De Todo Un Poco Y Más

Cuando otra mujer te incomoda (y no sabes por qué)

Episode 21

Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.

0:00 | 21:50

Send us Fan Mail

Hay temas que no siempre queremos admitir… pero que todas, en algún momento, hemos vivido.

Decimos que entre mujeres nos apoyamos, que existe la sororidad, que somos una red. Y sí… suena bonito. Pero si somos honestas, no siempre es así.

En este episodio hablamos de esas verdades incómodas:
 de la comparación silenciosa, de las críticas disfrazadas de opinión, de esa vocecita interna que aparece cuando vemos a otra mujer brillar.

Pero esto no es desde el juicio… es desde la conciencia.

Porque muchas veces, lo que vemos en otras mujeres no tiene tanto que ver con ellas… sino con nosotras.

Aquí no se trata de ser perfectas, se trata de ser más intencionales.
 De aprender a admirar en lugar de compararnos.
 De dejar de competir… y empezar a entendernos.

Si alguna vez te has sentido incómoda viendo a otra mujer brillar… este episodio es para ti.


💌 Gracias por escuchar De Todo un Poco y Más.

🎙️ Suscríbete en Spotify, Apple Podcasts, Amazon Music o tu plataforma favorita para no perderte ningún episodio.

💖 Sígueme en Instagram y TikTok: @carmendetodounpocoymas

👉 Comparte este episodio con alguien que lo necesite y recuerda: lo auténtico nunca pasa de moda.


SPEAKER_00

Decimos que entre mujeres nos apoyamos, pero seamos honestas, no siempre es verdad. Hola donde quiera que estés. Yo soy Carmen y te doy la bienvenida. Gracias por estar aquí una vez más, de verdad. Gracias por seguir acompañándome en otro de mis episodios. Hoy quiero hablar de algo que puede ser medio incómodo y de esos temas que no siempre aceptamos, pero que si somos honestas, muchas, pero muchas de nosotras hemos hecho. Porque sí, yo sé que todas hablamos de sororidad, de apoyarnos entre mujeres, de ser una para la otra. Pero la realidad es que no siempre es así. Hoy quiero hablar de esas verdades incómodas, de esas cosas que tal vez no mencionamos mucho, pero que todas, y estoy segura que todas en algún momento, hemos vivido. Y esto no es algo que vengo a decirlo desde el juicio, sino desde la honestidad, desde la verdad, de esas cosas que sabemos que pasa pero que no mencionamos mucho. Porque yo siento que solo cuando hablamos de las cosas como son es cuando realmente podemos cambiar algo. Yo te puedo decir que a mí me encanta la idea de la sororidad, de apoyarnos, de ser una red. Es algo que se escucha bonito, se siente bonito. Y sí, creo también que es algo bien necesario. Pero también, si somos honestas, hay otra parte que no decimos tanto. Porque, a ver, si nos ponemos a hablar realmente como son las cosas,¿quién no ha estado en una conversación donde alguien empieza a hablar de otra mujer? Y de repente, todo se vuelve crítica disfrazada de opinión. Y a veces ni siquiera es algo directo. Puede ser ese tonito que usamos. Ese no es por nada, pero... Y después de ahí viene toda la crítica.¿O qué tal el clásico comentario de yo no soy así, pero cada quien? Y creo que con este comentario muchas veces queremos criticar sin sentir culpa. Y es curioso porque muchas veces lo decimos como si no fuera tan grave, como si fuera algo normal, algo que todas hacen. Y no siempre es algo súper evidente. A veces es algo pequeñito, un comentario, esas miradas o tal vez cosas que decimos según de broma. O peor, cuando tú misma entras en esa conversación y luego después de haber participado en ella, te quedas pensando,¿por qué dije eso?¿Cuál era la necesidad?¿O qué me gano con hablar mal de esta mujer? Y creo que en ese momento tan incómodo, en ese momento que te preguntas, que te cuestionas, ese segundo después, donde te cae el veinte, como decimos nosotros, es bien importante. Porque ahí es donde empieza la Es donde empiezas a darte cuenta que este acto no está bien. Yo te puedo decir que yo misma me he cachado muchas veces en momentos así, pensando cosas que después digo, esto no viene de ella, esto viene de algo mío. Y aceptarlo no es algo que sea fácil ni tampoco cómodo. Pero creo que sí. Es un momento muy revelador, muy verdadero. Porque es algo que nos puede ayudar a descubrir de dónde viene todo esto. Y un ejemplo que te puedo dar, que estoy segura que a muchas nos ha pasado, es cuando ves a alguien en redes. Alguien que se siente segura de ella misma, que está subiendo fotos, videos, siendo ella misma, viviendo su vida y sintiéndose feliz con lo que hace. Y sé que muchas veces, tristemente, nuestro primer pensamiento no es algo positivo. No es pensar, qué padre por ella, qué bien que sea así. sino que yo sé que nos llegan esos pensamientos o los comentarios negativos inmediatamente. Empezamos a decir, pues quién sabe si en realidad sea así. O qué tal pensar cosas como, seguro se hizo algo para verse así, seguro no es feliz o está exagerando. Y aquí llega la pregunta,¿pero por qué?¿Por qué nos cuesta tanto simplemente decir, qué bonito, qué gusto me da por ella y ya? Y aquí es donde me puse a pensar,¿de dónde viene esto? Porque creo que esto es algo de lo cual nunca hablamos. Y estoy segura que muchas de nosotras crecimos viendo esto. Crecimos viendo como otras mujeres hablaban de otras mujeres. En la familia, en la escuela, en el trabajo. Y lo hacían como si fuera algo normal, como si fuera parte de convivir. Y no solamente verlo, sino también sentirlo. Sentir como muchas veces estaba siendo comparada. Todo el tiempo. Y yo creo que nadie se sentaba a enseñarnos, a decirnos, oye, no necesitas compararte, hay espacio para todas. Nadie te enseñaba a mirar hacia adentro. Y siento que más bien era como esa eterna comparación. Mira cómo está ella. Deberías de ser así. O peor aún, mira cómo está ella. Tú estás mejor. Y creo que ahí es donde empieza esa dinámica rara. Donde vamos aprendiendo que para sentirte bien contigo, alguien más tiene que estar abajo. O que tienes que hablar mal de otra mujer o hacer comentarios negativos, cosas que no van para sentirte mejor. Desde chiquitas nos enseñaron a compararnos.¿Quién es más bonita?¿Quién es más inteligente?¿Quién es más correcta?¿Quién se porta mejor?¿Quién sí cumple?¿Quién es suficiente? Y crecemos con esa idea sin cuestionarla. Y luego después, crecemos buscando validación externa, como si nuestro valor de verdad dependiera de cómo nos ven los demás. Y es como si siempre existiera esa competencia invisible, donde tienes que medir si vas ganando o perdiendo, o si vas mejor que otras. Y yo creo que aunque no lo digamos en voz alta o lo queramos admitir, eso es algo que nos cansa a todas, que nos quita energía. Y aquí hay algo que resonó muchísimo conmigo. Muchas veces no es que queramos ser malas, es que no sabemos cómo hacerlo diferente. Nadie nos enseñó a ver a otra mujer y sentir inspiración en lugar de comparación. Porque yo estoy segura que todas saben que la comparación es algo que nos llega automáticamente. Sin embargo, la admiración es algo que tenemos que aprender a practicar. Pero creo que esto es algo que cambia todo el panorama. Porque cuando empiezas a practicar la admiración, te das cuenta que no pierdes absolutamente nada. Al contrario, ganas perspectiva, te sientes mejor contigo misma. Porque yo estoy segura que todas están de acuerdo conmigo que no es lo mismo pensar por qué ella sí y yo no. a pensar, si ella puede, tal vez yo también. Es el mismo escenario, pero desde un lugar completamente distinto. En uno envidias, Y en el otro, admiras y sabes que también tú puedes lograr lo mismo. Uno te encoge y el otro te expande, te ayuda a crecer, te ayuda a ser mejor. Y también hay algo bien real. Muchas veces, esta eterna comparación solamente son heridas que no hemos sanado. Cosas que ni siquiera sabemos que traemos, pero que se activan cuando vemos a alguien más. Si yo no me siento suficiente, claro que me va a costar ver a otra mujer brillar sin estarme comparando. Si yo no me siento segura, pues también me cuesta creer que alguien más sí lo esté genuinamente. Y aquí viene algo que yo sé que duele, que a muchas nos duele. Y esto es saber que muchas veces lo que criticamos en otra mujer es algo que todavía no hemos sanado en nosotras. O tal vez algo que quisiéramos permitirnos, pero por alguna razón no nos atrevemos. Y sí, a veces duele muchísimo aceptarlo. pero también la aceptación es algo que libera, algo que te ayuda a salir de esa comparación constante y de esos sentimientos negativos. Porque en lugar de quedarte en la crítica, puedes irte hasta la raíz, puedes aprender de eso y puedes pensar,¿de dónde viene esto?¿Por qué hago esto? Y creo que ahí es donde empieza el cambio real. Y también si somos honestas, eso es algo que no solamente pasa en redes, también pasa en cosas bien cotidianas. Pasa cuando una de tus amigas avanza o crece en su trabajo y tú la quieres a pesar de que la estimas, de que la quieres, pero aún así hay una vocecita que te dice,¿y yo qué? O pasa cuando alguien se atreve a cambiar algo de su vida. Y tú te quedas pensando, yo también quisiera, pero me da miedo. Y a veces, lamentablemente, ese miedo nos detiene a hacer cosas que quisiéramos hacer. Así que criticamos esa valentía que alguien más puede tener. O pasa cuando alguien se ve feliz con decisiones que tú no tomarías. Y esto es algo que te confronta más de lo que quisieras aceptar. Y creo que muchas veces, en lugar de preguntarnos,¿qué puedo aprender de esto? A veces, nuestra mente automáticamente se va a lo negativo, a inmediatamente criticar o tener esos pensamientos negativos. Pensar que seguro las cosas no son así, que no es tan perfecto. como si necesitáramos bajarle un poquito el brillo a esa mujer para sentirnos más cómodas. Y de nuevo, la misma pregunta,¿por qué? Porque aceptar que alguien más está brillando a veces nos confronta con las partes de nuestra vida que todavía no hemos trabajado. Ahora, hablemos de cuando nos toca estar del otro lado.¿Qué tal cuando nos pasa eso? Cuando tú eres la que se siente juzgada por otra mujer. Se siente feo,¿verdad? Se siente injusto, se siente como una traición. Y a veces se siente hasta confuso. Porque no esperabas esto de otra mujer. Esperabas comprensión, esperabas ese apoyo, no competencia. O esperabas un, yo te entiendo, no un, no, pues yo lo haría mejor. Entonces creo que muchas veces aquí empiezas a dudar de ti, a sentir que no eres suficiente, a cuestionarte decisiones que antes tenías claras. Y poco a poco, si no tienes cuidado, te empiezas a ser chiquita. A acomodarte, a suavizarte, a dejar de ser tú, de no brillar para no incomodar a nadie. Y creo que lo más fuerte es cuando viene de alguien de quien tú esperabas apoyo. Duele más porque se supone que entre nosotras nos entendemos. Pero aún aquí me gustaría decir que esto no se trata de señalar ni tampoco de decir, es que las mujeres somos así. Porque no, no es que seamos así, es que aprendimos así. Pero hay que recordar que lo que se aprende también se puede desaprender. Y creo que se trata de algo incómodo, pero muy poderoso. Y esto es reconocer que todas hemos estado en ambos lados. Todas en algún momento hemos juzgado. Hemos pensado algo sin conocer la historia completa. O hemos proyectado inseguridades. Y reconocer esto no te hace una mala persona. te hace una persona consciente. Yo creo que la conciencia es el primer paso para romper patrones, para dejar de hacer esto que llevamos años repitiendo sin darnos cuenta. Porque no se trata tampoco de ser perfectas, se trata de ser más intencionales. de pausar aunque sea tantito antes de reaccionar en automático y criticar. Y ahora me gustaría dejarte algo muy práctico, pero estoy segura que esto nos puede ayudar a todas. La próxima vez que sientas ese impulso de juzgar, no te ataques, pero sí pregúntate,¿qué de esto me está incomodando?¿Qué parte de mí se está sintiendo chiquita en este momento? Esto viene de algo que tiene que ver con ella o conmigo. Porque yo te puedo decir que esa respuesta vale oro. Y ahí no hay crítica, hay solamente información. Y cuando empiezas a verte con esta honestidad, dejas de necesitar poner esto afuera. Entonces la pregunta es,¿cómo sí podemos apoyarnos de verdad? Porque apoyar no es solamente decir, ay amiga, tú puedes. O amiga, qué bien te ves. Claro que estos son comentarios buenos y es bonito. Es algo que también ayuda, pero apoyar es algo más profundo. Es celebrar a otra mujer sin compararte, aunque al principio te cueste. Es escuchar sin estar pensando en juzgar. Es hablar con empatía, no desde la inseguridad. Y es no proyectar lo que tú traes dentro. También es aprender a decir, eso no es para mí, pero qué bonito que a ti sí te funciona. Y decirlo de verdad, sin ironía, sin doble intención. También es atreverte a reconocer en voz alta, oye, admiro esto de ti. Porque eso también se entrena, se practica. Y apoyar a otra mujer no te quita nada, pero sí dice mucho de quién eres. Y creo que ahí está el cambio real. Y tal vez no podemos cambiar a todas las mujeres, pero sí podemos cambiar cómo nos presentamos nosotras. Ser más conscientes, más empáticas, más reales, más honestas con lo que sentimos, pero también más responsables con lo que hacemos con esto. Porque sentir es automático. Pero actuar, esto es una elección. Yo creo que el mundo ya está bastante duro como que también para que entre nosotras lo sea. Y antes de despedirme, solamente quiero dejarte con esto. Porque al final no se trata de decir que nos apoyamos, se trata de elegir hacerlo. en esos momentos pequeños donde nadie te está viendo, cuando decides no compararte, cuando decides no hablar mal, cuando decides mirar a otra mujer sin sentirte menos, sin sentir envidia, sin sentir celos. Porque aquí va algo importante. El problema nunca ha sido que otra mujer brille. El problema es cuando creemos que su luz apaga la nuestra. Y no es así. Nunca lo ha sido. Hay espacio. Hay espacio para todas. Pero creo que primero tienes que creértelo tú. Porque si de verdad aprendemos a acompañarnos, dejamos de sobrevivir y empezamos a crecer distinto. Y tal vez el cambio no está allá afuera. Empieza dentro de ti. En cómo piensas, en cómo hablas, en cómo eliges ver a otra mujer a partir de hoy.¿Y tú?¿Desde qué lugar estás mirando a otra mujer hoy?