lugar de darte una lista de tips sueltos o recomendaciones sobre organización o cómo colocas las cosas, esto lo puedes buscar en internet, quiero compartirte mis propios cimientos del orden. No porque sea el método, sino porque, como hemos dicho durante todo el episodio, el orden acaba siendo algo personal. Y a veces lo que más ayuda no es una lista de consejos genéricos, sino ver de verdad cómo lo hace la otra persona, en su día a día, con su familia y que encuentres a partir de ahí tu propio método. Pues bien, mis cimientos del orden se podrían dividir en tres fases. La primera fase la he llamado el vaciado y la criba. Esta es la fase donde realmente se pone a prueba todo lo que hemos hablado sobre el apego. Es el momento de coger y revisar lo que tienes y preguntarte, objeto por objeto, ¿esto me representa? ¿Es útil? ¿Lo necesito? Y desde aquí poder decidir. Aquí es donde aparecen los casos más difíciles, la verdad, y los más reveladores. Son esos regalos que te hicieron las navidades pasadas y que siguen sin abrir que acabas guardando por compromiso aunque ni te guste ni lo uses los recuerdos de bodas bautizos y comuniones o las cosas de cuando eras adolescente o si tienes hijos bueno eso ya es un capítulo aparte porque tenemos la tendencia a guardar todo lo que nos recuerda cuando era bebé porque fue su primer paso la primera vez que en ya está bien guardar, pero guardar algo y con sentido, con cariño, pero no todo por pura inercia. Esta fase aún no es ni física, es mental y emocional y es de decisión y la verdad es la que requiere más conciencia de todas. La segunda fase sería la organización física del espacio. Pues bien, una vez decidido lo que se queda y lo que se va, nos toca vaciar físicamente el espacio. Y sí, vaciar físicamente. Es decir, cuando has decidido lo que se va, lo puedes donar, regalar, vender, lo que quieras, pero que salga de casa en un plazo máximo de 48-72 horas. Porque si no, se va a quedar en una bolsa o en una caja, en la entrada, en el pasillo, arriba de un armario o bien en el trastero. Y Y eso no es el objetivo. Una vez vaciado, que te recomiendo hacer este proceso por zonas, es decir, un día te pones con el armario, por ejemplo, y empiezas por la ropa. Otro día atacas a los zapatos. Otro día te vas a la cocina al cajón de los cubiertos o al de los zappers. Mientras vas vaciando todo lo que se queda, límpialo físicamente. El espacio debe limpiarse con conciencia en lo que estás haciendo, no solo limpiar por limpiar. Es un gesto de cuidado hacia lo que se queda, hacia tu espacio. Y al volver a colocar las cosas, busca tu método, el que funcione para ti y te pueda asegurar ese mantenimiento en el tiempo. Por ejemplo, a mí me ayuda mucho en los armarios juntar la ropa por categorías y plegarla en vertical en los cajones. Así, cuando abro, de un vistazo, encuentro lo que busco. Esto es subjetivo y va a depender de tu espacio y de cómo te organizes tú. Dentro de esta fase de vaciado, creo importante distinguir diferentes espacios, ya que hay espacios destinados a almacenar y hay espacios que no. Es decir, los espacios habituales de almacenaje, como pueden ser armarios de cocina, armarios de baño, armarios de ropa. Aquí el reto es sobre todo el contenido, es decir, lo que hemos decidido o hablado en la fase 1. Y después están los espacios que deberían estar libres por naturaleza. Y aquí entramos en zona de guerra. Hay algo que como arquitecta veo mucho y me pone un pelín nerviosa y es la entrada de la casa. La entrada de la casa debería ser un templo C, un espacio limpio, funcional, ordenado. Está bien tener un sitio donde dejar las llaves, el abrigo y los zapatos. pero no todos los zapatos de cualquier manera y no todos los abrigos que casi no puedes ni abrir la puerta. Otra de las cosas que veo bastante en las viviendas es la cocina y las encimeras de cocina. Cuando entro en una casa y veo la encimera llena de trastos, es que lo siento casi físicamente. Si tienes una cocina grande, tienes espacio de trabajo y tu forma de organizarte es visual y te gusta tenerlo a la vista, genial. Pero si encima de la encimera tienes esa batidora que usas tres veces al año, igual ahí hay algo que no se está planteando bien. Y después me gustaría hablaros también de las zonas que según el Feng Shui no deberían acumular objetos por inercia. Es decir, esas zonas que no están destinadas a almacenar, como pueden ser los pasillos, que en Feng Shui se consideran las arterias de la vivienda, es decir, son zonas de paso que deberían estar libres y facilitar el recorrido. O también detrás de las puertas una puerta que no se abre no es una puerta funcional también debajo de las camas o encima de los armarios esas son zonas que si al final acabas acumulando la típica caja de plástico o de tela crea un cierto ruido visual y por último quería hablaros de lo que yo llamo el armario de harry potter es decir ese espacio comodín donde va a parar el desorden del día a día te invito a que no lo veas como un fracaso, porque es casi inevitable y todo el mundo termina teniendo uno. De hecho, es muy útil. Pero hay que saber que está ahí y darle la revisión periódica para que no se convierta en un agujero negro. Y por último tenemos la tercera fase, la más importante. Mantener el orden en el tiempo. Y aquí enlazamos con todo lo que hemos hablado del orden, como práctica, no como un estado. Es decir, Esta fase consiste en encontrar tu forma de relacionarte de manera coherente con tu espacio, con tu orden y con tu limpieza a lo largo del tiempo. En mi caso, esto se traduce en dos limpiezas y vaciados muy a fondo al año. Siempre suelen coincidir con los cambios de estación, en primavera y en otoño, como decíamos al principio del episodio de sincronizarnos con los ritmos naturales. Después suele hacer una revisión semanal de las cosas del día a día y suele ser los domingos por la tarde-noche. Es como ese momento de reorganización antes de iniciar con fuerza la semana. Y finalmente tengo la revisión mensual del armario de Harry Potter o de otras zonas de casa en las que pueden haberse acumulado cosas. De esta manera evitamos que se desborde o que se vaya de madre. Pero esto es mi fórmula y lo que te recomiendo es que encuentres la tuya. Lo importante no es copiar exactamente este ritmo, sino tener uno. Algo que se repita, que sea sostenible y que te devuelva una y otra vez a ese estado de ligereza del que hablábamos. Esto ha sido el episodio 5 de Arquitectura Holística. Espacios que sanan. El orden no es un lujo de personas con mucho tiempo o pocos objetos, sino que es una práctica de cuidado, de cuidado hacia tu espacio, hacia tu mente, hacia ti misma. Y como toda práctica, se construye poco a poco, con paciencia y sin perfeccionismo. La semana que viene os invito a entrar en uno de los espacios más importantes de la casa y quizás el más descuidado, el dormitorio. El lugar donde tu cuerpo se repara, donde tu mente procesa, donde empiezas y terminas cada día. Hablaremos de cómo diseñarlo para que de verdad te pueda nutrir. Hasta entonces, te animo a cuidar de tu espacio, porque tu espacio te cuida a ti.
UNKNOWNAmén.