Amor ti Podcast
Amor Ti Podcast es un podcast sobre amor propio, salud mental y crecimiento personal.
Aquí hablamos de autoestima, relaciones, límites emocionales y cómo sanar para vivir una vida más consciente.
Cada episodio trae reflexiones profundas, conversaciones reales y herramientas para fortalecer tu mente, superar heridas emocionales y volver a tu esencia.
Si estás buscando claridad, paz mental y una forma más fuerte de vivir tu vida, este espacio es para ti.
🎙 Nuevos episodios cada semana.
Amor ti Podcast
¿Y SI TU PEOR ENEMIGO VIVE EN TU MENTE?
Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.
¿Alguna vez has sentido que la batalla más difícil no está afuera, sino dentro de tu propia mente?
En este episodio de Amor Ti Podcast, conversamos sobre cómo nuestros pensamientos pueden convertirse en nuestro mayor obstáculo o en nuestra mayor fortaleza.
Hablaremos de la voz interior que nos critica, del miedo, la ansiedad, las comparaciones y esas historias que, sin darnos cuenta, terminamos creyendo sobre nosotros mismos. Descubrirás por qué no todo lo que piensas es verdad y cómo comenzar a construir una relación más sana contigo.
Este no es un episodio para encontrar respuestas perfectas. Es una invitación a hacer una pausa, reflexionar y empezar a hablarte con más compasión.
Si alguna vez has sentido que tu mente no descansa, este episodio es para ti.
Compártelo con alguien que necesite escuchar este mensaje y acompáñanos cada semana en Amor Ti Podcast. 💗
https://drive.google.com/file/d/1qJU4rO3vK0otlKnmWU20rJxVyu7jBg8Z/view
Hola, soy Joana Tineo y esto es Amor Ti, un espacio para que aprendas a escucharte, a valorarte y amarte cada día. Aquí compartimos historias, reflexiones y herramientas para que tu corazón y tu mente encuentren calma y libertad. Quédate conmigo y descubre cómo despertar tu amor propio hoy. ¿Qué pasaría si te dijera que la persona que más veces te ha desanimado probablemente no fue un jefe, una pareja, un amigo o un familiar? ¿Qué pasaría si te dijera que esa persona has sido tú a través de la forma en que te hablas todos los días? porque a veces el enemigo más difícil de vencer no está afuera, está dentro de nuestra propia mente. Bienvenidos a Morty Podcast. Gracias por estar aquí una vez más. De verdad, gracias. No me importa si me estás escuchando mientras conduces hacia el trabajo, mientras limpias la casa, mientras haces ejercicio, mientras cocinas, o simplemente porque necesitabas escuchar una voz que te acompañara un rato. Quiero que sepas que este espacio siempre será para eso, para acompañarnos, para crecer juntos, para recordarnos que ninguno de nosotros está caminando solo. Y antes de comenzar, quiero hacerte una pregunta. No hace falta que la respondas en voz alta. Respóndetela a ti mismo. ¿Cuántas veces hoy te has criticado? Piénsalo. Desde que abriste los ojos esta mañana, ¿cuántas veces tu mente te dijo que no estabas haciendo suficiente? ¿Cuántas veces te comparaste con alguien? ¿Cuántas veces pensaste que deberías haber hecho las cosas mejor? ¿Cuántas veces recordaste un error del pasado? ¿Tres? ¿Cinco? ¿Diez? Quizás ni siquiera las contaste porque ya se volvió una costumbre. ¿Y eso? Eso es justamente de lo que quiero conversar hoy. Porque este episodio no trata de pensar positivo todo el tiempo. No, la vida no funciona así. Este espacio trata de algo mucho más importante. Aprender a reconocer cuando nuestra propia mente dejó de ser un lugar seguro y comenzó a convertirse en el lugar donde más sufrimos. Hoy no quiero que sientan que están escuchando a alguien que viene a dar respuestas perfectas. Quiero que sientan que estamos sentados en la sala de una casa, con una taza de café, sin prisas, como cuando uno habla con alguien de confianza. Porque si algo he aprendido es que todos libramos batallas que nadie ve. Y muchas de esas batallas ocurren completamente en silencio. Hay personas que sonríen todo el día, pero dentro de su cabeza llevan una guerra. Hay personas que parecen fuertes, pero están agotadas de pelear con sus pensamientos. Y quizás tú seas una de ellas. Quizás nadie alrededor lo nota, pero tú sí sabes cuánto pesa. A veces creemos que nuestros problemas son las personas, que es nuestro jefe, nuestra pareja, nuestra economía, nuestro pasado, nuestro trabajo, y sí, Todo eso influye. Pero muchas veces lo que realmente nos destruye no es lo que ocurrió. Es la historia que seguimos contándonos sobre lo que ocurrió. Déjame darte un ejemplo. Dos personas pueden perder el mismo trabajo. Las dos reciben la misma noticia. Las dos salen del mismo edificio. Pero una piensa. Esto va a ser difícil, pero encontraré otra oportunidad. Y la otra piensa, soy un fracaso, nunca hago nada bien. Mi vida siempre será así. La situación fue exactamente la misma. Lo que cambió fue la conversación que comenzó dentro de cada uno. Y esa conversación cambió. puede cambiar completamente el rumbo de una vida. Les voy a confesar algo. Creo que todos en algún momento hemos sido muy injustos con nosotros mismos y no nos damos cuenta. Somos capaces de perdonar errores de otras personas. pero seguimos castigándonos por errores que cometimos hace 100 años. Somos capaces de animar a un amigo cuando fracasa, pero cuando somos nosotros los que fallamos, nos hablamos con una dureza que jamás usaríamos con alguien que amamos. ¿No les parece curioso? ¿Por qué somos tan compasivos con los demás y tan crueles con nosotros mismos? No sé si alguna vez se han hecho esa pregunta. Yo sí, muchas veces. Hay una voz que vive con nosotros. No podemos apagarla. No podemos dejarla en la casa. No podemos bloquearla. Va con nosotros al trabajo, al supermercado, al gimnasio, a una cita, a una reunión familiar, incluso cuando estamos intentando dormir. Y esa voz tiene muchísimo poder. Porque si esa voz constantemente dice, no puedes, no sirves, no eres suficiente, no vas a lograrlo, con el tiempo dejamos de discutirle. Simplemente empezamos a creerle y ahí comienza el verdadero problema. Imaginen por un momento a un niño. Un niño que dibuja algo con mucha ilusión. Corre emocionado para enseñárselo a un adulto. Y el adulto apenas lo mira y dice, eso está feo. Quizás el adulto ni siquiera quiso hacer daño. Pero ese niño guardó algo. Después vuelve a intentarlo. Y alguien le dice, tu hermano no hace mejor. Otra pequeña herida. Más adelante, habla frente a un grupo. Se equivoca. Todos se ríen. Otra herida. Empieza un deporte. No destaca. Otra herida. Pasan los años. Y ese niño ya no necesita que nadie le diga que no es suficiente. Ahora él mismo se lo repite todos los días. Y quizás nunca se dio cuenta de cuándo empezó esa conversación. ¿Y si esa voz no fuera la tuya? Esta pregunta me cambió la forma de ver muchas cosas. ¿Y si alguna de las cosas que piensas sobre ti ni siquiera nacieron de ti? ¿Y si simplemente las heredaste? Quizá fueron comentarios, comparaciones, críticas, rechazos, expectativas imposibles y un día las hiciste tuyas. Pero que hayas escuchado algo muchas veces no significa que sea verdad. Escúchame bien. No porque un pensamiento sea frecuente es correcto. Y esto es importante repetirlo. No todo lo que piensas es verdad. A veces solo es una herida hablando. Quiero que respires profundo, no importa donde estés. Haz una respiración lenta y mientras respiras, hazte esta pregunta. ¿Cuál es la frase negativa que más repites sobre ti? No la cambies, no la juzgues, solo obsérvala. Tal vez es, no soy suficiente, nunca termino nada, siempre arruino todo, nadie me entiende, no puedo cambiar. Solo obsérvala, porque no podemos transformar aquello que ni siquiera hemos identificado. Quiero decirles algo a todos los que hoy forman parte de esta comunidad. Si llevas años hablándote con dureza, es normal que hoy te cueste creer en ti. Eso no significa que no tengas valor. significa que llevas mucho tiempo escuchando un discurso que nunca debiste aceptar como verdad. Y quizás hoy sea el primer día en que empieces a cuestionarlo. No para engañarte. No para decirte que todo es perfecto. Sino para preguntarte. ¿Y si llevo demasiado tiempo creyendo una mentira sobre mí? Quiero dejarte pensando en algo. Imagina que durante una semana alguien te siguiera a todas partes y esa persona te hablara exactamente como tú te hablas a ti mismo. ¿Querrías pasar tiempo con ella? ¿Te sentirías seguro a su lado? ¿Te sentirías amado? ¿O terminarías alejándote porque sus palabras te hacen daño? Entonces, ¿por qué aceptar como normal una voz interior que te trata de esa manera? Quiero que te quedes con esa pregunta porque ahora te voy a hablar de algo que puede cambiar por completo la forma en que entiendes tu mente. Vamos a descubrir por qué el cerebro insiste en repetir pensamientos negativos incluso cuando queremos vivir en paz y cómo esa batalla silenciosa termina afectando nuestras relaciones, nuestros sueños y la manera en que nos vemos frente al espejo. Y tengo la sensación de que cuando terminemos este episodio, no volverás a escuchar tus pensamientos de la misma manera. A veces me pregunto, ¿En qué momento empezamos a creer que todo lo que pensamos tiene que ser cierto? No sé si a ustedes les pasa, pero cuando uno está feliz, los pensamientos parecen livianos. Las decisiones salen más fáciles. Hasta los problemas se sienten más pequeños. Pero cuando estamos pasando por un momento difícil, Es como si nuestra mente se pusiera unos lentes oscuros y de repente todo parece peor de lo que realmente es. Un mensaje que no respondieron inmediatamente. Seguro está molesto conmigo. Una llamada que no llegó. Ya no le importo. Un error en el trabajo. Van a despedirme. Una discusión con la pareja. Esta relación no tiene arreglo. Se dan cuenta. Muchas veces nuestra mente no nos muestra la realidad. Nos muestra el miedo. Y cuando vivimos creyendo en el miedo, terminamos tomando decisiones desde el miedo. Quiero compartirles algo que cuando lo entendí me dio mucha paz. Nuestra mente no está diseñada para hacernos felices. Está diseñada para mantenernos vivos. Y esas dos cosas no siempre son lo mismo. Hace miles de años, detectar peligros rápidamente aumentaba la posibilidad de sobrevivir. Por eso nuestro cerebro presta tanta atención a lo negativo. Por eso recuerda con tanta facilidad una crítica y en cambio olvida diez elogios. No es porque seas débil, es porque el cerebro tiende a darle más importancia a lo que percibe como una amenaza. El problema es que hoy esas amenazas ya no siempre son un animal salvaje. Muchas veces son pensamientos y el cerebro reacciona como si fueran reales. Hay una pregunta que puede abrir la puerta a grandes oportunidades, pero también puede encerrarnos. Es la famosa pregunta, ¿y si? ¿Y si fracaso? ¿Y si hago el ridículo? ¿Y si nadie me apoya? ¿Y si pierdo? ¿Y si no soy suficiente? No sé si se han dado cuenta, pero casi nunca nos preguntamos, ¿y si me va bien? ¿Y si esta vez sí funciona? ¿Y si descubro algo maravilloso? Nuestra mente, cuando está dominada por el miedo, siempre imagina el peor escenario. Y el problema no es imaginarlo una vez. El problema es vivir como si ya hubiera ocurrido. Muchas personas creen que la valentía significa no tener miedo. Yo ya no lo creo. Para mí, la valentía es escuchar al miedo y aún así seguir caminando. Porque si esperamos a que todos los pensamientos negativos desaparezcan para empezar a vivir, podemos pasar años esperando. Hay personas que llevan 10 años diciendo, cuando tenga más confianza empezaré. Cuando deje de tener miedo, emprenderé. Cuando deje de dudar de mí, hablaré en público. Y los años pasan. Y la confianza nunca llega, porque la confianza no aparece antes de actuar. La confianza crece mientras actuamos. Quiero que imaginen algo. Imagina que hoy se despiertan y por primera vez pueden escuchar en voz alta todo lo que se dicen durante el día. No lo que dicen los demás. Lo que se dicen a ustedes. ¡Qué torpe! Otra vez lo hiciste mal. Mírate. Jamás vas a cambiar. Siempre igual. ¿Qué sentirían al escuchar eso? Probablemente dirían... ¡Qué manera tan cruel de hablarle a alguien! Y sin embargo... Es la conversación que muchas personas tienen consigo mismas todos los días. Hay un tipo de cansancio que no se quita durmiendo porque no viene del cuerpo, viene de la mente. Es el cansancio de pensar demasiado. de darle vueltas una y otra vez al mismo problema, de imaginar conversaciones que nunca sucedieron, de revivir discusiones antiguas, de preguntarte una y otra vez, ¿y si hubiera dicho otra cosa? ¿Y si hubiera tomado otra decisión? Qué agotador es vivir siempre viajando entre un pasado que no podemos cambiar y un futuro que todavía no existe. Mientras tanto, la vida sigue pasando frente a nosotros. Imagina una mujer que lleva meses soñando con abrir un pequeño negocio Tiene talento, tiene ganas, ha investigado, ha ahorrado un poco de dinero. Pero cada vez que está a punto de comenzar, su mente le dice, no eres tan buena. Ya hay demasiada gente haciendo eso. ¿Quién te va a comprar? ¿Y si pierdes el dinero? Así pasan seis meses. Luego un año y un día ve que otra persona hizo exactamente la misma idea y le fue bien. Entonces dice, eso era justo lo que yo quería hacer. No fue la falta de capacidad lo que la detuvo. Fueron los pensamientos que nunca cuestionó. ¿Cuántas oportunidades perdemos por creerle a una historia que jamás comprobamos? Hay personas que reciben un cumplido y responden, no es para tanto, no fue gran cosa, cualquiera lo hace. ¿Por qué no cuesta tanto aceptar algo bueno sobre nosotros? ¿Por qué llevamos tanto tiempo entrenando nuestra mente para ver únicamente nuestros defectos? Que cuando alguien ve algo hermoso en nosotros, nos cuesta creerle. Y eso también duele, porque terminamos necesitando que el mundo nos convenza de algo que deberíamos empezar a creer nosotros. Quiero que piensen en esto. Si hoy conocieran a una persona exactamente igual a ustedes, con sus mismas cualidades, sus mismos efectos, sus mismas luchas, ¿la tratarían con el mismo nivel de exigencia con el que se tratan ustedes? ¿O serían mucho más comprensivos? yo creo que la mayoría responderíamos que seríamos más amables. Entonces, ¿por qué no empezar hoy? No mañana, hoy, aunque sea con solo una frase diferente. Quizás no podamos cambiar todos nuestros pensamientos de un día para otro. Pero sí podemos empezar a elegir cuáles alimentamos. Porque un pensamiento es como una semilla. Si la riegas todos los días, crece. La pregunta es, ¿qué jardín estás cultivando dentro de ti? ¿Uno lleno de miedo? ¿O uno donde también haya espacio para la esperanza? Quiero que hoy hagas un pequeño experimento. Que cada vez que aparezca un pensamiento que te diga, no puedes, respóndele con una pregunta. ¿Quién dice que no puedo? No para pelear contigo, sino para dejar de aceptar automáticamente todo lo que pasa por tu mente. Porque no todo pensamiento Merece convertirse en una creencia. Y ahora te voy a decir algo que puede ser incómodo, pero muy liberador. Cómo dejamos que una sola experiencia defina toda nuestra identidad. Y cómo esa historia termina robándonos años de paz sin que nos demos cuenta. Porque a veces no estamos viviendo la realidad. Estamos viviendo la versión de nosotros mismos que un pensamiento creó hace muchos años. Quiero que antes de seguir hagamos algo. No importa dónde estés. Si vas conduciendo, simplemente escucha. Si estás en casa, mientras haces alguna tarea, continúa haciéndola. pero regálame toda tu atención durante estos minutos. Porque lo que vamos a conversar ahora puede cambiar la forma en que te ves a ti mismo. Y cuando cambia la forma en que nos vemos, empieza a cambiar la forma en que vivimos. Déjame hacerte una pregunta. ¿Quién te dijo por primera vez que no era suficiente? No respondas rápido. Piensa. Porque muchas veces llevamos años creyendo algo sobre nosotros sin recordar siquiera de dónde salió esa idea. Quizás fue un maestro. Quizás fue un familiar. Quizás fue alguien que habló desde sus propias heridas. Quizás fue una pareja que no supo valorar quién eras. O quizás fue una situación que te hizo sentir pequeño. Y aquí viene algo que me parece muy importante. Una experiencia no define una identidad. Escúchame bien. Que hayas fracasado una vez... no significa que seas un fracasado. Que una relación haya terminado no significa que nadie pueda amarte. Que hayas cometido un error no significa que seas un error. Pero nuestra mente tiene una costumbre muy peligrosa. Toma un momento Y lo convierte en una etiqueta. Y las etiquetas pesan muchísimo. Hay personas que ya no se presentan por su nombre. Se presentan por su herida. Soy la que siempre eligen al final. Soy el que nunca termina nada. Soy la divorciada. Soy el que perdió el negocio. Soy la que tiene ansiedad. Soy el que decepcionó a su familia. Y poco a poco, esas frases dejan de describir una experiencia. Empiezan a definir una vida. No sé si alguna vez te has sorprendido hablando de ti de una manera diferente. que si lo pensaras bien, ni siquiera es justa. Porque somos muchísimo más que el peor momento que hemos vivido. Hace tiempo, escuché a una persona decir algo que nunca olvidé. Dijo, el problema no es lo que te pasó. El problema es la identidad que construiste alrededor de lo que te pasó. Y esa frase se quedó conmigo porque me hizo pensar en cuántas personas viven atrapadas en una versión antigua de sí mismas. Personas que ya cambiaron, pero siguen tratándose como si todavía fueran la misma de hace 10 años. Y eso también nos pasa. Seguimos pidiendo perdón por alguien que ya no somos. Seguimos castigándonos por decisiones que hoy jamás volveríamos a tomar. Seguimos desconfiando de nosotros por errores que ya nos enseñaron todo lo que tenían que enseñarnos. Y mientras tanto, la vida sigue esperando que nos demos permiso para avanzar. Y si ya no eres esa persona, Quiero que te hagas esta pregunta. ¿Y si ya no eres la persona que tanto criticas? Porque a veces seguimos hablando de nosotros con palabras del pasado. Yo siempre. Yo nunca. Es que yo soy así. De verdad. O simplemente hace tanto tiempo que repites esa frase. que ya la aceptaste como parte de tu identidad. Las personas cambian, aprenden, maduran, sanan, crecen. Y tú también tienes derecho a hacerlo. No tienes que quedarte viviendo para siempre en la versión de ti que nació de una herida. Imagínate. Que cada pensamiento negativo fuera una piedra. La primera piedra pesa poco. La segunda también. Pero después de años, la mochila está llena. Y llega un momento en que dices, estoy cansado. Claro que estás cansado. Llevas años cargando piedras que nunca fueron tuyas. Piedras hechas de culpa, de vergüenza, de comparaciones, de miedo, de palabras que alguien dijo sin pensar y de palabras que tú mismo repites hasta creerlas. ¿Qué pasaría si hoy empezáramos a sacar una piedra? No todas, una, solo una. Porque sanar no siempre significa hacer cambios gigantes. Muchas veces significa dejar de cargar lo que ya no necesitas. Imagina que estás caminando con un niño de ocho años. Ese niño tropieza y cae. Se levanta con vergüenza y te mira esperando tu reacción. ¿Qué le dirías? ¿Le gritarías? ¿Le dirías que es un inútil? ¿Que nunca aprenderá? ¿Que todo lo hace mal? Estoy casi segura que no. Lo ayudarías a levantarse. Le quitarías el polvo de la ropa. Le dirías, no pasa nada, vamos otra vez. ¿Entonces? ¿Por qué cuando eres tú quien tropieza, te hablas como si no merecieras esa misma compasión? A veces olvidamos que también necesitamos tratarnos con la paciencia que ofrecemos a quienes amamos. Hay personas que se miran al espejo y solo ven defectos. pero no porque esos defectos sean lo único que existe, sino porque eso es lo que su mente les ha enseñado a buscar. Y esto no ocurre solo con el físico, también ocurre con la personalidad. Hay quien solo ve sus errores. Hay quien solo recuerda sus fracasos. Hay quien minimiza todo lo bueno que ha logrado. Y cuando alguien le dice, ¿qué bien lo hiciste? Responde, no fue para tanto. Como si aceptar un reconocimiento fuera un acto de orgullo. No, agradecer un reconocimiento también es una forma de honrar el esfuerzo que has hecho. Hay algo que he aprendido en este camino con Amorti Podcast. Cada episodio que comparto, cada historia, cada reflexión, también me invita a mirar hacia adentro. Porque mientras les hablo a ustedes, también me escucho a mí. Y muchas veces me he dado cuenta de que la conversación más importante que tengo en el día no es con nadie más, es conmigo. Por eso este episodio también es un recordatorio para mí, para elegir con más cuidado las palabras que uso cuando hablo de mí misma, porque esas palabras construyen la persona en la que me estoy convirtiendo. Y creo que a todos nos hace falta recordarlo de vez en cuando. Quiero que cuando termine este episodio, si sientes que despacio te he acompañado, me dejes una respuesta en los comentarios. No tiene que ser larga, solo responde esto. ¿Cuál es el pensamiento sobre ti que ya no quieres seguir creyendo? Quizás escribirlo sea el primer paso para dejar de cargarlo. Y quién sabe, tal vez otra persona lea tu comentario y se dé cuenta que no estás sola. Eso es lo hermoso de esta comunidad. No venimos aquí a aparentar que tenemos la vida resuelta. Venimos a acompañarnos mientras aprendemos a vivirla. No eres la peor decisión que has tomado. No eres el peor día de tu vida. No eres el error que más te avergüenza. No eres el rechazo que recibiste. No eres la opinión que alguien tuvo sobre ti. Eres una persona que sigue creciendo, que sigue aprendiendo, que todavía tiene muchas páginas por escribir. Y ahora te voy a decir algo que todos hacemos sin darnos cuenta. ¿Cómo alimentamos nuestros pensamientos negativos cada día? incluso con pequeñas acciones y hábitos? ¿Y qué cambios concretos podemos hacer para empezar a recuperar la paz mental? Porque la mente, igual que un jardín, siempre está creciendo. La pregunta es, ¿qué estamos sembrando en ella? Y quiero que sean completamente honestos con ustedes mismos. ¿Qué es lo primero que alimentan cada mañana? ¿El cuerpo, la mente o las preocupaciones? Porque si lo pensamos bien, muchos de nosotros abrimos los ojos y antes de respirar profundo, antes de agradecer por un nuevo día, antes de mirar por la ventana, ya estamos alimentando el miedo. Tomamos el teléfono, leemos noticias negativas, entramos a las redes sociales, nos comparamos, vemos personas que parecen tener una vida perfecta. Y sin darnos cuenta, Nuestra mente empieza el día con una sensación de que vamos detrás de todo y todavía ni siquiera hemos salido de la cama. Hay algo que me gustaría que recordáramos siempre como comunidad. Nuestra mente es como una casa y tú decides quién entra. Imagínate. Que alguien llegara a tu casa todos los días a decirte, no sirves, nunca vas a cambiar, todo te sale mal. Estoy segura de que después de unos minutos le pedirías que se fuera. Entonces, ¿por qué permitimos que sus mensajes entren todos los días por otros caminos? A veces llegan por una conversación. A veces por una cuenta que seguimos en redes sociales. A veces por un programa que consumimos. Y otras veces llegan porque nosotros mismos lo repetimos una y otra vez. No todo lo que entra a tu mente merece convertirse en una verdad. Hay algo que he visto una y otra vez. Personas maravillosas que dejan de valorar su vida porque empezaron a compararla con la vida de alguien más. Y las redes sociales han hecho que eso sea todavía más difícil. Vemos un viaje, vemos un cuerpo perfecto, una casa hermosa, un negocio creciendo, una pareja feliz, y pensamos, todos avanzan menos yo. Pero olvidamos algo muy importante. Estamos comparando nuestro detrás de cámaras con el mejor momento que otra persona decidió publicar. No conocemos sus lágrimas, No conocemos sus miedos. No conocemos sus noches de insomnio. Solo vemos un pequeño fragmento. Y aún así usamos ese fragmento para juzgar toda nuestra vida. Eso nunca será una comparación justa. Y si hay algo que he aprendido con el paso de los años es que la paz Vale mucho más que tener la razón. Y también vale mucho más que intentar demostrarle algo al mundo. Hubo un tiempo en el que pensaba que tenía que hacerlo todo perfecto. Que no podía equivocarme. Que tenía que demostrar que sí podía. Y eso pesa. porque vivir intentando cumplir expectativas ajenas termina agotándonos. Hasta que un día entendí algo. No vine a este mundo para demostrar mi valor. Mi valor ya existe y el tuyo también. No tienes que ganarte el derecho a sentirte suficiente. Y si empezamos a hablarnos diferente, quiero proponerte un ejercicio. No porque vaya a cambiar tu vida de un día para otro, sino porque los grandes cambios empiezan con pequeñas decisiones repetidas. Durante los próximos siete días, presta atención cada vez que te critiques. Y cuando eso ocurra, no te castigues por haberte criticado. Solo detente. Respira y cambia la frase. Si tu mente dice no puedo, prueba a decir todavía estoy aprendiendo. Si dices siempre fallo, prueba a decir hoy tengo una nueva oportunidad. ¿No soy suficiente? Respóndele. Estoy creciendo y eso también cuenta. No se trata de engañarte. Se trata de dejar de hablarte como si fueras tu peor enemigo. Hay palabras que levantan y hay palabras que aplastan. Lo curioso es que muchas veces elegimos con mucho cuidado cómo hablarles a los demás, pero no hacemos lo mismo con nosotros. Imagina que cada palabra que te dicen fuera una gota de agua. Si todos los días dejas caer gotas de esperanza, con el tiempo crecerá algo hermoso. Pero si todos los días dejas caer gotas de desprecio, también crecerá algo. Solo que será una versión de ti que vive creyendo que nunca es suficiente. Por eso es tan importante cuidar nuestro diálogo interior. Porque nadie escucha esas conversaciones. Pero ellas terminan definiendo la calidad de nuestra vida. Quiero decir algo que quizás sorprenda a algunas personas. La paz no llega el día que todos los problemas desaparecen. Porque siendo honestos, siempre habrá algo que resolver. Siempre habrá una cuenta. Una preocupación, una conversación perdiente, una pérdida, un cambio inesperado. La paz empieza cuando dejamos de convertir cada dificultad en una prueba de que nuestra vida está mal. Hay personas que atraviesan tormentas y aún así conservan una serenidad admirable. ¿Saben por qué? Porque aprendieron a no creerle a cada pensamiento que aparece cuando llega el miedo. Quiero que imaginen a alguien que escucha este podcast desde hace meses. Cada lunes decide regalarse un momento para reflexionar. No porque su vida sea perfecta, sino porque entendió algo. que cuidar la mente no es un lujo, es una necesidad. Y poco a poco empieza a notar cambios. Ya no responde con tanta impulsividad, se habla con más paciencia, se compara menos, empieza a dormir un poco mejor. no porque desaparecieron todos sus problemas, sino porque cambió la manera en que conversa consigo mismo. Y eso, aunque parezca pequeño, transforma la forma en que enfrentamos la vida. Si hoy pudieras borrar un solo pensamiento que te ha acompañado durante años, ¿cuál sería? No para olvidarlo, sino para dejar de vivir bajo su sombra. Tal vez dirías, ya no quiero seguir creyendo que no soy suficiente. O ya no quiero pensar que siempre llego tarde a todo. O quizás ya no quiero seguir viviendo con miedo al que dirán. Qué diferente sería nuestra vida si dejáramos de cargar pensamientos que ya no nos ayudan a crecer. Si hoy llegaste hasta aquí, quiero hablarte directamente. Tal vez llevas mucho tiempo siendo fuerte para todos. Tal vez eres esa persona que siempre escucha, que siempre ayuda. que siempre anima a los demás. Pero cuando cierras las puertas de tu casa, te cuesta hablarte con la misma ternura. Si ese eres tú, quiero recordarte algo. También mereces descanso. También mereces paciencia. También mereces hablarte con amor. Porque el amor propio No empieza cuando todo está bien. Empieza cuando decides dejar de convertirte en tu propio juez. Ahora quiero compartirles herramientas muy prácticas, no teorías, no frases bonitas. Herramientas sencillas que podemos incorporar en nuestra rutina para entrenar la mente con la misma disciplina con la que entrenamos el cuerpo. Porque así como fortalecemos nuestros músculos con constancia, también podemos fortalecer nuestra paz. Y créanme, esa es una de las inversiones más valiosas que podemos hacer. Quiero decirles algo que deseo que recuerden mucho tiempo después de que termine este episodio. Nuestra mente también se entrena. Así como un músculo se fortalece con práctica, nuestra forma de pensar también cambia con los hábitos que repetimos. Y esto me llena de esperanza. ¿Saben por qué? Porque significa que no estamos condenados a vivir para siempre con los mismos pensamientos. Podemos aprender una manera diferente de relacionarnos con ellos. Y quiero aclararle algo importante. No estoy diciendo que en un día vas a despertar y nunca vas a sentir miedo. No. Todos sentimos miedo. Todos dudamos. Todos tenemos días en los que nuestra mente parece hacer más ruido de lo normal. La diferencia está en lo que hacemos cuando ese ruido aparece. Durante muchos años cometí un error que quizás ustedes también han cometido. Creía que tenía que resolver cada pensamiento que aparecía en mi cabeza. Si llegaba una duda, la analizaba. Si llegaba un miedo, le daba vueltas. Si aparecía una preocupación, intentaba encontrar la solución de inmediato. Y terminaba agotada. porque era como tratar de responder cada llamada de un teléfono que nunca deja de sonar. Hasta que entendí algo. No todos los pensamientos necesitan una respuesta. Algunos solo necesitan ser observados. Imagínate que estás sentado en un parque. Frente a ti pasa una persona, después otra, después otra, No te levantas a seguir a cada una. La ves pasar. Con los pensamientos podemos hacer algo parecido. No todo lo que aparece en la mente merece que lo persigamos. Vivimos tan rápido que muchas veces reaccionamos antes de comprender lo que estamos sintiendo. Alguien nos dice algo, nos ofendemos, pensamos lo peor, respondemos impulsivamente y después nos arrepentimos. ¿Qué pasaría si antes de reaccionar hiciéramos una pausa? Cinco segundos. ¡Solo cinco! Respirar. Preguntarnos. ¿Estoy reaccionando a lo que realmente pasó o a la historia que mi mente está construyendo? Es increíble la cantidad de conflictos que podemos evitar cuando dejamos de reaccionar de inmediato. Quiero compartirles un ejercicio muy sencillo. Cuando aparezca un pensamiento que les haga daño, en lugar de decir, soy un fracaso, prueben decir, estoy teniendo el pensamiento de que soy un fracaso. Parece una diferencia pequeña, pero no lo es, porque deja de ser una identidad y pasa a ser un pensamiento. Y los pensamientos van y vienen. No son permanentes. No son una sentencia. Cada vez que aparezca un pensamiento negativo, hazle tres preguntas. La primera, ¿tengo pruebas de que esto es completamente cierto? La segunda, ¿le hablaría así a alguien que amo? Y la tercera, ¿este pensamiento me ayuda a crecer? ¿O solo me hace sufrir? Muchas veces descubrirás que llevas años creyendo ideas que nunca cuestionaste. Y cuestionarlas no significa negar la realidad. Significa dejar de aceptar todo automáticamente. Hay personas que dicen, cuando tenga más confianza empezaré. Pero la confianza no llega antes, llega después de atreverte. Piensa en la primera vez que manejaste, en la primera entrevista de trabajo, en la primera vez que hablaste frente a un grupo. Seguramente sentiste miedo y aún así lo hiciste. Si hubieras esperado a sentirte completamente preparado, quizás nunca habrías comenzado. A veces el primer paso no elimina el miedo, pero sí demuestra que el miedo no decide por ti. En este camino con Amorte y Podcast, muchas veces he tenido pensamientos que me decían, ¿y si este episodio no ayuda a nadie? ¿Y si nadie lo escucha? ¿Y si ya hay demasiados podcasts? Y estoy segura de que muchas personas que crean contenido sienten algo parecido. Pero si hubiera esperado a no tener dudas, este espacio probablemente no existiría. Y hoy, cuando leo sus mensajes, cuando alguien me escribe diciendo, necesitaba escuchar esto. Entiendo que no era necesario esperar a sentirme perfecta. Solo era necesario empezar. Y creo que esa enseñanza sirve para cualquier área de la vida. No podemos decidir qué pensamientos aparecerán, pero sí podemos decidir cuáles invitamos a quedarse. Porque hay pensamientos que llegan como visitantes. Y nosotros les entregamos las llaves de la casa. Los dejamos vivir con nosotros durante meses, durante años. Hoy quiero invitarte a hacer algo diferente. Cuando llegue un pensamiento que solo trae culpa, miedo o vergüenza, míralo. Reconócelo y pregúntalo. ¿De verdad quiero que esa idea siga viviendo dentro de mí? Quiero dejarles un reto. Durante los próximos siete días antes de dormir, escriban tres cosas. No tienen que ser grandes, solo tres.
SPEAKER_01Uno,
SPEAKER_00algo que hicieron bien ese día. Dos, algo por lo que sienten agradecidos. Tres, una palabra amable que quieran decirse antes de dormir. Puede ser algo tan sencillo como, hoy fui valiente. Hoy descansé sin sentir culpa. Hoy hice lo mejor que pude. No estamos buscando perfección. Estamos entrenando una nueva conversación con nosotros mismos. Y las conversaciones cambian vidas. Tal vez llegaste hasta esta parte del episodio sintiéndote agotado. No físicamente, mentalmente. Quiero que sepas que descansar también es parte del camino. No tienes que demostrar fortaleza las 24 horas del día. No tienes que tener todas las respuestas. No tienes que resolver toda tu vida esta semana. A veces, el siguiente paso no es correr. Es respirar. Y eso también está bien. Hay algo que me emociona profundamente de esta comunidad. Y es que cada semana nos damos permiso para detenernos. Mientras el mundo nos dice, corre más, produce más, haz más, nosotros elegimos hacer una pausa, mirar hacia adentro y recordar que el crecimiento no siempre se ve desde afuera. A veces el mayor cambio ocurre cuando una persona deja de odiarse en silencio. Y nadie más lo nota, pero su vida empieza a transformarse. Quiero pedirte algo. Cuando termine este episodio, no lo cierres de inmediato. Quédate unos minutos en silencio, sin música, sin redes sociales, sin distracciones, solo contigo. porque muchas veces pasamos tanto tiempo huyendo de nuestros pensamientos que nunca aprendemos a escucharlos con calma. Y quizás hoy descubras que detrás de tanto ruido había una parte de ti solo necesitaba ser escuchada con amor. Si llegaste hasta aquí, quiero darte las gracias, porque sé que vivimos en un mundo donde todo compite con nuestra atención. Y sin embargo, hoy decidiste regalarte este tiempo, no para escucharme a mí, sino para escucharte un poco más a ti. Y eso ya dice mucho de la persona que eres. Porque las personas que desean crecer hacen algo diferente. Se detienen, reflexionan, se hacen preguntas difíciles. Y aunque a veces duelan las respuestas, prefieren conocer la verdad antes de seguir viviendo en automático. Imagínate que es de noche. Todo está en silencio. No hay televisión. No hay teléfono. No hay ruido. Solo estás tú. Y frente a ti hay una silla vacía. En esa silla está sentado tu yo de hace diez años. Obsérvalo por un momento. Míralo con calma.
SPEAKER_01¿Cómo está? ¿Está cansado? ¿Tiene miedo?
SPEAKER_00¿Está confundido? ¿Está intentando demostrar que vale? Ahora imagina que puedes sentarte frente a esa persona. No para juzgarla. No para decirle todo lo que hizo mal. sino para abrazarla y decirle, lo lograste. Sé que pensabas que no ibas a poder. Sé que hubo noches en las que lloraste sin que nadie lo supiera. Sé que hubo momentos en los que pensaste en rendirte. Pero aquí estamos. Seguimos caminando. A veces somos tan duros con nuestro pasado que olvidamos reconocer todo lo que esa versión de nosotros hizo para que hoy estemos aquí. Hay algo de lo que hablamos muy poco. Nos enseñan a pedir perdón, nos enseñan a perdonar a otros, pero casi nadie nos enseña a perdonarnos a nosotros mismos. Y qué difícil puede ser. Porque uno recuerda conversaciones, errores, decisiones, personas que lastimó, oportunidades que dejó pasar y empieza a pensar. Si hubiera. Y si aquel día hubiera tomado otra decisión. Pero la verdad es esta. No podemos abrazar el futuro mientras seguimos castigándonos por el pasado. No significa olvidar. No significa justificar. Significa aceptar que hicimos lo mejor que pudimos con la persona que éramos y con las herramientas que teníamos en ese momento. Hoy sabemos más. Hoy hemos crecido. Y eso también merece ser reconocido. Si este episodio llegó a tu vida en el momento correcto, compártelo con alguien que esté luchando una batalla que nadie puede ver. Tal vez nunca sabrás cuánto puede ayudar una conversación como esta. Y si escuchas a Morty Podcast en Spotify, síguenos para que no te pierdas los próximos episodios. Si nos escuchas desde Apple Podcast, una reseña ayuda muchísimo a que más personas se encuentren en este espacio. Y cuéntame también, ¿desde qué ciudad o país me escuchas? Cada vez que leo sus mensajes me emociona imaginar cómo esta comunidad sigue creciendo y acompañándose desde tantos lugares diferentes. Quiero irme dejándote una idea. No eres tus pensamientos. Eres la persona que puede decidir qué hacer con ellos. Habrá días en los que esa voz vuelva. Habrá mañanas en las que el miedo quiera sentarse contigo antes que la esperanza. Y cuando eso ocurra, no pelees con esa voz. Escúchala. Respira y recuerda algo que quizás has olvidado, que tú ya no eres la misma persona de antes, que has aprendido, que has crecido, que has sobrevivido y que mereces vivir una vida donde tu propia mente también sea un hogar, no una prisión. Porque el verdadero amor propio no empieza cuando dejas de cometer errores. Empieza el día en que decides dejar de tratarte como si fueras tu propio enemigo. Gracias por regalarme este momento. Gracias por abrirme las puertas de tu corazón una semana más. Nos encontramos muy pronto en un nuevo episodio de Amor Tip Podcast. Y hasta entonces, háblate con el mismo amor con el que siempre intentas cuidar a quienes más amas. Porque la persona que más tiempo va a acompañarte durante toda tu vida, eres tú. Gracias por acompañarme en este episodio de Amor Ti. Si resonó contigo, suscríbete al canal, activa las notificaciones y sígueme para no perderte los próximos episodios. Recuerda, amarte no es egoísmo, es el acto más valiente que puedes hacer cada día. Nos escuchamos muy pronto aquí en Amor Ti.