Amor ti Podcast

¿Quién Decidió Esto? La Verdad Sobre La Belleza Que Nadie Te Contó

Amor Ti Podcast | Yohanna Tineo Season 3 Episode 18

Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.

0:00 | 44:40

Ebook

¿Quién decidió qué significa ser una mujer bella?

En este episodio de Amor Ti Podcast, tenemos una conversación profunda sobre los estándares de belleza, la comparación constante, las redes sociales y cómo muchas mujeres han aprendido a medir su valor frente a un espejo.

Hoy quiero invitarte a mirar la belleza desde una perspectiva diferente: una que no depende de filtros, de una talla o de la aprobación de los demás.

Hablamos sobre:

  • Cómo nacen los estándares de belleza.
  • El impacto de las comparaciones y las redes sociales.
  • La diferencia entre belleza y valor personal.
  • Cómo empezar a reconciliarte con tu reflejo.
  • La belleza que permanece cuando el tiempo pasa.

Si alguna vez has sentido que no eres suficiente, este episodio es para ti.

💗 Si este episodio tocó tu corazón, compártelo con otra mujer que necesite escuchar este mensaje.

🎧 También puedes escuchar Amor Ti Podcast en Spotify, Apple Podcasts y las principales plataformas de audio.

💬 Cuéntame en los comentarios:
 ¿Qué fue lo que más tiempo te costó aceptar de ti y qué has aprendido en ese proceso?

#AmorTiPodcast #AmorPropio #Belleza #Autoestima #Mujeres #CrecimientoPersonal #SaludMental #Reflexión #PodcastEnEspañol #DesarrolloPersonal


https://drive.google.com/file/d/1qJU4rO3vK0otlKnmWU20rJxVyu7jBg8Z/view

SPEAKER_00

Hola, soy Joana Tineo y esto es Amor Ti, un espacio para que aprendas a escucharte, a valorarte y amarte cada día. Aquí compartimos historias, reflexiones y herramientas para que tu corazón y tu mente encuentren calma y libertad. Quédate conmigo y descubre cómo despertar tu amor propio hoy. Déjame hacerte una pregunta. ¿Alguna vez te has mirado al espejo y has pensado ojalá tuviera otra nariz, otro cuerpo, otra piel, otra sonrisa? Ahora déjame hacerte otra pregunta. ¿Y si el problema nunca fue tu cara? ¿Y si el problema... fue que llevas años intentando cumplir un estándar que alguien más inventó porque hoy quiero hablar contigo de algo que parece superficial pero que puede marcar toda una vida la belleza o mejor dicho la forma en la que aprendimos a verla Bienvenidos a Morty Podcast. Gracias por regalarme un ratito de tu día. No importa si me estás escuchando mientras conduces al trabajo, mientras limpias tu casa, mientras haces ejercicio o simplemente necesitabas que alguien te acompañara hoy. Qué bueno que estás aquí. Y quiero empezar diciéndote algo. Este episodio no es solo para las mujeres. Tampoco es únicamente para quien alguna vez se sintió feo. Es para cualquiera que alguna vez se sintió que no era suficiente. Porque la verdad, todos en algún momento de nuestra vida hemos sentido que nos falta algo para ser aceptados. Y eso duele. no porque queramos ser perfectos, sino porque todos queremos sentirnos vistos, queremos sentir que pertenecemos, queremos sentir que somos suficientes, y muchas veces creemos que todo eso depende de cómo nos vemos. Pero, ¿de verdad depende de eso? Yo recuerdo que hace muchos años miraba revistas y pensaba, así debería verme. Después llegaron las redes sociales y entonces ya no era una revista. Era el teléfono, todos los días, a cualquier hora. Personas con piel perfecta, con cuerpos perfectos, con casas perfectas, con parejas perfectas, con vidas perfectas. Y poco a poco, sin darnos cuenta, empezamos a compararnos con personas que ni siquiera conocemos. Y eso cambia la manera en que nos miramos. Porque ya no vemos quiénes somos. Solo vemos todo lo que creemos que nos falta. Y ahí empieza una batalla muy silenciosa. Una batalla que casi nadie ve. La batalla contra el espejo. Quiero preguntarte algo. ¿Cuándo fue la última vez que te miraste al espejo sin buscar un defecto? Piensa, porque normalmente hacemos exactamente lo contrario. Nos acercamos, miramos la barriga, las arrugas, las manchas, el cabello, los ojos, los dientes. Siempre encontramos algo. como si nuestro cerebro estuviera entrenado para detectar lo que no nos gusta de nosotros mismos. Y eso me hace pensar, ¿en qué momento dejamos de mirarnos con compasión? ¿En qué momento empezamos a hablarnos con tanta dureza? Porque hay personas que jamás le dirían a un amigo las cosas que se dicen frente al espejo. y sin embargo se la repiten todos los días. Hay algo que siempre me ha llamado la atención. Si tú le preguntas a 10 personas qué consideran hermoso, probablemente obtengas 10 respuestas diferentes. Alguien te dirá que le encantan las personas altas, otro te dirá que prefiere las bajitas, alguien dirá que con los ojos claros son lo más bonito y otra persona responderá que unos ojos oscuros transmiten una profundidad que no cambiaría por nada. Hay quien ama el cabello rizado, hay quien ama el cabello lacio, hay quien encuentra belleza en las pecas, otros las ocultan con maquillaje. Entonces, ¿quién tiene la razón? La respuesta es muy sencilla. Nadie. Porque la belleza nunca ha sido una ciencia exacta. siempre ha sido una percepción y esto cambia completamente la conversación porque si la belleza depende de quien la mira porque vivimos intentando convencer al mundo entero de que somos suficientes Mira qué curioso. Hace cientos de años, en algunos lugares del mundo, una mujer con un cuerpo grande era considerada el ideal de belleza. Representaba abundancia, salud, prosperidad. Después vino una época donde la moda era ser extremadamente delgado. Luego llegaron las curvas. Después los labios grandes. Luego las cejas gruesas. Ahora cambia el peinado. Después cambia el color de piel que está de moda para broncearse. Y mientras los estándares cambian, hay personas que pasan toda su vida intentando alcanzarlos. Imagínate eso, perseguir algo que nunca deja de moverse. Es agotador. Y creo que muchas veces hacemos exactamente eso. Corremos detrás de una meta que cambia antes de llegar. A veces me pregunto, ¿Qué habría pasado si hubiéramos crecido sin redes sociales? Si nunca hubiéramos visto filtros. Si nadie nos hubiera dicho cómo debía verse una mujer bonita. ¿Cómo nos miraríamos hoy? Tal vez seríamos mucho más amables con nosotros mismos. Porque un niño pequeño no nace odiando su cuerpo. No nace pensando que su nariz es muy grande, ni que su piel tiene un color equivocado. Eso se aprende. Y si se aprende, también se puede desaprender. Quiero contarte algo. Estoy segura de que todos conocemos a alguien que cuando entra a un lugar, todo el mundo voltea a mirarlo. Y no necesariamente porque tenga el rostro perfecto. Es otra cosa. Es su energía, su seguridad, la manera en que sonríe, cómo trata a las personas, la paz que transmite. Y también conocemos el caso contrario. Personas que cumplen todos los estándares de belleza, pero transmiten tanta inseguridad que nunca terminan de sentirse bien consigo mismas. Eso demuestra algo muy importante. La belleza puede abrir una puerta, pero la esencia es la que hace que las personas quieran quedarse. Yo creo que una de las cosas más bonitas que una persona puede desarrollar es la autenticidad. Porque llega un momento en la vida en que uno se cansa de actuar. de intentar gustarle a todo el mundo, de esconder las ganas, de esconder las cicatrices, de esconder la edad, de esconder las emociones. Y cuando por fin dejas de esconderte, empiezas a descansar. Porque ya no estás viviendo para impresionar, estás viviendo para ser tú. Y eso, aunque no aparezca en ninguna revista, es una forma de belleza muy poderosa. Déjame preguntarte algo. Si mañana despertaras completamente solo en el mundo, sin redes sociales, sin cámaras, sin comentarios, sin me gusta, sin compararte con nadie... ¿seguirías pensando que no eres suficiente? ¿O es posible que muchas de esas inseguridades existan porque siempre estamos mirando la vida de los demás? Piénsalo. Porque tal vez el problema nunca fue el espejo. Tal vez el problema fue el lugar desde donde aprendimos a mirarnos. Y creo que ahí hay algo que vale la pena recordar. Nuestro cuerpo cuenta una historia. Cada línea, cada cicatriz, cada arruga, cada marca, habla de algo que vivimos, de algo que superamos, de alguien que fuimos. ¿Por qué entonces tratamos esas marcas como si fueran errores? ¿Qué pasaría si en lugar de ver esos defectos empezáramos a ver capítulos de nuestra historia? Porque quizás dejaríamos de pelear con nuestro reflejo y empezaríamos a agradecer todo lo que nuestro cuerpo ha hecho por nosotros. Y esa conversación cambia la manera en que uno se mira para siempre. Te voy a contar algo. Yo tengo una cicatriz que gracias a esa cicatriz estoy hoy viva. De mil personas se salva una y esa fui yo. Y miro mi cicatriz con amor y con gratitud. Y hay algo que quiero decirte con mucho cariño. porque siento que alguien necesita escucharlo hoy. No confundas belleza con aceptación. Son dos cosas completamente diferentes. Hay personas que son consideradas muy atractivas y aún así viven buscando que alguien las apruebe. Nunca sienten que es suficiente. Si reciben un cumplido, necesitan otro. Si bajan cinco libras, ahora quieren bajar diez más. Si cambian el color de su cabello, encuentran otra cosa que corregir. Porque el problema nunca estuvo en el espejo. El problema estaba en la forma en que aprendieron a verse. Y eso me hace pensar en una frase que escuché hace muchos años. Donde pongas tu valor, ahí pondrás también tus heridas. Si todo tu valor depende de tu apariencia, cada arruga te va a doler, cada cana te va a asustar, cada cambio en tu cuerpo va a parecer una tragedia. Pero cuando entiendes que tu valor está en algo mucho más profundo, El paso del tiempo deja de ser un enemigo y empieza a convertirse en un maestro. Déjame hacerte una confesión. Yo también he tenido días en los que me miro al espejo y pienso, antes me veía diferente y probablemente tú también. Porque el tiempo pasa para todos. Nadie se queda igual. Nuestro cuerpo cambia, nuestra piel cambia, nuestro cabello cambia. Y durante mucho tiempo nos hicieron creer que eso era algo que había que esconder. Pero, ¿por qué? ¿Por qué nos avergüenza tanto ver que estamos viviendo? Una ruga también habla de las veces que sonreíste. Una cicatriz habla de lo que sobreviviste. Unas manos con marcas hablan de todo lo que han trabajado, abrazado, cuidado y sostenido. El tiempo no solo deja huellas, también deja historia. Y yo no quiero borrar mi historia. Quiero aprender a honrarla. Hace poco pensaba en algo curioso. Cuando conocemos a una persona que queremos de verdad, después de un tiempo dejamos de fijarnos tanto en su apariencia. Empezamos a enamorarnos de otras cosas, de cómo se ríe, de cómo escucha, de cómo nos hace sentir tranquilos. de cómo nos mira cuando estamos pasando un mal momento. Y eso demuestra algo muy importante. La belleza que permanece nunca ha sido solamente física. Lo que realmente nos conecta con los demás es aquello que no se puede retocar con un filtro. Vivimos en una época donde todo parece editable. Puedes cambiar el color de tus ojos en una foto, puedes borrar una mancha, puedes afinar tu rostro, puedes cambiar el tamaño de tu cintura, puedes hacer que tu piel parezca perfecta. Y el problema no es el filtro. El problema empieza cuando olvidas cómo luces sin él. cuando una imagen editada comienza a sentirse más real que tu propio reflejo. Ahí dejamos de usar la tecnología y empezamos a dejar que la tecnología nos use a nosotros. Quiero que imagines algo. Imagina que una niña de ocho años está observando la manera en que hablas de ti, no de otra persona, de ti. te escucha decir estoy horrible, que fea me veo, estoy demasiado gorda, no puedo salir así. Esa niña aprende que verse al espejo significa criticarse. Ahora imagina que esa niña eres tú. Hace muchos años, ¿cuántas veces escuchaste comentarios parecidos? ¿Cuántas veces alguien habló de su cuerpo delante de ti con desprecio? ¿Cuántas veces compararon a una mujer con otra? Sin darnos cuenta, heredamos conversaciones que nunca cuestionamos y quizás hoy sea un buen día para romper esa cadena. Porque yo no quiero que las próximas generaciones aprendan que el espejo es un juez. Quiero que aprendan que es simplemente un espejo que refleja un rostro, pero jamás el valor de una persona. Porque el valor no tiene forma, no tiene talla, no tiene edad, no tiene color de piel. no tiene número en una báscula. El valor nace del hecho de que existes y eso nunca ha dependido de cumplir un estándar. A veces piensas que la persona más libre no es la más bonita según el mundo, es la que dejó de vivir intentando demostrar que lo era. Porque cuando ya no necesitas impresionar, empiezas a disfrutar. Te ríes más, sales más. Te tomas la foto, te pones la ropa que te gusta, abrazas a la gente sin pensar cómo te ves, bailas sin sentir vergüenza. Y eso, eso también es belleza. Es una belleza que no se compra, que no se opera, que no depende de una moda. Es la belleza de alguien que finalmente hizo las paces consigo mismo. Y si hoy pudiera regalarte una sola idea de este episodio, sería esta. No permitas que un estándar cambiante te haga sentir insuficiente de manera permanente. Porque las modas cambian Los gustos cambian, las tendencias cambian, pero hay algo que nunca debería cambiar. La forma en la que decides tratarte cuando te miras al espejo. Y quizás ese sea el acto de amor más importante que puedas tener contigo mismo. Y mientras preparaba este episodio, me hice una pregunta que quiero compartir contigo. ¿Cuántos momentos de nuestra vida hemos dejado pasar por no sentirnos lo suficientemente bonitos? Piénsalo un segundo. ¿Cuántas fotos no te tomaste? ¿Cuántos viajes disfrutaste menos? ¿Cuántas veces dijiste que no querías salir? ¿Cuántas veces evitaste ponerte un traje de baño? ¿Cuántas veces sonreíste con la boca cerrada? ¿Cuántas veces alguien quiso tomarte una foto y tú respondiste, no, mejor no? Y quizás... En ese momento pensabas que estabas evitando una fotografía. Pero no. Lo que estabas dejando pasar era un recuerdo. Y eso me da mucha tristeza. Porque imagínate llegar a los 70 u 80 años, abrir un álbum familiar y darte cuenta Sé que casi no apareces en las fotos. No porque no estuvieras presente, sino porque pasaste la vida escondiéndote. No quiero eso para ti y tampoco lo quiero para mí. Hace unos días vi una fotografía de una señora mayor. Tendría unos 80 años. Su rostro estaba lleno de arrugas, su cabello completamente blanco. No tenía la piel perfecta. No tenía un cuerpo que las revistas llamarían ideal. Pero había algo en su sonrisa. Era una paz tan profunda, una luz auténtica, que era imposible dejar de mirarla. Y pensé... Eso también es belleza. Es más, para mí esa es una de las formas más bonitas de belleza. Porque es una belleza que ya no está preocupada por demostrar nada. Es la belleza de alguien que aprendió a vivir. Hay personas que pasan la vida intentando verse jóvenes y no hay nada de malo en cuidarse. Yo creo en cuidar nuestro cuerpo, en alimentarnos bien, en movernos, en dormir mejor, en sentirnos saludables. Eso también es una forma de amor propio. Pero una cosa es cuidarte porque te amas y otra muy distinta es castigarte porque sientes que no eres suficiente. La intención cambia completamente el resultado. Pregúntate. ¿Estoy haciendo esto porque quiero cuidar de mí o porque estoy peleando con quien soy? Porque cuando todo nace del rechazo, nunca será suficiente. Pero cuando nace del amor, hasta el esfuerzo se siente diferente. Y quiero hacer una pausa aquí, porque quizás hay alguien escuchándome que lleva años peleando con su cuerpo. Y si ese eres tú, quiero que me prestes mucha atención. Tu cuerpo no ha sido tu enemigo, ha sido tu compañero. Ha estado contigo en tus días más felices y también en los más difíciles. Es el mismo cuerpo que ha resistido enfermedades, que ha soportado estrés, que ha abrazado a las personas que amas, que te ha permitido caminar, trabajar, reír, llorar, bailar, viajar y seguir adelante. Tal vez no luce exactamente como quisieras, pero ha hecho muchísimo por ti. ¿No crees que merece un poco más de gratitud y un poco menos de crítica? A veces somos increíblemente injustos con nosotros mismos. Nos paramos frente al espejo buscando todo lo que está mal, pero nunca nos detenemos a agradecer lo que sí funciona. Agradecer que nuestros ojos todavía pueden ver un amanecer. Que nuestras piernas nos llevan de un lugar a otro. Que nuestros brazos pueden abrazar. Que nuestro corazón sigue latiendo. Nos acostumbramos tanto a lo que tenemos que solo prestamos atención cuando algo falta. Y quizás Ahí empieza el cambio. No cuando tu cuerpo cambia, sino cuando cambia la manera en que lo miras. Déjame preguntarte algo más. Si tu mejor amigo o tu mejor amiga hablara de sí mismo como tú hablas de ti, ¿qué le dirías? ¿Lo dejarías destruirse con palabras? Le dirías, sí, tienes razón, no vales porque no eres perfecto. Claro que no. Lo abrazarías. Le recordarías todas las cosas buenas que tiene. Le dirías que está siendo demasiado duro consigo mismo. Entonces, ¿por qué no haces lo mismo contigo? ¿Por qué eres tan compasivo con los demás y tan exigente contigo? Quizás ya es momento de convertirte también en tu propio refugio, no solo en tu peor crítico. Y quiero confesarte algo. Creo que una de las personas más atractivas que puedes conocer no es la que entra a un lugar pensando que todo la están mirando. Es la que entra a un lugar haciéndolo, que los demás se sientan vistos. ¿Te has fijado en eso? Hay personas que tienen el don de hacerte sentir importante. Te escuchan de verdad, te miran a los ojos, recuerdan tu nombre, celebran tus logros, te hacen sentir cómodo. Y cuando te vas de ese encuentro, no recuerdas que tenían la nariz perfecta o el cuerpo perfecto. Recuerdas cómo te hicieron sentir. Y eso, eso nunca pasa de moda. porque al final de la vida la gente olvidará muchos detalles de nuestro rostro, pero difícilmente olvidará la forma en que los hicimos sentir. Y si eso es cierto, entonces quizás llevamos demasiado tiempo preocupándonos por lo que menos importa y muy poco tiempo cultivando lo que realmente deja huella. Y ahí es donde quiero llevar esta conversación, porque todavía hay una pregunta muy importante que no hemos respondido. Si la belleza es subjetiva, entonces, ¿cómo aprendemos a vernos con amor cuando llevamos tantos años mirándonos con crítica? De eso quiero hablar contigo ahora. Y aquí es donde no quiero darte una lista de 10 consejos porque sé que la vida no cambia por leer una lista. La vida cambia cuando una idea nos toca tan profundamente que ya no podemos volver a pensar igual. Así que no quiero decirte qué hacer. Quiero invitarte a mirar las cosas desde otro lugar. Imagina por un momento que mañana despiertas con el rostro de la persona que siempre has considerado perfecta. Todo exactamente como soñabas. La piel, los ojos, la nariz, el cuerpo, todo. Ahora dime algo. ¿Estás completamente seguro? de que también desaparecerían tus inseguridades? Yo creo que no. Porque he conocido historias de personas que tienen esa belleza que el mundo admira y aún así sienten miedo de envejecer. Miedo de subir de peso. Miedo de dejar de gustar. Miedo de que alguien encuentre a otra persona más bonita. Eso significa que la inseguridad no siempre vive en el cuerpo. Muchas veces vive en la mente. Y mientras no sabemos esa parte, siempre encontraremos un nuevo motivo para sentirnos insuficientes. Hay una frase que escuché una vez y nunca olvidé. Decía algo así... nunca podrás odiarte lo suficiente como para convertirte en alguien que ames. ¡Qué verdad tan grande! Porque muchos creemos que siendo más duros con nosotros vamos a cambiar, que criticándonos vamos a mejorar, que avergonzándonos vamos a motivarnos. Pero normalmente ocurre lo contrario. Mientras más nos rechazamos, más difícil se vuelve a avanzar. El cambio más duradero casi siempre empieza desde el respeto, desde el cuidado, desde la paciencia, no desde el castigo. Y quiero proponerte un ejercicio. No tienes que hacerlo ahora. Hazlo cuando estés solo o sola. Cuando tengas unos minutos para ti, párate frente al espejo, pero esta vez no busques defectos, solo mírate. Respira y pregúntate, ¿hace cuánto tiempo no me observo con amabilidad? No intentes convencerte de que eres la persona más hermosa del mundo. No hace falta. Solo deja de hablarte como si fueras tu enemigo. Eso ya sería un gran comienzo. Después, en lugar de pensar en lo que cambiarías, intenta decir... Gracias. Gracias ojos por todo lo que me han permitido ver. Gracias piernas por sostenerme. Gracias manos por todo lo que han construido. Gracias corazón por seguir latiendo incluso en los días en que pensé que no podía más. Quizás al principio se siente extraño. incluso incómodo pero también era extraño aprender a criticarnos y mira cuánto tiempo llevamos haciéndolo tal vez si es hora de aprender algo diferente hay otra cosa que me gustaría recordar Las personas que realmente te aman no hacen una lista de tus imperfecciones. Piensa en alguien que amas profundamente. Puede ser tu mamá, tu hijo, tu pareja, un amigo. Cuando piensas en esa persona, ¿qué es lo primero que viene a tu mente? ¿El tamaño de su nariz? ¿Si tiene unas libras de más? ¿Si tiene arrugas? Claro que no. Piensas en su risa, en su voz, en su forma de abrazarte, en las conversaciones que han compartido, en cómo te hace sentir. Entonces, ¿por qué asumes que quienes te quieren de verdad están observando en ti aquello que tú no dejas de criticar? A veces creemos que los demás nos están examinando con la misma dureza con la que nosotros nos examinamos. Y la mayoría de las veces eso solo ocurre en nuestra cabeza. Con el paso de los años he entendido algo. La libertad más grande no llega cuando logras verte como siempre soñaste. Llega cuando dejas de poner tu felicidad en pausa. Porque hay personas que dicen, cuando de baje de peso voy a empezar a vivir. Cuando me opere, voy a sentirme segura. Cuando me vea mejor, entonces me tomaré fotos. Cuando cambie mi cuerpo, usaré esa ropa. Y los años pasan y siguen esperando. Yo no quiero vivir esperando una versión futura de mí para empezar a disfrutar la persona que ya soy. Quiero vivir hoy con lo que tengo, con quien soy, mientras sigo creciendo, aprendiendo y cuidándome. Porque una cosa no excluye a la otra. Puedes querer mejorar sin dejar de quererte en el proceso. Puedes tener metas sin convertirlas en la condición para sentir que mereces vivir plenamente. Y antes de terminar, quiero hacerte una última pregunta. No quiero que me respondas a mí. Respóndetela a ti. Cuando alguien piense en ti dentro de 20 años... ¿Qué te gustaría que recordara? ¿Que eras una persona con un rostro perfecto? ¿O que eras alguien que hacía sentir paz, que sabía escuchar, que regalaba esperanza, que tenía una sonrisa sincera, que abrazaba con el corazón? Porque si hoy desapareciera todo lo físico, todavía quedaría lo más importante. tu esencia y esa esa es la belleza que nunca pasa de moda esa es la belleza que el tiempo no puede borrar y esa es la belleza que deseo que cada persona que escuche este episodio aprenda a descubrir en sí misma porque el día que dejes de medir tu valor con los ojos del mundo Comenzarás a mirarte con los ojos del amor. Y créeme, no existe espejo más hermoso que ese. Y antes de despedirnos, quiero que nos quedemos unos minutos más aquí. Sin prisa. Porque siento que esta conversación merece terminar con calma. Cierra los ojos un momento, si puedes hacerlo con seguridad. respira profundo y piensa en la persona que eras cuando tenías ocho o nueve años ese niño esa niña antes de que el mundo empezara a decirle cómo debía verse antes de descubrir los filtros antes de las comparaciones antes de pensar que una talla podía definir su valor mírala por un momento qué ves yo veo a alguien que corría sin preocuparse por cómo se veía que reía en carcajadas sin pensar si se veía bien al hacerlo que se ensuciaba jugando, que bailaba sin sentirse observado, que sonreía sin esconder los dientes, que no necesitaba permiso para sentirse suficiente. Ahora quiero preguntarte algo. ¿En qué momento dejamos de tratar con ternura a esa persona ¿En qué momento empezamos a hablarle con tanta dureza? Porque esa niña, ese niño, sigue viviendo dentro de nosotros. Y cada vez que nos decimos, no sirves, eres feo, nunca serás suficiente. También lo estamos diciendo a esa parte de nosotros que solo necesitaba ser amada. Tal vez hoy no cambies la forma en la que te ves, pero espero que empieces a cambiar la forma en la que te hablas. porque las palabras tienen un poder enorme. Las palabras pueden construir una vida, pero también pueden destruirla. Y muchas veces, las palabras que más nos lastiman no vienen de otras personas. Vienen de nuestra propia voz, esa voz que escuchamos todos los días. la única de la que nunca podemos alejarnos. Por eso, vale la pena preguntarnos, ¿cómo me estoy hablando? Porque si tu voz interior siempre te humilla, no importa cuántos halagos recibas, nunca serán suficientes. Pero si tu voz interior empieza a convertirse en un lugar seguro, entonces el mundo deja de tener tanto poder sobre ti. Y antes de despedirme, quiero hablarle especialmente a cada mujer que llegó hasta aquí. Quizá durante años has sentido que no eres lo suficientemente bonita. Quizás te has comparado con otras mujeres, has escondido partes de ti o has esperado el momento en que el espejo por fin te devolviera la imagen que siempre soñaste. Pero hoy quiero recordarte algo. Eres bella, no porque alguien te lo diga, no porque encajas en un estándar, no porque tengas una talla específica o una piel perfecta. Eres bella porque tu belleza no empieza en el espejo, empieza en la mujer que eres, en la fuerza con lo que te has levantado después de cada caída, en el amor que entregas. en las batallas que has librado en silencio y en la luz que llevas dentro, aunque a veces tú misma no la puedas ver. Así que deja de pedir permiso para sentirte suficiente. Dejas de esperar el momento perfecto para sonreír, para tomarte una foto, para ponerte esa ropa que tanto te gusta o para disfrutar de la vida. La vida está pasando hoy y tú mereces vivirla aún. A todas las mujeres que me están escuchando, quiero decirles desde el corazón, son bellas. cada una de ustedes de manera distinta, con una historia distinta y con una esencia que nadie más puede repetir. Nunca olviden que el mundo puede tener mil opiniones sobre cómo debería verse una mujer, pero nunca de esas opiniones tiene el poder de definir su valor. Gracias por regalarme este momento. Gracias por abrirme las puertas de su corazón. Y recuerden siempre esto. La belleza más grande no es la que ves en el espejo. Es la que nace cuando una mujer decide mirarse con amor. Gracias por estar. Gracias por sentir. Y gracias por elegirte hoy. Gracias por abrirme una vez más las puertas de tu corazón, gracias por caminar conmigo en esta conversación y si hoy este episodio hizo que te miraras con un poquito más de compasión, entonces ya valió la pena. Si conoces a alguien que vive peleando con su reflejo, compártelo este episodio. Tal vez no necesite escuchar que es perfecto. Tal vez necesita recordar que su valor nunca dependió de parecerse a nadie. Y si aún no formas parte de esta comunidad, me encantaría que te suscribieras al canal y activaras las notificaciones para que sigamos compartiendo conversaciones como esta. Si prefieres escuchar mientras conduces, caminas o trabajas, también puedes encontrar a Morty Podcast en Spotify y en las principales plataformas de audio. Si me escuchas desde Apple Podcast, una reseña puede ayudar a que esta conversación llegue a alguien que hoy la necesita. Cuéntame en los comentarios qué fue lo que más tiempo te costó aceptar de ti y qué has aprendido en ese proceso. Me encantaría leerte y recuerda siempre esto. La belleza nunca ha sido parecerte a alguien más. La belleza comienza el día en que dejas de pedir permiso para ser quien eres. Gracias por estar aquí. Gracias por sentir y gracias sobre todo por elegirte. Gracias por acompañarme en este episodio de Amorti. Si resonó contigo, suscríbete al canal, activa las notificaciones y sígueme para no perderte los próximos episodios. Recuerda, amarte no es egoísmo, es el acto más valiente que puedes hacer cada día. Nos escuchamos muy pronto aquí en Amorte.