Arquitectura Holística: espacios que sanan

EP 7 · Tóxicos en el hogar: los venenos invisibles

Gaia

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¿Sabías que el aire de tu casa puede estar más contaminado que el de la calle? Respiramos entre 10.000 y 20.000 litros de aire al día. La gran mayoría, dentro de nuestro propio hogar. Pero, ¿te has parado a pensar qué compone exactamente ese aire?

La amenaza no viene de fuera. Viene de las paredes, de los suelos y de los muebles. Convivimos con materiales sintéticos que llevamos décadas usando con total normalidad y legalidad... igual que en su día ocurrió con el amianto. 

En este séptimo episodio de Arquitectura Holística nos adentramos en la biohabitabilidad para destapar los "venenos invisibles" de nuestras viviendas, entender cómo afectan a nuestra salud y, sobre todo, cómo ponerles solución sin entrar en pánico.

En este episodio analizamos a fondo:

• El gran salto evolutivo: El paso de los materiales naturales a los sintéticos en pocas décadas y por qué tu cuerpo lo nota.
• Las dos vías de entrada: Cómo los tóxicos del hogar penetran en tu organismo a través de la respiración y la piel.
• El dato del impacto: Tu piel mide 1,6 m², pero las superficies de tu casa miden más de 40 m² emitiendo sustancias hacia ti las 24 horas del día.
• Pinturas convencionales y COVs: Ese "olor a pintura nueva" que asocias con limpieza, pero que esconde otra realidad.
• Suelos laminados, vinilos y formaldehído: El peligro silencioso de lo que pisas cada día.
• El polvo doméstico moderno: Por qué ya no es orgánico, sino una auténtica "esponja química".
• Retardantes de llama en sofás y colchones: El tóxico del que menos se habla y que más debería preocuparnos.
• El ejemplo del amianto: La prueba de que la consciencia colectiva puede ganar la batalla a los lobbies.
• El futuro de la vivienda: Por qué en 20 años hablar de tóxicos en el hogar será tan común como hablar de los ultraprocesados hoy en día.

✨ LOS CIMIENTOS (Al final del episodio): 
Te comparto 3 niveles de acción concretos según tu situación real y tu presupuesto. Para transformar tu casa sin tirar nada, sin culpa y con plena consciencia.

Sigue el podcast para no perderte ningún episodio sobre diseño consciente y salud ambiental.

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respiras entre 10.000 y 20.000 litros de aire al día. ¿Ya has parado alguna vez a pensar en eso? ¿En que tu cuerpo, en este momento, mientras me escuchas, está tomando aire y procesándolo sin que hagas nada? De forma automática. Es constante e inevitable. Y la mayor parte de ese aire lo respiras dentro de tu casa. Hay personas que viven rodeadas de materiales que emiten sustancias tóxicas al aire cada hora del día, cada día del año. Y sencillamente no lo saben. Duermen en esas habitaciones. Respiran ese aire. Sus hijos juegan en esos chuelos. Y lo más inquietante no es que existan esos tóxicos. Lo más inquietante es que muchos de ellos llevan décadas siendo perfectamente legales, perfectamente normales y recomendados. Bienvenida y bienvenido a Arquitectura Holística, el podcast sobre espacios que sanan. Soy Gaia, arquitecta, y hoy vamos a hablar de los venenos invisibles que pueden estar viviendo contigo en casa. De dónde vienen, qué hacen y, sobre todo, qué puedes hacer para minimizarlos y evitarlos. Esto no es para asustarte, es para que puedas elegir con conciencia, porque cuando sabes es cuando de verdad puedes empezar a actuar. Así que quiero empezar situándote un poco en el tiempo, porque creo que cuando entiendes la escala de lo que ha pasado, todo lo demás empieza a cobrar un sentido diferente. Desde los inicios de la humanidad hasta mediados del siglo XX, es decir, aproximadamente 1950, estamos hablando de un total de más de 10.000 años de historia constructiva, los seres humanos hemos construidos siempre con lo que la tierra nos daba piedra, madera tierra, barro cal fibras vegetales, materiales que venían del entorno, que nuestro cuerpo reconocía, materiales que respiran, que regulan la humedad y que al final de su vida útil pueden volver a la tierra sin dejar ningún rastro. Y entonces, en el espacio de apenas unas décadas, como hemos dicho aproximadamente desde 1950 hasta día de hoy, lo hemos cambiado casi todo. Entraron el hormigón y el cemento como material estructurales universales. Aparecieron los plásticos, las resinas, el aluminio, los aglomerados. Entraron las pinturas sintéticas, los suelos de vinilo, los tableros de MDF. Incluso la madera, que es un material noble y natural, se convirtió en tóxica en muchos casos, ya que acaba siendo tratada con barnices químicos o impregnada con fungicidas industriales, a veces también prensada con resinas de forma leído. Y todo esto la verdad no creo que se hiciera con mala intención. Lo hicimos porque era rápido, barato y escalable. Porque querían construir mucho y muy deprisa. Pero creo que nadie se paró suficiente a preguntarse qué pasaba con las personas que iban a vivir ahí dentro. Y la verdad es que llevamos ya décadas viviendo ahí dentro. Ahora bien, ¿por qué importa tanto esto? ¿Por ¿Por qué no es simplemente algo, un material, un elemento que está ahí y ya está? Porque los tóxicos que emiten estos materiales no es que se queden en el material, sino que acaban entrando en tu cuerpo. Y principalmente esto pasa a través de dos vías. La primera de ellas es la respiración. A través de la respiración, cada vez que inhalamos y exhalamos, pueden entrar los compuestos volátiles orgánicos, el formaldehído. las partículas de microplásticos, los retardantes de llama. Todos ellos se liberan al aire interior de forma continua y los acabamos inhalando. No es que sea algo de golpe, no es una dosis dramática, sino algo poco a poco, cada día, y esto durante años. Y la segunda vía a través de la cual absorbemos estos tóxicos es la piel. La piel, no si sabéis, que se considera el órgano más extenso del cuerpo humano y lo importante es que es permeable. Lo que toca tu piel entra en tu organismo. Es decir, que los talatos de los suelos vinílicos, las partículas de polvo doméstico cargadas de químicos, los residuos de los tratamientos sintéticos de los téxtiles con los que te cubres cada noche, todo esto puede acabar penetrando en tu piel. Y aquí es donde la industria nos la juega un poco, la verdad, y donde entra un concepto que en medicina y ecología ambiental nos preocupa preocupa muchísimo, el llamado efecto cóctel. Cuando un fabricante lanza al mercado una pintura, un suelo laminado, un sofá, pasa unos controles de calidad. La ley le dice, muy bien, tu producto emite una cantidad de formaldehído o de cof que entra dentro del límite legal, que se considera segura, entre comillas, para el ser humano. Y hasta ahí, sobre el papel, todo parece correcto. El problema, el gran punto ciego de la normativa, es que ningún ningún laboratorio mide lo que pasa cuando juntas todos esos materiales en un mismo espacio cerrado. Tu cuerpo no se expone a un solo material. Tu cuerpo se expone al formaldehído del mueble, más los talatos del suelo vinílico, más los compuestos volátiles de la pintura de la pared, más el retardante de llama de tu colchón, más el químico del limpiasuelos que usaste ayer. Individualmente, cada material cumple la ley. Pero juntos, encerrados en una habitación de 12 metros cuadrados, donde vas a pasar 8 horas durmiendo con la ventana cerrada seguramente, esto se convierte en un cóctel químico que tu cuerpo tiene que procesar. Es lo que llamamos bioacumulación. Dosis muy pequeñas, invisibles, pero constantes, día tras día, año tras año, que al final acaban saturando la capacidad de tu hígado y de tus pulmones para desintoxicarse. Y por eso es un tema tan urgente. Y aquí quiero hacer una breve pausa porque creo que realmente esto es el corazón del episodio. que puede sonar un poco impactante y a veces en mi entorno me dicen que soy demasiado estricta con esto, pero la realidad es que tiene que ponerse este tema sobre la mesa. En los últimos años hemos integrado como sociedad algo muy importante, que lo que comemos nos afecta profundamente. Los ultraprocesados, los aditivos los pesticidas en los alimentos, hoy en día ya casi nadie duda de eso. También hemos empezado a poner foco en los cosméticos, que si paravenos, sulfatos, tóxicos y en las cremas que nos ponemos en la piel cada mañana. Y más recientemente estamos tomando también conciencia sobre la ropa. Se miran los tintes sintéticos, los tratamientos antimanchas o si las fibras que componen la ropa que te pones es de poliéster o no. Pero el la vivienda todavía no ha entrado en esa conversación de forma masiva. Y creo profundamente que debería. Porque la vivienda es una piel más. Los espacios que habitamos no son simplemente contenedores donde sucede la vida. Son una piel más de tu cuerpo. Y como toda piel, importa mucho de que esté hecha. Los espacios interiores te acompañan el 90% de tu día. Vives dentro de ellos. Duermes dentro de ellos. crías a tus hijos dentro de ellos. Pero nadie se para a pensar si ese suelo que acaba de comprar, ese sofá o ese bote de pintura va a dañar a su familia. Yo creo firmemente que como sociedad nuestra conciencia sobre los espacios va a cambiar muy pronto. Hay cada vez más profesionales, arquitectos, médicos, investigadores, que estamos poniendo foco en los tóxicos ambientales de la vivienda y divulgando esta información a personas que no se dedican al mundo de la arquitectura. Y creo que dentro de 20 años la conciencia sobre los materiales con los que está construida tu casa va a ser tan común y tan integrada como lo es hoy la conciencia sobre lo que pones en tu plato. A poca gente hoy en día se le ocurre, no sé, dar a un bebé de nueve meses un helado de supermercado. Pues yo estoy segura que en 20 años miraremos atrás y diremos, ostras, yo pintaba mi casa con eso, dormía mi bebé en ese colchón? Y tengo un argumento histórico para creerlo. El amianto. Durante décadas, el amianto fue el material de construcción casi perfecto. Porque era barato, ligero, resistente al fuego, buena aislante. Se usó en casi todo. En tejados, paredes, suelos, tuberías. Y es que era realmente lo normal. Era lo recomendado. Había industrias enteras construidas sobre él. Lobbys poderosos que defendían su uso y intereses económicos enormes. Y sin embargo, creo que cuando la evidencia científica fue acumulándose, cuando quedó demostrado que sus fibras causaban enfermedades mortales, acabó prohibiéndose. En España fue en 2002. No fue algo rápido, la verdad, y no hace tanto. No fue fácil, pero lo importante es que ocurrió. Eso es lo que me da esperanza, que la ciencia, la divulgación y la intereses económicos. Y creo también que la tecnología actual nos permite generar evidencias científicas mucho más rápido que antes. Los estudios que tardaban décadas ahora tardan años. Y la información que antes llegaba solo a unos pocos, hoy llega a todos. Así que la pregunta que quiero que te lleves de este bloque no es una pregunta de miedo, es una pregunta de conciencia. ¿Qué materiales que usamos hoy con total normalidad estarán en esa lista negra dentro de 20 años? Por ahora no lo sabemos. Así que lo único que podemos hacer es ir a lo concreto. Porque no quiero que este episodio se quede en lo abstracto. Quiero que cuando termines de escucharme puedas mirar tu casa con ojos nuevos y empezar a hacer pequeños cambios. Si tu vivienda fue construida a partir de los años 50, es muy probable que esa estructura sea de hormigón. Y la verdad es que el hormigón en no es el gran villano de este episodio. Es lo que es y seguramente no vas a poder cambiar la estructura, es decir, los huesos de tu casa. Pero quiero que entiendas algo. Y es que el hormigón es un material que no respira. Es una caja cerrada. No regula la humedad, no filtra, no intercambia con el exterior. Y por lo tanto, el hormigón, al ser un material estanco, no permite este intercambio, digamos, de aire o de partículas entre el interior y el exterior y eso tiene consecuencias directas en la calidad del aire que respiras dentro. Lo importante aquí no es el hormigón en sí, sino lo que vamos a poner encima de él y ahí es donde empieza realmente el problema. Así que vamos a por los acabados. En primer lugar tendríamos paredes y techos que normalmente van pintados. Las pinturas convencionales contienen compuestos orgánicos volátiles, los COF, que ya hemos nombrado antes. Estos se liberan al aire durante la aplicación de la pintura y también durante meses y años después. Contienen tóxicos como benzeno, formaldehido, estireno. Algunos de estos están clasificados directamente como cancerígenos y otros como disruptores endocrinos, es decir, son sustancias que acaban interfiriendo en nuestro sistema hormonal. Ese el orcillo a pintura nueva que asociamos con algo fresco, con empezar de cero, ese olor son tóxicos evaporándose y entrando directamente en tu cuerpo. Pero hay buenas noticias. Hoy en día existen muchísimas alternativas y son cada vez más accesibles. Están las pinturas de cal, las cuales regulan de forma natural la humedad súper bien. Son transpirables y completamente inocuas. También están las pinturas de como un acabado más cálido, más vivo, que las sintéticas de ninguna manera pueden imitar. Después tenemos las pinturas de base de silicato. Estas son especialmente indicadas para espacios húmedos. Y la verdad, si hoy en día no puedes permitirte hacer un cambio a este nivel, al menos si vas a pintar, busca al menos pinturas etiquetadas como Zero Coff, ya disponibles en la mayoría de superficies. Si pasamos a los chuelos, los grandes en emisores de tóxicos en las viviendas hoy en día son los laminados y los vinilos. Los pavimentos laminados son lo que hoy en día se ha puesto tan de moda que son estos pavimentos que imitan el parquet. Estos pavimentos laminados debajo de la capa superficial que imita la madera suelen llevar tableros de MDF que están aglomerados con formaldehído. Después tenemos los pavimentos con vinilo. Estos son estos como más plásticos, que son más una película, como si fuera una pegatina que se puede colocar directamente encima del pavimento que tienes. Estos están hechos de PVC y contienen los temidos talatos. Pero existen también alternativas más saludables, como pueden ser la cerámica natural, la piedra, la madera maciza tratada con aceites vegetales o el corcho natural. Y en último lugar, dentro del concepto digamos de la vivienda, os quiero hablar de una cosa que pasa desapercibida pero que no es una cosa menor. El polvo. El polvo doméstico moderno no es lo que era hace 50 años. Antes el polvo estaba formado de materia orgánica, pelos, fibras de lana o de algodón, piel descamada. En cambio, hoy en día es un potaje químico. Contiene microplásticos desprendidos de textiles sintéticos y de electrodomésticos. Contiene residuos de pinturas, de productos de limpieza, de ambientadores artificiales. El polvo de tu casa actúa al final como una esponja que concentra todos los contaminantes del entorno. Y no se queda quieto en las estanterías y ya está, sino que se levanta con cada paso, con cada corriente de aire o cada vez que sacudes una manta. Al final lo respiramos. Lo acaban tocando los niños que juegan en el suelo y lo chupan todo. Aunque la verdad no si es mejor que chupen el polvo o los productos con los que solemos limpiar. Y es que aquí caemos en una de las mayores trampas del marketing moderno. Nos han enseñado a asociar el olor a limpio con el olor a químico sintético. Ese olor a pino industrial, a lavanda artificial o a una alejía súper perfumada, eso no significa que tu casa esté sana. Significa que tu aire es está saturado de COF y de fragancias sintéticas. Y es que los productos de limpieza convencionales son una de las fuentes principales de contaminación en el interior de los hogares. Al pulverizarlos, esas micro gotas se quedan suspendidas en el aire y van directas a tus pulmones. Los componentes como el amoníaco, el cloro, los fosfatos o los tensioactivos sintéticos irritan esas vías respiratorias y acaban debilitando a nuestro sistema inmune día a día. Paradójicamente, intentando desinfectar y limpiar nuestra casa para proteger a nuestra familia, a menudo lo que estamos haciendo es saturar el ambiente de toxinas. Así que de verdad que os animo a volver a una limpieza holística y saludable, ya que es increíblemente sencillo y además mucho más económico de lo que pensamos. No necesitas un producto químico de un color estridente para cada habitación. Tu casa simplemente necesita tres alimentos que ya usaban nuestras abuelas en su momento y que la ciencia a día de hoy respalda. El vinagre de limpieza, este es un desengrasante y un antical natural brutal. El bicarbonato de sodio, que es un desinfectante y neutralizador de olores maravilloso. Y después algún jabón natural, no sé, tipo Marsella, de Castilla. Así que si quieres que tu casa huela algo, recurre a los aceites esenciales puros de grado terapéutico, Unas gotitas de árbol del té, del limón o lavanda en tu cubo de fregar no solo desinfectan de forma real, sino que elevan la vibración aromática del espacio sin que envenenen tu aire. Y por último, vamos a pasar a esos elementos que colocamos en nuestros espacios, es decir, el contenido, el mobiliario. Y es que la gente se piensa que esto es algo secundario, inocuo, pero no. La gran mayoría de muebles que se venden hoy en día contienen formaldehído. Seguramente en tu casa tienes un mueble de esta gran superficie tan conocida, que no diré, y que hay muebles en todas las casas españolas. pues probablemente estén fabricados con tableros de aglomerado, contrachapado o MDF. Son tableros compuestos por fibras de madera que están unidos entre con resinas que contienen este temido formaldehído. Este está clasificado como cancerígeno por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer y sigue emitiéndose al aire durante años después de que montes el mueble. ¿Recuerdas ese olor a mueble nuevo? Ese olor es formaldehído. leído liberándose. Cuando montas una habitación recién amueblada y huele intensamente a nuevo, lo que estás oliendo son tóxicos. Así que cuando vayas a renovar muebles, amoblar una habitación, busca madera maciza siempre que puedas. Y si no te es posible, al menos busca certificación E0 o E1, que indican bajas emisiones de forma al leído. El segundo tóxico del que os quiero hablar, que está presente en muchísimos de nuestros nuestros muebles y que se habla muy poco y a es el que más me preocupa, son los retardantes de llama. Son compuestos químicos que se añaden a elementos como sofás, colchones, cortinas, aparatos eléctricos también, para que puedan cumplir la normativa de resistencia al fuego. Es decir, que si hay un incendio, estos elementos ardan más tarde o más lento. La intención, la verdad, es que es buena. El problema es que muchos de estos compuestos son altamente tóxicos Y se acumulan en el organismo. Son disruptores endocrinos y algunos están vinculados directamente con alteraciones neurológicas. Y están en el sofá donde te tumbas cada tarde. En el colchón donde duermes cada noche. Y se van liberando lentamente al aire y al polvo de tu casa. Así que os animo a usar materiales naturales. Por ejemplo, para sofás o colchones especialmente, vale la pena invertir en opciones de materiales naturales. Existen de lana, de látex natural, de algodón orgánico, que no necesitan todos esos tratamientos químicos porque ya son naturalmente resistentes al fuego. Y dicho todo esto, llegamos hoy ya a la sección de los cimientos. Porque este episodio no va de culpa ni de tirar todo lo que tenemos. Va de conciencia y de ir tomando mejores decisiones día a día. Hoy te propongo tres niveles diferentes de actuación. En primer lugar, si estás en medio de una reforma o vas a pintar tu vivienda, este es el momento de mayor impacto. Te animo a cambiar las pinturas, ya que es lo más accesible y cubre la mayor superficie, teniendo un efecto inmediato en el aire que respiras. Así que puedes elegir pinturas con base de cal, de arcilla o de silicato, o como mínimo mínimo que sea acerocoz. Si también vas a cambiar suelos, por favor huye del vinilo y del laminado sintético y opta por elementos como cerámica, piedra o madera maciza. En segundo lugar, si lo que vas a renovar son muebles o textiles, te animo a priorizar madera maciza sobre aglomerados. Al menos busca certificación E0 en lo que no puedas evitar. Y para el colchón, sofá, cojines, investiga opciones con materiales naturales. Es donde pasas más horas en contacto directo con tu cuerpo y esos elementos. Y en textiles, el cambio puede ser progresivo. En cuanto vayas renovar la ropa de tu cama, las cortinas, toallas... Elige algodón orgánico, lino o lana, en lugar de fibras sintéticas. Estas no generan microplásticos y no llevan tratamientos químicos agresivos. Y en tercer lugar, voy a decirte que si no puedes cambiar nada, tampoco pasa nada a día de hoy. Simplemente ventila. Cada mañana 10 minutos mínimo, con ventilación cruzada, es decir, abriendo puertas y ventanas a ambos lados opuestos de la casa para crear una corriente real de aire. Los COV, el formaldehído, las partículas de polvo que se acumulan en los espacios cerrados, todo esto se va a renovar. Y este simple gesto de renovar el aire cambia radicalmente la calidad de lo que respiras. Y por último también, limpia el polvo con un paño húmedo. no sacudiéndole para devolverlo al aire, simplemente mojándolo un poco y poniendo conciencia en los productos de limpieza que vas a usar. Tu vivienda es la tercera piel de tu cuerpo y como toda piel, lo que la compone importa, lo que respira importa y lo que absorbe cada día importa. No se trata de obsesionarte ni de cambiarlo todo mañana, se trata de despertar, de hacer una pregunta más antes de comprar un mueble, de elegir una pintura o de reformar tu hogar. Se trata de elegir paso a paso un entorno que te cure en lugar de uno que te desgaste en silencio. Porque cuidar tu espacio es, en el fondo, la forma más profunda de cuidarte a ti. Y hablando de lo que nos afecta sin que lo sepamos, hoy hemos limpiado el aire de los venenos químicos que nosotros mismos metemos en casa. Pero, ¿qué pasa con lo que ya estaba ahí antes de levantar las paredes? ¿Qué pasa con lo que fluye justo debajo de tus pies? En el próximo episodio vamos a hacer un viaje fascinante hacia las profundidades de la Tierra. En el episodio 8 nos adentraremos en el mundo de la geobiología y las energías telúricas. Vamos a descubrir que la Tierra está viva y respira a través de unas redes energéticas invisibles. Te voy a contar cómo las corrientes de aguas subterráneas, las fallas geológicas o el cruce de estas líneas invisibles debajo de tu cama pueden ser los verdaderos culpables de tu insomnio crónico o de ese cansancio con el que te levantas cada mañana. Aprenderemos cómo los antiguos constructores sabían leer perfectamente la piel de la Tierra para situar sus templos, sus casas, sus lugares de poder. y cómo puedes hoy empezar a detectar si estás durmiendo en un lugar que te drena la energía o que te sana. Si hoy hemos aprendido a sanar el aire de tu casa, en el próximo episodio aprenderás a sintonizarla con la energía de la Tierra. Soy Gaia y esto ha sido Arquitectura Holística, el podcast sobre espacios que sanan. Nos escuchamos en el próximo viaje. Y ya sabes, cuida de tus espacios porque tus espacios te cuidan a ti. ¡Gracias!