Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

El Eufemismo

November 05, 2019 Juan Betancur Season 1 Episode 75
Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda
El Eufemismo
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Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda
El Eufemismo
Nov 05, 2019 Season 1 Episode 75
Juan Betancur

había una vez un pueblo donde servía un sacerdote muy dado a usar eufemismos para las situaciones que les sucedían a sus feligreses. El Sacerdote durante años había entendido que muchas veces para los ciudadanos era a veces más fácil confesar sus pecados si utilizaban palabras diferentes para describir su falta ante Dios. 

 

Particularmente había creado un eufemismo para el más terrible de los pecados que usualmente los habitantes del pueblo le confesaban. La infidelidad. 

El pueblo era un  pueblo muy puritano y recatado y por lo tanto la infidelidad era vista como un pecado mayor y todos los que iban a confesarse se sentían profundamente apenados de tan solo pronunciar la palabra durante la confusión.

 

El padre para evitar esto les invitaba a decir Padre confieso que me caí en un hueco de la calle con la hija del carnicero, en vez de decir que había sido infiel con la hija del carnicero. 

 

Todos en el pueblo habían aceptado con mucho agrado el uso del eufemismo porque les facilitaba el proceso de confesar el pecado de la infidelidad. 

 

Después de muchos años de establecer este código, el pueblo se había acostumbrado a usarlo diariamente en el confesionario y así cuando alguien reportaba que había caído  en un hueco de la calle con alguien, el padre sabía que había sido infiel y con quien  le mandaba a rezar las avemarías que eran necesarias. 

 

Un día el sacerdote fue llamado a Roma y la diócesis envió un reemplazo para que los cubriera durante los días de su viaje. 

 

Desafortunadamente el sacerdote de remplazo no alcanzó a llegar a tiempo para el proceso de empalme con el sacerdote del pueblo y nadie le contó como eran las confesiones y el eufemismo utilizado para confesar la infidelidad

 

El sacerdote a la mañana siguiente abrió el confesionario y como de costumbre comenzaron a llegar los habitantes del pueblo a confesar sus pecados y el padre comenzó a notar que algunos de ellos le confesaban entre otros pecados menores que se habían tropezado en la calle y se habían caído en un hueco usualmente acompañados de alguien más.

 

El sacerdote simplemente les mandaba las penitencias propias de los otros pecados menores e ignoraba el comentario sobre el tropezón y finalmente los absolvía de todos sus pecados. Y así paso un mes en el pueblo sirviendo de confesor a los feligreses 

 

Después del primer mes, el nuevo sacerdote decidió tomar en sus manos el problema de las peligrosas calles y le pidío cita la alcalde del pueblo. 

El alcalde lo recibió y el sacerdote le dijo 

 

Estimado alcalde, Lo he venido a visitar porque después de un mes aquí en el pueblo he notado que muchos de los ciudadanos se quejan de el estado de las calles del pueblo. A mi confesionario muchos de los ciudadanos llegan contando que se han tropezado y caído en las calles del pueblo, usualmente acompañados por alguien más y considero que es deber de usted como alcalde de proteger la vida de los ciudadanos y mandara a reparar los huecos de manera que las personas de bien no se caigan en ellos

 

El alcalde que obviamente sabía de años atrás el eufemismo utilizado para confesar la infidelidad por los habitantes del pueblo, se sonrió y le dijo jocosamente al párroco.  

 

Su señoría no se preocupe que por mucho que arreglemos las calles y repavimentemos todas las calles, siempre habrá algún habitante del pueblo que se cae y se lo reporte a usted 

 

Y antes de que pudiera continuar el sacerdote le digo

 

Pues me parece muy irresponsable de parte de la autoridad civil no tomar en cuenta esta queja por parte de los ciudadanos, ya que está en juego la integridad física de ellos y le voy a decir además que una de las personas mas perjudicadas ha sid

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había una vez un pueblo donde servía un sacerdote muy dado a usar eufemismos para las situaciones que les sucedían a sus feligreses. El Sacerdote durante años había entendido que muchas veces para los ciudadanos era a veces más fácil confesar sus pecados si utilizaban palabras diferentes para describir su falta ante Dios. 

 

Particularmente había creado un eufemismo para el más terrible de los pecados que usualmente los habitantes del pueblo le confesaban. La infidelidad. 

El pueblo era un  pueblo muy puritano y recatado y por lo tanto la infidelidad era vista como un pecado mayor y todos los que iban a confesarse se sentían profundamente apenados de tan solo pronunciar la palabra durante la confusión.

 

El padre para evitar esto les invitaba a decir Padre confieso que me caí en un hueco de la calle con la hija del carnicero, en vez de decir que había sido infiel con la hija del carnicero. 

 

Todos en el pueblo habían aceptado con mucho agrado el uso del eufemismo porque les facilitaba el proceso de confesar el pecado de la infidelidad. 

 

Después de muchos años de establecer este código, el pueblo se había acostumbrado a usarlo diariamente en el confesionario y así cuando alguien reportaba que había caído  en un hueco de la calle con alguien, el padre sabía que había sido infiel y con quien  le mandaba a rezar las avemarías que eran necesarias. 

 

Un día el sacerdote fue llamado a Roma y la diócesis envió un reemplazo para que los cubriera durante los días de su viaje. 

 

Desafortunadamente el sacerdote de remplazo no alcanzó a llegar a tiempo para el proceso de empalme con el sacerdote del pueblo y nadie le contó como eran las confesiones y el eufemismo utilizado para confesar la infidelidad

 

El sacerdote a la mañana siguiente abrió el confesionario y como de costumbre comenzaron a llegar los habitantes del pueblo a confesar sus pecados y el padre comenzó a notar que algunos de ellos le confesaban entre otros pecados menores que se habían tropezado en la calle y se habían caído en un hueco usualmente acompañados de alguien más.

 

El sacerdote simplemente les mandaba las penitencias propias de los otros pecados menores e ignoraba el comentario sobre el tropezón y finalmente los absolvía de todos sus pecados. Y así paso un mes en el pueblo sirviendo de confesor a los feligreses 

 

Después del primer mes, el nuevo sacerdote decidió tomar en sus manos el problema de las peligrosas calles y le pidío cita la alcalde del pueblo. 

El alcalde lo recibió y el sacerdote le dijo 

 

Estimado alcalde, Lo he venido a visitar porque después de un mes aquí en el pueblo he notado que muchos de los ciudadanos se quejan de el estado de las calles del pueblo. A mi confesionario muchos de los ciudadanos llegan contando que se han tropezado y caído en las calles del pueblo, usualmente acompañados por alguien más y considero que es deber de usted como alcalde de proteger la vida de los ciudadanos y mandara a reparar los huecos de manera que las personas de bien no se caigan en ellos

 

El alcalde que obviamente sabía de años atrás el eufemismo utilizado para confesar la infidelidad por los habitantes del pueblo, se sonrió y le dijo jocosamente al párroco.  

 

Su señoría no se preocupe que por mucho que arreglemos las calles y repavimentemos todas las calles, siempre habrá algún habitante del pueblo que se cae y se lo reporte a usted 

 

Y antes de que pudiera continuar el sacerdote le digo

 

Pues me parece muy irresponsable de parte de la autoridad civil no tomar en cuenta esta queja por parte de los ciudadanos, ya que está en juego la integridad física de ellos y le voy a decir además que una de las personas mas perjudicadas ha sid