I am Spice: The Podcast
Welcome to I Am Spice! — the space where we keep it raw, real, and unapologetically authentic.
I’m Spice, your host. And if you’re tired of fake positivity, sugarcoated advice, and people telling you to just “move on” — you’re in the right place.
This is where we talk about the real stuff.
We dive deep into healing from relationship trauma, breaking generational curses, unlearning toxic patterns, and stepping into the best version of YOU.
No filters. No fluff. Just real conversations, real growth, and real healing.
I’m here to call out the BS, unpack the hard truths, and give you the tools to heal, evolve, and create the life you deserve.
But this isn’t just about me — this is OUR space.
A safe community where you can share your thoughts, your stories, and your truth without judgment.
So if you’re ready to get uncomfortable, do the work, and laugh a little (because healing isn’t all tears, okay?) — then hit that subscribe button and let’s do this together.
Episodes drop every Wednesday — official launch date coming soon!
Let’s heal, grow, and glow together.
Unfiltered. Unapologetic. Unstoppable.
Connect with Me:
- Website: www.iamspice.net
- TikTok: @SpiceGypsy
- Instagram: @Spice_Gypsy
- YouTube: I AM SPICE!
I am Spice: The Podcast
Tienes Permiso de Convertirte en Alguien Que Nunca Has Sido / Episodio 58
Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.
¿Alguna vez has sentido que te perdiste?
¿Y si nunca te perdiste? ¿Y si la persona que tanto buscas no es alguien que olvidaste, sino alguien que nunca tuviste la oportunidad de convertirte?
En este episodio de I Am Spice – El Podcast, continuamos la conversación del episodio anterior para hablar sobre lo que sucede después de sobrevivir. Sanar no consiste solamente en entender tu pasado. Llega un momento en que la sanación te hace una nueva pregunta:
¿Quién estás eligiendo ser?
Hablaremos sobre cómo nuestras experiencias moldean nuestra identidad, por qué muchas de las cosas que creemos que son “nuestra personalidad” en realidad fueron mecanismos de protección, y cómo la curiosidad hacia nosotros mismos puede transformar nuestra vida mucho más que el juicio.
En este episodio hablamos sobre:
• Por qué encontrarte quizá nunca fue el verdadero objetivo
• La diferencia entre sobrevivir y convertirte
• Cómo dejar de vivir desde el pasado
• Cómo construir una nueva identidad
• Soltar etiquetas que ya no te representan
• Darte permiso para evolucionar
Recuerda…
Nunca se trató de encontrarte. Siempre se trató de darte el permiso para convertirte.
SPOTIFY (ENGLISH)
Have you ever wondered if you’re trying to find someone who never actually existed?
Maybe life isn’t about finding yourself.
Maybe it’s about becoming.
In Episode 58 of I Am Spice – The Podcast, we explore what happens after survival, why healing eventually asks us to stop looking backward, and how giving ourselves permission to evolve may be one of the greatest acts of self-love.
If you’ve been questioning who you are or who you’re becoming, this conversation is for you.
Let's piss some people off. ¿Alguna vez te has detenido a pensar que tal vez si la persona que llevas tanto tiempo buscando nunca estuvo perdida? Y si la mujer que tanto anhelas conocer no es alguien que desapareció en el camino, sino alguien a quien nunca le dieron la oportunidad de existir. Creo que pasamos demasiados años diciendo necesito encontrarme, cuando tal vez esa nunca fue la verdadera misión. Tal vez la pregunta correcta no es quién eres hoy, sino quién nunca te permitiste ser. Porque muchas veces la vida no nos deja descubrirnos, no nos obliga a sobrevivir. And cuando llevamos tantos años sobreviviendo, es muy fácil olvidar que también vinimos a vivir. Hoy quiero hablarte precisamente de eso: de la diferencia entre sobrevivir y convertirse. Porque siento que hay una versión de ti que ha esperado toda su vida a que finalmente le abras la puerta. Hola, mi gente, y bienvenidos una vez más a I Am Spice, el podcast. Yo soy Spice, y como siempre, gracias por regalarme un ratito de tu día. No importa desde dónde me estés escuchando, quizás vas de camino al trabajo, estás cocinando, estás doblando ropa, manejando, dando una caminata, o simplemente necesitabas escuchar algo que te abrazara el corazón. Sea cual sea la razón por la que llegaste hasta aquí, gracias por estar conmigo. And if este podcast ha sido un espacio que te ha acompañado, que te ha hecho reflexionar, o que simplemente te ha recordado que no estás solo en este camino, te invito a que te suscribas. Es gratis. Sigue el podcast donde quieras que lo escuches. Me das una reseña y compartas este episodio con alguien que pueda necesitar escucharlo. Nunca sabemos cuándo una conversación puede cambiarle el día o incluso la vida a otra persona. Y ahora sí, vamos a hablar de algo que honestamente creo que todos necesitamos escuchar en algún momento de nuestra vida. La semana pasada estuvimos hablando sobre esa versión de nosotros que aprendió a sobrevivir. Esa versión que hizo lo que tenía que hacer para salir hacia adelante. La que aprendió a quedarse callada porque hablar era peligroso. La que aprendió a ser fuerte porque sentía que no tenía otra opción. La que aprendió a complacer a todo el mundo porque creía que así era como ganaba el amor de todo el mundo. Y realmente recibí tantos mensajes después de ese episodio. Mensajes de personas que me decían que Spice nunca lo había visto de esa manera. Otros me dijeron, ahora entiendo por qué reacciono así a ciertas cosas. Y algunos simplemente me escribieron para decirme que hasta lloraron. ¿Por qué? ¿Y sabes por qué? Porque eso me hizo pensar muchísimo. Porque a veces no necesitamos que alguien nos dé una solución. A veces lo único que necesitamos es que alguien le ponga palabras a lo que llevamos sintiendo durante muchos años. Y eso cambia todo, eso cambia muchísimo. Pero mientras leía todos los mensajes, había una pregunta que seguía apareciendo una y otra vez. Y esa es, y ahora qué? Porque está bien. Ya entendí porque soy como soy. Ya entendí de dónde vienen muchos mis patrones. Y entendí que esa versión de mí estaba tratando de protegerme. But ahora? Y precisamente de eso quiero hablar hoy. Andares vivir de ahora en adelante. Anda es una pregunta completamente diferente. Creo que hablamos muchísimo sobre sanar heridas, sobre la infancia, sobre relaciones tóxicas, sobre la ansiedad que sentimos, sobre los traumas que tenemos. And todas esas conversaciones sí son necesarias. Pero en algún momento donde sanar deja de tratar y comienza a tratar del futuro. Porque llega un punto that ya no basta con entender por qué eres quien eres. Es chévere que lo sepas. Pero también tienes que decidir quién quieres llegar a ser. Y esa decisión puede cambiarte a la vida. Durante mucho tiempo, yo también decía que necesitaba encontrarme. ¿Cuántas veces no escuchamos esa frase? Es que necesito encontrarme. Ya yo no sé quién yo soy. Me perdí. Dejé de ser yo. Y durante años pensé exactamente igual. Hasta que un día me hice una pregunta que lo cambió todo. Me hice esta pregunta. Y si no hay nada que encontrar. Porque piénsalo. Cuando uno pierde las llaves, las buscas porque las llaves existen. Cuando tú buscas tu celular porque se te perdió, sabes que estás en algún lugar esperando que lo encuentres, ya sea en la mesa, en el sofá, en el baño. Pero nosotros no somos una llave, no somos objetos, somos seres humanos. Y los seres humanos cambiamos, evolucionamos, aprendemos, maduramos, nos rompemos, nos reconstruimos. Entonces, ¿qué sucede? Entonces, ¿por qué seguimos hablando de nosotros como si existiera una sola versión correcta de quien se supone que seamos? Esperando a ser descubierta. Y si en lugar de encontrarnos, nos vamos creando. Esa idea me dio una libertad enorme. Because if you mean creando, entonces no tengo que quedarme atrapada en la persona que fui hace 10 años. Ni hace cinco. Ni siquiera en la persona que fui el año pasado. Yo tengo permiso para evolucionar. Y tú también. Y a veces pensamos que cambiar significa ser inconsistente. Que si hoy pensamos diferente a como pensábamos hace unos años atrás, entonces estamos siendo falsos. Pero yo no lo veo así. Honestamente no. Yo creo que cambiar de opinión cuando has aprendido algo nuevo se llama crecer. Yo creo que reconocer que algo ya no va contigo se llama madurar. Yo creo que atreverte a construir una vida diferente requiere muchísimo más valor que quedarte viviendo una vida que ya no te representa, que no representa a quien tú eres. Por ejemplo, mira la naturaleza. Los árboles no piden perdón por crecer. Las flores no florecen todo el año para hacer sentir cómodos a todos los demás. El océano cambia todos los días. Las estaciones cambian, todo cambia. Todo evoluciona. Y sin embargo, nosotros nos sentimos culpables por hacer exactamente lo mismo. Nos preocupa que la gente diga, antes tú no eras así, tú no eras así. Y yo pienso, claro que no. Porque he vivido, porque he aprendido, porque he llorado, porque me he equivocado, porque he sanado, porque sería preocupante seguir siendo exactamente la misma persona toda la vida, a pesar de todo lo que hemos pasado. Mientras más pensaba en esto, más me di cuenta de algo que me dejó reflexionando muchísimo. Y es que muchas veces confundimos nuestra personalidad con nuestros mecanismos de protección, nuestros mecanismos de defensa. Y déjame explicarte, porque hay personas que dicen es que yo soy muy independiente. Pero tal vez lo que aprendieron fue que no podían depender de nadie desde pequeño. Y hay personas que dicen, Yo soy complaciente, demasiado complaciente. Pero quizás lo que aprendieron fue que se sentían que solo las querían cuando hacían felices a los demás. Son patrones que aprendemos desde pequeños. Hay personas que dicen, Yo soy demasiado perfeccionista y todo tiene que estar perfecto. Pero tal vez crecieron un ambiente sintiendo que equivocarse tenía muchas consecuencias. Y hay personas que hacen reír a todo el mundo, y quizás el humor fue la manera que encontraron para esconder el dolor todo el tiempo. Hay personas que nunca piden ayuda y no porque sean fuertes, sino porque aprendieron que nadie iba a llegar. ¿Te das cuenta de todas las cosas que nos decimos a nosotros mismos? A veces pasamos años diciendo, Así soy yo, es que yo soy así. Es que yo soy así. Cuando la verdadera pregunta sería, ¿por qué llegué a ser así? Nunca nos las preguntamos. Andas cambian completamente el rumbo de una vida. Because one pone un punto final and the others completely different. And you aprende that the curiosity sana mucho más que el juicio. When dejamos de juzgarnos andamos a entendernos, algo cambia dentro de nosotros. Because ya no estamos peleando con quienes somos, estamos aprendiendo de nosotros. Y eso cambia completamente la manera en que vivimos. Hay algo que también tuve que aprender ando fácil. Las experiencias que vivimos no son nuestra identidad y no nos definen. Son parte de nuestra historia, pero no son quienes somos. Al final del día, sin embargo, muchas veces convertimos una experiencia en una etiqueta, en un label. Siempre he sido ansiosa. Yo soy un desastre para las relaciones. Ya nos ponemos el sello. Nunca termino lo que empiezo. Yo soy demasiado intensa. No soy suficiente. Y poco a poco dejamos de describir lo que hemos vivido para empezar a definir quiénes creemos que somos. A base de experiencia, las palabras tienen muchísimo poder. Porque las historias que nos contamos terminan convirtiéndose en la manera en que vemos nuestra vida. Si te repites durante años que no eres suficiente, vas a dejar de ver todas las veces que sí lo has sido. Si te dices que eres difícil de amar todo el tiempo, no vas a notar a las personas que te aman precisamente por ser quien eres. Si te convences de que siempre vas a fallar, jamás te darás la oportunidad de sorprenderte. Yo también he caído en eso. He tenido momentos donde me he parado frente al espejo y lo único que veía eran mis errores. O todo lo que tenía que arreglar. Las cosas que todavía me faltaban por mejorar, las inseguridades, las heridas, las veces que sentía que no era suficiente. Hasta que un día me hice una pregunta que me confirmó que me confrontó profundamente. Y esa fue por qué me hablo a mí misma de una manera en la que jamás yo le hablaría a alguien que yo amo. ¿Por qué si una amiga se sentara frente a mí llorando? Y que sigue levantándose todos los días, aunque a veces le cueste. A mí jamás se me ocurriría recordarle todas las veces que se equivocó. Le recordaría todo lo que ha avanzado. Le recordaría lo fuerte que ha sido. Les recordaría que sanar no ocurre de un día para otro. Esto no es de la noche a la mañana. Entonces, ¿por qué no hacemos lo mismo con nosotros? ¿Por qué creemos que tratarnos con dureza nos va a convertir en mejores personas? Yo ya no creo eso. Creo que el crecimiento verdadero nace cuando empezamos a respetarnos a nosotros mismos, cuando somos capaces de decirnos la verdad, pero con amor. Si todavía tengo cosas que aprender, si todavía estoy creciendo. Si todavía me equivoco. Pero ninguna de esas cosas define mi valor. Porque mi valor nunca dependió de ser perfecta. Nunca he buscado ser perfecta y el tuyo tampoco debería serlo. Tal vez todo comienza el día en que dejamos de intentar convertirnos en alguien digno de ser amado. Empezamos a creer que siempre lo fuimos. Tal vez ahí es donde realmente comienza todo. No el día que por fin tienes la vida perfecta. No podemos estar esperando por eso. No el día en que desaparecen todos tus miedos. Sino el día en que dejas de vivir intentando, demostrando que eres suficiente y empiezas a vivir creyendo que siempre lo has sido. Y cuando eso pasa, cambia la forma en la que tomas decisiones. Porque ya no eliges desde el miedo, empiezas a elegir desde el amor. Y créeme, hay una diferencia enorme. Hay algo que he aprendido durante estos últimos años y es que una de las cosas más difíciles que hacemos como seres humanos no es cambiar. Es darnos permiso para cambiar. Porque aunque parezca increíble, muchos seguimos esperando que alguien venga de algún lugar de la nada a decirnos que está bien crecer. Que está bien cambiar de opinión. Que está bien dejar un trabajo que ya nos hace felices. Que está bien poner límites. Que está bien dejar de cargar problemas que nunca fueron nuestros. Que está bien el poder descansar. Que está bien el poder elegirnos a nosotros. Y vivimos esperando ese permiso de personas que nunca debieron tener ese poder sobre nuestra vida. Y es el que dirán: ¿cuántas decisiones has dejado de tomar porque te preocupa lo que otros van a pensar? ¿Cuántos sueños has guardado porque alguien hace años te hizo sentir que no eras capaz de hacerlo? ¿Cuántas veces has querido decir no y terminaste diciendo que sí por miedo a decepcionar a alguien? Y yo, créanme, yo también he estado ahí, constantemente lo estoy ahí. Y si soy completamente honesta contigo, creo que una de las cosas que más me ha costado aprender es entender que yo no vine a esta vida para cumplir las expectativas de todo el mundo. Porque seamos sinceros, eso es imposible. Siempre habrá alguien que piense que haces demasiado, que eres demasiado. Y alguien más que piense que haces muy poco. Habrá quien piense que cambiaste y habrá quien desee que nunca hubieras cambiado. Habrá quien celebre tu crecimiento y habrá quien se sienta incómodo porque ya no eres la persona que siempre decía que sí. Pero eso está bien. Porque el crecimiento muchas veces incomoda a quienes solo conocían la versión de ti que vivía sobreviviendo. Antes pensaba que si alguien se sentía incómodo con mis cambios, tal vez el problema era mío. Tal vez debía explicarme mejor. Tal vez debía hacerme más pequeña para que los demás se sintieran incómodos. Pero un buen día entendí algo. Cuando te haces pequeño para que otros se sientan grandes, las personas que terminan viviendo incómodas eres tú. Esa es la persona que termina viviendo incómoda, eres tú. Y esta es una deuda emocional demasiado, cara. Porque poco a poco empiezas a abandonar partes de ti. Deja de decir lo que piensas, dejas de vestir como te gusta, dejas de maquillarte como te gusta, dejas de perseguir tus sueños, dejas de expresar tus emociones. Y llega un momento en que te miras al espejo y ya no sabes quién eres. No porque te hayas perdido, sino porque llevas tanto tiempo acomodándote para los demás que dejaste de hacerte espacio para ti. Y si hoy te sientes identificado con eso, quiero decirte algo desde el corazón. No llegaste a estar. No, no estás atrasado en la vida. No perdiste tu oportunidad. Simplemente llegaste al momento donde la vida te está invitando a tomar una decisión diferente. Porque todos, absolutamente todos, llegamos a una encrucijada en nuestra vida. Hay un camino que dice, quédate donde todo es conocido. Y el otro te dice, atrévete a convertirte en quien realmente eres. Entre este y este. El primer camino parece más seguro, porque ya sabes cómo sobrevivir ahí. Conoce las reglas, sabes qué esperar. Incluso sabes cuánto duele. Y aunque duela, es un dolor conocido. El segundo camino es este, te da miedo porque no tienes todas las respuestas, no sabes exactamente cómo va a salir, no sabes quién se quedará, no sabes quién se irá, no sabes cuántas veces tendrás que volver a empezar. Pero hay algo que sí sabes. Sabes que ya no quieres seguir viviendo una vida que no se siente tuya, ¿verdad? Eso también importa, importa muchísimo. Hace algún tiempo empecé a hacerme una pregunta cada vez que tenía que tomar una decisión importante. Mira que yo me hago muchísimas preguntas. Pero en lugar de preguntarme qué haría la vieja versión de mí, comencé a preguntarme qué elegiría la mujer en la que me estoy convirtiendo. Y esa pregunta cambió muchas de mis decisiones porque la mujer en la que me estoy convirtiendo ya no toma decisiones solo para evitar conflictos. Ya no busca la aprobación de todo el mundo. Ya no mide su valor por la opinión de otras personas. Ya no cree que amar significa abandonarse a sí misma. Ya no cree que poner límites es ser egoísta. Ya no cree que descansar sea que yo sea vaga. La mujer en la que me estoy convirtiendo entiende que cuidar de mí también es una forma de cuidar de las personas que yo amo. Porque una persona vacía no puede seguir sirviendo desde ese amor. Solo puede sobrevivir. Y yo ya no quiero sobrevivir, yo quiero vivir. Y creo que eso exactamente es lo que todos estamos buscando. No una vida perfecta. Porque es que no necesitamos, estamos todos equivocados, no existe tal cosa como una vida perfecta. No una vida sin problemas, sino una vida donde podamos respirar tranquilos. Una vida donde no tengamos que actuar para sentirnos aceptados. Donde podamos llegar a casa, mirarnos al espejo y reconocer a la persona que nos devuelve la mirada. Yo he trabajado tanto para eso. Y si ustedes ven en las redes sociales mías, esa es quien yo soy. Aunque ustedes no crean, esa es quien yo soy. Porque esas personas ya no están viviendo para demostrar, están viviendo para hacer. También he aprendido. Que las transformaciones más grandes casi nunca hacen ruido. No siempre llegan con un anuncio ni fanfarias. No siempre vienen acompañadas de aplausos. La mayoría de las veces ocurren en silencio. Suceden cuando decides hablarte con más amor. Cuando dejas de responder un mensaje que sabes que solo abrirá una herida. Cuando finalmente haces esa llamada que llevas meses posponiendo. Cuando dices no sin sentir culpa. Cuando dejas de justificarte. Cuando empiezas a creer que también mereces el amor que entregas tan fácilmente a los demás. Esas pequeñas decisiones parecen insignificantes, pero son las que construyen una vida completamente diferente. Porque una vida no cambia en un solo día, cambia decisión tras decisión. Palabra tras palabra. Límite tras límite. Acto de amor propio tras acto de amor propio. Y un día despiertas, y casi sin darte cuenta, ya no eres la misma persona. No porque hayas fingido ser alguien más, sino porque por fin empezaste a ser tú. Y quiero que escuches esto con mucha atención. No tienes que convertirte mañana en la persona que sueñas ser. Eso no tiene que pasar ahora. No tienes que resolver toda tu vida en esta semana. No tienes que tener todas las respuestas a tus problemas ni a tus preguntas. Solo necesitas dar el siguiente paso. Solo uno a uno. Una conversación honesta, una decisión valiente, un límite más que pongas, un sueño más que tengas, una oportunidad más que te permitas tener un pequeño acto de respeto hacia ti misma. Porque esos pequeños pasos repetidos una y otra vez terminan construyendo una vida que un día mirarás con orgullo. Y antes de terminar este episodio, quiero dejarte con una pregunta. No quiero que me las respondas a mí. Quiero que te las respondas a ti mismo. Y quiero que te preguntes quién estás eligiendo ser. No quién has sido. No quién espera a los demás que seas tú. No quien tu dolor te obligó a convertirte. ¿Quién estás eligiendo ser a parte de hoy? Tal vez esa versión de ti se más amable contigo misma. Tal vez deja de pedir perdón por ocupar espacio. Tal vez empieza a crecer más en sus capacidades y creer también en ella. Tal vez se atreve a perseguir ese sueño que lleva años guardando. Tal vez aprende a amar sin dejarse de amar a ella misma. Tal vez comprende que sanar no significa olvidar el pasado. Significa dejar de permitir que el pasado decida tu futuro. Porque esa es la diferencia. No podemos cambiar los capítulos que ya fueron escritos. Todos tenemos capítulos llenos de pérdidas, de errores, de dolor, de desilusiones, personas que se fueron, que no se quedaron, momentos que jamás imaginamos vivir en nuestras vidas. Esos capítulos existen y todavía están ahí. Y siempre serán parte de nuestra historia, pero no tienen por qué convertirse en el final de nuestro libro. Todavía quedan páginas en blanco, todavía hay sueños por cumplir, personas por conocer, lugares por descubrir, risas que todavía no has soltado, amores que aún no has vivido, versiones de ti que todavía no conoces. No permitas que un capítulo difícil te convenza de que la historia ya terminó. Porque no terminó. Tal vez apenas estás comenzando. Así que si nadie te lo ha dicho últimamente, hoy quiero ser yo quien te lo recuerde. Sí, tú tienes permiso para cambiar. Tienes permiso para crecer. Tienes permiso para dejar atrás lo que ya no conecta con quien eres. Tienes permiso para proteger tu paz. Tienes permiso para cambiar de opinión cuantas veces quieras. Tienes permiso para soñar más grande. Tienes permiso para ser más fuerte sin dejar de ser sensible. Tienes permiso para ser más suave sin dejar de poner límites. Y sobre todo, tienes permiso para convertirte en alguien que nunca has sido. No porque la persona que eres hoy no sea suficiente, sino porque todavía hay partes de ti que están esperando la oportunidad de florecer. Sería una pena que el miedo les robara esa oportunidad. Gracias por acompañarme una vez más en este espacio. Si este episodio habló a tu corazón, compártelo con alguien que necesita escuchar estas palabras. Nunca sabes cuándo un simple mensaje puede convertirse en el comienzo de una nueva etapa para otra persona. Y recuerda siempre esto: la meta nunca fue encontrarte. La meta siempre fue tener el valor de convertirte en la persona que en el fondo de tu corazón siempre supiste que podías llegar a ser. Yo soy Spice y esto es I Am Spice, el podcast. Y hasta el próximo episodio. Recuerda que tu historia todavía se está escribiendo. Y creo con todo mi corazón que los mejores capítulos aún están forven. Los quiero muchísimo. Hasta la próxima. And remember, we're unfiltered, unapologetic, and unstoppable. That's that.