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La Voz de César Vidal
Editorial: ¿Conseguirá Estados Unidos anexionarse el Canadá? - 30/01/26
Por César Vidal.
https://www.cesarvidal.tv/editorial/videos/conseguira-estados-unidos-anexionarse-el-canada-30-01-26
En este Editorial, César Vidal analiza la larga y poco conocida historia de los intentos de Estados Unidos por anexionarse Canadá, desde las invasiones fallidas del siglo XVIII y XIX hasta los planes militares secretos del siglo XX, para conectar ese pasado con un escenario inquietantemente actual: la política de la administración Donald Trump hacia su vecino del norte.
El programa examina las declaraciones explícitas de Trump negando la identidad nacional canadiense, su intención de convertir Canadá en un Estado más de la Unión y el respaldo indirecto de su administración a movimientos separatistas en Alberta, presentados como una nueva revolución de colores impulsada desde el exterior. César Vidal detalla los apoyos políticos, económicos y estratégicos a estos movimientos, así como sus consecuencias internas: el auge del independentismo en Alberta y Quebec, la preocupación del estamento militar canadiense y las advertencias de comunidades indígenas sobre la injerencia extranjera.
El editorial denuncia como legal y moralmente inaceptable que Estados Unidos fomente la fragmentación de un aliado histórico, comparando esta estrategia con las operaciones de desestabilización aplicadas en Yugoslavia y Ucrania, y subrayando que no responde al interés de los ciudadanos, sino al de lobbies poderosos y sin escrúpulos.
Un alegato contra el imperialismo encubierto, la manipulación geopolítica y la demolición de la soberanía nacional, que concluye con una llamada a no rendirse ante los abusos del poder y a recordar que los gigantes solo lo parecen mientras se les mira de rodillas.
La voz con César Vidal, desde el exilio.
SPEAKER_00:Muy buenos días, muy buenas tardes, muy buenas noches, y sobre todo muy bienvenidos a esta nueva sigla de la voz. Soy César Vidal, hoy es el viernes 30 de enero de 2026, and me dirijo a los hispanoparlantes de ambos hemisferios, a los situados a uno y otro lado del Atlántico y del Pacífico, y como siempre, lo hago desde el exilio. Corría el año 1775 and junio, when the primer ejército continental de los Estados Unidos procedió a invadir el Canadá, which también era colonia inglesa. La intención de aquella primera campaña del recién creado ejército americano era unir al Canadá a la rebelión contra Inglaterra. Sin embargo, las circunstancias no se desarrollaron como habían esperado los rebeldes americanos. Una de las expediciones americanas marchó desde el fuerte Ticon de Roga bajo el mando de Richard Montgomery, capturó el fuerte St. John's y casi logró convertir en prisionero al general británico Guy Carlton al tomar Montreal. La otra expedición americana salió de Cambridge, Massachusetts, bajo Benedict Arnold y viajó con gran dificultad a través de los bosques de Maine en dirección a la ciudad de Quebec. Allí enlazaron las dos fuerzas americanas, pero fueron derrotadas en la Batalla de Quebec en diciembre de 1775. Aquel revés resultó verdaderamente desastroso para los americanos. Montgomery cayó en combate y Arnold fue herido, mientras que los ingleses que defendían la ciudad sufrieron bajas muy reducidas. En la primavera de 1776, los ingleses lanzaron una contraofensiva desde el Canadá que empujó a las fuerzas americanas a una más que penosa retirada. De esa manera, Canadá siguió bajo control británico y se vio frustrado el sueño americano de sumarlo a su rebelión contra la metrópoli. En el año 1812, Estados Unidos, ya consolidado como nación, intentó de nuevo invadir y anexionarse Canadá, pero una vez más el intento concluyó en fracaso. El general británico Isaac Brock, ayudado por las fuerzas indígenas de Tecunseh, derrotó a las tropas americanas, obligándolas a capitular en Detroit el 16 de agosto de ese año. En 1866, Estados Unidos volvió a invadir el Canadá, utilizando fuerzas mayoritariamente irlandesas opuestas de manera natural a los ingleses. La expedición fracasó, al igual que también concluirían en fracaso otras dos invasiones americanas llevadas a cabo en mayo de 1870 y una incursión final en Manitoba en octubre de 1871. Fue precisamente en ese año cuando Estados Unidos finalmente reconoció el dominio de Canadá in virtud del Tratado Angloamericano de Washington. Si bien Canadá nunca volvió a sufrir otra invasión procedente de Estados Unidos, tal posibilidad se calibró durante el periodo de entreguerras. Así, en 1927, el Departamento de Guerra de Estados Unidos diseñó un modelo de conflicto hipotético con Gran Bretaña. El denominado Plan Rojo de Guerra contemplaba invadir Canadá y devastar Nueva Escocia con gas venenoso, además de cortar los cables submarinos británicos que conectaban con Halifax. Gracias a Dios, esa guerra nunca tuvo lugar y Canadá participó al lado de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, empleando sus tropas, por ejemplo, en el desembarco en Normandía en junio de 1944. Esa situación, de casi un siglo de coexistencia pacífica, podría acabar ahora con Donald Trump. En las últimas horas hemos tenido nuevas noticias sobre la manera en que el presidente Trump pretende anexionar Canadá a los Estados Unidos. Sin ánimo de ser exhaustivos, los hechos son los siguientes. Primero, junto con la anexión de Groenlandia y la recuperación del control del canal de Panamá, uno de los objetivos de la política exterior anunciado por la administración Trump es la anexión de todo o parte del Canadá. Segundo, de esa manera Donald Trump no ha ocultado su desprecio por el concepto de Canadá. Tras 100 días en el cargo, Trump afirmó ante los periodistas que no estaba bromeando cuando hablaba de apoderarse del cargo. Según palabras literales de Trump, la única forma de que esto funcione realmente es que Canadá se convierta en un Estado. Tercero, de forma bien reveladora, Trump se niega habitualmente a utilizar los títulos adecuados y se refiere a los primeros ministros canadienses como gobernadores, mientras que su administración publica mappas alterados que muestran a Canadá como territorio de Estados Unidos o declara que Canadá solo funciona como parte de Estados Unidos. Cuarto, así también no faltan las voces que señalan que al contar Canadá con un 25% de la población nacida en el extranjero se convierte ya por ese hecho en hostil a los Estados Unidos. Quinto, en la actualidad, el proyecto Prosperidad de Alberta necesita 177.732 firmas antes del mes de mayo para forzar un referéndum que probablemente se celebraría en octubre y que pretendería la salida de esta región canadiense del Canadá. Sexto, el grupo que impulsa esta iniciativa independentista ha realizado repetidas visitas a funcionarios de la Administración Trump en instalaciones seguras de inteligencia. Séptimo, el secretario del Tesoro Americano, Scott Bessen, ha declarado públicamente que Alberta debería unirse a Estados Unidos, donde sería tratada como un socio natural. Octavo, de forma semejante, el congresista republicano Andy Hoggles señaló a la BBC que los habitantes de Alberta preferirían unirse a Estados Unidos porque estamos ganando día tras día. Noveno. Los separatistas de Alberta proponen adoptar el dólar americano, eliminar los aranceles y construir oleoductos a través del territorio de Estados Unidos con una línea de crédito estadounidense potencial de 500.000 millones de dólares. Décimo. El inicio del segundo mandato de Trump ha proporcionado un claro respaldo a los independentistas de Alberta que ven la posibilidad de alcanzar su meta de separarse del Canadá. Un décimo. A pesar del respaldo directo de la administración Trump, es casi seguro que de celebrarse el referéndum fracasaría, ya que solo el 24% de los habitantes de Alberta apoya la Unión con Estados Unidos, mientras que el 65% se opone con firmeza. Duo décimo. La campaña de recogida de firmas se va a prolongar hasta mayo, con un posible referéndum en octubre. Con todo, ya se producen efectos que se pueden cuantificar, como por ejemplo, que el Partido Separatista de Quebec, el Parti Québecois, ha subido hasta el 31% de apoyo y su dirigente principal ha prometido un referéndum para 2030 si sale elegido este otoño. En paralelo, los responsables de defensa del Canadá han elaborado un modelo de respuesta frente a una posible invasión de Estados Unidos por primera vez en más de un siglo. Decimo cuarto, igualmente, una demanda presentada por la nación Sturgeon Lake Creek cuestiona la legalidad de la separación de Alberta y advierte explícitamente que el referéndum permitiría la injerencia extranjera del vecino más poderoso del sur, una injerencia que Elections Alberta carece de recursos para controlar. Y decimo quinto, la estrategia del primer ministro canadiense Mark Carney ha consistido en realizar gestos de conciliación hacia China, entre los que se ha incluido pronunciar un discurso que ha sido muy alegremente elogiado en el foro de Davos sobre la necesidad de que las potencias medias se unan. Sin embargo, incluso en ese caso, Kearney se guardó muy bien de subrayar que Canadá no tiene intención de firmar un acuerdo de libre comercio con China y que sus lazos con Estados Unidos siguen siendo lazos que unen. Las ambiciones de Estados Unidos por apoderarse del Canadá tienen una larga historia que incluso es más prolongada que su propia historia nacional. En 1775, antes de la misma declaración de independencia, tropas americanas del Ejército Continental invadieron Canadá con la intención de que se sumara a la causa contra Inglaterra. A pesar de que buena parte de la población canadiense era de origen francés y contraria a los ingleses, los canadienses combatieron y vencieron a las fuerzas americanas, ocasionándoles una dolorosísima derrota. En 1812, Estados Unidos volvió a invadir Canadá con resultados no menos penosos que concluyeron con la capitulación en Detroit. El proyecto de apoderarse de Canadá se vio abandonado durante décadas ya que los políticos americanos llegaron a la conclusión de que no merecía la pena apoderarse de una tierra cuyos habitantes de origen francés eran mayoritariamente católicos y, por tanto, presentarían dificultades para adaptarse a un sistema democrático como el americano. La situación volvió a cambiar cuando al estallar la Guerra Civil Americana en 1861, Gran Bretaña apoyó a la Confederación, cuya producción algodonera resultaba esencial para su industria textil. Terminada la Guerra Civil, Estados Unidos lanzó nuevas expediciones contra Canadá, pero todas se vieron derrotadas hasta que en 1871 se firmó un tratado entre Canadá y Estados Unidos, mediante el cual estos reconocían la existencia de Canadá y establecían la frontera entre ambos países. Con todo, todavía en los años 20 del siglo pasado, Estados Unidos trazó nuevos planes de invasión de Canadá para el supuesto de una guerra con Gran Bretaña que afortunadamente no se produjo. Con el curso de las décadas, Estados Unidos y Canadá han mantenido siempre buenas relaciones que no se vieron empañadas ni siquiera cuando Canadá se convirtió en tierra de refugio para multitud de objetores de conciencia americanos que se negaban a combatir en Vietnam. Por otro lado, la dependencia económica del Canadá respecto a los Estados Unidos resulta tan clara que en economía se habla del efecto Canadá o es común referirse a Canadá como el Estado 51 de la Unión. Precisamente por todo ello resulta delirante, si es que no perverso, que la administración Trump niegue la identidad del Canadá que la desprecie como nación y que anuncie que pretende anexionársela. Aún más grave es que la administración Trump respalde movimientos independentistas en una nueva revolución de colores que lleve al territorio de Alberta a separarse del Canadá para integrarse en los Estados Unidos. Las revoluciones de colores en el este de Europa han sido un fenómeno verdaderamente vergonzoso y criminal que la propaganda otanista ha presentado como movimientos en pro de la libertad. Pero la verdad es que la revolución de colores en Yugoslavia fue solo una operación de inteligencia para descuartizar la nación. And la revolución de colores en Ucrania fue un golpe de Estado para evitar el acercamiento de Ucrania a Rusia, a pesar de que durante siglos Ucrania fue siempre parte de Rusia, algo que no se puede decir de Canadá in relación con los Estados Unidos. Que ahora se pretenda utilizar esa misma táctica sucia e inmoral para atacar a un aliado fiel, incluso sumiso como es el Canadá, resulta legal y moralmente inaceptable. Inaceptable sin duda, pero desde luego no impossible para una administration that parece complacerse en conculcar de differentas la legalidad international, not in beneficio del mundo or siquiera of the American, sino of lobbies extraordinarian, carents of scrúpulos and not difficiles to identification. But no defense live for the desánimo or the frustration, and the poderosos much gigantic, it's also because they contemplate the rodillas, and just in piece.