Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda
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781. Odisea (3/3)
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Juan David Betancur Fernandez
elnarradororal@gmail.com
Siguiendo su viaje su barco tuvo que cruzar un angosto paso marino custodiado por dos monstruos temibles la criatura de seis cabezas Escila y el remolino Caribdis. Escila era Un monstruo horrendo de seis cabezas y doce patas oculto en una cueva en la pared del acantilado. Y Caribdis era Un torbellino marino gigantesco que tragaba y escupía el agua tres veces al día, destruyendo cualquier barco entero.
Circes le habia advertido sobre estos monstruos y le habia dicho que que era imposible luchar contra Escila y que debía elegir el mal menor: acercarse más a la cueva de Escila que al torbellino de Caribdis, sacrificando a seis hombres en lugar de perder el barco entero.
Odiseo siguió el consejo con el corazón destrozado: mientras los marineros miraban aterrorizados el remolino de Caribdis, Escila bajó sus seis cuellos desde las rocas y atrapó a seis marineros, devorándolos en la entrada de su cueva
Llegaron a la isla de Trinacia, donde pastaban los rebaños sagrados de Helios (el dios del Sol). Recordando las profecías de Tiresias y Circe, Odiseo insistió en ni siquiera desembarcar. Sin embargo, Euríloco y la tripulación, exhaustos y amotinados, lo obligaron a atracar para descansar solo una noche, jurando solemnemente que no tocarían a los animales.
Sin embargo la desesperación por la falta de alimento llevó a los marineros —durante el sueño de Odiseo— a sacrificar y devorar las vacas sagradas de Helios. : Helios, furioso, amenazó a Zeus con bajar al Inframundo e iluminar a los muertos si no castigaba a los culpables. Debido a esta amenaza de Helios Zeus desencadenó un rayo devastador en medio de una tormenta feroz.
El barco de Odiseo saltó en pedazos y toda la tripulación murió ahogada en las aguas oscuras y Solo Odiseo sobrevivió. Agarrado al mástil y a la quilla del barco destrozado, a la deriva durante nueve días, fue arrastrado de vuelta hacia Caribdis (donde logró salvarse colgándose de la rama de una higuera silvestre) y finalmente las corrientes lo llevaron a las playas de la isla de Ogigia.
En Ogigia habitaba la bella ninfa Calipso, quien se enamoró perdidamente de Odiseo. Lo acogió en su cueva y lo retuvo como su amante durante siete largos años, ofreciéndole la inmortalidad y la juventud eterna si se quedaba con ella.
Pero Odiseo, sumido en la nostalgia, pasaba los días sentado en las rocas de la orilla mirando al mar y llorando por su esposa Penélope y su patria Ítaca.
Finalmente, la diosa Atenea intervino en el Olimpo y Zeus envió al dios Hermes para ordenar a Calipso que liberara al héroe y esta finalmente acepto.
Odiseo construyó una balsa con sus propias manos y zarpó. Tras sufrir un último ataque de Poseidón en el mar que aún lo acechaba, naufragó en la isla de los feacios (Esqueria) hoy conocida como corfu. y despues de nadar hasta la playa donde se acosto a dormir para recuperar el cansancio. Al otro dia vio a una joven con dos doncellas jugando. Era Nausicaa la hija del rey Alcino.
Allí fue socorrido por la princesa Nausícaa y recibido en la corte del rey Alcínoo, a quien relató toda su travesía.
Tras escuchar conmovido toda la historia de las travesías de Odiseo, el rey Alcínoo y los nobles feacios le otorgaron valiosos regalos de despedida: túnicas, mantos, lingotes de oro de fino acabado y grandes calderos de bronce.
Al día siguiente, organizaron un banquete de despedida y sacrificaron un buey a Zeus.
Los feacios eran famosos por ser navegantes míticos cuyos barcos no necesitaban timón ni piloto, pues las propias naves leían la mente de sus tripulantes y cortaban las olas a una velocidad inalcanzable. A la caída de la tarde, acomodaron a Odiseo en la popa de la nave sobre una alfombra de lino y un grueso cobertor. En cuanto los remeros soltaron las amarras, un sueño dulce, profundo e insensible como la muerte cayó sobre el héroe, liberándolo por fin del trauma acumulado durante diez años de guerras y diez años de naufragios. Los marineros feacios no quisieron despertar a Odiseo: La nave feacia voló sobre las aguas "más rápida que un halcón", cruzando el mar Ionio en una sola noche.
Al despuntar la aurora, la nave llegó a la costa de Ítaca, desembarcando en el tranquilo puerto natural de Forcis, custodiado por una cueva sagrada dedicada a las Ninfas. Con sumo cuidado, lo levantaron en brazos mientras seguía profundamente dormido en su sábana. Lo depositaron suavemente sobre la arena de la playa. Colocaron junto a él todos los tesoros de oro, bronce y telas que le habían regalafo, apilándolos al pie de un olivo para que ningún caminante los robara antes de que él despertara. Y Hecho esto, emprendieron el viaje de regreso a su isla.
Poseidón, indignado al ver que los feacios habían llevado a Odiseo a su patria sano, salvo y cargado de riquezas, acudió a Zeus a quejarse. Con el permiso del rey de los dioses, Poseidón esperó a que la nave feacia estuviera llegando a su puerto de origen y, de un solo golpe de su mano, transformó el barco y a su tripulación en una masa de piedra, fijándolo para siempre al fondo del mar a la vista de toda la ciudad y que aun se conserva a la vista de los visitantes de Corfu.
Cuando Odiseo despertó en la playa, no reconoció su propia patria. Había estado ausente durante 20 años y, además, la diosa Atenea había cubierto toda la isla con una densa niebla para protegerlo y planear la venganza contra los pretendientes.
Odiseo pensó amargamente que los feacios lo habían engañado y abandonado en una tierra extraña. Comenzó a contar angustiado sus tesoros para ver si le habían robado algo, hasta que la propia Atenea se le apareció disfrazada de un joven pastor.
Cuando Odiseo le preguntó dónde estaba, la diosa sonrió y le reveló la verdad: por fin estaba en Ítaca después de 10 años de viaje.
Atenea se mostró en su forma divina, disipó la niebla y ayudó a Odiseo a esconder el tesoro de los feacios dentro de la cueva de las Ninfas. A partir de ese momento, la diosa tocó a Odiseo con su vara, transformándolo en un viejo mendigo arrugado, harapiento y sucio para que pudiera entrar en su palacio de incógnito e iniciar la reconquista de su hogar. Su palacio se hallaba profanado por más de un centenar de codiciosos pretendientes que devoraban sus riquezas e intentaban forzar un matrimonio con Penélope. La reina había logrado contener la situación con astucia, prometiendo elegir esposo al concluir la elaboración de la mortaja para Laertes, tela que destejía a ocultas de noche hasta ser descubierta.
Disfrazado de mendigo, Odiseo se dirigió primero a la cabaña de Eumeo, el fiel porquerizo del palacio. Eumeo, sin reconocer a su rey, lo acogió con ejemplar hospitalidad (xenia), compartiendo su modesta comida y lamentando la ausencia de su amo.
Poco después llegó a la cabaña Telémaco, el hijo de Odiseo, quien acababa de regresar de un peligroso viaje por Esparta y Pilos buscando noticias de su padre
Cuando Eumeo salió de la choza, Atenea le devolvió temporalmente a Odiseo su aspecto majestuoso. Tras un emotivo abrazo entre lágrimas, padre e hijo se reencontraron después de 20 años y diseñaron el plan para erradicar a los usurpadores.
Odiseo volvió a vestir sus trapos de mendigo y entró al palacio para probar la lealtad de los siervos y la actitud de los pretendien A la entrada de la casa, el anciano perro de Odiseo, Argos, echado sobre un montón de estiércol y muy viejo, reconoció a su dueño tras dos décadas. Movió la cola, bajó las orejas y, tras ver a su amo una última vez, murió en paz. tes:
Líderes de los pretendientes como se burlaron del falso mendigo, lo insultaron e incluso Antínoo le arrojó un taburete a la espalda. Odiseo soportó los humillaciones guardando su rabia para el momento oportuno.
La anciana nodriza de la casa, Euriclea, lavó los pies del viajero por orden de Penélope. Al hacerlo, reconoció a Odiseo de inmediato al tocar una cicatriz en su pierna (causada por el ataque de un jabalí en su juventud). Odiseo le tapó la boca rápidamente y le exigió guardar el secreto.
Penélope, desesperada y presionada para elegir un nuevo esposo, anunció una competencia final ideada bajo la inspiración indirecta de Atenea:
Se casaría con aquel pretendiente capaz de tensar el enorme arco de Odiseo (que solo el héroe podía manejar) y hacer pasar una flecha limpiamente a través del ojo de doce hachas alineadas.
Uno a uno, los pretendientes lo intentaron. Ni con la fuerza combinada de todos ni calentando la madera con grasa lograron siquiera doblar el arco.
En ese momento, el "mendigo" pidió su turno. A pesar de las protestas temerosas y burlonas de los pretendientes, Telémaco ordenó que le entregaran el arma, mientras Eumeo y el boyero Filetio cerraban y atrancaban con cadenas todas las puertas del gran salón.
Odiseo tomó el arco, lo examinó con calma y lo tensó con la misma facilidad con que un músico afina las cuerdas de una lira. Disparó la flecha y la hizo pasar limpiamente por las doce hachas.
Inmediatamente, se despojó de sus harapos, saltó sobre el umbral de la puerta y le gritó a la multitud horrorizada:
"¡Perros! Pensabais que nunca volvería de Troya... ¡ahora la muerte os ha atrapado a todos!"
- Odiseo disparó la segunda flecha directamente a la garganta de Antínoo mientras este levanta