Amor ti Podcast

👨‍👦 Mi Padre y Yo: Lo Que Entendí Con los Años

Amor Ti Podcast | Yohanna Tineo Season 3 Episode 14

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Con el tiempo, muchas de las heridas, silencios y preguntas que tuvimos sobre nuestros padres comienzan a verse desde una perspectiva diferente. En este episodio reflexionamos sobre la distancia emocional, el amor que a veces no supo expresarse y las lecciones que solo llegan con la madurez. Hablamos de perdón, comprensión y de cómo entender la historia de nuestros padres puede ayudarnos a sanar la nuestra. Porque crecer también es descubrir que detrás de sus errores había una persona haciendo lo mejor que podía con lo que tenía. 💙✨ 

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Hola, soy Joana Tineo y esto es Amor Ti, un espacio para que aprendas a escucharte, a valorarte y amarte cada día. Aquí compartimos historias, reflexiones y herramientas para que tu corazón y tu mente encuentren calma y libertad. Quédate conmigo y descubre cómo despertar tu amor propio hoy. Bienvenidos a Morty Podcast. Gracias por acompañarme una vez más. Un abrazo enorme para todas las personas que me escuchan desde Estados Unidos, España, República Dominicana, Colombia, Chile, Argentina, Puerto Rico, México y desde cualquier lugar del mundo donde hoy decidieron regalarse este momento. Hoy quiero compartir algo muy especial, muy personal. Hoy no vengo a hablar desde la teoría. Vengo a hablar desde mi propia historia. Porque este episodio nace de algo que he entendido con los años. Y es que a veces necesitamos crecer para poder mirar nuestra historia desde otra perspectiva. no para cambiar lo que ocurrió, no para olvidar, sino para comprender. Nací en República Dominicana, pero cuando tenía apenas tres años me fui a vivir a España con mi madre. Mi padre se quedó en República Dominicana. Aunque lo había visto siendo muy pequeña, no tengo recuerdos de aquella etapa. Por eso siempre digo que realmente comencé a conocer a mi padre cuando tenía 12 años y volví a verlo. Antes de eso no tenía recuerdos de él, no tenía experiencias compartidas, no tenía conversaciones, no tenía momentos que pudiera guardar en mi memoria. Mientras tanto, hubo otra persona que ocupó un lugar muy importante en mi vida. Mi padrastro. El hombre que se convirtió en mi figura paterna. Un hombre al que amé profundamente. Un hombre que estuvo presente durante mi crecimiento. Un hombre que dejó una huella hermosa en mi corazón. y aunque hoy ya no está físicamente conmigo porque falleció, sigue viviendo en muchos de mis recuerdos. Por eso este episodio no es una comparación. No es para decidir quién fue mejor. No es para señalar errores. Es simplemente una reflexión sobre la vida, la distancia, el amor y la comprensión. Cuando somos niños vemos las cosas de una manera muy diferente. Vemos quién está. Vemos quién no está. Sentimos la ausencia. Sentimos la presencia. Y muchas veces Construimos conclusiones con la información que tenemos en ese momento. Pero cuando crecemos comenzamos a descubrir algo. La vida rara vez es completamente blanca o completamente negra. Porque detrás de cada historia existen circunstancias que no siempre conocemos. Hoy vivimos en una época donde podemos hacer videollamadas en segundos. Podemos enviar mensajes instantáneos. Podemos compartir fotografías todos los días. Pero cuando yo era niña la realidad era muy diferente. Había un océano entre España y República Dominicana. Las llamadas internacionales eran costosas. La comunicación no era tan sencilla como hoy. Y aunque eso no cambia lo que cada persona sintió, forma parte de la historia. Hay algo que también entendí con el tiempo. Mi padre nunca ha sido una persona muy expresiva. No es de grandes abrazos. No es de decir constantemente, te quiero. No es de expresar emociones de una manera muy visible. Y durante muchos años pensé que quizás era una falta de cariño. Pero con el paso del tiempo, comencé a hacerme una pregunta diferente. ¿Quién le enseñó a él a expresar amor? Porque muchos hombres de esa generación crecieron escuchando que los hombres no lloran, que los hombres tienen que ser fuertes, que mostrar emociones los hacía débiles. Les enseñaron a trabajar, les enseñaron a sacrificarse, les enseñaron a proveer. Pero no necesariamente les enseñaron a expresar sentimientos. Y cuando nadie te enseña un lenguaje emocional, es difícil hablarlo. No porque no sientas, sino porque nunca aprendiste cómo hacerlo. Comprender eso no significa justificar todo. Tampoco significa negar lo que uno sintió. Significa mirar la historia completa. Porque muchas veces no podemos dar algo que nunca recibimos. Y muchas personas aman de la única manera que aprendieron a amar. Hoy puedo decir que tengo una relación buena con mi padre. No es una relación perfecta. Tal vez nunca tendremos esa conexión que se construye cuando un padre y una hija crecen juntos. Tal vez existen experiencias que ya no podremos recuperar. Tal vez nos faltó tiempo. Tal vez nos faltaron momentos, pero también hay algo que existe. Hay respeto, hay cariño, hay interés, hay comunicación. Y aunque ese cariño no siempre sea expresado de forma efusiva, he aprendido a reconocerlo. Porque el amor no siempre habla el mismo idioma. No todas las personas saben decir, te quiero. Pero eso no significa que no quieran. Y en medio de toda esta historia también está mi padrastro. El hombre que ocupó un lugar muy importante en mi vida. La persona que estuvo presente. La persona con la que compartí momentos que todavía guardo en mi corazón. Y gracias a él entendí algo muy importante. La sangre puede crear un vínculo, pero la presencia construye una relación. Porque hay personas que llegan a nuestras vidas y terminan convirtiéndose en familia desde el amor. Quizás mientras escuchas este episodio estás pensando en tu propio padre. Quizás tu historia es diferente a la mía. Quizás es parecida. Quizás tu padre estuvo presente. Quizás estuvo lejos. Quizás fue cariñoso. Quizás nunca supo expresar lo que sentía. Pero quiero invitarte a hacer algo. Piensa en él como ser humano, no solamente como padre. Piensa en su historia. Piensa en la época en que creció. Piensa en lo que le enseñaron. Piensa en lo que quizás también les faltó. Porque muchas veces nuestros padres estaban aprendiendo a vivir mientras intentaban criarnos. Quiero leerte. Cuéntame en los comentarios qué es algo que has entendido sobre tu padre con el paso de los años. ¿Hubo alguna persona que se convirtió en una figura paterna importante para ti? Voy a estar leyendo cada comentario porque que detrás de este tema hay historias muy profundas. Durante muchos años vi mi historia desde los ojos de una niña. Hoy los veo desde los ojos de una mujer. Y eso ha cambiado muchas cosas. No porque haya olvidado. No porque haya borrado el pasado. Sino porque aprendí que la paz llega cuando dejamos de pelear con nuestra historia. Mi padre tiene su historia. Mi padrastro tiene la suya. Y ambos forman parte de quien soy hoy. Porque algunas personas nos dan la vida y otras nos enseñan cómo vivirla. La madurez llega cuando dejamos de preguntarnos únicamente qué nos faltó. y comenzamos a comprender todo lo que la vida intentó enseñarnos en el camino. Gracias por acompañarme en este episodio de Amorti Podcast. Si este episodio resonó contigo, compártelo con alguien que pueda necesitar escucharlo. Suscríbete al canal para que sigamos creciendo juntos como comunidad. Y recuerda que también puedes encontrarme en Spotify, Apple Podcast y tus plataformas favoritas de podcast. Yo soy Joana Tineo y esto fue Amorti Podcast. Escucha suscríbete, compárteme y sobre todo, ámate. Hasta la próxima. Gracias por acompañarme en este episodio de Amorti. Si resonó contigo, suscríbete al canal, activa las notificaciones y sígueme para no perderte los próximos episodios. Recuerda, amarte no es egoísmo, es el acto más valiente que puedes hacer cada día. Nos escuchamos muy pronto aquí en Amorti.