Amor ti Podcast

El AMOR NO ES UNA TRANSACCIÓN: Deja de Llevar la Cuenta

Amor Ti Podcast | Yohanna Tineo Season 3 Episode 26

Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.

0:00 | 42:50

Ebook

¿Cuántas veces has sentido que eres tú quien siempre da más?


En este episodio de Amor Ti Podcast hablamos de una de las ideas que más puede transformar nuestras relaciones: entender que el amor no es una transacción. Amar no significa llevar la cuenta de quién llamó primero, quién hizo más o quién dio más.


Conversamos sobre las expectativas silenciosas, el cansancio emocional, la importancia de los límites y cómo aprender a amar sin perderte a ti mismo en el proceso.


Si alguna vez te has sentido decepcionado porque esperabas recibir el mismo amor que entregas, este episodio es para ti.


Espero que esta conversación te ayude a mirar tus relaciones desde una perspectiva diferente y, sobre todo, a recordar que tu valor no depende de cuánto haces por los demás.


Gracias por ser parte de esta comunidad. Si este episodio conectó contigo, compártelo con alguien que necesite escucharlo y sígueme para no perderte los próximos episodios de Amor Ti Podcast.


Con cariño,


Yohanna Tineo

https://drive.google.com/file/d/1qJU4rO3vK0otlKnmWU20rJxVyu7jBg8Z/view

SPEAKER_00

Hola, soy Joana Tineo y esto es Amor Ti, un espacio para que aprendas a escucharte, a valorarte y amarte cada día. Aquí compartimos historias, reflexiones y herramientas para que tu corazón y tu mente encuentren calma y libertad. Quédate conmigo y descubre cómo despertar tu amor propio hoy. ¿Te puedo hacer una pregunta? No me la respondas enseguida. Piénsala un momento. ¿Alguna vez has sentido que eres tú quien siempre da más? ¿Que eres quien llama primero? ¿Quien escribe primero? ¿Quien pregunta cómo estás? ¿Quien recuerda los cumpleaños? quien hace el esfuerzo por mantener viva la relación. Y un día, casi sin darte cuenta, te escuchas diciendo por dentro, ¿y cuándo alguien va a hacer todo eso por mí? Si alguna vez has sentido eso, de verdad, quédate conmigo, porque hoy no quiero darte una lección, Tampoco quiero decirte cómo deberías amar. Lo único que quiero es que conversemos como si estuviéramos sentadas en la sala de tu casa o caminando por un parque o tomando un café sin prisa. Porque siento que este tema nos toca a todos. Bienvenidos una vez más a Morty Podcast. Qué alegría volver a encontrarnos. Gracias por regalarme ese ratito de tu vida. No importa si me estás escuchando mientras manejas, mientras cocinas, mientras haces ejercicio o simplemente necesitabas desconectarte un poco del ribedo de afuera. Donde quiero que estés, gracias. Y hoy quiero pedirte un favor. No escuches este episodio pensando en tu pareja. No escuches este episodio pensando en tu ex, ni en tu mamá, ni en tu papá, ni en ese amigo que te falló. Hoy quiero que por un momento pienses en ti. Porque es muy fácil escuchar algo así y decir, esto le hace falta escucharlo a fulano. Pero las conversaciones que realmente cambian nuestra vida son las que primero nos cambian por dentro. Y te voy a ser sincera. Mientras preparaba este episodio me di cuenta de algo. Yo también muchas veces he amado esperando recibir. No lo hacía de manera consciente. Nunca decía, voy a hacer esto para que después hagan lo mismo por mí. No. Pero en algún lugar del corazón había una expectativa. Y creo que eso nos pasa a muchos. Porque cuando queremos de verdad a alguien, es natural esperar que esa persona también esté cuando nosotros la necesitemos. El problema empieza cuando esa expectativa se convierte en una deuda. Porque ahí dejamos de amar con libertad y empezamos a llevar la cuenta. Déjame preguntarte algo. Imagínate que un día un amigo te llama porque está pasando por un momento difícil. Tú dejas lo que estás haciendo, lo escuchas, lo acompañas, le das ánimo, estás ahí y pasan los meses. Ahora eres tú quien está viviendo un momento complicado. Miras el teléfono, esperas un mensaje, esperas una llamada, esperas que esa persona aparezca y no aparece. ¿Qué es lo primero que sentimos? Decepción y es completamente normal. Pero con el tiempo empecé a preguntarme algo que nunca antes me había preguntado. ¿Mi dolor venía solamente porque esa persona no estuvo? ¿O también porque yo había creado una expectativa que nunca hablamos? Porque sin darme cuenta, dentro de mí había un acuerdo silencioso. Algo como, yo estuve para ti, entonces tú estarás para mí. Y quiero que pienses en esto. ¿Cuántos acuerdos silenciosos hacemos todos los días con la persona que amamos? Acuerdos que nunca hablamos, nunca explicamos, nunca preguntamos si el otro también lo entiende, pero esperamos que se cumplan. Y cuando se cumplen, sentimos que nos fallaron. No sé si te ha pasado. Preparas un detalle con muchísima ilusión. Piensas en esa persona, buscas el regalo, escribes un mensaje bonito, te emocionas imaginando su reacción. Y cuando por fin se lo entregas, la respuesta es un simple gracias. Y ya. No era la reacción que imaginabas. Entonces empiezas a pensar. Creo que en el importo. No valoró todo el esfuerzo. Si hubiera sido al revés, yo había reaccionado diferente. Te das cuenta de lo que acaba de pasar. Sin querer, dejamos de mirar el gesto para empezar a compararlo con cómo nosotros habríamos actuado. Y ahí aparece una pregunta que cambió mi manera de ver muchas relaciones. ¿Y si esa persona sí me quiere, solo que no sabe demostrarlo de la manera en que yo esperaba? Porque una cosa es que alguien no te ame y otra muy distinta es que ame de una forma diferente. Y creo que muchas veces confundimos esas dos cosas. Todos aprendimos a amar de manera distinta. Hay personas que crecieron escuchando te quiero todos los días y otras que jamás escucharon esas palabras. pero tenían una mamá que se levantaba a las cinco de la mañana para prepararles el desayuno. Un papá que llegaba cansado del trabajo, pero nunca dejó que faltara comida en la mesa. Nunca dijeron te amo, pero amaban con todo el corazón. Entonces crecieron creyendo que amar era trabajar. que amar era cuidar, que amar era resolver, mientras otras personas aprendieron que amar era abrazar, hablar, expresar. Y cuando esos dos mundos se encuentran, empiezan los malentendidos. Uno dice, nunca me dices que me quieres, y el otro piensa, ¿Cómo que no te quiero? Trabajo todos los días por nosotros. Los dos aman, pero hablan idiomas emocionales diferentes. Y quizás hoy tú estás viviendo algo parecido, sin darte cuenta. Y mientras pensaba en todo esto, me acordé de una conversación que tuve hace unos años. Estaba hablando con una señora mayor, tendría unos setenta y tantos años. Una de esas personas que cuando habla, tú prefieres escuchar porque sabes que la vida ya les enseñó cosas que ningún libro puede enseñar. En un momento le pregunté, ¿Cuál ha sido la lección más importante que ha aprendido sobre el amor? Pensé que me iba a decir algo como la paciencia, el respeto, la comunicación. Pero me respondió algo completamente diferente. Me dijo, el día que dejé de llevar la cuenta, empecé a disfrutar a las personas. Y me quedé pensando, porque creo que muchos de nosotros vivimos con una libreta invisible. No la vemos, no la escribimos, pero ahí está. Hoy llamé yo. Yo fui quien pidió perdón. Yo fui quien organizó el encuentro. Yo fui quien hizo el esfuerzo. Y esa libreta empieza a llenarse sin que nos demos cuenta. Hasta que un día explotas. Y no explotas solamente por lo que pasó ese día. Explotas por todo lo que llevas meses, años acumulando. ¿Te ha pasado?

UNKNOWN

No.

SPEAKER_00

que alguien hace un comentario pequeño y tú reaccionas mucho más fuerte de lo normal. Después, hasta tú mismo piensas, ¿por qué reaccioné así? ¿Por qué no reaccionaste solo a ese momento? Reaccionaste a todas las veces que sentiste que estabas dando y nadie parecía darse cuenta. Y aquí quiero hacer una pausa. Porque si hoy te sientes identificado con esto, no quiero que te juzgues. No quiero que pienses que mal estoy. No. Creo que todos en algún momento hemos vivido algo parecido. Porque todos queremos sentirnos importantes. Todos queremos sentirnos vistos. Todos queremos sentir que nuestra presencia hace una diferencia en la vida de alguien. Eso es humano. El problema aparece cuando empezamos a creer que nuestro valor depende de cuánto hacemos por los demás. Y ahí quiero hacerte otra pregunta. Si mañana dejaras de resolverle la vida a todo el mundo, ¿seguirías sintiendo que eres valioso? Piénsala. Porque muchas personas han construido su identidad alrededor de ser quienes siempre ayudan. La que siempre resuelve, el que siempre presta, la que siempre escucha, el que siempre dice que sí. Y cuando por alguna razón ya no pueden hacerlo, sienten que perdieron una parte de sí mismos. como si ya no supieran quiénes son. Y eso me hace pensar en algo. A veces confundimos ser amados con ser necesitados. Y eso no es lo mismo. Que alguien te necesite no significa necesariamente que te ame. Y que alguien te ame tampoco significa que tenga que necesitarte para todo. El amor sano deja espacio para que ambos crezcan, para que ambos respiren, para que ambos puedan decir, «Hoy necesito ayuda y también hoy no puedo». ¿Sabes cuál es una de las frases que más me cuesta escuchar? Cuando alguien dice, es que yo no puedo con todo. Y por fuera suena como una fortaleza, pero muchas veces por dentro es un grito de agotamiento. Porque nadie puede con todo. Nadie, ni tú ni yo. ni esa persona que parece tener la vida perfectamente organizada. Todos nos cansamos. Todos tenemos días malos. Todos necesitamos un abrazo. Todos necesitamos que alguien nos pregunte, ¿y tú, cómo estás? Sin esperar que respondamos rápido. Sin cambiar de tema. Solo con el deseo genuino de escuchar. Y fíjate qué curioso. Muchas veces somos excelentes haciendo esa pregunta. Pero muy malos respondiéndola. Porque cuando alguien nos dice, ¿cómo estás de verdad? Automáticamente respondemos, bien. Aunque por dentro sintamos que nos estamos cayendo. ¿Por qué hacemos eso? Creo que porque nos acostumbramos a ser los fuertes. Y ser los fuertes tiene un precio. El precio es que muchas personas dejan de preguntarte si tú también necesitas ayuda. Porque como siempre te ven resolviendo, asumen que no la necesitas. Y quizás hoy hay alguien escuchándome que lleva mucho tiempo siendo esa persona fuerte para todos. Déjame decirte algo. No tienes que demostrar tu fortaleza todo el tiempo. No tienes que ganarte el cariño cargando el peso del mundo sobre tus hombros. No tienes que convertirte en la solución de todos para sentir que mereces amor. Porque tu valor no nace de todo lo que haces. Tu valor nace de quién eres y eso cambia completamente la manera de vivir. Porque cuando entiendes eso, empiezas a ayudar desde la libertad, no desde la obligación. empiezas a decir sí porque quieres y también aprendes a decir no sin sentir culpa. Yo sé que esa palabra, culpa, pesa muchísimo, especialmente para quienes siempre han cuidado de otros. Porque cuando por fin decides descansar, aparece esa vocecita que dice que egoísta eres. Deberías haber ido. Deberías haber ayudado. Deberías haber dicho que sí. Pero déjame preguntarte algo. Si una persona a la que tú amas estuviera completamente agotada, ¿le dirías que siguiera cargando más peso? Claro que no. Le dirías, descansa, cuídate. No tienes que hacerlo todo. Entonces, ¿por qué eres capaz de tener tanta compasión con los demás y tan poca contigo? Esa pregunta me cambió hace mucho tiempo, porque entendí que el amor propio no empieza cuando aprendes a decirte frases bonitas frente al espejo. Empieza cuando dejas de exigirte más de lo que exigirías a alguien que amas. Y eso también es una forma de amar. Quizás una de las más difíciles, pero también una de las más necesarias. Y mientras decía eso, pensé en algo que me pasó hace un tiempo. No sé si a ti también te ocurre, pero a mí me gusta mucho observarla a la gente. A veces estoy en un restaurante, en un parque o haciendo una fila y sin querer termino viendo pequeñas escenas de la vida cotidiana. No por curiosidad, sino porque ahí, en esos momentos simples, uno aprende muchísimo. Recuerdo que una vez vi a un matrimonio de personas mayores. Tendrían más de 40 años juntos. No estaban haciendo nada extraordinario. Ni había flores, ni regalos, ni una gran demostración de amor. Simplemente caminaban despacio. En un momento, él tropezó un poquito. Nada grave. Ella, sin decir una palabra, tomó su brazo. Él sonrió. Siguieron caminando. Unos pasos después, ella comenzó a sentir calor. Él se acompañó lo del bolsillo y se lo dio. No hubo un gracias, no hubo un de nada. Solo siguieron caminando. Y yo me quedé mirándolos, pensando. Qué bonito debe ser llegar a un punto donde el amor deja de ser una competencia. Porque muchas veces nosotros competimos sin darnos cuenta. Competimos por quien dio más, por quien se sacrificó más, por quien sufrió más, por quien hizo más esfuerzo. Y cuando el amor se convierte en una competencia, siempre hay alguien que termina perdiendo. Porque el objetivo deja de ser caminar juntos y pasa a ser a demostrar quién tiene la razón. Déjame preguntarte algo. ¿Cuántas veces has dicho una frase como esta? Después de todo lo que hice por ti. Yo creo que todos alguna vez la hemos pensado. Tal vez no la dijimos, pero la pensamos. Y quiero que analicemos esa frase juntos. Porque cuando decimos, después de todo lo que hice por ti, en realidad estamos diciendo algo más profundo. estamos diciendo esperaba que todo lo que hice produjera una respuesta específica y cuando esa respuesta no llegó sentimos que perdimos ahora bien no estoy diciendo que no duela claro que duele y sería poco honesto decirte lo contrario Porque cuando tú entregas tiempo, cuando tú entregas cariño, cuando entregas energía, es normal que esperes sentirte valorado. Eso no te hace una mala persona. Lo que quiero invitarte a revisar hoy es otra cosa. ¿Estamos esperando gratitud? ¿O estamos esperando que la otra persona pague una deuda? Porque no es lo mismo. La gratitud nace. Las deudas se cobran. Y el amor, cuando empieza a cobrar, poco a poco deja de sentirse como amor. Hace unos días, alguien me escribió un mensaje que decía más o menos así. Johanna, Siento que siempre soy yo quien mantiene vivas mis amistades. Si yo no escribo, nadie escribe. Si yo no llamo, nadie llama. Estoy cansada. Leí ese mensaje varias veces y pensé, ¿cuántas personas deben sentirse exactamente igual? Así que si tú eres una de ellas, déjame decirte algo con muchísimo cariño. a veces insistimos tanto en mantener vivas relaciones que ya hace tiempo dejaron de caminar en nuestra misma dirección y eso duele aceptarlo porque uno quisiera que todas las personas que han pasado por nuestra vida permanecieran para siempre pero la vida tiene estaciones Hay personas que llegan para enseñarnos algo. Hay personas que llegan para acompañarnos durante muchos años. Y también hay personas que cumplen su ciclo. Y cuando intentamos sostener relaciones que el otro ya soltó, terminamos agotados. No porque amar sea agotador, sino porque estamos intentando cargar algo que ya no depende solo de nosotros. Y quiero hacer aquí una diferencia muy importante, porque hay personas que escuchan hablar de amor incondicional y creen que eso significa aguantar cualquier cosa. No. El amor incondicional no significa aceptar faltas de respeto, no significa permitir manipulación, no significa tolerar indiferencia, no significa convertirte en la última opción de alguien mientras esa persona es siempre tu prioridad. Eso no es amor. Eso es desequilibrio y las relaciones desequilibradas terminan rompiendo incluso a las personas con el corazón más noble. Déjame decirte algo que ojalá alguien me hubiera dicho hace muchos años. No todo el mundo va a cuidar tu corazón como tú cuidas el de los demás. Y aunque esa frase pueda sonar un poco triste, en realidad también es liberadora. Porque el día que entiendes eso, dejas de esperar que todas las personas tengan tu mismo nivel de conciencia, tu misma sensibilidad, tu misma forma de demostrar cariño. Y empiezas a observar algo mucho más importante. No qué dicen. sino cómo te hacen sentir. Porque una relación sana debería darte paz más veces de las que te da ansiedad. Debería hacerte sentir seguro más veces de las que te hace dudar. Debería darte ganas de ser tú mismo, no obligarte a actuar para merecer un lugar. Y aquí quiero que hagamos una pausa. Porque quizás alguien que nos está escuchando lleva mucho tiempo intentando ganarse un amor que nunca debió tener que ganarse. Escúchame bien. El amor sano no se mendiga, no se persigue, no se ruega, no se compra con sacrificios. No se consigue dejando de ser quien eres. El amor sano se construye entre dos personas, no sobre los hombros de una sola. Y si hoy sientes que eres tú quien está haciendo absolutamente todo para que una relación funcione, tal vez la pregunta no sea, ¿qué más puedo hacer? Tal vez la pregunta sea, ¿por qué siento que todo depende de mí? Porque cuando una relación depende únicamente del esfuerzo de una persona, tarde o temprano termina convirtiéndose en una carga y nadie fue creado para vivir el amor como una carga. Fue creado para compartirlo, para disfrutarlo, para crecer a través de él. Y sí, habrá momentos difíciles, habrá desacuerdos, habrá heridas, pero incluso en esos momentos, las dos personas deberían querer seguir construyendo. Porque cuando solo uno construye, lo que existe no es una relación. Es un intento desesperado por mantener en pie algo que el otro ya dejó de sostener. Y eso, eso termina rompiendo el corazón de cualquiera. Y quiero que te imagines esta escena. Dos personas están remando en el mismo bote. Al principio, los dos hacen fuerza, los dos reman, los dos se cansan, los dos avanzan, pero con el tiempo, uno deja de remar. El otro sigue, hace más fuerza, rema más rápido, se esfuerza el doble, y como el bote todavía avanza un poco, piensa, Si me esfuerzo un poquito más, lo voy a lograr. Entonces vuelve a remar y vuelve a remar y vuelve a remar hasta que llega un momento en que está completamente agotado. Y recién ahí mira hacia atrás y descubre que hace mucho tiempo era el único que estaba remando. ¿Sabes cuál es el problema? Que muchas veces hacemos exactamente eso en nuestras relaciones. Seguimos esforzándonos porque no queremos aceptar que el otro dejó de remar. Porque aceptar eso duele. Duele muchísimo. Es como aceptar que una etapa terminó, que una amistad cambió, que una relación ya no es la misma. Y nuestro corazón lucha contra esa idea. Porque el corazón siempre quiere creer que si hace un esfuerzo más, todo volverá a ser como antes. Pero hay algo que he aprendido con los años. No puedes remar por dos personas para siempre. Tarde o temprano, tu cuerpo se cansa, tu mente se cansa y tu corazón también. Y cuando eso pasa, muchas personas sienten culpa por querer soltar. Pero ¿por qué sentimos culpa? ¿Por qué creemos que poner un límite significa dejar de amar? Yo creo que muchas veces confundimos dos palabras que parecen iguales, pero no lo son. Amar y rescatar. Porque hay personas que pasan la vida intentando rescatar a todo el mundo. Rescatan parejas, rescatan amistades, rescatan familiares, rescatan compañeros de trabajo y llega un momento en que miran su propia vida y se dan cuenta de que nunca se rescataron a sí mismos. Eso me hace pensar en algo que escuchamos cada vez que subimos a novio. Seguro tú también lo has escuchado. Cuando los asistentes de vuelo explican las medidas de seguridad, siempre dicen algo parecido. Si en algún momento cae la mascarilla de oxígeno, colócatela primero tú y luego ayuda a quien está a tu lado. La primera vez que escuché eso pensé, Qué raro, ¿no deberíamos ayudar primero al niño, a mi pareja, a mi mamá? Pero después entendí por qué lo dicen. Porque si tú no puedes respirar, no podrás ayudar a nadie más. Y creo que esa es una de las lecciones más importantes del amor. No puedes seguir entregando paz si hace meses que tú no la sientes. No puedes seguir dando calma si por dentro estás viviendo una tormenta. No puedes seguir regalando fuerzas cuando tú mismo estás completamente vacío. Y eso no te convierte en una mala persona. Te convierte en un ser humano. Hay una frase que me gusta mucho. Dice, no puedes servir desde el agotamiento durante toda la vida. Y qué verdad tan grande. Porque una cosa es hacer un esfuerzo en un momento puntual y otra muy distinta es vivir permanentemente agotado. Hay personas que ya no recuerdan lo que es descansar emocionalmente. Siempre están pendientes de alguien, siempre resolviendo algo, siempre apagando incendios, siempre sosteniendo a todos. Y un día despiertan y ya no saben quiénes son cuando nadie los necesita. Déjame hacerte una pregunta. ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo solamente porque a ti te hacía feliz? No porque era útil, no porque alguien te lo pidió, no porque era tu responsabilidad, solo porque te hacía bien. ¿Cuándo fue? ¿Quizás hace semanas? ¿Quizás hace meses? Quizás ni siquiera lo recuerdas. Y eso también dice mucho. Porque a veces nos volvemos tan expertos cuidando a los demás que dejamos de conocernos. Ya no sabemos qué nos gusta, qué nos hace reír, qué nos ilusiona, qué nos da paz. Y cuando perdemos esa conexión con nosotros mismos, es muy fácil empezar a pedirle a los demás que llenen un vacío que solo nosotros podemos empezar a sanar. Porque aquí hay una verdad que me costó aceptar. Ninguna persona puede darte el amor propio que tú te niegas. Voy a repetirlo despacio. Ninguna persona puede darte el amor propio que tú te niegas. Puede acompañarte, puede inspirarte, puede apoyarte, puede caminar contigo. Pero hay un espacio dentro de ti que solo tú puedes aprender a llenar. Y creo que muchas veces esperamos que una pareja haga ese trabajo. Que un hijo haga ese trabajo. Que una amistad haga ese trabajo. Y terminamos decepcionados porque nadie logra hacerlo. ¿Sabes por qué? Porque nunca fue su responsabilidad. Su responsabilidad era amarte. no completar las partes de ti que tú mismo abandonaste hace años. Y sé que esto puede sonar fuerte, pero a veces necesitamos escuchar verdades que nos incomoden para empezar a cambiar. Porque yo también he estado ahí. También he esperado demasiado de algunas personas. También he pensado, si me quisiera de verdad haría esto. Si fuera importante para él, reaccionaría de esta manera. Hasta que un día entendí algo. Las expectativas que nunca comunicamos se convierten en resentimientos que nadie entiende. Y ahí cambia completamente la conversación. Porque ya no se trata solamente de cuánto das, también se trata de cuánto hablas, de cuánto expresas, de cuánto permites que el otro conozca tu mundo interior. Porque nadie puede responder a una necesidad que nunca conoció, y esa no. Quizás sea una de las conversaciones más pendientes que tenemos en muchas de nuestras relaciones. Pero la vida no puede quedarse en pausa esperando que alguien más tome una decisión. Nuestra vida también merece avanzar. Y quiero que te imagines dentro de algunos años que alguien te pregunte, ¿qué aprendiste sobre el amor? ¿Qué responderías? Yo creo que hoy respondería algo muy distinto a lo que habría respondido hace 10 años. Hoy diría que el amor no es una competencia, no es una deuda, no es una factura, no es una lista de favores, no es una balanza donde todos los días alguien tiene que ganar. El amor es una decisión de cuidar, de construir, de respetar y también de saber cuándo una relación dejó de ser un lugar seguro para el corazón. Porque sí, también hay amor en irte de un lugar donde ya no puedes florecer. Hay amor en decir hasta aquí. Hay amor en dejar de perseguir a quien ya no quiere caminar contigo. Y sobre todo, hay amor en volver a encontrarte contigo mismo después de haber pasado demasiado tiempo olvidándote de quien eres. Así que hoy quiero invitarte a hacer algo muy sencillo. Cuando termine este episodio, no salgas corriendo a buscar a nadie. No escribas ese mensaje impulsivamente. No tomes decisiones apresuradas. Solo regálate unos minutos. Respira. Piensa en las personas que forman parte de tu vida y pregúntate con calma. ¿En cuáles relaciones puedo sentirme completamente yo? ¿Con quién puedo hablar sin miedo? ¿Quién celebra mis alegrías y también sostiene mis días difíciles? Y luego, hazte una última pregunta. Una que quizás sea la más importante de todas. ¿Estoy siendo esa clase de persona también para mí? Porque el día que puedas responder sí con tranquilidad, te prometo que empezarás a vivir el amor de una manera completamente diferente. Ya no desde el miedo, ya no desde la necesidad, ya no desde la calculadora. sino desde un corazón que entendió que amar nunca fue cobrar. Amar siempre fue compartir. Y compartir solo es posible cuando también aprendemos a cuidar aquello que llevamos dentro. Gracias por regalarme este tiempo. Gracias por abrir tu corazón y permitirme entrar un ratito en él. Si este episodio te hizo pensar en alguien, compártelo. Nunca sabemos cuándo una conversación puede llegar justo en el momento en que otra persona más la necesita. Y si hoy te llevas una sola frase de todo lo que hemos hablado, me gustaría que fuera esta. No dejes que el deseo de ser amado te haga olvidar el valor que ya tienes. Nos volvemos a encontrar muy pronto aquí en Amor Tip Podcast. Hasta la próxima semana. Gracias por acompañarme en este episodio de Amorti. Si resonó contigo, suscríbete al canal, activa las notificaciones y sígueme para no perderte los próximos episodios. Recuerda, amarte no es egoísmo, es el acto más valiente que puedes hacer cada día. Nos escuchamos muy pronto aquí en Amorti.