Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

El Reo y el Verdugo - adulto

August 16, 2019 Juan Betancur Season 1 Episode 8
Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda
El Reo y el Verdugo - adulto
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Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda
El Reo y el Verdugo - adulto
Aug 16, 2019 Season 1 Episode 8
Juan Betancur

Había una vez un reino que era controlado con mano de hierro por su rey. Sin embargo, en los reinos vecinos había corrido el rumor que el rey de aquel reino era inflexible en sus juicios y sus leyes y algunas veces actuaba cruelmente, pero era siempre justo. Mas aun, decían que los habitantes de aquel reino eran tan felices que incluso los condenados a muerte morían felices 

De todos era sabido que en aquel reino existían leyes muy severas que se hacían cumplir inmediatamente y que la menor falta a dichas leyes y reglas era castigada con la pena de muerte. Dicha ejecución se llevaba acabo por las mañanas en un cadalso que se mantenía erigido en la mitad de la plaza central del pueblo, Donde todo los habitantes del reino podían ir a presenciar la ejecución del condenado. 

Algún visitante al reino narraba que estando él en el pueblo se enteró que aquella mañana habría una ejecución de un reo que había sido condenada a la muerte por haberse robado una pieza de pan. Como era sabido cualquier crimen, por pequeño que fuera, era castigado con la pena de muerte y ese día en el mas feliz de los reinos un reo moriría en manos del verdugo, sobre el cadalso en medio de la plaza frente a todos los felices habitantes del reino. 

Desde las primeras horas de la madrugada, cuando el sol comenzaba a salir sobre las callejuelas del pueblo, los habitantes comenzaron a salir de sus casas y se dirigieron entusiasmados a la plaza principal para tener el mejor puesto posible para presenciar la ejecución de aquel día. 

En la plaza se encontraba erigido el cadalso. Una enorme plataforma de madera oscura colocada sobre una estructura de aproximadamente 2 metros de altura igualmente de madera . Sobre el cadalso se podía un ver un bloque de madera cuyo diseño permitiría colocar cómodamente la cabeza del reo que sería ejecutado mientras el resto de su cuerpo se encontraría arrodillado. 

Unos minutos más tarde de la salida del sol, la muchedumbre se encontraba ya reunida esperando la puesta en escena de aquel ajusticiamiento al reo.  De pronto salieron los representantes de la justicia del rey, vestidos con su túnica negra y mirada adusta y se subieron a la tarima. Luego subió el verdugo. Un robusto hombre de casi dos metros de altura, vestido de negro y con la cabeza cubierta por un capuchón igualmente negro que solo le dejaba ver sus ojos. En sus manos una enorme hacha con afilado borde. El hacha de la muerte. La multitud suspiro de terror cuando lo vieron finalmente pararse al lado del bloque de madera. Una vez colocados todos en el centro del cadalso, hicieron una señal y los guardias de la plaza hicieron un corredor humano que comunicaba una esquina de la plaza con la escalera que aquella estructura de madera tenía para que subiera el reo. Era el conocido pasillo de la muerte. 

Los habitantes del pueblo hicieron silencio (algunos dicen que incluso sonreían) cuando el reo, rodeado por 5 oficiales de prisión, comenzó a caminar por el medio de dicho pasillo. Su cara reflejaba el dolor de quien sabía que pronto perdería la cabeza en manos de su verdugo.  Subió las escalinata y fue firmemente empujado hacia el bloque de madera, donde fue obligado a arrodillarse y colocar la cabeza en el bloque de madera. 

Los jueces de la justicia del rey, leyeron con voz ceremoniosa el acta de acusación y el acta de castigo firmada por el rey. Rey que todo el pueblo reconocía como un ser justo y bondadoso. Sin embargo, todos veían que el castigo era extremo para la naturaleza de la falta. 

 Finalizada la lectura se dio la orden de ejecución y el verdugo levanto el hacha para asestar el golpe de gracia. 

De repente se vio como un caballo entraba velozmente a la plaza con un jinete sobre el. Era el heraldo del reino que traía consigo un edicto firmado por el rey. El heraldo se acerco al cadalso y saltando de su caballo, subió y se situó al lado del reo y con v

Show Notes

Había una vez un reino que era controlado con mano de hierro por su rey. Sin embargo, en los reinos vecinos había corrido el rumor que el rey de aquel reino era inflexible en sus juicios y sus leyes y algunas veces actuaba cruelmente, pero era siempre justo. Mas aun, decían que los habitantes de aquel reino eran tan felices que incluso los condenados a muerte morían felices 

De todos era sabido que en aquel reino existían leyes muy severas que se hacían cumplir inmediatamente y que la menor falta a dichas leyes y reglas era castigada con la pena de muerte. Dicha ejecución se llevaba acabo por las mañanas en un cadalso que se mantenía erigido en la mitad de la plaza central del pueblo, Donde todo los habitantes del reino podían ir a presenciar la ejecución del condenado. 

Algún visitante al reino narraba que estando él en el pueblo se enteró que aquella mañana habría una ejecución de un reo que había sido condenada a la muerte por haberse robado una pieza de pan. Como era sabido cualquier crimen, por pequeño que fuera, era castigado con la pena de muerte y ese día en el mas feliz de los reinos un reo moriría en manos del verdugo, sobre el cadalso en medio de la plaza frente a todos los felices habitantes del reino. 

Desde las primeras horas de la madrugada, cuando el sol comenzaba a salir sobre las callejuelas del pueblo, los habitantes comenzaron a salir de sus casas y se dirigieron entusiasmados a la plaza principal para tener el mejor puesto posible para presenciar la ejecución de aquel día. 

En la plaza se encontraba erigido el cadalso. Una enorme plataforma de madera oscura colocada sobre una estructura de aproximadamente 2 metros de altura igualmente de madera . Sobre el cadalso se podía un ver un bloque de madera cuyo diseño permitiría colocar cómodamente la cabeza del reo que sería ejecutado mientras el resto de su cuerpo se encontraría arrodillado. 

Unos minutos más tarde de la salida del sol, la muchedumbre se encontraba ya reunida esperando la puesta en escena de aquel ajusticiamiento al reo.  De pronto salieron los representantes de la justicia del rey, vestidos con su túnica negra y mirada adusta y se subieron a la tarima. Luego subió el verdugo. Un robusto hombre de casi dos metros de altura, vestido de negro y con la cabeza cubierta por un capuchón igualmente negro que solo le dejaba ver sus ojos. En sus manos una enorme hacha con afilado borde. El hacha de la muerte. La multitud suspiro de terror cuando lo vieron finalmente pararse al lado del bloque de madera. Una vez colocados todos en el centro del cadalso, hicieron una señal y los guardias de la plaza hicieron un corredor humano que comunicaba una esquina de la plaza con la escalera que aquella estructura de madera tenía para que subiera el reo. Era el conocido pasillo de la muerte. 

Los habitantes del pueblo hicieron silencio (algunos dicen que incluso sonreían) cuando el reo, rodeado por 5 oficiales de prisión, comenzó a caminar por el medio de dicho pasillo. Su cara reflejaba el dolor de quien sabía que pronto perdería la cabeza en manos de su verdugo.  Subió las escalinata y fue firmemente empujado hacia el bloque de madera, donde fue obligado a arrodillarse y colocar la cabeza en el bloque de madera. 

Los jueces de la justicia del rey, leyeron con voz ceremoniosa el acta de acusación y el acta de castigo firmada por el rey. Rey que todo el pueblo reconocía como un ser justo y bondadoso. Sin embargo, todos veían que el castigo era extremo para la naturaleza de la falta. 

 Finalizada la lectura se dio la orden de ejecución y el verdugo levanto el hacha para asestar el golpe de gracia. 

De repente se vio como un caballo entraba velozmente a la plaza con un jinete sobre el. Era el heraldo del reino que traía consigo un edicto firmado por el rey. El heraldo se acerco al cadalso y saltando de su caballo, subió y se situó al lado del reo y con v