Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

El narrador oral condenado a muerte

September 04, 2019 Juan Betancur Season 1 Episode 22
Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda
El narrador oral condenado a muerte
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Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda
El narrador oral condenado a muerte
Sep 04, 2019 Season 1 Episode 22
Juan Betancur

Había una vez. Una narrador oral que había sido condenado a muerte por contar cuentos. Su crimen había sido el contar cuentos de esperanza y libertad y en dicho reino eso era un crimen. Aquel reino tenía prohibido que las personas contaran y oyeran historias que les llevaran a pensar que algo podría cambiar y que no todo estaba perdido. 

 Como el narrador oral llevaba muchos años contando cuentos y era muy respetado por todo el pueblo y temerosos de que si el pueblo percibía que  no se le habían respetado sus derechos como condenado, se alzarían contra el regente y finalmente terminaría en una revolución. El juez le dio orden al carcelero que fuera horas antes de su ejecución y le diera la gracia al reo de tener cumplido un último deseo antes de morir. 

 Así que la noche antes de ser ejecutado, el reo recibió en su pequeña celda de paredes de piedra la visita de el juez, el carcelero y 3 guardias que estaban allí para proteger al juez y al carcelero. 

 Ellos entrando en la diminuta celda, leyeron la orden del juez que le permitía  escoger un deseo que sería inmediatamente cumplido para que su alma muriera en paz. 

 El narrador oral que era un hombre apacible y poco dado a pedir cosas extrañas, pensó un rato corto y finalmente dijo

 Mi ultima voluntad, antes de morir, deseo ver a cielo abierto durante la noche y contar por última vez un cuento. 

 El juez, el carcelero y los guardias se miraron entre ellos, extrañados de que este hombre no hubiera pedido una comida elegante, oir música o la presencia de algún familiar para despedirse. El solamente pidió salir al patio y contar un último cuento. Pero claramente su deseo era ese y se le debía cumplir. 

 Con gran ceremonia, fue extraído de su celda de paredes de piedra y conducido por los largos corredores también de piedra hacia el patio central, donde estaba el cadalso para su ejecución y algunos habitantes del pueblo se habían reunido para una última vigilia. 

 El reo con la cabeza alta salió de la puerta que daba al patio y sonriendo de ver tanta gente reunida para su último cuento subió hasta la plataforma del cadalso y parado allí solo, miro al juez, al carcelero, a los guardias y a todos y a cada uno de los visitantes del patio central. Y luego subiendo la cabeza hacia el firmamento mientas con su mano levantada hacia el ademan de coger algo del cielo Y con voz profunda comenzó a contar su cuento.

 Había una vez. Había una vez un narrador oral condenado a muerte. A petición suya y para seguir con la costumbre de cumplir ultima voluntad del reo que quería contar un último cuento lo condujeron hasta el patio central donde se encontraba el cadalso y allí mirando a los presentes conto como una estrella fugaz que pasaba por ese patio en ese preciso momento vio la injusticia que se iba a cometer y bajando llego rauda hasta los pies del reo y como una alfombra mágica se detuvo para que el narrador oral se subiera a ella y lo condujo fuera de los muros de aquella prisión 

 El juez, el carcelero, los guardias y los habitantes del pueblo reunidos aquella noche pudieron presenciar claramente como el reo, aquel narrador oral, les contaba aquel fantástico cuento mientras se alejaba libre sobre la punta de la estrella fugaz que había descendido a sus pies, empujado por la imaginación de todos los presentes.

Show Notes

Había una vez. Una narrador oral que había sido condenado a muerte por contar cuentos. Su crimen había sido el contar cuentos de esperanza y libertad y en dicho reino eso era un crimen. Aquel reino tenía prohibido que las personas contaran y oyeran historias que les llevaran a pensar que algo podría cambiar y que no todo estaba perdido. 

 Como el narrador oral llevaba muchos años contando cuentos y era muy respetado por todo el pueblo y temerosos de que si el pueblo percibía que  no se le habían respetado sus derechos como condenado, se alzarían contra el regente y finalmente terminaría en una revolución. El juez le dio orden al carcelero que fuera horas antes de su ejecución y le diera la gracia al reo de tener cumplido un último deseo antes de morir. 

 Así que la noche antes de ser ejecutado, el reo recibió en su pequeña celda de paredes de piedra la visita de el juez, el carcelero y 3 guardias que estaban allí para proteger al juez y al carcelero. 

 Ellos entrando en la diminuta celda, leyeron la orden del juez que le permitía  escoger un deseo que sería inmediatamente cumplido para que su alma muriera en paz. 

 El narrador oral que era un hombre apacible y poco dado a pedir cosas extrañas, pensó un rato corto y finalmente dijo

 Mi ultima voluntad, antes de morir, deseo ver a cielo abierto durante la noche y contar por última vez un cuento. 

 El juez, el carcelero y los guardias se miraron entre ellos, extrañados de que este hombre no hubiera pedido una comida elegante, oir música o la presencia de algún familiar para despedirse. El solamente pidió salir al patio y contar un último cuento. Pero claramente su deseo era ese y se le debía cumplir. 

 Con gran ceremonia, fue extraído de su celda de paredes de piedra y conducido por los largos corredores también de piedra hacia el patio central, donde estaba el cadalso para su ejecución y algunos habitantes del pueblo se habían reunido para una última vigilia. 

 El reo con la cabeza alta salió de la puerta que daba al patio y sonriendo de ver tanta gente reunida para su último cuento subió hasta la plataforma del cadalso y parado allí solo, miro al juez, al carcelero, a los guardias y a todos y a cada uno de los visitantes del patio central. Y luego subiendo la cabeza hacia el firmamento mientas con su mano levantada hacia el ademan de coger algo del cielo Y con voz profunda comenzó a contar su cuento.

 Había una vez. Había una vez un narrador oral condenado a muerte. A petición suya y para seguir con la costumbre de cumplir ultima voluntad del reo que quería contar un último cuento lo condujeron hasta el patio central donde se encontraba el cadalso y allí mirando a los presentes conto como una estrella fugaz que pasaba por ese patio en ese preciso momento vio la injusticia que se iba a cometer y bajando llego rauda hasta los pies del reo y como una alfombra mágica se detuvo para que el narrador oral se subiera a ella y lo condujo fuera de los muros de aquella prisión 

 El juez, el carcelero, los guardias y los habitantes del pueblo reunidos aquella noche pudieron presenciar claramente como el reo, aquel narrador oral, les contaba aquel fantástico cuento mientras se alejaba libre sobre la punta de la estrella fugaz que había descendido a sus pies, empujado por la imaginación de todos los presentes.